Como todos los veranos, entre la Semana Negra, el exceso de trabajo y el desorden propio de la estación no he podido actualizar. Y ahora además estoy terminando mi capítulo para un libro sobre las conferencias del año pasado en Bilbao y otro libro de fotografía. Vaya, que como no vivo de esto, cosa que algunos olvidan, a veces no puedo actualizar tanto como quisiera, aunque de ello saquen conclusiones descabelladas... los que sí viven de sacar conclusiones descabelladas.
Esto tampoco tiene nada que ver con el cierre de la lista "Charlatanes", por cierto, simplemente me cansé de dedicar mi tiempo y el de los demás administradores a la basura de un puñadito de trolls en una lista que ya nadie leía, salvo los que se leen a sí mismos y se sienten inteligentes y guapos. Así que nada de conspiraciones, es simplemente verano también en este blog.
julio 30, 2007
junio 25, 2007
Más derecho paranormal
¿Está usted en Dresden, Alemania? ¿Tiene la creencia de que los extraterrestres lo han abducido, secuestrado o llevado de paseo forzadito? Pues el ufólogo y abogado Jens Lorek está dispuestísimo a tomarlo como cliente para demandar al gobierno alemán.
Esto ya lo había anunciado Jens el año pasado, y se carcajearon de él debidamente varios que conocen sus andanzas, entre ellos la Deutsche Welle en junio y, en noviembre, el famoso sitio Saucer Smear, pero ahora ya tiene a su primer cliente y ha emprendido las acciones legales. Según informa, entre otros, el diario argentino Página 12, Lorek ha demandado al gobierno alemán representando a Paul Hoffman, un caballero que un día cerró una cuenta bancaria, se puso de okupa y empezó a recorrer las calles en pelota picada, en traje de rana o al fresco, cosa que lo llevó a ser detenido por la policía. Paulito explicó que hacía todo eso porque se lo ordenaron unos malvados extraterrestres que lo secuestraron y lo "manipularon" para dejar de ser chef y convertirse en "aprendiz de chamán" para bendecir la ciudad en preparación a la llegada de los etés, lo que al parecer requiere la renuncia de la ropa, al menos en primavera. A Lorek se le ocurre que además de conseguir que su cliente sea liberado de la institución siquiátrica donde hoy lo albergan, puede pedirle una indemización al estado alemán por no proteger al pobre Paul de los malvados secuestradores intergalácticos que, según declaró Jens, "le clavan agujas en los genitales a sus víctimas e intefieren con sus órganos", cosa que en realidad sería aterradora, salvo por el hecho de que no hay ninguna prueba de que tales cosas hayan ocurrido nunca.
Claro que esto tiene una base, que hay negocio allí, una "demanda de asesoría legal" y una forma de meterse dinero en el bolsillo, lo cual a don Jens le parece francamente buena idea, aunque sea el hazmerreír de más de cuatro, al grito de "ándeme yo caliente y ríase la gente".
Si usted se interesó por seguir las incidencias de la parademanda parajudicial a la pimienta verde que perdió Pedro Amorós contra el periodista Javier Cavanilles y el diario El Mundo, seguramente recordará el cuando menos curioso papel que jugó en el proceso el ufólogo, misteriólogo, conspiranoico, vendedor de misterios, altisonante bobalicón y fracasado testigo en favor de los terroristas del 11-M Bruno Cardeñosa Chao, que promovión el paraderecho o legislación paranormal, según el cual el que pierde gana.
Pues Bruno, ahora ya puedes decir, junto con Pedrito, "no estamos solos", al menos no en los delirios de la paralegalidad turulata y el abuso de los tribunales para estupideces egregias.
Esto ya lo había anunciado Jens el año pasado, y se carcajearon de él debidamente varios que conocen sus andanzas, entre ellos la Deutsche Welle en junio y, en noviembre, el famoso sitio Saucer Smear, pero ahora ya tiene a su primer cliente y ha emprendido las acciones legales. Según informa, entre otros, el diario argentino Página 12, Lorek ha demandado al gobierno alemán representando a Paul Hoffman, un caballero que un día cerró una cuenta bancaria, se puso de okupa y empezó a recorrer las calles en pelota picada, en traje de rana o al fresco, cosa que lo llevó a ser detenido por la policía. Paulito explicó que hacía todo eso porque se lo ordenaron unos malvados extraterrestres que lo secuestraron y lo "manipularon" para dejar de ser chef y convertirse en "aprendiz de chamán" para bendecir la ciudad en preparación a la llegada de los etés, lo que al parecer requiere la renuncia de la ropa, al menos en primavera. A Lorek se le ocurre que además de conseguir que su cliente sea liberado de la institución siquiátrica donde hoy lo albergan, puede pedirle una indemización al estado alemán por no proteger al pobre Paul de los malvados secuestradores intergalácticos que, según declaró Jens, "le clavan agujas en los genitales a sus víctimas e intefieren con sus órganos", cosa que en realidad sería aterradora, salvo por el hecho de que no hay ninguna prueba de que tales cosas hayan ocurrido nunca.
Claro que esto tiene una base, que hay negocio allí, una "demanda de asesoría legal" y una forma de meterse dinero en el bolsillo, lo cual a don Jens le parece francamente buena idea, aunque sea el hazmerreír de más de cuatro, al grito de "ándeme yo caliente y ríase la gente".
Si usted se interesó por seguir las incidencias de la parademanda parajudicial a la pimienta verde que perdió Pedro Amorós contra el periodista Javier Cavanilles y el diario El Mundo, seguramente recordará el cuando menos curioso papel que jugó en el proceso el ufólogo, misteriólogo, conspiranoico, vendedor de misterios, altisonante bobalicón y fracasado testigo en favor de los terroristas del 11-M Bruno Cardeñosa Chao, que promovión el paraderecho o legislación paranormal, según el cual el que pierde gana.
Pues Bruno, ahora ya puedes decir, junto con Pedrito, "no estamos solos", al menos no en los delirios de la paralegalidad turulata y el abuso de los tribunales para estupideces egregias.
junio 24, 2007
Las Sociedades Secretas
Leyendo los libros de los profesionales del misterio, uno no puede sino asombrarse del hecho de que todas las personas que han hecho algo interesante o importante en las artes, las ciencias, la política o la vida pública en general sean declarados por los misteriólogos como "miembros" de una de esas cosas que llaman, mirando para los lados asegurándonos de que no haya orejas indiscretas, "sociedades secretas".
Louis Pasteur, Albert Einstein, Miguel Ángel, Francis Bacon, Mozart, Bach y Churchill, Carlos Gardel, en fin, usted ponga el nombre y no faltará quien venga a asegurarle que esa persona era miembro de una "sociedad secreta".
