diciembre 20, 2007

He visto a los seres grises y azules...

No hablo de "los grises", esos extraterrestres imaginarios que creen ver algunos, copiados de "Encuentros cercanos" la película de Spielberg. Los grises en cuestión son seres humanos que han adquirido una peculiar tonalidad gris-azul por cortesía de las mojigangas del altermundo.

El "altermundo" o "mundo bizarro" es ese universo paralelo en el que viven los profesionales del misterio, ésos para quienes el hallazgo de una anaconda de seis metros de largo en el Amazonas (considerando que las anacondas viven en el Amazonas y llegan a medir nueve metros) merece figurar en el informativo de lo "insólito" del asombrado profesional Íker Jiménez Elizari y señora. Ese mundo donde los extraterrestres visitan la tierra más que los ingleses Benidorm, ese mundo donde los muertos hablan (aunque sólo sea para decir bobadas incoherentes y nunca dar información útil), donde los monigotes pintados en el suelo son "caras preternaturales", cualquier turulata se vende como "vidente" o "sensible a las comunicaciones del más allá", donde el paracetamol mata a docenas de personas diariamente y la conspiración oculta los cadáveres, donde el hombre convivió con los dinosourios, donde los humanos morenos y negros no tuvieron logro cultural alguno (todo lo hicieron los atlantes rubios o los extraterrestres) y hay miles de otras cosas descabelladas, extravagantes, raras y profundamente bobas cuyas ubres sin embargo manan leche, miel y euros por hectólitros.

Bueno, una superstición que ahora está reviviendo la población del altermundo es que a) los antibióticos son malos (por eso en el mundo industrializado la gente muere de infecciones en bandadas por las calles), b) las farmacéuticas no hacen medicamentos que sirvan, sino para matarnos, c) la plata es el mejor antibiótico del mundo, es "natural" (a diferencia de la penicilina), y cura las tres cosas que dicen curar todas las pócimas mágicas: diabetes, cáncer y sida (además de dolores de garganta, herpes, hongos tipo levadura, herpes zoster, tuberculosis, peste bubónica, cólera, neumonía, sífilis, gusanos, infecciones, virus y hongos; todo ello sin haber hecho nunca un estudio clínico sobre el tema, hay que tener valor), d) la plata debe consumirse en forma de un menjurje llamado "plata coloidal", una suspensión de trocitos de plata metálica llamados "micelas", que debe consumirse diariamente para que la magia funcione y usted esté sano para siempre y e) las farmacéuticas luchan contra el consumo de plata porque les jode el negocio y son parte de la megaconspiración de todos menos el que se queja.


Todo ello a un precio irrisorio: volverse gris-azul.

Gris así como en gris plata, o azul como azul grisáceo. Gris-azul como esta señora, que se trató durante sus años de infancia y adolescencia con gotas de plata coloidal hasta que se puso de este color. Se trata de Rosemary Jacobs quien pasó años oculta y avergonzada por ser gris o azul, es decir, padecer una enfermedad de la que no hablan los altersabios de mundo bizarro: argiria o argyria, la contaminación de la piel con plata dándole un peculiar color. La argiria es irreversible, y aunque aún no se sabe qué otros efectos puede tener en el organismo, una vez que usted se ha vuelto gris o azul, se queda así hasta la muerte. Por eso, la ofensiva altermédica en favor de la plata coloidal ha motivado que Rosemary se vuelva una activista de la lucha contra el embuste de la plata coloidal.



(Curiosamente, sin embargo, los fabricantes de plata coloidal que se llenan los bolsillos con la ingenuidad de víctimas varias afirman que lo que causa la argiria es la "plata iónica". Para demostrarlo... no ofrecen nada que no sea su desinteresada y objetiva afirmación. Otros dicen que ambas formas son causa de argiria, que eso no se hizo para tragárselo... y que bastan 4 gramos de plata consumidos al cabo del tiempo para que la argiria llegue para quedarse...)

Por supuesto, la plata coloidal tiene todos los elementos del merchandising bizarro: sus libros diciendo que es la mejor idea curalotodo desde la de beberse la propia orina; su revista de altermedicina cuyo director la recomienda (¿quién puede saber más de medicina que un cocohueco famoso por sus entrevistas telepáticas a un extraterrestre?), su lugar en los cada vez más caros estantes de las peligrosas alterfarmacias herbolarias, sus planitos para construir uno mismo su propio "generador de plata coloidal", haga de cuenta "cómo envenenarse usted mismo" y, sobre todo, la ausencia casi total de información sobre el tema en castellano, donde predominan las visiones charlatanescas.

Por supuesto, además, la plata se usa como antibiótico en algunos procesos químicos y de alimentos, y se usa en gotas para los ojos y pomadas para la piel, todo lo cual no significa que se deba llevar al interior del cuerpo, menos si nadie ha estudiado el asunto, ni ha hecho pruebas de laboratorio, ni ha valorado los efectos secundarios y los peligros posibles, ni ha hecho pruebas clínicas que demuestren que es verdad todo lo que se dice sobre la plata coloidal ingerida, ni menos aún cuál es la dosificación correcta según peso, edad, sexo y estado de salud, así como las contraindicaciones posibles (ah, sí, los filtros de brujas nunca tienen contraindicaciones, claro). Son, como siempre, los científicos de verdad los que han tocado el tema con resultados poco halagüeños para los señores y señoras de mundo bizarro. Vaya, que la relación con el cáncer que no se ha podido encontrar en el caso de las antenas de móviles o celulares y las líneas de alta tensión se encuentra fácilmente en relación a la plata coloidal.

