setiembre 29, 2010

Astrología en la universidad

Actualización el 1º de octubre: La Universidad de Alicante afirma que no puede impedir la reunión de brujos porque cumplieron los requisitos para solicitar el local donde mañana 2 de octubre celebrarán su aquelarre. Sin embargo, el diario Público ha descubierto que la Sociedad Astrológica Española al hacer su solicitud ante Extensión Universitaria de la UA ocultó que era una función de cobro: 20 euros para los ingenuos sin patente, 10 euros para los miembros de dicha sociedad astrológica y 5 euros para los estudiantes, futuros clientes de los agoreros que organizan el sarao. ¿Y aún así tiene que permitirse el desfiguro de mañana?
Actualización el 30 de septiembre: Luis Alfonso Gámez, en su blog Magonia informa de que los astrónomos de la Universidad de Alicante, un total de 10 profesores, investigadores, catedráticos y doctorandos, han expresado públicamente en una carta al rector su rechazo a la presencia de brujos en la Universidad. ¿Podría estar en riesgo la habitual impunidad de los ocultistas cuando toman por asalto los espacios de la ciencia a la que denigran? Veremos.
Una asociación de adivinos ha conseguido, a saber cómo, hacerse del uso de las instalaciones de la Universidad de Alicante para una jornada de "Divulgación astrológica" destinada a promover la superstición y aumentar la clientela de estos augures.

No repetiré lo que ya han dicho otros blogueros, así que recomiendo tanto la visita a Magonia, de Luis Alfonso Gámez, como a la tristemente creciente Lista de la vergüenza.

Esta actividad, que tiene tanto lugar en una universidad como la podría tener una celebración de sacrificios de corderos a Baal, ha provocado que el Presidente de la Sociedad Española de Astronomía, Emilio J. Alfaro, remita una carta al rector de la Universidad de Alicante que puede usted leer en los blogs de Javier Armentia y de  José María Mateos, y supongo que estará en otros lugares.

Este blog le propone a usted que no se quede callado si considera igualmente escandaloso que los espacios de la inteligencia y el conocimiento sean ocupados por videntes y brujos, y a su vez le haga llegar su inquietud al señor rector, que muy probablemente apenas se está enterando de que alguien ha metido la pata con entusiasmo.

Si se hace camino al andar, hace unos minutos hemos remitido el siguiente mensaje al señor rector de la Universidad de Alicante, a su dirección pública rector@ua.es, y le invitamos a hacer lo propio, con esta redacción o con una mejor, por supuesto.
Estimado Sr. Rector, 
Quiero hacerme eco de la carta que le ha remitido don Emilio J. Alfaro, Presidente de la Sociedad Española de Astronomía respecto de la muy lamentable acogida que la Universidad de Alicante hará de una actividad relacionada con la magia representativa, la superstición y la antiinteligencia, a cargo de un grupo de astrólogos. 
Secundo la petición de que las instalaciones de la Universidad de Alicante, como verdadero templo de la actitud inteligente y de investigación científica del universo, no se cedan a la magia, la superchería y el embuste. 
Por contra, sugeriría que se planteara la posibilidad de realizar más jornadas abiertas de astronomía divulgativa para la población en general, en seguimiento de las actividades de la Noche de los Investigadores que se celebró hace pocos días. 
Respetuosamente, 
    Mauricio-José Schwarz 
    Periodista y divulgador científico

setiembre 26, 2010

A mí me funciona

Virtulinda y los elefantes

Cada media hora, más o menos y esté donde esté, la tía Virtulinda suelta sin previo aviso un aullido desgarrador, aletea entusiasta varias veces, se mete cuatro dedos en la boca y silba el tema de la Obertura 1812 de Tchaikovsky (en riguroso mi bemol) antes de imitar el ruido de arranque de un tren mientras da tres vueltas sobre el dedo gordo del pie derecho con los ojos en blanco, al cabo de lo cual continúa la conversación como si no hubiera acontecido nada digno de mención, aunque los visitantes no advertidos suelen quedar en estado lamentable y más de un infarto al miocardio se le ha atribuido a la singular práctica de Virtulinda. Cuando se le pregunta por qué desarrolla esa inquietante sucesión de actividades, Virtulinda explica que es  para ahuyentar a los elefantes. Por supuesto, uno comenta que en Cozumel, donde vive y realiza su performance la tía Virtulinda, no hay elefantes, ante lo cual ella esboza una amplia y satisfecha sonrisa de "deber cumplido" y sentencia: "Funciona, ¿lo ves?"