Evidentemente, esto no significaría nada a no ser por el aura que los representantes comerciales de lo abracdabrante le han conferido a la idea misma de "sociedad secreta". Las llamadas "sociedades secretas" pueden ser de muchísimos tipos, ya que el sólo hecho de ser un colectivo (es decir, de estar formadas por más de una persona) y el que no se sepa que existen basta para convertir a cualquier par de amiguetes que comparten discretamente el gusto por las películas de Santiago Segura en una "sociedad secreta".
La sociedad en cuestión puede ser "secreta", además, de dos formas. La primera es ocultando su propia existencia, y eso le viene como anillo al dedo a los traficantes del estupor, pues siempre pueden decir que la sociedad secreta estaba allí, pero nadie la vió precisamente porque tuvo éxito en su secretismo. La segunda, más simple, es ocultando que sus miembros lo son. Muchas cofradías católicas son en ese sentido "sociedades secretas", como lo son las sociedades anónimas propietarias de medio mundo o los grupos de Alcohólicos Anónimos.
Por supuesto, la gente se ha asociado secretamente incontables veces a lo largo de la historia, con los más diversos objetivos, desde el culto religioso (el cristianismo era una "sociedad secreta" en la Roma imperial) hasta la obtención de ganancias irregulares (muchos oficios requerían pertenecer a un gremio), la delincuencia simple (la mafia), la lucha política (los partidos de izquierda son con frecuencia "sociedades secretas" perseguidos por dictadorzuelos varios), y varios motivos más, solos o mezclados.
Nada de esto tiene que ver con las "sociedades secretas" que los nada secretos comerciantes del misterio usan en sus escritos conspiranoicos. Las "sociedades secretas" que afirman que ellos han "descubierto" son generalmente agrupaciones:
a) Siniestras y despiadadas: nunca tienen interés en hacer nada bueno, nada positivo, nada que pudiera ser aplaudido por las mayorías, es decir, son secretas por vergonzosas y no, digamos, porque sus tendencias populares y justicieras pudieran molestar a los que tienen las armas, porque las sociedades secretas son las que tienen las armas, claro, y matan, destruyen e incluso masacran sin ningún resquemor ético.
b) Poderosísimas: consiguen cuanto se proponen con el sencillo expediente de ser secretas, al grado de que secretamente dominan todo el mundo, salvo a los vendedores de misterios, claro, que las exhiben, las denuncian, las desenmascaran y cobran por ello sin que nadie los moleste (si usted nota una pequeña contradicción, es normal).
c) Eternas: no tienen principio ni fin, hace poco escuché asombrado que Miguel Ángel, el artista renacentista, pertenecía a "Los Illuminati", hazaña nada despreciable si tenemos en cuenta que los "Iluminati Bávaros", la primera organización con ese nombre, se fundaron en 1776, mientras que el artista murió en 1564, más de 200 años antes.
d) Omniscientes: Lo saben todo, tienen todo el conocimiento científico y tecnológico del universo a su disposición, y lo comparten con sus miembros con la consigna de mantener tal conocimiento en secreto y no usarlo. Cuando sus miembros traicionan a las poderosísimas y despiadadas sociedades secretas y divulgan sus conocimientos o incluso los presentan como descubrimientos propios, dichos miembros se llenan de dinero y de reconocimiento mundial sin que las sociedades secretas les hagan nada (si aquí también detecta una pequeña contradicción, es igualmente normal).
e) Una sola: No importa que a lo largo de la historia haya habido "sociedades secretas" tan distintas como los cátaros (en realidad una secta religiosa que no era secreta), los templarios (que tampoco eran secretos), los rosacruces (unos loquitos que dicen conocer los secretos de la religión y de la alquimia), los masones (una sociedad de ayuda mutua con bases metafísicas y un sistema moral liberal), skull and bones (cráneo y huesos, una de las miles de fraternidades estudiantiles de Estados Unidos, ésta de élite en una universidad de élite, Yale), el "Priorato de Sión" (una sociedad falsa inventada por Pierre Plantard en 1956, aunque Dan Brown le cuente otra cosa), los Illuminati (fundados, decíamos, en 1776 y disueltos en 1790, aunque los buhoneros del misterio aseguran que "aún existen"), todas son una y la misma, y domina al mundo, y nadie se da cuenta más que los intrépidos escritores de libros malísimos.
f) Secretas aunque no lo sean: Algunas organizaciones, como el grupo "Bilderberg", organización proestadounidense en Europa que realiza una reunión anual de personajes política y económicamente poderosos en defensa de sus intereses (cosa que sólo sorprendería a los muy tontos), tienen listas públicas de miembros y sus reuniones son igualmente asunto público... pero los profesionales de la conspiranoia las anotan como "sociedades secretas" para convencernos de que realmente todas esas personas dominan el mundo (la verdad no necesitamos a tales expertos para darnos cuenta, pero bueno) y que además todos están de acuerdo, aunque se trate de personas que compiten en lo político y lo económico. Lo cual nos lleva al último punto de las "sociedades secretas" de opereta que se venden en tantos y tantos libros que repiten lo mismo hasta la náusea.
g) Sociedades que hacen lo mismo que vemos, pero de modo "secreto". Decíamos que no es necesario que vengan los conspiranoicos con tarifa a decirnos que en las reuniones Bilderberg se reúnen personas con gran poder, pues. Pero, nos aseguran los negociantes de lo falso fantástico, nos dominan "secretamente"... es decir, que en realidad el dominio del mundo no se efectúa por medio de guerras, de expoliación económica, de presión política, de persecución de disidentes, de promoción de la estupidez y la desinformación en los medios de comunicación, difusión delirante del pensamiento mágico, fantasmas y poderes místicos, de una televisión inane, una radio sin compromiso social alguno y de una pasión desmedida por poseerlo todo y cobrarlo todo, que es el sueño del capitalismo neoliberal... nononono... usted no entiende nada, eso no es "dominación", la verdadera dominación es la que hacen "en secreto", y eso lo saben unos pocos que le cobrarán por decírselo, para... pues para algo que en nada se diferencia de lo que hay hoy: el predominio de unos pocos poderosos sobre unos muchos jodidos, igual que durante toda la historia humana, si usted se fija un poco.
La realidad, claro, tiene la mala uva de contradecir a los especialistas en la venta de falsedades. Muchas "sociedades secretas" no son sino clubes de excéntricos que no van a ningún lado, ni pretenden nada más que hacerle al embozado porque les divierte y les permite ligar (como en las "fraternidades" universitarias estadounidenses), otras sirvieron a algún objetivo y luego se diluyeron, otras fracasaron estrepitosamente, otras ni siquiera existieron y todas, absolutamente todas, sospechan de las demás. La "Gran Federación Universal de Sociedades Secretas" sólo existe en la imaginación interesada de unos vendedores de libros, pues.