En resumen, es la misma historia de buitres del dolor humano, engaño y falsedades con la moda altermédica de otoño-invierno, donde ayer estuvieron otras panaceas como la uña de gato, la chahína, el yogurt y demás... salvo que con este tratamiento, si usted quiere volverse gris, lo tiene casi garantizado.

diciembre 15, 2007

James Watson, el científico afroamericano

Vía Argentikaskeptics me entero del peculiar corolario a la aventura de burradas del Dr. James Watson, cuyo desbarre racista el pasado mes de octubre le salió especialmente caro. En resumen, que el Dr. Watson tiene un tatarabuelo negro o su equivalente genético.

Una de las compañías que realizan estudios del genoma a nivel individual, DeCode Genetics de Reykiavik, Islandia, estudió el genoma del Dr. Watson, que éste puso hace un tiempo en Internet, nada más atinado que analizar el genoma de uno de los codescubridores de la estructura del ADN, ¿no le parece? Pues lo hicieron y resulta que el Dr. James Dewey Watson tiene 16% de genes africanos. Para ubicar el significado de esto, calcúlese que en promedio la población europea tiene 1% de genes africanos (esto por suerte está cambiando).

O sea, según las leyes de más de un país racista o esclavista, James D. Watson sería considerado negro pese al color de su piel y sus ojos claros. O, cuando mucho, "blanco honorario".

¿Demuestra esto que los blancos, entonces, son menos inteligentes que los negros? ¿O al revés? ¿Qué demuestra esta interesante ironía que pone una sonrisa en el rostro de todo enemigo del odio y la discriminación racial? Pues no demuestra nada sobre ninguna inteligencia, sólo demuestra que las ideas que tenemos de quién "es" blanco, negro, judío, indígena, etc., todos nuestros constructos raciales que siempre devienen racismo, son una tontería que nada tiene que ver con los hechos reales, y que en cuanto a "razas humanas", eso de "nosotros" y "los otros" es absurdo: hay una raza humana con diversidad étnica, pero sólo una. Esperemos que esto lo entiendan algunos racistas, incluidos los miserables promotores de los genocidios y los paternalistas bienintencionados.

Falta ver qué dice del asunto James Watson, que en los tres días transcurridos desde la publicación de los resultados de su análisis ha guardado un silencio que a mí me gusta pensar que tiene algo de remordimiento y su algo de contrición.

diciembre 12, 2007

"El Orfanato" y los paranormaleros

He visto por fin, admito que tardíamente, la película "El Orfanato" y por esta vez me permitiré hablar también como narrador y, en particular, narrador de cuentos de terror (especialmente de vampiros) y ávido lector del género, a más de espectador de buena parte del cine de terror y sus aledaños, como el gore y el terror psicológico.

En primer lugar el que una película de tan buena factura sea la opera prima de J.A. Bayona no hace sino aumentar el asombro del espectador por lo fino que hila la historia, por sus audacias con la cámara y por su excelente dirección de una actriz como Belén Rueda, que suscribe una actuación absolutamente ejemplar y memorable.

Antes de continuar, quiero advertir a quienes aún no han visto la película que, aunque pretendo emplear un lenguaje cauto, esta entrada contiene spoilers, es decir, datos que le pueden echar a perder la película porque el director no quiere que usted los tenga antes de acomodarse en la butaca. De modo que si usted no ha visto esta joya del terror hispano, le recomiendo vivamente que deje de leer ahora mismo, y vuelva cuando haya disfrutado los escalofríos que le han preparado en "El Orfanato" Juan Antonio Bayona, el excelente guión de Sergio G. Sánchez, y la brillante Belén Rueda.

Dicho lo cual...

El cine de terror, de un tiempo a esta parte, o para ser precisos, de "El Exorcista" a esta parte, igual que algunas obras de la literatura, han sido víctimas de los extravagantes comemocos de la paranormalología y eso lo resiente un poco (nada grave) la película en cuestión. Verá usted, desde tiempos de la novela gótica, es frecuente que el personaje que ve al fantasma, al muerto, al diablo, al súcubo o íncubo, al monstruo o al oscuro objeto del miedo de que se trate, se vea enfrentado a la incredulidad de su entorno, lo cual permite que el autor profundice la sensación de soledad, aislamiento y desamparo de su personaje, haciendo mucho más temible, para el lector, cualquier acto audaz que pueda poner en peligro al susodicho personaje. Es uno de los clichés del género, pues, y el cine lo retomó con alegría. El problema, desde "El Exorcista" es que los mercaderes de misterios falsos han incidido en la conciencia popular tanto que se han vuelto otro cliché aunque bastante menos elegante. En un momento crítico de la narración o película, aparece un médium, un "parapsicólogo" o algún otro insigne papafrita que es acusado violentamente de fraude por el entorno del protagonista, mientras que el prota logra salvar el pellejo o alcanzar sus fines haciéndole caso al personal paranormal y entonces llega a un aislamiento no total, a una desprotección no tan ominosa, porque tiene a sus amigos de los aparatos, que pueden volver en cualquier momento. Vaya, el seudoparapsicólogo seudocientífico seudoserio es una justificación innecesaria de los temores del protagonista y de la incredulidad de quienes le rodean, y contamina la historia sacándola del espacio de la magia y lo preternatural. Imagínese a los tres fantasmas de "Un cuento de Navidad" de Charles Dickens haciéndose un electrocardiograma antes de echar a volar, pues. El seudocientífico con aparatos inservibles no es necesario narrativamente, y en algunos casos mete una piedra pequeña en la maquinaria de la narración que va, sin duda y desde el principio, por los caminos de la fantasía.