La tía Virtulinda está absolutamente convencida de que "a ella le funciona" el aleteo,el silbido, el tren y las vueltas, y que esas acciones, en ese orden, son las responsables de que la paradisíaca isla del Caribe mexicano no sufra de una peligrosísima plaga de elefantes rondando por sus modestos 647 kilómetros cuadrados de superficie.

Es imposible convencer a Virtulinda de que la ausencia de paquidermos en la isla se podría deber a otras causas. Y, por supuesto, no está dispuesta a realizar el obvio experimento de suspender sus ruidos y meneos a ver si su ausencia se traduce en la aparición súbita de una manada de elefantes en Cozumel, ya fuera africanos, asiáticos o de peluche.

Y si usted le dice a Virtulinda que no hay pruebas de que sus desfiguros mantengan alejados a los elefantes, lo azotará con el látigo de nueve colas de su desprecio o, si amaneció con la ciática, lo azotará con la sartén grande, certeramente aplicada al punto anatómico donde se encuentran el parietal, el temporal y el occipital, mismos que nunca más se volverán a encontrar, dejándole bastante estropeado el gabinete de los pensares.

Cuando se habla de supuestas prácticas curativas o terapéuticas, suele llegarse a un punto en que, confrontado el creyente con el hecho de que no existen pruebas, evidencias, estudios o validaciones sólidas para la práctica que le entusiasma, sea la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica o los sacrificios de corderos a Apolo, procede a quitarle importancia a ese detalle diciendo: "A mí me funciona".

O sea, esta persona no necesita ni desea pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, bioquímica y fisiología, eficacia, toxicidad, riesgos varios, etc., porque considera que ya tiene una prueba suficiente: la de su propia experiencia. Con similar frecuencia, cuando alguien expresa dudas sobre la eficacia de una práctica curativa, especialmente tratándose de algunas singularmente descabelladas como el reiki, la aromaterapia, la cromatoterapia o la homeopatía, en vez de hablarse de estudios, evidencias, pruebas clínicas, etc., el proponente solicita al crítico que experimente por sí mismo la práctica curativa, convencido de que, al sentirse curado, el crítico dejará de lado también la necesidad o deseo de contar con pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, funcionamiento, eficacia, riesgos, etc.

De "La pulga snob" de Andrés Diplotti

Una lógica aplastantemente equivocada

¿Qué cadena de acontecimientos lleva a que alguien diga "a mí me funciona" respecto de tal o cual práctica supuestamente curativa?

En primer lugar, la persona tiene una enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe al que llamaremos "A". "A" puede haber  sido diagnosticado con las más recientes técnicas médicas o, cosa bastante frecuente, puede haber sido diagnosticado por la propia persona que lo padece, la vecina del dieciséis, la comadre Matatena, la tía Válamedios, una señora en la cola de la compra, un actor en horas bajas en televisión o un pseudomédico con un título obtenido por Internet y en 15 minutos (como el título de especialista en medicina homeopática que tiene este blog y que ha conseguido también mi perro Teko, can pionero si los hay). Ante este diagnóstico ya de por sí dudoso, la persona consume un producto o realiza una acción o se somete a un proceso supuestamente terapéutico a los que llamaremos "B", y que pueden ir desde el consumo de heces de cabra (remedio esencial de la "medicina" ayurvédica) o de pildoras de azúcar sin nada más que azúcar, hasta que le pasen por encima un puro de hierbas malolientes (la tal "moxibustión" china) o incluso trasladarse a París para que un actorcillo con el seso en situación de desamparo le apriete fuertemente los testículos (remedio que según el actorcillo en cuestión, Alejandro Jodorowsky, es eficacísimo para algo, creo que el tartamudeo). Pasado un tiempo no demasiado preciso, la persona siente que ha disminuido o ha desaparecido su enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe, dice que se ha curado, a lo que llamaremos "C".

Al decir "a mí me funciona", la persona expresa la absoluta convicción de que el efecto C es producto, resultado, consecuencia y efecto de B sobre A. La acción B ha causado que A desaparezca y por tanto es curativa. Asunto concluido.