Claro que sí hay "sociedades secretas" en este mundo, desde los cárteles de la droga hasta diversos grupos armados y no pocos psicodislépticos que comparten "saberes esotéricos" a tanto el kilo. Pero con admirables astucia los "expertos en misterios" esquivan hablar de las verdaderas sociedades secretas, de investigarlas y de divulgar sus secretillos. Porque es muy emocionante sentirse heroico por asegurar que Bill Clinton perteneció al "club" Bilderberg, pero si en vez de tal no-información uno cuenta las andanzas de algún jefe de la Camorra Napolitana o desvela la identidad de los más destacados dirigentes de la Yakuza japonesa, o los agentes de la CIA infiltrados en Hamas, se ha comprado un boleto de viaje de ida al cementerio mediante procedimientos probadísimos.
Por supuesto, tales trabajos les quedan a algunos pocos verdaderos periodistas de investigación que sí se juegan el pellejo (sin andarlo proclamando) para averiguar asuntos de genuino interés para la sociedad. Los otros, los misteriólogos o rarólogos, se agotan repitiendo las mismas zarandajas que usted puede escuchar todas las semanas (si el hígado le da) en las emisiones del imperio "Jiménez del Misterio", y que puede leer en libros como el último tabique que con su inimitable estilo "high-hortera" ha expelido Bruno Cardeñosa, quien junto con sus coleguitas, dicen los malintencionados, pertenece a la primera ONG secreta del mundo esotérico y cobracional: "Soplapitos Sin Fronteras", que se conforman con alimentar de combustible a los más extraños conspiranoicos, milicianos de ultraderecha, sicópatas tipo Unabomber, antisemitas con rasgos más o menos neonazis y expertos en promover miedos falsos que, quiéranlo o no, ayudan al control nada secreto de las masas en bien de los poderosos.
Louis Pasteur, Albert Einstein, Miguel Ángel, Francis Bacon, Mozart, Bach y Churchill, Carlos Gardel, en fin, usted ponga el nombre y no faltará quien venga a asegurarle que esa persona era miembro de una "sociedad secreta".
Evidentemente, esto no significaría nada a no ser por el aura que los representantes comerciales de lo abracdabrante le han conferido a la idea misma de "sociedad secreta". Las llamadas "sociedades secretas" pueden ser de muchísimos tipos, ya que el sólo hecho de ser un colectivo (es decir, de estar formadas por más de una persona) y el que no se sepa que existen basta para convertir a cualquier par de amiguetes que comparten discretamente el gusto por las películas de Santiago Segura en una "sociedad secreta".
La sociedad en cuestión puede ser "secreta", además, de dos formas. La primera es ocultando su propia existencia, y eso le viene como anillo al dedo a los traficantes del estupor, pues siempre pueden decir que la sociedad secreta estaba allí, pero nadie la vió precisamente porque tuvo éxito en su secretismo. La segunda, más simple, es ocultando que sus miembros lo son. Muchas cofradías católicas son en ese sentido "sociedades secretas", como lo son las sociedades anónimas propietarias de medio mundo o los grupos de Alcohólicos Anónimos.
Por supuesto, la gente se ha asociado secretamente incontables veces a lo largo de la historia, con los más diversos objetivos, desde el culto religioso (el cristianismo era una "sociedad secreta" en la Roma imperial) hasta la obtención de ganancias irregulares (muchos oficios requerían pertenecer a un gremio), la delincuencia simple (la mafia), la lucha política (los partidos de izquierda son con frecuencia "sociedades secretas" perseguidos por dictadorzuelos varios), y varios motivos más, solos o mezclados.
Nada de esto tiene que ver con las "sociedades secretas" que los nada secretos comerciantes del misterio usan en sus escritos conspiranoicos. Las "sociedades secretas" que afirman que ellos han "descubierto" son generalmente agrupaciones:
a) Siniestras y despiadadas: nunca tienen interés en hacer nada bueno, nada positivo, nada que pudiera ser aplaudido por las mayorías, es decir, son secretas por vergonzosas y no, digamos, porque sus tendencias populares y justicieras pudieran molestar a los que tienen las armas, porque las sociedades secretas son las que tienen las armas, claro, y matan, destruyen e incluso masacran sin ningún resquemor ético.
b) Poderosísimas: consiguen cuanto se proponen con el sencillo expediente de ser secretas, al grado de que secretamente dominan todo el mundo, salvo a los vendedores de misterios, claro, que las exhiben, las denuncian, las desenmascaran y cobran por ello sin que nadie los moleste (si usted nota una pequeña contradicción, es normal).
c) Eternas: no tienen principio ni fin, hace poco escuché asombrado que Miguel Ángel, el artista renacentista, pertenecía a "Los Illuminati", hazaña nada despreciable si tenemos en cuenta que los "Iluminati Bávaros", la primera organización con ese nombre, se fundaron en 1776, mientras que el artista murió en 1564, más de 200 años antes.
d) Omniscientes: Lo saben todo, tienen todo el conocimiento científico y tecnológico del universo a su disposición, y lo comparten con sus miembros con la consigna de mantener tal conocimiento en secreto y no usarlo. Cuando sus miembros traicionan a las poderosísimas y despiadadas sociedades secretas y divulgan sus conocimientos o incluso los presentan como descubrimientos propios, dichos miembros se llenan de dinero y de reconocimiento mundial sin que las sociedades secretas les hagan nada (si aquí también detecta una pequeña contradicción, es igualmente normal).
e) Una sola: No importa que a lo largo de la historia haya habido "sociedades secretas" tan distintas como los cátaros (en realidad una secta religiosa que no era secreta), los templarios (que tampoco eran secretos), los rosacruces (unos loquitos que dicen conocer los secretos de la religión y de la alquimia), los masones (una sociedad de ayuda mutua con bases metafísicas y un sistema moral liberal), skull and bones (cráneo y huesos, una de las miles de fraternidades estudiantiles de Estados Unidos, ésta de élite en una universidad de élite, Yale), el "Priorato de Sión" (una sociedad falsa inventada por Pierre Plantard en 1956, aunque Dan Brown le cuente otra cosa), los Illuminati (fundados, decíamos, en 1776 y disueltos en 1790, aunque los buhoneros del misterio aseguran que "aún existen"), todas son una y la misma, y domina al mundo, y nadie se da cuenta más que los intrépidos escritores de libros malísimos.
