noviembre 24, 2010

Enigmas y birras


El 30 de octubre, comenzamos en Gijón  una actividad inspirada en las reuniones británicas Skeptics in the Pub que se llevan a cabo desde mediados de la década de 1990, con un giro para no ser reuniones de "escépticos", sino espacios de diálogo con el público en general, se defina o no como escéptico, que quiera conocer información sobre las diversas cuestiones que los medios nos venden como "Enigmas"

En la primera reunión hablamos en general de enigmas y de dos casos en los que este bloguero ha intervenido, en su doble calidad de fotógrafo e incrédulo. Uno de ellos conocido por los lectores de este blog, las falsas fantasmas que promovía Íker Jiménez, y otro que no ha trascendido, el "ovni de Ajo", un par de fotografías tomadas en Cantabria que se nos presentaron para su análisis.

Este sábado 27 de noviembre a las 19:30 horas, celebraremos la 2ª reunión "Enigmas y birras", en el pub La Cuestión, Marqués de Casa Valdés 7, en Gijón. Están todos invitados.

En esta ocasión, el doctor en física Sergio Palacios, autor del blog Física en la ciencia ficción, profesor de la Universidad de Oviedo y autor del libro La guerra de dos mundos, pondrá las bases del tema "Pero... ¿nos visitan los extraterrestres?" para luego proceder a la tertulia generalizada.

La entrada es libre y para todo público. Sin embargo, se agradece que cada asistente haga al menos una consumición en agradecimiento por el préstamo del local a su amable y siempre hospitalaria dueña Adri. La convocatoria es de Círculo escéptico.

Ojalá y se pueda multiplicar esta iniciativa en otros lugares.

noviembre 04, 2010

¿Cómo referirse a un vulgar estafador?

Copio y pego el resumen que hace Luis Alfonso Gámez en Magonia del caso del Profesor Fernando Cuartero:
Fernando Cuartero, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos y subdirector académico del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), ha sido condenado a pagar una multa de 204 euros como autor de una falta de injurias por haber calificado en una carta de "vulgares estafadores" a los organizadores de un seminario espiritista celebrado en esa institución académica, en Albacete, el 31 de octubre y 1 de noviembre del año pasado. La titular del Juzgado de Instrucción Nº 1 de Albacete, Otilia Martínez Palacios, considera en la sentencia que, "aunque sea una crítica social aceptada el hablar de la parapsicología como pseudociencia, no lo es el decir que son vulgares estafadores, porque socialmente estas expresiones son ofensivas y menoscaban y quebrantan la fama y prestigio de la persona a la que van dirigidas".
En resumidas cuentas, una jueza dice que es una ofensa llamar "vulgares estafadores" a quienes le sacan dinero a la gente por un engaño, el del espiritismo, con una supuesta médium y un supuesto parapsicólogo.

Estafa es sacarle los cuartos a alguien con un engaño. Y es vulgar hacerlo con el viejo cuento de la comunicación con los espíritus de las personas fallecidas. Porque para condenar al profesor Cuartero, lo menos que la jueza debió hacer es exigirle a los organizadores del aquelarre y en particular al demandante, Rafael Campillo, quien ya ha organizado otros cónclaves ocultistas similares, a la médium Marylin Rossner (que acaba de estar del 23 al 31 de octubre dando otros espectáculos en Alicante y había estado en el anterior show de Campillo) y al parapsicólogo Raymond Moody, que demostraran a satisfacción ante el tribunal que lo suyo no es un engaño, sino una realidad.

Sin esas pruebas, la condena no parece razonable. No lo digo yo, sino Yamato, que es abogado y conoce bien el punto donde la estafa paranormal, ocultista y pseudocientífica se toca con el sistema judicial español, en su blog El fondo del asunto.

Suele darse que la justicia española se ponga del lado de diversos pseudocientíficos, ocultistas, brujos y plagiadores. Recordamos la sentencia contra Luis Alfonso Gámez por atreverse a criticar al santón del embuste Juan José Benítez, o las ocasiones en que los jueces se han negado a sentenciar a los estafadores considerando a las víctimas corresponsables de su ruina económica y moral a manos de unos desalmados "halternativos".

En esta ocasión, se ha creado un grupo de Facebook en apoyo al profesor Cuartero y se está organizando una plataforma para apoyarlo en el recurso de la sentencia.