El problema, claro, es que esa lógica no es tan sólida como podría parecer a primera vista. Aunque se presente con frecuencia acompañada de una pasión vociferante y farisaica, casi religiosa y de un entusiasmo un poco exagerado.

La misma lógica se usa en situaciones como la siguiente:

Mal de ojo y brujería

El niño N está sano, un día lo mira el vecino V y poco después el niño sufre una dolencia E. La conclusión de la lógica que vimos en el "a mí me funciona" es que la dolencia E fue causada o provocada por la mirada del vecino V.

¿Le parece increíble? No lo es. Es el supuesto "mal de ojo" y, por supuestamente causarlo, se ha linchado a una buena cantidad de seres humanos inocentes a lo largo de la historia. Un niño que tiene diarrea, que llora, etc., se considera con frecuencia (hoy en día y también en la Europa siglovigesimoprimérica, no en el pasado y entre tribus paleolíticas) víctima del mal de ojo, y los diarios e Internet están pletóricos de personas dispuestas a explicarnos el mal de ojo, enseñarnos cómo curarlo y hasta cobrarnos por curarlo. Mire aquí, aquí, aquíaquí o aquí sólo como ejemplos, hay literalmente cientos de miles, quizá millones de páginas en Internet que consideran que el mal de ojo es algo real.

Y no es que la gente que cree en el mal de ojo sea tonta. Como quien cree en la homeopatía, la acupuntura o cualquiera de los cientos de disciplinas pseudoterapéuticas a nuestro alcance y que quieren hurgar en nuestros bolsillos, simplemente usan una lógica incorrecta a la que le dan un valor muy superior al que tiene. Y los beneficiarios del cuento, los que hurgan en los bolsillos del inocente y se apropian los euros, no tienen ninguna intención de que aprendan una mejor lógica.

Razonablemente podemos decir que, vamos, a los niños les da diarrea continuamente, y lloran sin motivo hasta llevar a sus padres al borde de la locura y un poquito más allá, y que  las causas de la diarrea son muchísimas, no todas debidamente conocidas, y que muchas veces la diarrea se cura sola y que la diarrea y la mirada del desconocido simplemente han coincidido sin que una cause a la otra.

Y también puede serlo el que alguien se sienta mejor después de un pseudotratamiento no médico.

Si teníamos un sembradío en buenas condiciones y un día veíamos que pasaba la vecina tuerta solterona que tenía al gato negro y resultaba que poco después sufríamos una plaga y perdíamos la cosecha, no era infrecuente que la vecina tuerta fuera acusada de practicar la brujería y en no pocas ocasiones ejecutada con pocos miramientos.

El hecho de que una cosa ocurra después de otra no significa que sea causada por ella.

Claro que podemos decir que el paseo de la vecina tuerta y la plaga de la cosecha son una simple coincidencia, y evitarle a la mujer la pena de ser juzgada y condenada por bruja simplemente por decidir una relación causa-efecto que realmente no es nada fiable.

Y también puede serlo que alguien mejore después de un pseudotratamiento médico.

La falacia y la prueba

A este error se le conoce en lógica como falacia "post hoc, ergo propter hoc", latinajo que significa "después de esto, por tanto a consecuencia de esto" y que se ve mejor escrito así:


El no tener claras las causas de algo es una forma de pensamiento mágico a la que habitualmente le llamamos superstición, es decir, le atribuimos un efecto a una causa que nos parece "lógica" o simplemente nos gusta. O nos dijeron que funcionaba.

A nuestro alrededor encontramos numerosas supersticiones que caen en esa falacia: futbolistas que un día que se pusieron los calzoncillos al revés marcaron un gol, y ahora se ponen los calzoncillos al revés en todos los partidos, sin que les afecte el hecho evidentísimo de que no marcan goles en todos los partidos.

El necio que sólo ve una de las posibles causas, ya no busca más explicaciones. Cree tener una explicación correcta sobre el origen del resultado y no se plantea siquiera la posibilidad de equivocarse. Su visión cerrada, para remate, suele acompañarse con la queja de que el crítico "no tiene la mente abierta" a su cerrazón de miras, y a su afirmación sin bases y de lógica achurruscada e inútil.