Aclaro: hacer relatos de terror, hacer ficción sobre misterios diversos, sobre la muerte y la permanencia, no es para nada lo mismo que vender misterios falsos, como quisieran hacer creer las personas que le endilgan a programas como "Cuarto Milenio" la categoría de "programa de entretenimiento". No, los niños que sufren tragedias en "El Orfanato", como los dos hermanitos de La vuelta de tuerca de Henry James (que por alguna causa que no entiendo tuve muy presente durante toda la proyección, pero que no tiene nada que ver con esta historia) son niños ficticios, inventados por un profesional de la ficción, del uso de la fábula como herramienta creativa. Me refiero, claro, a escritores respetables como Edgar Allan Poe, Howard Philips Lovecraft, Rod Serling o Clive Barker. En cambio, lo que hace "Cuarto Milenio" al depredar historias de tragedias que le han acontecido a niños reales, de carne y hueso, con familias de verdad no es ni respetable ni aceptable. Las tragedias infantiles en las que se ceban Íker Jiménez y su equipo semana sí y semana también (y en fotos falsificadas y otras barbaridades del baúl del embuste) son probablemente lo más asqueroso de la televisión española actual. Y lo digo pensando en la "recreación" que hicieron este domingo de una madre real que añoraba a un hijo real que murió verdaderamente, con todo lo que eso significa, y con un sentido del morbo, el amarillismo y el recurso de manipular los sentimientos más elementales que ofende, y mucho. Una "recreación" abusiva muy lejos, claro, de la representación ficticia que hace Belén Rueda de una madre que lucha por su hijo. ¿Queda claro? "El Orfanato" es una brillante ficción de terror que se puede disfrutar sin necesidad de creer que eso es "cierto" (del mismo modo en que se puede disfrutar, digo yo, El señor de los anillos o, más para acá, La brújula dorada sin pensar que "es cierto"; esta última, por cierto, inexplicablemente bajo ataque de los fanáticos cristianos estadounidenses, cuando es una belleza de película).

Bien, en el caso de "El Orfanato", el actor mexicano Edgar Vivar (recordado por los fans del patético y derechista acérrimo Chespirito como "El señor Barriga" y "El Botija", ya sabe usted, humor sutil, de altos vuelos) hace el papel del parapsicólogo "serio", llevando de adláteres a Geraldine Chaplin como médium y a un actor secundario que viene haciéndola de "paratécnico paracientífico con muchos aparatos". Para hacerlo creíble, se valen de muchas cámaras que no ven lo esencial, de tres (¡tres!) grabadoras de carrete (una de ellas de tiempos del papá de Geraldine Chaplin) y de un osciloscopio inexplicable. Los actores se ajustan a las rutinas inútiles que los parapsicólogos acostumbran sin conseguir nada, hasta el momento en que la ficción, amablemente, se vuelve a adueñar del film y entonces las voces de los fantasmas se oyen con prístina claridad, se graban y se registran en el osciloscopio sin que sea necesario que Pedro Amorós o Carmen Porter nos digan qué tenemos que oír. Vaya, psicofonías mejores, sólo las falsificadas. La película (como tantas otras antes, desde la misma "El Exorcista", pasando por la enana acojonantísima de "Poltergeist" hasta llegar aquí) ofrece al público (y a los supuestos escépticos de la trama, como la psicóloga policial o el marido de la protagonista) precisamente las pruebas, las evidencias, el tipo de fenómeno repetible y real que nunca ha podido dar ninguno de los que viven de esto, y que de existir ya me habrían convencido a mí y a todo el mundo de la existencia de los fantasmas, los videntes y los pitufos.

Bueno, el parapsicologuillo es un recurso narrativo, toma poco tiempo y la parte del "trance hipnótico" de la Chaplin está bastante bien narrada y actuada como para que el espectador en general pase de todo esto, de modo que ése no es el problema. El problema viene al final, y, repito, esto es un spoiler, si no ha visto la película, no lo lea: cuando la protagonista Laura recuerda que puede pedir un deseo, el público tiene que volver de pronto de un mundo "paranormal" o "parapsicológico" condicionado por la aparición de los de las grabadoras para reinsertarse rápidamente en el mundo de la magia ficticia 100%, en la que los fantasmas más crueles se ven obligados (por leyes que nunca se han escrito, pero que funcionan en la imaginación) a cumplir deseos, como duendes irlandeses, velitas de cumpleaños y otros cumplidores de deseos que no están en el reino de la pseudociencia bobalicona, sino en el decente y maravilloso reino de la fantasía. En mi personal y cuestionabilísima opinión, el choque del regreso súbito a la magia en la que finalmente se desarrolla toda la película, le quita un poco, sólo un poco, de fuerza a lo que sigue, las palabras del niño, Simón, que deciden la historia.