f) Secretas aunque no lo sean: Algunas organizaciones, como el grupo "Bilderberg", organización proestadounidense en Europa que realiza una reunión anual de personajes política y económicamente poderosos en defensa de sus intereses (cosa que sólo sorprendería a los muy tontos), tienen listas públicas de miembros y sus reuniones son igualmente asunto público... pero los profesionales de la conspiranoia las anotan como "sociedades secretas" para convencernos de que realmente todas esas personas dominan el mundo (la verdad no necesitamos a tales expertos para darnos cuenta, pero bueno) y que además todos están de acuerdo, aunque se trate de personas que compiten en lo político y lo económico. Lo cual nos lleva al último punto de las "sociedades secretas" de opereta que se venden en tantos y tantos libros que repiten lo mismo hasta la náusea.
g) Sociedades que hacen lo mismo que vemos, pero de modo "secreto". Decíamos que no es necesario que vengan los conspiranoicos con tarifa a decirnos que en las reuniones Bilderberg se reúnen personas con gran poder, pues. Pero, nos aseguran los negociantes de lo falso fantástico, nos dominan "secretamente"... es decir, que en realidad el dominio del mundo no se efectúa por medio de guerras, de expoliación económica, de presión política, de persecución de disidentes, de promoción de la estupidez y la desinformación en los medios de comunicación, difusión delirante del pensamiento mágico, fantasmas y poderes místicos, de una televisión inane, una radio sin compromiso social alguno y de una pasión desmedida por poseerlo todo y cobrarlo todo, que es el sueño del capitalismo neoliberal... nononono... usted no entiende nada, eso no es "dominación", la verdadera dominación es la que hacen "en secreto", y eso lo saben unos pocos que le cobrarán por decírselo, para... pues para algo que en nada se diferencia de lo que hay hoy: el predominio de unos pocos poderosos sobre unos muchos jodidos, igual que durante toda la historia humana, si usted se fija un poco.
La realidad, claro, tiene la mala uva de contradecir a los especialistas en la venta de falsedades. Muchas "sociedades secretas" no son sino clubes de excéntricos que no van a ningún lado, ni pretenden nada más que hacerle al embozado porque les divierte y les permite ligar (como en las "fraternidades" universitarias estadounidenses), otras sirvieron a algún objetivo y luego se diluyeron, otras fracasaron estrepitosamente, otras ni siquiera existieron y todas, absolutamente todas, sospechan de las demás. La "Gran Federación Universal de Sociedades Secretas" sólo existe en la imaginación interesada de unos vendedores de libros, pues.
Claro que sí hay "sociedades secretas" en este mundo, desde los cárteles de la droga hasta diversos grupos armados y no pocos psicodislépticos que comparten "saberes esotéricos" a tanto el kilo. Pero con admirables astucia los "expertos en misterios" esquivan hablar de las verdaderas sociedades secretas, de investigarlas y de divulgar sus secretillos. Porque es muy emocionante sentirse heroico por asegurar que Bill Clinton perteneció al "club" Bilderberg, pero si en vez de tal no-información uno cuenta las andanzas de algún jefe de la Camorra Napolitana o desvela la identidad de los más destacados dirigentes de la Yakuza japonesa, o los agentes de la CIA infiltrados en Hamas, se ha comprado un boleto de viaje de ida al cementerio mediante procedimientos probadísimos.
Por supuesto, tales trabajos les quedan a algunos pocos verdaderos periodistas de investigación que sí se juegan el pellejo (sin andarlo proclamando) para averiguar asuntos de genuino interés para la sociedad. Los otros, los misteriólogos o rarólogos, se agotan repitiendo las mismas zarandajas que usted puede escuchar todas las semanas (si el hígado le da) en las emisiones del imperio "Jiménez del Misterio", y que puede leer en libros como el último tabique que con su inimitable estilo "high-hortera" ha expelido Bruno Cardeñosa, quien junto con sus coleguitas, dicen los malintencionados, pertenece a la primera ONG secreta del mundo esotérico y cobracional: "Soplapitos Sin Fronteras", que se conforman con alimentar de combustible a los más extraños conspiranoicos, milicianos de ultraderecha, sicópatas tipo Unabomber, antisemitas con rasgos más o menos neonazis y expertos en promover miedos falsos que, quiéranlo o no, ayudan al control nada secreto de las masas en bien de los poderosos.
junio 22, 2007
60 años de platillos volantes
Quizá usted no lo sepa, pero los primeros platillos voladores no eran circulares. Eran más bien de forma de luna creciente o de bumerang y se movían "como un plato" lanzado sobre la superficie de un estanque (lo que en México se llama "hacer patito"). Pero un reportero entendió lo que le dio la gana y habló de objetos voladores en forma de platos de taza de café (saucers) y la gente que se fascinó con el cuento contado por Kenneth Arnold empezó a ver naves misteriosísimas no en forma de bumerang, sino de plato.
El histórico "avistamiento" de Kenneth Arnold, hombre de negocios y piloto de avioneta, ocurrió el 24 de junio de 1947 y marcó el inicio de un mito singular del siglo XX, que incorporó la paranoia de la guerra fría, los delirios de la xenofobia y la eterna disposición de algunas personas a creer en cualquier cosa sin prueba alguna, como era el caso de los "platillos voladores", "platos volantes" o "platívolos" que la prensa le inventó a Kenneth Arnold.
En los 60-años-60 durante los cuales los creadores y difusores de mitos depredaron impunemente los terrenos creativos y artísticos de la ciencia ficción (literaria, televisual y cinematográfica) para promover la idea de visitas de misteriosas naves extraterrestres, se ha podido reunir una gran cantidad de información sobre el génesis, desarrollo y difusión de un mito, sobre la ingenuidad humana, sobre el infinito descaro de los perpetradores de todo tipo de fraudes, engaños y bulos y sobre la siempre delicada función de los medios de comunicación. Pero lo que no ha habido es ni una prueba sólida de la existencia de tales extraterrestres inteligentes ni mucho menos de que se recorran una o dos galaxias para venir a nuestro planeta con el único objetivo de ser vistos por el tonto del pueblo. Es una pena, sin dudarlo. Realmente, la existencia de seres inteligentes que nos visitaran con tecnologías mucho más desarrolladas sería un vuelco tan trascendente de la historia humana que a todos nos gustaría ser testigos de ello, pero hasta ahora nada indica que haya ocurrido.
Recordando el avistamiento de Kenneth Arnold, que bien podría llamarse "Cómo un vendedor de sistemas antiincendios armó la gorda", la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao (c/ Bidebarrieta, 4) acogerá el 5 de julio el ciclo de charlas "60 años de platillos volantes", en una iniciativa del diario El Correo, la Universidad del País Vasco (UPV), el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry y el Ayuntamiento de Bilbao.
El programa de la jornada es el siguiente:
El histórico "avistamiento" de Kenneth Arnold, hombre de negocios y piloto de avioneta, ocurrió el 24 de junio de 1947 y marcó el inicio de un mito singular del siglo XX, que incorporó la paranoia de la guerra fría, los delirios de la xenofobia y la eterna disposición de algunas personas a creer en cualquier cosa sin prueba alguna, como era el caso de los "platillos voladores", "platos volantes" o "platívolos" que la prensa le inventó a Kenneth Arnold.