Esta forma de pensar nos hace llegar a conclusiones tajante aunque en realidad no tenemos datos suficientes para sostenerla. El que nuestro estado de salud mejore después de una práctica pseudoterapéutica no demuestra que ésta haya sido la causa de la mejoría. Hay muchísimos elementos que podrían afectar el resultado, entre ellos el que estemos tomando medicamentos basados en evidencias al mismo tiempo que realizamos la práctica mágica, un cambio en el clima, el que dejemos de usar una prenda de ropa que nos provoca reacciones, lo que comemos o dejamos de comer, la calidad del aire, la presión atmosférica, nuestro estado de ánimo, la temperatura ambiente y hasta un fenómeno muy sencillo que tiene el complicado nombre de "regresión estadística", que nos dice que cuando existe un estado extremo, lo más probable es que se regrese a la situación media anterior. Por ejemplo, cuando estamos muy enfermos, lo más probable no es que empeoremos infinitamente, sino que nos sintamos mejor, asunto que sin conocerlo aprovechan muy bien numerosos vendedores de curaciones más que dudosas.

Otro elemento que es probablemente el más común es que la enfermedad corre su curso normal y desaparece como lo hacen la enorme mayoría de las afecciones. En los sitios pseudomédicos no es raro encontrarse con testimonios del tipo: "tuve gripe durante la mayor parte de una semana, pero después de unos días me sentí mejor gracias a que tomé (pócima X)". Pues no, con o sin la pócima X, el curso normal de una gripe es de una semana, donde los primeros días nos sentimos especialmente mal y luego vamos mejorando. Con o sin medicina, homeopatía, acupuntura o estridentes cantos a Changó, las gripes duran más o menos una semana.

Luego no podemos descontar las defensas de nuestro propio cuerpo. Salvo casos de especial gravedad, nuestro cuerpo se las arregla bastante bien para enfrentar y contrarrestar las enfermedades. Nuestro cuerpo tiene un complejo y bien afinado sistema inmunitario que reconoce y combate agentes patógenos (productores de enfermedades) de todo tipo, todo el tiempo. Mientras usted lee esto, las células NK de su organismo están destruyendo células infectadas por virus. Usted tiene esos virus, y bacterias, y protozoarios y células cancerosas, y procesos tóxicos de distinto tipo, y ni se entera, sigue feliz mientras sus glóbulos blancos se baten valerosamente, hasta el día en que su sistema inmunitario pierde una batalla y usted se siente mal, y busca ayuda.

Así que creer que una práctica determinada causa la curación de una enfermedad es, sin más, una superstición. ¿Cómo sabemos realmente qué es lo que causa, y en qué medida, una curación? El progreso logrado en el conocimiento del universo se lo debemos precisamente a que hemos ido conociendo las limitaciones de nuestra lógica y creamos un procedimiento (llamado "método científico") diseñado para reunir conocimientos más eficazmente y someter a prueba diversas hipótesis hasta dar con la que mejor describe los hechos. Hechos como la plaga que se cargó nuestra cosecha, la diarrea del niño y la curación o mejora que experimentamos. Sólo estudiando con una lógica adecuada los hechos podemos decir con certeza que una diarrea está causada por una salmonela y no por el mal de ojo, y que se cura con el tiempo o, en casos muy graves, con antibióticos, pero no con arsénico como creen los homeópatas.

Igualmente, tenemos el problema de que hasta los más apasionados proponentes de alguna pseudoterapia aceptan que puede existir la curación C sin que se presente la supuesta causa B. Y sin embargo, pese a ello, siempre consideran que en su caso por supuesto que la causa fue B, aunque en otros pudiera pasar algo distinto. Y la mayoría de las veces no se dan cuenta de lo contradictoria y terriblemente interesada y egolátrica que es tal visión del mundo, además de carecer absolutamente de todo rigor.

Las afirmaciones como "tienes que creerlo porque yo lo he experimentado personalmente, me funciona, yo lo he visto" pertenecen a la clase de falacias (errores de lógica) llamadas "evidencia anecdótica" y no tienen ningún valor probatorio.

Esto con frecuencia enfurece a los creyentes.

Su furia se debe a que olvidan que hay gente que afirma "a mí me funciona" respecto de las afirmaciones más extrañas y descabelladas.

El asunto no es trivial, en lo más mínimo. Cuando uno está ante dos (o más) explicaciones del mismo fenómeno, necesita tener un procedimiento fiable, de eficacia demostrada, para poder evaluar correctamente cuál es la explicación más ajustada a la realidad.