Y es una pena. Sólo recuerdo una película en la que los "parapsicólogos" fueran esenciales, The Legend of Hell House, por supuesto escrita por un maestro del terror, Richard Matheson, en la que el tema era precisamente el enfrentamiento de dos "sensitivos" y un físico a una entidad preternatural, el fantasma de un millonario cruel. Excelente y memorable film donde hasta Roddy McDowall (como uno de los psíquicos) hace un gran papel. Pero de ahí en fuera... La película podría vivir sin la pseudoexplicación y los aparatos como viven, pienso, las películas de la pesadilla en la calle Elm o las historias de Drácula. La suspensión de la incredulidad no merece esta intrusión tan narrativamente inútil.

Así que aprovecho esta joya del nuevo cine español para reivindicar la literatura de terror, el cine de terror, las ficciones sobre el misterio y lo insondable (porque no son sino viajes a los rincones oscuros de nosotros mismos) y espero que se libere artísticamente muy pronto de las garras de los vendedores ambulantes de mentiras. Será bueno para el público, seguro.

diciembre 01, 2007

Batallas contra el viento... desde el P"P"

Usted seguramente recordará a los "reconocidos investigadores" a los que constantemente acude el mundo de la farándula paranormal para tratar de justificar sus barbaridades, aunque, eso sí, sin dar nunca el nombre de los "famosos científicos" y los "connotados expertos" que avalan bobadas sobre el creacionismo, que sueltan afirmaciones como que "ya no se pueden encontrar especies nuevas", que "confirman" la veracidad de fotos de fantasmas falsificadas, que dicen que "la ciencia ya lo sabe todo" y esa ristra de falsedades que son la materia fantástica con la que charlatanes inventan dos tipos de científicos: los que están de acuerdo con ellos y los que son tan tontos como ellos, ambas especies por fortuna en extremo escasas.

Retomando el testigo de estos insignes maestros del engaño, el embuste y el uso indigno de los medios, el vocero oficioso del Partido "Popular", Miguel Ángel Rodríguez, no contento con que su jefe ideológico, Mariano Rajoy, haya metido la pata sonoramente metiendo de paso en un embolao a su primo, investigador en física, soltó un par de perlas de colosales proporciones en una de sus cotidianas participaciones en Televisión Española, precedidas por su muy particular interpretación de "el síndrome Galileo", donde acusa a algunos de "mandar a la hoguera" a los que no están de acuerdo con ellos, cuando uno ve que más que hoguera le dan minutos de televisión para que envenene el ambiente, cosa que no hacía su jefe Aznar con sus opositores. Puntos de vista, supongamos.

Tratando de denigrar al ministro de sanidad Bernat Soria, y acusando al PSOE de "izquierda radical" (pues qué le digo, don Miguelín, no se parecen en nada a la izquierda extrema de antes, capitaneada por Stalin y sus émulos, que ciertamente no le abrían la televisión oficial a los rebuznos de la derecha chupacirios) dijo lo siguiente: "Hay reputados investigadores que dicen: la humanidad perecerá antes por la investigación genética y por las investigaciones de enfermedades en laboratorio que por cualquier cambio climático o incluso guerra".

El ex-portavoz de Aznar, presentándose ahora como periodista pero desempeñando exactamente el mismo papel de voz de la irracionalidad, la brutalidad, el autoritarismo y la mentira que caracterizaron el aznarato, le exige a Bernat Soria que debata esa afirmación pero, como es habitual, sin dar ningún dato, ninguna prueba, ningún nombre de esos "reputados investigadores" (uno supone que en teología y por la parte de la derecha de Benedicto XVI, que habrá de haberla) para saber con quién pretende enfrentar al ministro. ¿Cuáles investigadores, señor Rodríguez? Como periodista, informe bien y dénos los nombres de esos personajes cuyas afirmaciones usted seguramente ha leído y contrastado, no vayamos a creer que son inventados.

Esta egregia barbaridad sobre la que no tenemos más que la palabra dudosa, poco fiable, y nada creíble de Miguel Ángel Rodríguez, tendría un corolario fantástico en su mundo de delirios, que parece algo así como el tercer panel de "El Jardín de las Delicias" de El Bosco visto después de una noche de excesos varios con los socialistas light en el papel de Pol Pot: ¡es más importante luchar contra la investigación de las enfermedades en el laboratorio que contra la guerra, así sea la de Irak! Y es que claro, si la investigación de enfermedades es más peligrosa para la vida humana que una guerra nuclear (como la que todavía se podría desatar en Oriente Medio al calor de la barbarie de la "coalición" Bushista), ¿contra qué debemos enderezar nuestros esfuerzos? ¿Es promesa de gobierno rajoyista el terminar con ese peligro?