En los 60-años-60 durante los cuales los creadores y difusores de mitos depredaron impunemente los terrenos creativos y artísticos de la ciencia ficción (literaria, televisual y cinematográfica) para promover la idea de visitas de misteriosas naves extraterrestres, se ha podido reunir una gran cantidad de información sobre el génesis, desarrollo y difusión de un mito, sobre la ingenuidad humana, sobre el infinito descaro de los perpetradores de todo tipo de fraudes, engaños y bulos y sobre la siempre delicada función de los medios de comunicación. Pero lo que no ha habido es ni una prueba sólida de la existencia de tales extraterrestres inteligentes ni mucho menos de que se recorran una o dos galaxias para venir a nuestro planeta con el único objetivo de ser vistos por el tonto del pueblo. Es una pena, sin dudarlo. Realmente, la existencia de seres inteligentes que nos visitaran con tecnologías mucho más desarrolladas sería un vuelco tan trascendente de la historia humana que a todos nos gustaría ser testigos de ello, pero hasta ahora nada indica que haya ocurrido.
Recordando el avistamiento de Kenneth Arnold, que bien podría llamarse "Cómo un vendedor de sistemas antiincendios armó la gorda", la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao (c/ Bidebarrieta, 4) acogerá el 5 de julio el ciclo de charlas "60 años de platillos volantes", en una iniciativa del diario El Correo, la Universidad del País Vasco (UPV), el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry y el Ayuntamiento de Bilbao.
El programa de la jornada es el siguiente:
- 18.00 horas: La invasión que nunca llegó, por Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna, y miembro de la Fundación Anomalía y el CE.
- 18.30 horas: La chapuza galáctica: ufología a la española, por Fernando L. Frías, abogado y presidente del CE.
- 19.00 horas: ¡Marciano, ven a casa!, por Eduardo Angulo, biólogo de la UPV y miembro del CE.
- 19.30-19.45 horas: Descanso.
- 19.45 horas: 40 años de hombrecillos grises, por Luis Alfonso Gámez, periodista.
- 20.15 horas. Mesa redonda. Platillos volantes, realidad y ficción, con los conferenciantes e invitados.
junio 19, 2007
Los caras de Bélmez: más que un berrinche
Un recorrido por el libro Los caras de Bélmez de Javier Cavanilles y Francisco Máñez, que se proponía ante todo como una lectura divertida, aparece en realidad como un cuidadoso desmontaje pieza a pieza de un mito conveniente, tarea realizada con acuciosidad, seriedad y una absoluta falta de piedad hacia los nobles sentimientos de avaricia, egotrip y autobombo de los embusteros profesionales, de modo que merece una breve reseña y una invitación a visitar su sitio Web.
Pero antes, vale la pena hacer mención de algunas consecuencias más o menos silenciosas de todo el escándalo Bélmez que culmina con este libro, aseado y entretenido, informativo y sabroso.
En primerísimo lugar, el mundillo de los vendedores de misterios, los grandes empresarios del embuste, ha dado ejemplo de un accionar similar al de otros grupos de interés bien conocidos, como la mafia siciliana, los crips de Los Ángeles y la mara salvatrucha, pues algunos de sus miembros no han encontrado mejor ocupación (pudiéndose dar de martillazos en las muelas, se me ocurre como opción) que hacerle la vida imposible a ciertos "aficionados al misterio" que han reconocido que las caras son un fraudazo y que la SEIP era una organización menos clara que un bote de brea. Se castiga a quienes sus creencias en fantasmitas, poderes mágicos y extraterrestres no los convierte en deshonestos ni negociantes.
Así, cierto investigador a quien por otro lado hemos puesto en este blog como jaula de perico, y con buenas razones, exempleado de un millonario del ocultismo, ha recibido hasta amenazas de muerte a altas horas de la noche en el teléfono de su casa. Por su parte, el que fuera dócil perrito faldero de Pedro Amorós, Manuel Capella, ex "segundo vicepresidente" de la inexistente SEIP, ha sido hostigado al grado de que se ha visto obligado a denunciar a quienes lo están atacando, señalando entre los posibles responsables a su ex socio.
Ojo, Manuelito Capella, "el vengador hipnótico", no me merece ninguna simpatía como falsario "terapeuta" que decía hipnotizar a sus víctimas para sacarles los cuartos, ni como miserable capaz de llegar al robo de la propiedad intelectual para insultar impotente a quienes le oponen argumentos que rebasan su limitadísima capacidad intelectual, ni mucho menos como derechista aznariano y paleofranquista. Pero nada de eso hace aceptable que se le hostigue en lo personal. Como charlatán con diplomas falsos, bien merecería que sus víctimas lo llevaran a los tribunales para que devolviera lo malcobrado, y merece -y mucho- que se lo exhiba como mamarracho del ocultismo convenenciero... pero eso se refiere únicamente a su accionar público, y allí debe mantenerse, máxime si Capella renunció al club de zafaditos de Amorós cuando descubrió que lo de los dineros no se manejaba con aseo, lo que revela que hasta su deshonestidad tiene límite.
Por último, el libro objeto de esta entrada, Los caras de Bélmez se está convirtiendo rápidamente en objeto de un silencio concertado más o menos convenenciero. Vaya, evidentemente los beneficiarios del embuste Bélmez, digamos el "Cuarto Milenio" de la dupla Jiménez-Porter, o revistas como Enigmas, que tanto rentabilizaron el asunto, no van a hacer una reseña del libro ni para cubrirlo de insultos. Pero lo curioso es que, según dicen los autores, parece que "a nadie le interesa que las caras sean un embuste", y por tanto la mayoría de los medios informativos llamémosles "normales" están haciéndole el vacío al volumen, exhibiendo poco entusiasmo y simpatía para promoverlo, por decir algo, con el entusiasmo desaforado con el que el programa "En Antena" de Jaime Cantizano le dio minutos y minutos al espectáculo audiovisual de discotheque parapsicótica de los pedritos (Amorós y Fernández), incluido el show de láser y la desvergüenza necesaria para sumir en el pánico a una reportera ingenua en esto de lidiar con personajes de tal calaña. Hasta ahora, con la salvedad del programa de la primera de TVE sobre los infames caretos belmecianos, los presentadores de radio y televisión y los entrevistadores de diarios parecen renuentes a aceptar que muera ya, de una vez, el cuento de las caras de Bélmez y dejar que ocupen su lugar junto al Preste Juan, las Siete Ciudades de Oro de Cibola y otros mitos. La ética periodística va mal, ya lo decíamos.
A la reseña.