Ciertamente no es que importen los 204 euros de la multa. El tema es un asunto de principios y de utilizar los recursos de la justicia para evitar que ésta se alinee del lado del trilerío organizado y que cuenta además con los dineros obtenidos de la venta de sus embusteros bienes, como los 45 euros que se le cascaron a los inocentes que cayeron en el aquelarre denunciado por el profesor Cuartero.

Y para poder decirle "vulgares estafadores" a los vulgares estafadores de este mundo, por supuesto.

octubre 29, 2010

Por una universidad libre de pseudociencia y oscurantismo

Cada día más universidades caen bajo el influjo de la estupidez comercialmente rentable para regocijo de quienes sueñan devolvernos al siglo XI y sacar una buena tajada en el proceso.

Desde los desfiguros astrológicos que han hecho universidades en México y en España  hasta el avance indetenible de las pseudomedicinas no validadas experimentalmente que denuncia cotidianamente La lista de la vergüenza, el abordaje de la universidad por parte del ocultismo está en marcha a toda máquina.

Ante ello, el blog amigo La ciencia y sus demonios ha decidido lanzar un Manifiesto por una universidad libre de pseudociencia y oscurantismo que usted puede leer y firmar aquí.

Por cierto, si los oscurantistas y ocultistas ofrecen el manido argumento de la "libertad de cátedra" y del "libre debate en las universidades", será que no se enteran de que, precisamente, sus afirmaciones no resisten el ejercicio de la libertad de cátedra y, por supuesto, son ellos quienes se rehúsan al libre debate continuamente. Quieren el reconocimiento de la ciencia pero sin hacer el trabajo científico, simulando rigor, como niños jugando a los médicos, y les horroriza someterse, como lo hacen los científicos de verdad día tras día, a la evaluación de sus métodos y resultados por parte de personas que están fuera de su cofradía o aquelarre, limitándose al insulto, la coartada y la tarea de escurrir el bulto, todo ello enemigo de la esencia misma de la universidad.

Y sin universidad, todo lo que usted tiene, empezando por la libertad y terminando con todo el conocimiento, desde la medicina hasta Internet, desde la luz eléctrica hasta el automóvil, todo, todo, desaparece. Sería, ése sí, el retorno de los charlatanes.

octubre 16, 2010

Estimado político

Estimado político,

Me dirijo a usted en su calidad de persona que toma decisiones de gobierno para su país y para sus habitantes.

A efectos de esta carta, da igual si ganó unas elecciones democráticas u obtuvo su puesto mediante alguna irregularidad electoral, por herencia, golpe de estado o cualquier otro procedimiento. También da igual si es o dice ser de derecha o de izquierda, o si alimenta la fantasía del "centro" ideológico; si es hombre o mujer, heterosexual, homosexual, bisexual, polisexual o asexuado. Resulta irrelevante también si actúa buscando beneficiar a sus conciudadanos o simplemente pretende su beneficio personal. Y no tiene ninguna importancia si usted es honrado o pillastre, o si trabaja de presidente, primer ministro, presidente de gobierno, caudillo, premier, diputado, senador, gobernador, presidente de provincia o comunidad autónoma, asambleísta, congresista, presidente municipal, edil, concejal, o en cualquier otra posición de responsabilidad en la toma de decisiones.

Sólo quiero que mire bien lo que hay a su alrededor, que a veces lo obvio se nos pasa de noche, y lo evalúe cuando deba tomar decisiones en el futuro, sobre todo si implican ciertas palabras extrañas, desusadas o en apariencia poco relevantes en la vida diaria. Que valore que aunque las palabras suenen ajenas, los conceptos que transmiten no lo son.

Piense usted en lo que ocurre en la mañana, cuando se levanta. Seguramente tiene usted un lecho limpio y razonablemente cómodo, sea modesto u opulento. La gran mayoría de los dirigentes a lo largo de toda la historia de la humanidad han dormido en condiciones mucho menos deseables que las suyas, acompañados de chinches, pulgas y piojos, ya en el catre de Alejandro Magno, en las mullidas camas de plumón de ganso de Enrique VIII o en el lecho presidencial de Abraham Lincoln.

Como hemos descubierto que estos parásitos no sólo son repugnantes y nos causan picores, sino que transmiten graves enfermedades, los hemos expulsado de nuestros dormitorios. La pulga fue responsable de la peste negra que acabó con entre 1/3 y 1/2 de la población europea en el siglo XIV. Los piojos transmiten enfermedades microbianas y nos pueden inocular desagradables gusanos parásitos. Las chinches provocan poco estéticas erupciones de la piel y graves infecciones.