Esta afirmación tan escandalosamente insensata y disparatada de Miguel Ángel Rodríguez se ha visto, sin embargo, opacada en los medios por el siguiente fruto de su vena perlífera, sin duda mayor y más sonoro, y que dirige también al ministro: "hoy se ha pasado el día en las televisiones y seguramente se ha visto diciendo: 'en Andalucía se atienen a la legalidad, con respecto a la investigación'. sí, y era legal matar a judíos, los nazis los mataban conforme a la legalidad. Aquí estamos matando a personas de menos de tres meses porque no protestan".

Quien escuche o lea tales afirmaciones, pensará que España ha vuelto a la época de Franco, o más atrás, la época que respetaba la "legalidad nazi" que más o menos se imaginaba (como la esquela de Franco dedicada a Hitler en los primeros días de mayo de 1945, donde pinta a su viejo amigo como "defensor de la civilización cristiana", nada más lejos del pensamiento mágico de Hitler). Por fortuna para todos salvo para Miguel Ángel Rodríguez, nada de lo dicho es cierto: no era legal matar a judíos, por eso los nazis y sus herederos luchan por negar el holocausto, porque esa atrocidad, ese exterminio en serie que afectó también a gitanos, homosexuales y otros no gratos a la derecha criolla, ni siquiera fue consagrada en las abominables leyes de Nüremberg de 1936, ni en sus corolarios. Abundan los documentos que demuestran la falsedad de su dicho tanto como constatan la falsedad de los negadores del holocausto que por estos días han estado agasajando a David Duke (por ejemplo, las memorias de Adolf Eichmann y las entrevistas que a éste le hizo en Argentina Willem Stassen). Y los "menos de tres meses" de Miguel Ángel Rodríguez no son tres meses de edad, sino contados desde la gestación, productos de abortos que además no se hacen con el objeto de tener células madre. Se trata de abortos que no ilegalizó el jefe, amigo, compañero de viajes y mentor de Rodríguez, José María Aznar. Pero claro, en tiempos del PP Miguel Ángel no tuvo tiempo ni oportunidad de oponerse a esas políticas, que de haberlo tenido lo hubiera hecho (oh sí).

Todo el odio a la actividad, pensamiento y conocimientos científicos que destilan los charlatanes mediáticos va siendo recogido, con entusiasmo, por un partido político que cada vez parece más huérfano de ideas y más abundoso en odios y promoción de la antiinteligencia... igual que sus ideólogos de la misteriología.

noviembre 09, 2007

Las conspiraciones de los tontos

Actualización el 13 de octubre a las 13:25: El demente al que aludo al principio de esta entrada alucina que lo mencioné por nombre (todo a su tiempo), cree que esta entrada es sobre él (pobre) y ha respondido hoy con apenas 9 mensajes a esta hora (desde la misma IP de siempre) sin dar ningún argumento en favor de su menjunje milagroso, pero eso sí, con el inevitable: "ten cuidado con lo que escribes" y aullando: "... me temo que más que dejar tu país, debieron echarte por parásito inútil". ¿Por qué será que los fanáticos siempre caen en la amenaza más o menos velada y en los ataques más bobos y fachas? Lo patético es que luego van de progres de sábado por la noche para vergüenza de los genuinos luchadores por la justicia social. Por supuesto, el mamarracho me acusa delirantemente de ser favorable al PP (bueno, no de "ser favorable" sino de "limpiarle el culo" que es más poético y difícilmente más falso) y a la extrema derecha (ni risa merece tal sandez miserable), a las multinacionales (jojó, lo que es ser tonto), de ser un "mercenario periodistilla" (sea lo que sea eso, ¿será porque cobro como periodista?) y de lo que se tercie, total da igual, junto con el inevitable intento de insulto de patio escolar, sugiriendo que el adversario es homosexual pasivo, lo que debe ser horrendo, supongo y cosas así de altos vuelos dialécticos: "Y tu puta compasión, lo de 'pobres víctimas' que dices al final, métetela por tu esfinter por muy dado de si que esté el pobre". Como para que miles de enfermos le encarguen la curación de su afección, rendidos de admiración, ¿o no? Sólo él puede compadecerse por las víctimas de cáncer, pero no de las víctimas de pócimas no probadas. El personajillo amenaza con difamarme también en un "blog colectivo" que tiene con un grupo de valientes que escriben ocultando su nombre. Nada hace más valientes que el anonimato, ya sabe usted. Seguiremos informando.