En la "investigación de misterios", los buhoneros profesionales del perpetuo asombro, llevan una ventaja enorme sobre quienes buscan promover el simple pensamiento crítico y cuestionador ante las afirmaciones más extravagantes. El vendedor de arcanos tiene, por lo general, el apoyo de potentes factores económicos: editoriales, revistas, programas de radio y televisión, anunciantes ambiciosos y otros beneficiarios de la credulidad. Cuenta además con la plena certeza de que le esperan interesantes beneficios cuando la "investigación" sea publicada en la revista, en el medio electrónico o en el infaltable libro. Y el misteriólogo profesional sabe que puede decir cualquier cantidad de mentiras, ya que sus medios de comunicación no suelen exigirle que se ajuste a código deontológico alguno (como no sea el de que "dos euros son mejores que uno"), y todo cuento, falsificación, embuste, estafa, fraude, mistificación y engaño se vale, sabiendo que a veces desenmascararlos demanda tiempo, dedicación y, muchas veces, recursos que no están al alcance de quienes sólo cuentan con las armas de la razón y la honestidad.
Igualmente, el profesional de la venta de arcanos al menudeo llega a cualquier "labor de investigación" con la verdad ya aprendida, al menos la "verdad" que le importa: "aquí hay un misterio, y es muy misterioso, y debe seguir siéndolo para sacarle plata". En esos términos, el "himbestigador" no sólo se guarda mucho de investigar con tanta intensidad que el misterio deje de serlo, sino que además ocupa gran parte de su tiempo, espacio en medios y esfuerzos en la labor de denigrar, ofender y atacar a quienes osan afirmar que no hay misterio o tengan la desfachatez de demostrar que no lo hay. Los profesionales del asombro de saldo pueden así emitir numerosas hipótesis contradictorias, ocultar información, retorcer los hechos, alterar la verdad, fingir demencia oportunamente y hacer todo lo que sirva a la perpetuación del misterio y, por tanto, del negocio. Lo que hacen en el proceso, ejemplificado de modo excelente en el libro que nos ocupa, es inventar un misterio y sostenerlo contra viento y marea en una exhibición que oscila entre lo cómico, lo patético y lo indignante, como lo van demostrando Cavanilles y Máñez con documentación vastísima y reuniendo elementos que durante más de ters décadas han estado dispersos. Revelan así, por ejemplo, la forma en que los "expertos en Bélmez" no tienen empacho en afirmar, para conseguir asombros y ventas, que algo ocurrió años antes o después de que realmente ocurriera, o la forma en que cambian la redacción de informes, entrevistas e incluso artículos publicados para llevar agua a su molino da mucho qué pensar sobre la forma en que estos personajes confeccionan sus mitos.
En este caso ejemplar, Cavanilles y Máñez (quienes, por otra parte, difícilmente podrían considerarse "escépticos" en el sentido que dan a la palabra los miembros de "Soplapitos Sin Fronteras") se han empeñado en una labor de investigación y documentación exhaustivas, en la que todos y cada uno de los embustes menores que rodean a la munífica ubre de Bélmez van cayendo para regocijo y asombro del lector. Así, quien lleve décadas oyendo hablar del "Señor Profesor Don Germán de Argumosa" vendrán a enterarse fehacientemente que Germán no es profesor de nada, sino un espiritista del montón que cuenta más cuentos que Walt Disney. Quienes llevan otros tantos años escuchando que el "gran Hans Bender" estudió y certificó el caso de las "Caras de Bélmez®" como "el fenómeno paranormal más importante de todos los tiempos" podrá constatar que Bender era otro espiritista, torpe como personaje de dibujos animados, que metía la pata sin cesar, se tragaba todos los fraudes, nunca investigó en Bélmez y que para remate nunca dijo la frase que repiten los cobrones de siempre.
El lector igualmente podrá disfrutar (y mucho) con el relato de cómo un grupo de profesionales de lo enigmático enviados por una revista necesitada de ventas inventaron hace pocos años un supuesto y horrendo complot franquista contra Bélmez, de las gordas y numerosas mentiras contadas al efecto (con mención especial a cómo una vergüenza del periodismo cuenta la misma historia de distintas maneras según le convenga y falsifica pruebas que es un contento), y de las abundantísimas contradicciones que demuestran que la "Operación Tridente" que repiten hasta la saciedad los Bélmez Boys and Girls sólo existió en las por lo demás vacantes cabecitas de los empleadetes de la revista.
Personaje a personaje, caso a caso, día a día, Cavanilles y Máñez hacen en Los caras de Bélmez la crónica de cómo colaboran distintos grupos y personas con acuerdos más o menos tácitos y todos tratando de arrimar al ascua su sardina: particulares sin escrúpulos, autoridades políticas de un pueblo con una economía deprimida, vecinos con ganas de que el negocio siga o de verle la cara (de Bélmez) a los personajes de ciudad que llegan con aire de matasiete, maestros de la picardía, encargados de medios sin sentido crítico, periodistas del misterio sin ética, negociantes varios, etc.
El libro ofrece en el proceso una perspectiva histórica que contextualiza el affaire Bélmez con casos relevantes en la historia de los embustes seudoparanormales, como el de las Hermanas Fox, máximas superstars del espiritismo, la tabla Ouija® y las parademandas turulatas de delirantes del ocultismo como Uri Geller y Octavio Aceves, preámbulo a las tontas amenazas que Pedro Amorós hizo contra quien esto escribe y que desembocaron en la más que tonta demanda del propio Amorós contra Javier Cavanilles y el diario El Mundo, que ha sumido en el más absoluto ridículo a Amorós, a sus defensores, a la SEIP (o como se llame esta semana el cónclave de cabecitas huecas de Amorós), al paraabogado Bruno Cardeñosa que hizo lo imposible por quedar como un tonto a lo largo de toda la demanda que perdió su amigo Pedro, y a otros casi tan bobos como los anterioers.
Ojalá (no lo creo, pero tengo ganas de decirlo) este libro fuera el anuncio del surgimiento del "escéptico profesional" al que tanto pánico le tienen los vendedores de misterios, ésos que aúllan enloquecidos cuando algún incrédulo cobra por alguna actividad de comunicación honesta de información real, mientras ellos se embolsan montones de euros, a veces incluso anónimamente, por vender las más diversas bajezas, inmoralidades, mentiras, camelos y embustes, pero tratando siempre de ajustarse al PIJE: "Principio Íker Jiménez sobre la Estafa" que a la letra dice: "Cuando el que paga está satisfecho...no es estafado". Es decir, lo que tenem es que el "escéptico" (que no es sino un investigador de misterios sin ánimo de creerse cualquier bobada ni interés en venderla) desvele el misterio y demuestre que la satisfacción del que paga es espuria, porque en tal caso la estafa se hace evidente.