Por eso se limpia su casa, se airea la ropa de cama y se lava con jabones y detergentes que alejan a los parásitos. Por eso usted se baña, quizás diariamente. Y por eso está libre de muchas enfermedades... y de picores incómodos.

Todo esto lo descubrieron los científicos, haciendo una cosa que se llama ciencia en variedades tan raras como la entomología,la epidemiología, la microbiología y otras palabras así.

Usted se asea, se viste y desayuna. Quizás no sabe que las máquinas que han tejido la tela de su ropa están estrechamente relacionadas con la informática: los sistemas automatizados que se empezaron a usar para obtener tejidos complejos son ancestros de los que se utilizan para programar su teléfono móvil o celular, su ordenador o computadora, y el ordenador o computadora que se usa para controlar sus vuelos en avión y garantizarle todos y cada uno de los despegues, recorridos y aterrizajes de los que ha disfrutado en su vida.

Todos estos dispositivos están construidos sobre principios científicos de nombres como cibernética, robótica, microelectrónica, mecánica de fluidos, aerodinámica, etc. Cuando esos principios se ponen en práctica mediante la ingeniería, hablamos de tecnología. Sin ciencia no hay tecnología... ni sus beneficios.

Lo que usted desayuna no es menos importante. Usted confía razonablemente que sus alimentos no transmiten enfermedades y no tienen sustancias nocivas, además de que puede ver que son económicamente accesibles debido a que existe la agricultura tecnológica y disciplinas como la botánica y la zoología, gracias a que sabemos algo sobre la composición química y el funcionamiento de los seres vivos, su desarrollo, sus relaciones (ecológicas, imagínese) con otros seres vivos, su fisiología y su genética y demás. Y utilizamos eso para producir, transportar y comercializar los productos, y también para analizarlos y certificar que son aptos para el consumo humano. Cuando usted se come un plato de huevos con tocino (o bacon, o panceta) y un vaso de leche, tiene una seguridad razonable de que no se está alimentando con un mortal cóctel de salmonela y triquina aligerado con un vaso de fiebre aftosa.

Todo eso es ciencia, pero con palabras cotidianas: cama, camisa, huevos con tocino, leche, avión, viaje. La ciencia es un sistema probado para obtener conocimientos fiables, un sistema al alcance de todos. Bástele saber eso: funciona, es fiable, no es secreta, conviene.

Seguramente ha tenido problemas de salud, pero sabe que usted y los suyos tienen probabilidades de vivir hasta bien pasados los 70 años. Esto le puede parecer natural, pero no lo era en el pasado. En el siglo XVIII, que no es precisamente la prehistoria, la expectativa de vida era de 35 años. Y no porque todos murieran a los 35, claro, sino por la gran mortalidad infantil, tanta que si usted no es demasiado joven recordará cuando se decía que alguien había tenido tantos hijos y "le habían vivido" tantos. Y luego vivir más de 50 años era igualmente poco frecuente. A los 70 llegaban muy, muy pocos.

Esto se debe a que hoy existen conceptos y productos que no había en el siglo XVIII: asepsia, vacunas, antibióticos, anestésicos, analgésicos, conocimientos de nutrición, etc. Todas esas cosas logradas mediante investigaciones científicas, corroboradas y perfeccionadas continuamente.

Seguramente le han dicho que ciertas "medicinas" antiguas curan ciertas afecciones. No deja de ser raro que no las curaran antes, y que fuera necesario que se desarrollara la medicina basada en evidencias, ésa que llamamos "medicina científica", para curarlas. La viruela era tan común en China como en la India y en Europa, por más yerbas y agujas que usaran, hasta que la medicina científica enfrentó el problema. Hoy no tenemos miedo a la viruela, la erradicamos en 1977 gracias a la ciencia, a cosas como la virología, la inmunología, la bioquímica y otras disciplinas de nombres raros.

Pero tampoco curaban -ni curan- las enfermedades que la medicina científica aún no sabe curar. Por ello, como sociedad --y como individuos-- es más inteligente apostar por la muy joven y muy exitosa medicina científica, que avanza todos los días y que puede demostrar sus logros durante los últimos 150 años, para llegar a curar esas enfermedades que hoy aún son un azote, y no por quienes no han conseguido ningún logro relevante durante siglos o milenios.