Mientras preparo una entrada sobre las seudomedicinas, un pequeño demente evangelizador de una pócima milagrosa llamada "Bio-Bac" me ha sometido a un increíble bombardeo de correo electrónico (70 mensajes del 26 de octubre al 8 de noviembre, más lo que se acumule después) encabronadísimo porque no quiero creerle que el Bio-Bac funciona nadamás porque me lo dice por sus egregios y (según él) altísimos dídimos. Yo empecé preguntándole si tenía pruebas sobre la eficacia terapéutica del Bio-Bac y cuál era el principio activo de tan asombroso menjunje, con lo cual me he enterado de varias cosas, principalmente de que el tal evangelizador es un tonto en Cinemascope, Technicolor y sonido Dolby THX en varios temas que aborda desde la ignorancia arrogante, el ideologismo ígnaro y la bobería de esa izquierda after hours que cree que hace la revolución antisistema porque compra el café en una tienda de comercio justo. Pero de las pruebas de la eficacia terapéutica de este enésimo potaje milagroso anticáncer, nada, y menos aún de qué contiene, que es más secreto que el color de los calzoncillos de Putin.

Bueno, el caso es que el argumentario de este pajarraco, aprendido y copiado ad litteram de fuentes tan fiables como la revista Discovery Dsalud y los beneficiarios económicos de la venta del brebaje incluye grandes dosis de conspiranoia imperiofarmacéuticocapitalistamalamalísima de la variedad más baratona y maniquea.

Antes de que la Sinneuronen Philarmoniker empiece a arrancarse las pestañas gritando que yo creo que las farmacéuticas son como la Madre Teresa de Calcuta, quiero aclarar que creo que Teresa (Agnes Gonxha Bojaxhiu) era algo más malvada que las farmacéuticas, pues éstas sólo están movidas por la más descarada, fría e inhumanizada ambición, es decir, que cuando hacen daño es al estilo de la mafia "nada personal", mientras que la infinita crueldad de la Nobelizada amiga de Baby Doc y Enver Hoxha estaba motivada por su deseo de obtener el cielo a costa de cualquier sufrimiento... ajeno, no olvidemos que en sus morideros (no construyó hospital alguno, sólo morideros) no se administraban analgésicos porque "el dolor es grato a Dios", y ella era el instrumento privilegiado de tal deidad.

Las farmacéuticas son negocios, y como tales tienen las desventajas de los negocios. Pero además son enormes negocios multinacionales, lo que las dota además de los defectos de todos los demás negocios multinacionales, sólo que en el caso de las farmacéuticas se les nota más porque trabajan en los terrenos del dolor humano y la enfermedad, los espacios de la desesperación y la esperanza, de la vida y la muerte.

Establecido eso, lo que no es razonable es afirmar que los medicamentos no funcionan, del mismo modo en que hay que ser bastante descerebrado para afirmar que la electricidad no sirve para iluminarnos porque la suministran unos mamarrachos negociantes. Cada cosa en su lugar. Ciertamente es criticable (y una putada) que por mantener las utilidades las farmacéuticas se nieguen a bajar los precios de los antirretrovirales en África. Pero eso no justifica (ni de lejos) que un siniestro sujeto como Matthias Rath se agarre de eso para engañar a la población diciendo que el SIDA se cura con las vitaminas marca Rath y no con medicamentos de verdad.

Y es que tener medicamentos "no aprobados" es el mejor negocio del mundo. Primero que nada, el coste de la investigación y el desarrollo es de cero, porque no hay que hacerlo, simplemente se afirma que "los malos malísimos no nos dejaron" y ya hay quien pica. Segundo, no hay que tener controles de calidad en la producción (cualquier cosa que aparezca en un frasco nuestro vale como "complemento" y ya). Tercero, no hay responsabilidades legales ante los muertos (siempre se hace correr el cuento de que cura que da gusto, pero el fabricante en sí no hace ninguna afirmación que lo pueda poner entre rejas, dejando que el vox populi y la histeria atizada bajo cuerda le hagan las relaciones públicas. Quinto, no hay que respetar los estrictos requisitos para poner un medicamento en el mercado, basta decir que no es un medicamento aunque la gente lo use como tal y a cobrar. Es decir, todo es ganar y nada es gastar, que es mejor negocio que el de las farmacéuticas, que se gastan un pastón en investigación y desarrollo, y aunque tengan abogados más astutos que un papa con cierta frecuencia tienen que pagar otro pastón cuando meten la pata y los demandan sus víctimas. Compárese eso a la lucha de este servidor, por ejemplo, para convencer a una señora que demandara a cierto distinguido "naturista" mexicano sin escrúpulos (un vegetariano "estricto" al que luego uno se encontraba comiendo cosas curiosas cuando no estaba ante las cámaras) que le "trató" una diabetes con batidos de coliflor y tomate hasta que a la señora se le gangrenó una pierna y se le tuvo que amputar. "Ay, señor", me decía toda compungida, "¿cómo cree que voy a ir al juez a decirle que soy tan taruga que me creí las babosadas de este tipo y que por ahorrar en médicos perdí una pata? No, no... mejor lo dejamos allí, total, no voy a recuperar la pierna, ¿verdad?"

Pero por un momento vamos a imaginar que existe el milagro erisipelante y megafuncional que han afirmado tener todos los vendedores de pociones curativas. Pienso en la "chahína", en el agua de Tlacote, en las antitoxinas de Koch, el tratamiento de Hoxsey, el krebiozeno, los antineoplastones, el Entelev (vendido también como CanCell, Cantron y Protocel), la "cura para todos los cánceres de Hulda Clark, el Essica, la "terapia de células frescas", la "dieta Gerson", el Iscador, la terapia metabólica Kelley-González, el "Control del Cáncer de Revici", el cartílago de tiburón, la máquina de Rife y la terapia inmunoaumentativa, por mencionar sólo algunos "milagros contra el cáncer" que nunca lo fueron.