Es decir, cuando desapasionadamente vemos los hechos, resulta que en el proceso que va de A, la aparición de la enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe a C, la curación, han ocurrido muchas cosas, y ello nos plantea más preguntas que respuestas.


Para encontrar la verdadera causa de la curación C, lo que tenemos que hacer es investigar con seriedad el asunto. Estudiar a muchos enfermos que hayan padecido A, para ver cuál es el proceso normal de la enfermedad y a cuáles causas suele atribuirse. Podemos, por ejemplo, encontrar a personas que tengan la enfermedad A y, manteniendo controladas todas las demás posibles causas de una curación, hacer que la mitad de ellos se someta a los efectos de B (sustancia, práctica, ritual, etc.) y la mitad se enfrente a la enfermedad sin ayuda. Si resulta que los dos grupos se curan más o menos igual, podríamos decir que no es cierto que B cause la curación C. Aunque alguien crea que le funciona. Los estudios se hacen varias veces para asegurarnos de que el resultado no sea una coincidencia. Si B funciona, podemos empezar a ver qué dosis de B basta para, sin afectar demasiado al enfermo, provocar la curación. Si no funciona, hacemos lo mismo con C, D, E y demás.

A esto se le conoce como método científico. Simple y llanamente. Es una forma ordenada de obtener un conocimiento más fiable que el "a mí me funciona", "me dijeron", "tiene una larga tradición" o cualquier otro sistema de los que han fracasado estrepitosamente a lo largo de los milenios.

El método científico nos permite evaluar todas las posibles causas de un efecto hasta encontrar las que son, efectivamente, las responsables de tal efecto.

Más importante aún, este procedimiento nos permite averiguar cuándo y a quién "le funcionan" realmente algunos remedios. El medicamento ideal para doña Dietilamida Malamañana, rotunda diabética de 48 años, 40 de ellos sin hacer ejercicio más agotador que levantarse por la mañana, 120 kilos al ecuador, el colesterol tan alto que los aviones tienen que darle vuelta, intolerante a la lactosa y en un proceso menopáusico de 8 grados en la escala de Richter podría no ser el remedio adecuado para Aerobindo Maratones, esbelto deportista de 66 kilos, 23 primaveras, las hormonas en estado de alerta roja, un estómago capaz de digerir piedras y un habitual consumo de cerveza de tales proporciones que le han puesto una estrella con su nombre en la Oktoberfest.

El "a mí me funciona", pues, incluso en las pocas ocasiones en que fuera cierto, no es garantía de que "le funcione" a nadie más y por tanto no es razonable, sano ni cuerdo el que la gente intercambie recetas con base en el dudosísimo "a mí me funciona".

Vamos, si usted no le haría caso a su tío Frumencio, de profesión taxista, si le explicara cómo debe construir su casa o cómo hacer para reparar la red de ordenadores/computadoras de su oficina... ¿por qué le hace caso cuando le dice, injertado súbitamente en médico, que tome infusiones de hierba de nomejodas porque es buenísima para el reflujo y a él le funciona?

Ahora pregúntese usted por qué los vendedores de agua destilada (que gustan que les llamen "homeópatas" y hasta "médicos homeópatas"), los que creen en la magia de unas agujitas que afectan una energía que nadie ha visto (y que prefieren ser llamados "acupunturistas" y hasta "médicos acupunturistas"), los tuercecuellos que año tras año dejan paralíticos a muchos inocentes con sus violentas "correcciones" (a los que les gusta ser conocidos como "quiroprácticos") y otros sacacuartos que se dejaron la vergüenza en los otros pantalones y que no saben de medicina más que el tío Frumencio no quieren someter sus filfas a una comprobación con un método científico y fiable.

Siempre habrá alguien a quien "le funcione" cualquier tontería. Si le reza a Santa Tecla y se cura, supondrá que el rezo le funcionó. Si se toma una pócima de pelos de perro y ojos de sapo, supondrá que ésa fue la cura... Y como de la mayoría de las enfermedades nos curamos sin ayuda (con mayor o menor incomodidad), cualquier cosa puede parecer funcionar  para mayor gloria de los que venden cosas no probadas.

Y claro, por eso pasan los berrinches que pasan los pseudomédicos, charlatanes, curanderos y vendedores de humo imaginario cuando pese a su reticencia, sus afirmaciones acaban poniéndose a prueba y resulta que no funcionan mejor que un placebo, es decir, un falso medicamento que sólo sirve para complacer (de allí el nombre) al paciente.