Mientras llega el día en que de escuelas, universidades y responsables de educación a todos los niveles de la administración apoyen los esfuerzos por educar al público y defender su derecho a saber, tenemos a Los caras de Bélmez como un muy buen ejemplo de cómo dar al traste con las descabelladas propuestas de los misteriólogos profesionales, y divertirse en el proceso. Un tratamiento que merecen muchos camelos más del mundo del ocultismo profesional en horario de máxima audiencia.
Y una consideración posterior. Los autores relatan la amenaza que me lanzó Amorós y sus consecuencias para concluir: "Sin las bravuconadas de Amorós y su pulso con Schwarz, los autores de este libro jamás se hubieran conocido y la mentira de Bélmez gozaría de excelente salud". Creo que es un exceso, considero que Pedro Amorós es el arquitecto de su propio desatino, y que habría resbalado en sus embustes con o sin sus delirios contra mí, haciendo inevitable que se reunieran Cavanilles y Máñez para dar cuenta final de este delirio del folclor ocultista... pero quizá sea oportuno que Pedro Amorós le ofrezca disculpas a quienes allá por agosto de 2004 le advirtieron que estaba metiendo la pata tratando de atemorizar a gente honrada con babosadas como su cerril amenaza contra mí. Sabemos quiénes son, y que tenían razón. Y como decía mi asombrosamente inteligente abuela Sofía, más rápido cae un hablador...
Pero antes, vale la pena hacer mención de algunas consecuencias más o menos silenciosas de todo el escándalo Bélmez que culmina con este libro, aseado y entretenido, informativo y sabroso.
En primerísimo lugar, el mundillo de los vendedores de misterios, los grandes empresarios del embuste, ha dado ejemplo de un accionar similar al de otros grupos de interés bien conocidos, como la mafia siciliana, los crips de Los Ángeles y la mara salvatrucha, pues algunos de sus miembros no han encontrado mejor ocupación (pudiéndose dar de martillazos en las muelas, se me ocurre como opción) que hacerle la vida imposible a ciertos "aficionados al misterio" que han reconocido que las caras son un fraudazo y que la SEIP era una organización menos clara que un bote de brea. Se castiga a quienes sus creencias en fantasmitas, poderes mágicos y extraterrestres no los convierte en deshonestos ni negociantes.
Así, cierto investigador a quien por otro lado hemos puesto en este blog como jaula de perico, y con buenas razones, exempleado de un millonario del ocultismo, ha recibido hasta amenazas de muerte a altas horas de la noche en el teléfono de su casa. Por su parte, el que fuera dócil perrito faldero de Pedro Amorós, Manuel Capella, ex "segundo vicepresidente" de la inexistente SEIP, ha sido hostigado al grado de que se ha visto obligado a denunciar a quienes lo están atacando, señalando entre los posibles responsables a su ex socio.
Ojo, Manuelito Capella, "el vengador hipnótico", no me merece ninguna simpatía como falsario "terapeuta" que decía hipnotizar a sus víctimas para sacarles los cuartos, ni como miserable capaz de llegar al robo de la propiedad intelectual para insultar impotente a quienes le oponen argumentos que rebasan su limitadísima capacidad intelectual, ni mucho menos como derechista aznariano y paleofranquista. Pero nada de eso hace aceptable que se le hostigue en lo personal. Como charlatán con diplomas falsos, bien merecería que sus víctimas lo llevaran a los tribunales para que devolviera lo malcobrado, y merece -y mucho- que se lo exhiba como mamarracho del ocultismo convenenciero... pero eso se refiere únicamente a su accionar público, y allí debe mantenerse, máxime si Capella renunció al club de zafaditos de Amorós cuando descubrió que lo de los dineros no se manejaba con aseo, lo que revela que hasta su deshonestidad tiene límite.
Por último, el libro objeto de esta entrada, Los caras de Bélmez se está convirtiendo rápidamente en objeto de un silencio concertado más o menos convenenciero. Vaya, evidentemente los beneficiarios del embuste Bélmez, digamos el "Cuarto Milenio" de la dupla Jiménez-Porter, o revistas como Enigmas, que tanto rentabilizaron el asunto, no van a hacer una reseña del libro ni para cubrirlo de insultos. Pero lo curioso es que, según dicen los autores, parece que "a nadie le interesa que las caras sean un embuste", y por tanto la mayoría de los medios informativos llamémosles "normales" están haciéndole el vacío al volumen, exhibiendo poco entusiasmo y simpatía para promoverlo, por decir algo, con el entusiasmo desaforado con el que el programa "En Antena" de Jaime Cantizano le dio minutos y minutos al espectáculo audiovisual de discotheque parapsicótica de los pedritos (Amorós y Fernández), incluido el show de láser y la desvergüenza necesaria para sumir en el pánico a una reportera ingenua en esto de lidiar con personajes de tal calaña. Hasta ahora, con la salvedad del programa de la primera de TVE sobre los infames caretos belmecianos, los presentadores de radio y televisión y los entrevistadores de diarios parecen renuentes a aceptar que muera ya, de una vez, el cuento de las caras de Bélmez y dejar que ocupen su lugar junto al Preste Juan, las Siete Ciudades de Oro de Cibola y otros mitos. La ética periodística va mal, ya lo decíamos.
A la reseña.
Los caras de Bélmez, una referencia que faltaba
En la "investigación de misterios", los buhoneros profesionales del perpetuo asombro, llevan una ventaja enorme sobre quienes buscan promover el simple pensamiento crítico y cuestionador ante las afirmaciones más extravagantes. El vendedor de arcanos tiene, por lo general, el apoyo de potentes factores económicos: editoriales, revistas, programas de radio y televisión, anunciantes ambiciosos y otros beneficiarios de la credulidad. Cuenta además con la plena certeza de que le esperan interesantes beneficios cuando la "investigación" sea publicada en la revista, en el medio electrónico o en el infaltable libro. Y el misteriólogo profesional sabe que puede decir cualquier cantidad de mentiras, ya que sus medios de comunicación no suelen exigirle que se ajuste a código deontológico alguno (como no sea el de que "dos euros son mejores que uno"), y todo cuento, falsificación, embuste, estafa, fraude, mistificación y engaño se vale, sabiendo que a veces desenmascararlos demanda tiempo, dedicación y, muchas veces, recursos que no están al alcance de quienes sólo cuentan con las armas de la razón y la honestidad.