Llamemos a nuestro compuesto "HFH" y supongamos que, secretamente, con los millones que nos dejó la tía Euphrosine Muddleton, de Worcestershire, Inglaterra, hemos descubierto y realizado los estudios de nuestro compuesto y resulta que cura el cáncer que da gusto, sin efectos secundarios, sin ninguna nocividad y para remate con un agradablñe y popular sabor a cereza. O mejor aún, no tenemos ninguna prueba, no hicimos ningún estudio, no sabemos qué contiene exactamente, pero el 80% de las personas que lo toman una semana se curan de cualquier forma de cáncer en cualquier lugar del cuerpo, con la misma eficiencia con la que la penicilina curaba la sífilis.

En el mundo capitalista, las farmacéuticas, que pueden estar de acuerdo en muchas cosas, pero sobre todo en que quieren joder a la competencia y hacerse con las utilidades que hoy tiene su adversario, que de eso va el sistema, se matarían entre sí por obtener mi fórmula, llenarme de dinero y, la que gane, procedería a hacer los estudios adecuados para lograr su comercialización y producirlo en cantidades navegables para aplastar a las demás, hacerse con _todo_ el "mercado" de cancerosos del mundo mundial hoy _y para siempre_ (eso es mucha plata, sobre todo con la garantía de que no les pueden quitar el mercado ya nunca), hacer quebrar a las otras farmacéuticas, humillar a sus directivos y comprarlas a precio de papel higiénico mientras los accionistas se ríen como poseídos.

Así funciona el asunto, nos guste o no (a mí me gusta poco, la verdad). En toda la historia del capitalismo a galope tendido, y más desde el siglo XIX, el éxito se ha basado en joder al de junto con un sistema nuevo, un producto superoriginal, una sustancia más efectiva y una solución mejor. Cuando se ponen de acuerdo las empresas es, sobre todo, para acordar precios injustos (o más injustos), pero no para pactos de no agresión que existen menos en el mundo empresarial que en política. Es muy difícil que yo me crea que todas las farmacéuticas (incluso las que andan rengueando en la parte baja de la tabla de la revista Fortune y necesitan oxígeno para sobrevivir) dejarían pasar sin más la oportunidad de ganar dinero como para parar diez trenes y de paso joder a su competencia, todo en nombre de una "solidaridad conspirativa" que, francamente, jamás ha exhibido el mundo "empresarial", ni ahora, ni cuando los mercaderes venecianos se mandaban envenenar unos a otros por el mercado de la pimienta, que era entonces a la economía lo que hoy es el petróleo y mañana será otra cosa.

Pese a todo eso, venga, vamos, supongamos que hay una conspiración perfecta de todas las farmacéuticas que gastan lo que no está en los libros por conseguir que los médicos receten su marca y no la de su competencia, las farmacéuticas que ofrecen sueldos de superproducción de Hollywood a los mejores bioquímicos y farmacólogos y fisiólogos del mundo entero para evitar que trabajen en la competencia (en lugar de "ponerse todas de acuerdo" para ahorrar en sueldos poniendo topes salariales a sus mejores investigadores, jejé). Juguemos a creer que las empresas voraces que no han tenido empacho, por ejemplo, en desgraciar todo el megamercado de los antiácidos al aprovechar el descubrimiento de que la úlcera es una infección bacteriana en el 90% de los casos (y no se "solidarizaron" cuando salió pro la ventana el meganegocio del Melox o Maalox, del Tagamet y de otros productos que eran superrentables, revise usted los números de venta de tales cosas en los años 70-80) están menos dispuestas a enriquecerse con la cura perfecta contra el cáncer que con los antibióticos que se cargan a la bacteria del píloro, por alguna causa archiesotérica y contraria al capitalismo galopante.

Si suponemos (más allá de la razón) que las farmacéuticas se coluden de tal modo suicida, pensemos entonces que podemos buscar a cualquier otro personaje que tenga eso que hoy llaman "espíritu emprendedor" y antes se llamaba "ambición ciega sin escrúpulos", un empresario voraz que busca en qué invertir unos millones de euros si a cambio gana unos miles de millones, puede ser un constructor (muy de moda en España), un vendedor de ropa, un dueño de aerolínea, cualquiera con ganas de descollar y llenarse los bolsillos... Vaya, que hacemos una subasta pública del HFH bajo las condiciones que se nos dé la gana imponer, y aún así habrá miles o decenas de miles de tipos en todo el mundo dispuestos a hacerse con la fórmula y laminar a todas las farmacéuticas y a sus tías fundando su propia empresa farmacéutica con su apellido en el nombre, claro que sí. Si el producto funciona, claro.