Y contundentemente, a día de hoy, ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni la quiropráctica, ni las flores de Bach, ni el reiki, ni la chorromedicina ortomolecular, ni ninguno de los miles de delirios que inventan a diario los vagos que no quieren trabajar han demostrado servir para nada.

Salvo para mantener a los vagos que se agarran al "a mí me funciona", siempre confiados en que al que "no le funcione" tampoco va a hacer demasiada alharaca, claro.

Y todo esto sin meternos, esta vez, con los horribles peligros de estas prácticas, las muertes, el dolor y la desesperación que siembran a su paso.

setiembre 11, 2010

Patchwork paranormal

Recorriendo hace unos días los estantes de la Casa del Libro me encontré con un excelente volumen de Anne Rae Jonas, del Museo de la Ciencia de Boston, con el título de Las respuestas y preguntas de la ciencia que además de ser una bien realizada obra de divulgación tiene la ventaja de costar sólo seis euros. Recomendable.

Pero también vi a una chica en edad universitaria que primero recorría los libros del estante "Universitario" de la librería, pero que acabó derivando hacia la mesuca de "Esoterismo" y llevándose un tarot chino zen.

Lo del tarot chino zen me llamó la atención, porque mis devaneos con el zen no incluían memorias sobre ningún tarot, (aunque, como ya hemos relatado, las cartas de juego o naipes se originaron en China), y me acerqué a la mesa en cuestión, donde brillan intelectos como el de César Vidal, con lo cual ya está todo dicho y disculpe usted la grosería. Y allí vi otro volumen alucinante sobre "el yoga de Jesucristo". Hice memoria del Nuevo Testamento, con atención especial a los cuatro evangelios canónicos y a algunos "apócrifos" que he conocido, y en ninguno se dice que Jesucristo ocupara parte de su tiempo en actividades de yoga, que puede ser muy sano si se hace bien pero que no es más espiritual que el aerobic, el stepping o la escalada de roca.

Se perfecciona así un camino de relativamente nuevas avenidas para la charlatanería, la soplapitería y el engatuse de congéneres, porque el astuto negociante no tiene que poner en peligro su estabilidad emocional tratando de desarrollar una idea original lo bastante idiota como para competir con la oferta del ocultismo actual, que va desde la acupuntura hasta el reiki, del agua mágica del "doctor" Emoto al agua mágica homeopática, y de la psicomagia de Jodorowsky hasta la ufología de Jaime Maussán, entre tantas otras insensateces que pueblan el mundo de la empresa antipensamiento, todas ellas cabalgadas por numerosos vivos que de ellas sacan los diarios alimentos (y no crea que están mal alimentados, éstos).

Así, uno simplemente toma dos chifladuras ya existentes y las pega, y se proclama "el máximo experto mundial en..." su pequeño monstruo de Frankenstein de la boludez.

Uno puede ser el primero en explicar "El I-Ching de los Masones", sin limitarse por el leve detalle de que los masones no tuvieron ningún I-Ching y que ciertamente tal sistema de adivinación con dos mil años de no dar una no fue nunca parte del repertorio de la masonería.

Usted diga que sí. Que los críticos se ocupen de demostrar que usted miente. Y si se le acercan mucho, ya sabe, hágase la víctima, diga que a Galileo también lo persiguieron y utilice alguno de los argumentos de siempre del ocultismo con etiqueta de precio.

"El naturismo crudivegano de María Magdalena" lo puede hacer rico a velocidades de Ferrari. "Los ovnis según los chamanes iniciáticos hopi" o "Localización de bases de naves extraterrestres por medio del reiki" son posibilidades emocionantes que sin duda encandilarán a más de un ingenuo. No se preocupe mucho de cuán ceporro pueda sonar el amasijo que haga, el tiempo lo hará creíble (coño, si lo hizo con la Ouija®)... "Los fantasmas de las hadas y las hadas de los fantasmas", "iridología celta", "los templarios y el yeti", "tratamiento del mal de ojo con acupuntura", "las abducciones extraterrestres entre los lamas tibetanos", "fotografía kirlian de psicofonías"... ¿se da cuenta? El horizonte de la guajería y la estulticia se vuelve inabarcable, luminoso y altamente redituable.