De hecho, si usted sufre en el gobierno problemas como "el envejecimiento de la población", es porque los seres humanos de la era científica viven más años y con mejor calidad que los de tiempos y lugares no científicos. Y eso lo goza usted, probablemente con de válvulas cardiacas nuevas, insulina para la diabetes, alguna cadera nueva, un antihipertensivo que le alarga la vida a su corazón y quizá hasta una coqueta liposucción.

Todo eso es ciencia.

Le daré un solo ejemplo más para no agobiarlo con detalles abigarrados: Todo.

Todo lo que usted tiene, vive y disfruta, es resultado de la ciencia. Las edificaciones de su vivienda, oficinas y demás no se caen porque han sido construidos sabiendo científicamente la resistencia y capacidad de los materiales de construcción que vemos funcionar bien día a día, todos los días. Su automóvil. La gasolina que lo mueve. Sus teléfonos. Sus gafas (hijas de los estudios de óptica de Newton). La celdilla fotoeléctrica que impide que el ascensor o elevador se le cierre en las narices (gracias a un principio descubierto por Einstein). El ascensor. La luz del ascensor. Radio y televisión. Bolígrafos e instrumentos de acero. Papel y gomina para el pelo. Latas de anchoas y el láser de su lector de DVD o el que se usó para alinear el túnel del metro (ese láser que decían que no servía para nada). Su reloj y su GPS. La cinta adhesiva y los caramelos para el aliento. La cámara de fotos o de vídeo con que inmortaliza a su familia. Todo, todo es resultado de la ciencia y nada de la pseudociencia, la superstición o la falta de recursos para avanzar. Todo se ha logrado gracias a que algunos seres humanos especialmente curiosos se dedican a averiguar cómo funcionan las cosas, qué leyes las rigen y cómo podemos usarlas y mejorarlas en nuestro beneficio. En el de usted, principalmente.

Porque, verá usted, hay un problema.

Algunas veces parece que los logros y conocimientos de la ciencia son tan abrumadores que ya lo sabemos todo. (Paradójicamente, hay vendedores de miedo al conocimiento y de cierta visión pastoril y ñoña de un pasado que nunca existió, que dicen que la ciencia no sabe nada.)

Pues no, no lo sabemos todo. Ni mucho menos. Sabemos muchas, muchísimas cosas, más cada día... pero son muy poco comparadas con todo lo que nos queda por saber. La ciencia tiene esa peculiar característica: cuando responde una pregunta provoca muchas otras. Como si al conseguir abrir una puerta entráramos a una habitación donde hay otras veinte o más puertas que hay que abrir, con distintas cerraduras, cada una más compleja que la otra.

Para vivir mejor, para que sus conciudadanos vivan mejor, qué caramba, para que usted y sus hijos y sus nietos vivan mejor, más tiempo, con menos incomodidad, más felices y tranquilos, la ciencia debe seguir desarrollándose, aprendiendo, planteándose preguntas difíciles. Esto necesita no sólo investigación, sino recursos y voluntad para formar científicos, para que más jóvenes estudien carreras científicas en mejores condiciones, con mejores profesores y laboratorios, para que los medios informen de modo correcto sobre qué es la ciencia, y para que florezcan disciplinas con nombres que nos pueden sonar raros pero que significan camas, ropa, jabón, teléfonos, caderas, desayunos y películas 3D en DVD.

Entiendo que es muy seductora la idea de complacer a sus electores otorgando financiamiento público a prácticas supuestamente curativas (digamos, por decir, la homeopatía o la acupuntura) que nadie ha demostrado que funcionen y que además contravienen cuanto sabemos (cosas que funcionan y se llaman química, fisiología, física y así). La gente las quiere, y usted sabe que si uno les da lo que quieren, votan por uno, lo cual no está del todo mal. Igualmente es seductor prohibir cosas que unos señores muy escandalosos aseguran que son dañinas y peligrosas (digamos, por decir, los teléfonos móviles o las vacunas) para que voten por nosotros o al menos nos aplaudan mucho y dejen de estar molestando, lo que siempre es agradable. Pero esa seducción tiene su precio.