¿Habría ayuda para nosotros, humildes descubridores del HFH? A kilos, a manos llenas, a saciar... Si la efectividad de nuestro producto fuera demostrable y cada estudio la reconfirmara, podríamos elegir a qué gobernante sinceramente de izquierda o ultrapopulista de todo el mundo querríamos acercarnos, que todos nos darían sombra, protección y billetes por una u otra causa más o menos legítima. Podríamos llamar a filas a más de una ONG, y conseguir protección para que no nos maten los farmacéuticos encabronados (si se puede proteger a Salman Rushdie, se nos puede proteger a nosotros). Ahora, si el riesgo percibido fuera muchísimo, la solución simple y sencilla (al estilo del enorme cuento de Theodore Sturgeon "Zapatos marrones") sería hacer pública la fórmula y renunciar a toda propiedad intelectual, como lo hicieron los Curie con sus métodos de purificación de minerales o lo hizo Tim Berners-Lee, ni más ni menos que el inventor de la World Wide Web, la parte de Internet que usted usa ahora (las otras son el FTP, el correo electrónico, etc.) Se le regala al mundo en versión de conocimiento libre Creative Commons y se hace la revolución un día en que uno ande medio aburrido. Simple y sencillo. Y a partir de allí, mantenernos será facilísimo, viviremos como reyes sólo dando conferencias para contar nuestra heroica historia. O, si no, simplemente regalamos el producto durante unos meses y tendremos cientos o miles de personas curadas de cáncer defendiéndonos porque ya están bien (no porque "tienen esperanzas" y "quieren comprar" nuestra mercancía). Miles de médicos nos aclamarán (no cuatro gatos desconocidos), los reporteros del mundo querrán entrevistarnos, seremos portada, seremos más famosos que Einstein o cualquiera otro que haya revolucionado la ciencia...

Pero además faltaría la otra parte de la conspiración. Para que la onda de "el mundo contra mí" funcione más o menos, es indispensable que todos absolutamente todos los científicos, médicos, laboratoristas, biólogos, bioquímicos, farmacólogos, fisiólogos, enfermeras y demás personal sanitario y de las ciencias de la vida de todo el mundo, más los estudiantes de eso en todas las universidades del planeta, todos, sean parte del "muro del silencio" conspirador y malévolo. Ahora, si usted está dispuesto a creer que no hay médicos que honradamente deseen el bienestar de sus pacientes, yo no, porque conozco a muchos científicos que viven de acuerdo con el principio de ser amigos de Platón pero más amigos de la verdad, y que no se doblegan ni ante el poder ni ante el dinero, igual que a médicos que ponen en juego su propia salud, su vida, su bienestar y su integridad para sanar a sus pacientes. No son los miserables que pinta la propaganda curanderista. Simplemente, el mundo no es así, aunque suene "supermegaguay que así fuera, colega", que es más o menos la lógica de los difundidores de patrañas al por mayor.

Y si algunos científicos decentes y apegados a los principios de la ciencia se enteran de que nos quieren reprimir con el HFH, harán los estudios en sus laboratorios, reproducirán los datos, confirmarán las hipótesis, exigirán el reconocimiento y el Nobel para nosotors. Porque si nuestros datos son científicamente válidos y mi método el correcto, no será posible acallarlos. Y no será necesario mandar a intrascendentes con aspiraciones a hacer evangelismo barato, ni ordenar que nuestras víctimas hagan ayunos en una parroquia, que es tema que ya trataremos, porque las dudas se dirimirían científicamente y no en la propaganda politicoide.

En resumen, que si nuestro medicamento de pega "HFH" (siglas de "hacen falta huevos", por cierto) verdaderamente sirve, sería increíble e inviable que fuera reprimido como claman que son los sucesivos vendedores de aceite de víbora, el milagro del mes, la serpiente del verano y la maravilla incomprendida de hoy que mañana será sólo otro embuste más. "Si verdaderamente sirve" son las palabras clave. Si no sirve, si no hay pruebas, si ni siquiera se conoce qué contiene un producto mágico, pues nada de eso pasará, pero nadie serio y respetable será parte del enésimo circo anticáncer de la historia del abuso de la desesperación ajena (a veces con buena intención, sí, pero eso vale de poco). Queda ese recurso patético a los vendedores de humo y a las pobres víctimas que les pagan. Con el tiempo y alguna que otra remisión espontánea, mal diagnóstico o funcionamiento del tratamiento médico de verdad simultáneo a la aplicación del filtro prodigioso, alguna víctima se convertirá en promotora del negocio, y al son de berrinches, gritos, ataques histéricos y babeos por hectólitros, exigirá que le crean que su elixir cura porque lo dice y punto.

A mí, las conspiraciones perfectas que medran en los por lo demás huecos cráneos de los militantes del pensamiento acrítico simplemente me parecen imposibles. Yo me acuerdo de que, en el mundo real, incluso una conspiración armada por Richard Nixon cuando era el personaje más poderoso del mundo occidental y un individuo especialmente malévolo, bruto y siniestro, cayó de la manera más sencilla, porque no se debe olvidar que un secreto lo es entre dos, cuando mucho, que al haber tres la cosa deja de funcionar. Las únicas conspiraciones "perfectas" son las que no existen pero suenan bien o son convenientes, inventadas por guionistas fracasados de la versión local de Beti la fea, pues.

Lo malo es que a ésos les aburre vivir en el mundo real.