Si esto le parece un tanto audaz, siempre están las viejas formas de sincretismo de la idiocia a las que puede acudir. Busque dónde aún no han hablado de ovnis y encuéntrelos (o invénteselos, como hace el jefe Von Däniken): "los ovnis entre los inuit de Alaska", "abducciones durante la segunda guerra púnica", "fantasmas en la fábrica de pantallas planas".

Ahora, si encuentra algún lugar de la geografía del planeta sobre el que nadie haya escrito un libro diciendo que allí estuvo la Atlántida, ¡apresúrese, hombre, o le ganan la silla! ¿Que no ve que ya escasean los lugares donde "estuvo la Atlántida"? Intente ubicarla en el barrio de Chueca, en Madrid, o en una granja de ñandúes en la pampa argentina, pero no se demore o le pisan el cuento.

Y, por supuesto, no olvide usted que a este blog y a su esforzado autor corresponde el 50% de los inevitables beneficios económicos que obtenga usted con algún despropósito como la "ovnimancia o adivinación según las oleadas ovni", "el feng shui en la regresión hipnótica", "bulimia homeopática: la gente que engorda por beber una gota de agua de una piscina en la que se disolvió un microgramo de pastel de chocolate", "secretos iniciáticos del bigfoot", "los círculos de las cosechas de algas en el misterioso triángulo de las Bermudas" o, ¿por qué no? "los manuscritos perdidos de los mayas templarios y la energía de punto cero como disparadores de la conspiración del 11-S desarrollada por los extraterrestres de Alfa Eridani y Schwarzenegger".

De nada y a cobrar.

setiembre 04, 2010

¿Estudiar homeopatía?

"A mí me parece bien que haya homeópatas, siempre que les paguen con un céntimo de euro disuelto en diez litros de agua por sesión..."
Elena Clemente.

Más de una persona se ha molestado porque una gran cantidad de blogueros, periodistas, simples internautas y, por supuesto, mi perro Teko, hemos llevado a cabo el curso que ofrece la multinacional del agua destilada Laboratorios Boiron para hacernos con nuestro título de especialistas certificados en homeopatía.

Estas personas, incluido más de un homeópata, consideran que esto es una burla.

Y es cierto.

La pseudomedicina no es sino una burla. Y entre las burlas pseudomédicas, la homeopática es una de las más escandalosas. Y crueles. Y peligrosas. Y desvergonzadas. Y mortales.

La presentadora de La buena tarde, Partricia Serna, donde hago la sección Café Leonardo los viernes a las 17:45 en la Radio del Principado de Asturias (discretísima publicidad, ya ve usted), me preguntaba si realmente se podía aprender homeopatía en 10 minutos. Y yo explicaba que no, que en realidad no se necesita tanto tiempo porque no hay nada qué estudiar. Dos o tres minutos y la capacidad de leer una farmacopea homeopática (un librito de pócimas que dice qué mejunjes se aplican a qué síntomas) y ya sabe usted tanto como cualquier homeópata millonario con un par de docenas de muertos a sus espaldas y una impunidad del tamaño de la pirámide de Keops.

Me explico: un médico tiene que estudiar muchísimas cosas porque su disciplina considera que el cuerpo humano y sus procesos, incluidas las enfermedades, son parte del universo real y objetivo, se rigen por las leyes que conocemos del universo y se pueden modificar y controlar (e incluso sanar) mediante el conocimiento y aplicación de dichas leyes. Debe conocer la mecánica del cuerpo, su funcionamiento (fisiología), sus interacciones químicas, a los muchos agentes patógenos que existen y las formas de enfrentarlos. Y además no cree en la magia.

Un homeópata no. Considera que el cuerpo humano no puede ser conocido (Nota 1) y no vale la pena meterse en esas honduras. Después de todo, lo único que importa son los síntomas (Nota 2).

(Sí, sí, que ya sé que a usted le cuentan que la homeopatía "trata la enfermedad y no los síntomas", pero eso es solamente una frase publicitaria que no tiene que ver con la realidad. Como cuando le dicen que la homeopatía y otras pseudoterapias "tratan a todo el ser humano y no sólo a una parte", que suena muy bonito, aunque los pseudoterapeutas sepan que es mentira porque no se puede tratar un organismo que no se conoce, y no se conoce porque les da igual para efectos de sus conjuros mágicos, y si usted tiene una verruga en la oreja, ponerse a tratarle el dedo gordo del pie es una pendejada homérica.)