Igualmente, el profesional de la venta de arcanos al menudeo llega a cualquier "labor de investigación" con la verdad ya aprendida, al menos la "verdad" que le importa: "aquí hay un misterio, y es muy misterioso, y debe seguir siéndolo para sacarle plata". En esos términos, el "himbestigador" no sólo se guarda mucho de investigar con tanta intensidad que el misterio deje de serlo, sino que además ocupa gran parte de su tiempo, espacio en medios y esfuerzos en la labor de denigrar, ofender y atacar a quienes osan afirmar que no hay misterio o tengan la desfachatez de demostrar que no lo hay. Los profesionales del asombro de saldo pueden así emitir numerosas hipótesis contradictorias, ocultar información, retorcer los hechos, alterar la verdad, fingir demencia oportunamente y hacer todo lo que sirva a la perpetuación del misterio y, por tanto, del negocio. Lo que hacen en el proceso, ejemplificado de modo excelente en el libro que nos ocupa, es inventar un misterio y sostenerlo contra viento y marea en una exhibición que oscila entre lo cómico, lo patético y lo indignante, como lo van demostrando Cavanilles y Máñez con documentación vastísima y reuniendo elementos que durante más de ters décadas han estado dispersos. Revelan así, por ejemplo, la forma en que los "expertos en Bélmez" no tienen empacho en afirmar, para conseguir asombros y ventas, que algo ocurrió años antes o después de que realmente ocurriera, o la forma en que cambian la redacción de informes, entrevistas e incluso artículos publicados para llevar agua a su molino da mucho qué pensar sobre la forma en que estos personajes confeccionan sus mitos.
En este caso ejemplar, Cavanilles y Máñez (quienes, por otra parte, difícilmente podrían considerarse "escépticos" en el sentido que dan a la palabra los miembros de "Soplapitos Sin Fronteras") se han empeñado en una labor de investigación y documentación exhaustivas, en la que todos y cada uno de los embustes menores que rodean a la munífica ubre de Bélmez van cayendo para regocijo y asombro del lector. Así, quien lleve décadas oyendo hablar del "Señor Profesor Don Germán de Argumosa" vendrán a enterarse fehacientemente que Germán no es profesor de nada, sino un espiritista del montón que cuenta más cuentos que Walt Disney. Quienes llevan otros tantos años escuchando que el "gran Hans Bender" estudió y certificó el caso de las "Caras de Bélmez®" como "el fenómeno paranormal más importante de todos los tiempos" podrá constatar que Bender era otro espiritista, torpe como personaje de dibujos animados, que metía la pata sin cesar, se tragaba todos los fraudes, nunca investigó en Bélmez y que para remate nunca dijo la frase que repiten los cobrones de siempre.
El lector igualmente podrá disfrutar (y mucho) con el relato de cómo un grupo de profesionales de lo enigmático enviados por una revista necesitada de ventas inventaron hace pocos años un supuesto y horrendo complot franquista contra Bélmez, de las gordas y numerosas mentiras contadas al efecto (con mención especial a cómo una vergüenza del periodismo cuenta la misma historia de distintas maneras según le convenga y falsifica pruebas que es un contento), y de las abundantísimas contradicciones que demuestran que la "Operación Tridente" que repiten hasta la saciedad los Bélmez Boys and Girls sólo existió en las por lo demás vacantes cabecitas de los empleadetes de la revista.
Personaje a personaje, caso a caso, día a día, Cavanilles y Máñez hacen en Los caras de Bélmez la crónica de cómo colaboran distintos grupos y personas con acuerdos más o menos tácitos y todos tratando de arrimar al ascua su sardina: particulares sin escrúpulos, autoridades políticas de un pueblo con una economía deprimida, vecinos con ganas de que el negocio siga o de verle la cara (de Bélmez) a los personajes de ciudad que llegan con aire de matasiete, maestros de la picardía, encargados de medios sin sentido crítico, periodistas del misterio sin ética, negociantes varios, etc.
El libro ofrece en el proceso una perspectiva histórica que contextualiza el affaire Bélmez con casos relevantes en la historia de los embustes seudoparanormales, como el de las Hermanas Fox, máximas superstars del espiritismo, la tabla Ouija® y las parademandas turulatas de delirantes del ocultismo como Uri Geller y Octavio Aceves, preámbulo a las tontas amenazas que Pedro Amorós hizo contra quien esto escribe y que desembocaron en la más que tonta demanda del propio Amorós contra Javier Cavanilles y el diario El Mundo, que ha sumido en el más absoluto ridículo a Amorós, a sus defensores, a la SEIP (o como se llame esta semana el cónclave de cabecitas huecas de Amorós), al paraabogado Bruno Cardeñosa que hizo lo imposible por quedar como un tonto a lo largo de toda la demanda que perdió su amigo Pedro, y a otros casi tan bobos como los anterioers.
Ojalá (no lo creo, pero tengo ganas de decirlo) este libro fuera el anuncio del surgimiento del "escéptico profesional" al que tanto pánico le tienen los vendedores de misterios, ésos que aúllan enloquecidos cuando algún incrédulo cobra por alguna actividad de comunicación honesta de información real, mientras ellos se embolsan montones de euros, a veces incluso anónimamente, por vender las más diversas bajezas, inmoralidades, mentiras, camelos y embustes, pero tratando siempre de ajustarse al PIJE: "Principio Íker Jiménez sobre la Estafa" que a la letra dice: "Cuando el que paga está satisfecho...no es estafado". Es decir, lo que tenem es que el "escéptico" (que no es sino un investigador de misterios sin ánimo de creerse cualquier bobada ni interés en venderla) desvele el misterio y demuestre que la satisfacción del que paga es espuria, porque en tal caso la estafa se hace evidente.
Mientras llega el día en que de escuelas, universidades y responsables de educación a todos los niveles de la administración apoyen los esfuerzos por educar al público y defender su derecho a saber, tenemos a Los caras de Bélmez como un muy buen ejemplo de cómo dar al traste con las descabelladas propuestas de los misteriólogos profesionales, y divertirse en el proceso. Un tratamiento que merecen muchos camelos más del mundo del ocultismo profesional en horario de máxima audiencia.
Y una consideración posterior. Los autores relatan la amenaza que me lanzó Amorós y sus consecuencias para concluir: "Sin las bravuconadas de Amorós y su pulso con Schwarz, los autores de este libro jamás se hubieran conocido y la mentira de Bélmez gozaría de excelente salud". Creo que es un exceso, considero que Pedro Amorós es el arquitecto de su propio desatino, y que habría resbalado en sus embustes con o sin sus delirios contra mí, haciendo inevitable que se reunieran Cavanilles y Máñez para dar cuenta final de este delirio del folclor ocultista... pero quizá sea oportuno que Pedro Amorós le ofrezca disculpas a quienes allá por agosto de 2004 le advirtieron que estaba metiendo la pata tratando de atemorizar a gente honrada con babosadas como su cerril amenaza contra mí. Sabemos quiénes son, y que tenían razón. Y como decía mi asombrosamente inteligente abuela Sofía, más rápido cae un hablador...
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