El homeópata no estudia el cuerpo porque le tiene sin cuidado, no sabe de química, no cree siquiera en la química (donde el aumento de una sustancia aumenta su efecto, mientras que en la superstición homeopática las cosas se vuelven más potentes al reducirse su cantidad), no acepta que haya gérmenes patógenos, infecciones, desarreglos genéticos, problemas fisiológicos, alteraciones causadas por el medio ambiente, etc. A cambio cree en la magia: que la enfermedad es solamente un trastorno de la fuerza vital causada por tres miasmas (sí, todas las enfermedades son causadas por tres miasmas, solamente) y se cura cuando el agua lleva la magia de la sustancia curativa (de la cual no contiene ni una molécula) al cuerpo. Hay libros (farmacopeas) que le dicen qué recetar para cada síntoma, sin importar la causa del síntoma. Y los laboratorios homeopáticos le suministran agua mágica y píldoras de lactosa mágicas que creen que contienen la esencia curativa mágica de unos 3 mil supuestos remedios. Sin conocer el cuerpo humano, sin ocuparse de los procesos de la enfermedad, sin química, fisiología, anatomía, riesgo de demandas por malapraxis y otras cosas connaturales a la práctica médica.

Y sin actualizarse. Cada semana, las revistas médicas publican volúmenes asombrosos de estudios, investigaciones, confirmaciones o refutaciones de estudios anteriores sobre los más diversos aspectos del ser humano, del que sabemos todavía demasiado poco. El homeópata no tiene ese problema. Considera que ya lo sabe todo, desde hace 200 años, y por ello la homeopatía ni siquiera realiza investigaciones sobre nuevas afecciones. Todo está en el libro de pócimas del abuelo Hahnemann.

(Que sí, hombre, sí, ya sé que los homeópatas suelen decir que estudian muchos años de medicina y homeopatía para poder poner sus despachos y engatusarlo, sí. Pero si la estudian, procuran olvidarla rápidamente, porque la medicina de verdad, basada en evidencias científicas, es totalmente incompatible con la homeopatía. Es como si usted estudia la carrera de astronomía y un doctorado en cosmología para acabar vestido de lentejuelas haciendo horóscopos en un gabinete con incienso... hace falta mucha caradura para decir que los horóscopos tienen algo que ver con sus estudios de cosmología, y más para decir que la homeopatía tiene que ver con los estudios de medicina.)

No hay nada qué estudiar, pues. Aprenda a repetir algunas paparruchas inventadas hace 200 años por Samuel Hahnemann, recete por síntomas, esté tranquilo que todo lo que sus víctimas consumen es agua y lactosa, y póngase a desplumar incautos.

Cosa que no hará mi perro Teko, porque él sí es honesto.

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Notas:
1 La misión del médico, dice el fundador de la homeopatía Samuel Hahnemann en la primera página de su libro Organon, que sigue siendo la biblia homeopática sin que haya habido avances notables desde entonces: "no es, sin embargo, construir supuestos sistemas, entretejer especulaciones e hipótesis vacías respecto de la naturaleza interna esencial de los procesos vitales y el modo en el que las enfermedades se originan dentro del organismo, (en lo que tantos médicos han hasta ahora desperdiciado ambiciosamente su talento y su tiempo), ni lo es el intento de dar incontables explicaciones respecto de los fenómenos en las enfermedades y su causa inmediata (que deben para siempre permanecer ocultas)..."

2 En la misma primera página, nos dice Hahnemann: "Para el médico, la enfermedad consta sólo de la totalidad de sus síntomas".

setiembre 02, 2010

Semos homeópatas y tú no

Gracias a Fernando Frías, autor del blog "El fondo del asunto" y coautor de "La lista de la vergüenza", nos enteramos de la posibilidad de convertirnos en especialistas en homeopatía certificados ni más ni menos que por los Laboratorios Boiron, la megamultinacional de los cuenticamentos homeopáticos, empresa que ha amasado una fortuna considerable vendiendo agua destilada y pildoritas de lactosa como si tuvieran propiedades terapéuticas.

A partir de hoy, nadie podrá acusar a este blog y a su autor de hablar de la homeopatía sin saber de qué va la cosa. Aquí somos Especialistas en Homeopatía Certificados por Boiron, con diploma para demostrarlo.

¿Queda claro?