Los escasos recursos del estado (y no importa si su país es pequeño y pobre o grande y económicamente poderoso, los recursos del estado siempre son escasos) que se desvíen de la ciencia hacia otras actividades más cercanas a la magia acaban redundando en perjuicio de todos, especialmente de usted mismo y de su cómoda supervivencia futura. No apoyar a Jonas Salk en 1955 durante la epidemia de poliomielitis de Estados Unidos, por ejemplo, podría haber significado que sus hijos (los de usted, no los de Salk) hubieran sufrido la enfermedad. O usted mismo. Y entonces la cama, el desayuno, el vuelo y el trabajo de toma de decisiones de gobierno sería bastante menos amable. Sin piernas, imagínese. O conectado de por vida a un respirador. O muerto, que no es una buena situación para disfrutar de la vida como es debido.

La ciencia es fundamental y promover su desarrollo, su conocimiento, su presencia y su reconocimiento, es tema de la más elemental justicia. No debe dejarse sólo en manos de la libre empresa (que usted, sea de izquierda o de derecha, me da igual, sabe que no es muy de fiar), sino que debe ser parte de cualquier política de gobierno a cualquier nivel. Lo contrario, desproteger a la ciencia o, peor aún, promover la anticiencia, la charlatanería, la brujería, el esoterismo y la superstición, es una injusticia para toda la sociedad y, sobre todo, para usted.

Y no me refiero sólo a la justicia básica que implica el que su pueblo (pobre o rico) reciba información real y no engaños. Ni a la justicia que implica el no premiar a embusteros sino a la gente que en realidad trabaja. Se trata de la justicia de no privarlos a usted y los suyos de lo que puede ofrecer la ciencia: triunfos aún mayores contra el cáncer (que ya mata muchas menos personas que en el pasado), contra la diabetes, contra el Alzheimer, contra la caries... viajes turísticos al espacio, mejores consolas de juegos, televisión en tres dimensiones. Todo lo que nos da el conocimiento ante la ausencia de aportaciones (salvo endulzarnos la oreja) que ofrece la superstición.

Hágase justicia, pues, señor político. La ciencia es fundamental y hacerla crecer entre toda la sociedad es benéfico, redituable y de gran importancia para tener una existencia mejor. Sí, para todos nosotros, para sus electores, súbditos, ciudadanos, vasallos o compatriotas, sí. Pero sobre todo para usted.

La próxima vez que tenga que tomar decisiones sobre ciencia, piense en su lecho, su ropa, sus vuelos, su teléfono, su ascensor, sus gafas, sus hijos vivos y sanos. Nada más.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

octubre 13, 2010

Astrología en la UNAM

Actualización viernes 15: No, el grupo de Facebook no ha sido borrado, simplemente la tarotista encargada del negocio ha decidido borrar los comentarios de muchas personas y "banearnos" para que no podamos ver cómo se desarrolla su publicidad engañosa. Como ella misma explica:
Donde dice "agresivos" debe leerse "críticos, cuestionadores y disidentes", pero las dictaduras (y el esoterismo ocultista es esencialmente dictatorial) suelen tratar así a los que no piensan "como deben". La tontería de "respetar las creencias" es por supuesto una de las coartadas habituales de estos truhanes. Las personas son respetables, las creencias son discutibles. La idea de "respetar las creencias" ahoga, precisamente, la esencia de la universidad, que es el libre debate (mismo que no habrá en el aquelarre del próximo lunes). Es la lógica del fanático que mata herejes y de los religionistas que buscan la penalización de la crítica a las religiones. (Captura de pantalla completa aquí.)
De paso, el arquitecto Trápaga, responsable de Difusión Cultural de la Fac. de Arquitectura de la UNAM, sigue sin responder ni a nuestra carta ni a las que han enviado otras personas y blogs que les han escrito preocupados por este despropósito, como Héctor Julián Coronado, Andrés Tonini, Manuel Abeledo, esceptica.net y otros. Esperemos que hoy responda.
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 Actualización jueves 14: El grupo de Facebook referenciado ha sido borrado, lo cual hace más valioso el que hayamos capturado las pantallas con todos los despropósitos de los empresarios de la hechicería y la adivinación que mueven esto. Alguien en México consultó al Instituto de Astronomía, sólo para encontrarse con una persona que decía que no había nada qué hacer y hasta ahora, Difusión Cultural de la Facultad de Arquitectura no ha respondido a nuestra carta. Seguimos esperando.

Vía una querida amiga del bachillerato me vengo a enterar del siguiente dislate: el próximo 18 de octubre, en el teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, la máxima casa de estudios de México aunque cada vez más dando bandazos, un reconocido embustero profesional de la antigua superstición astrológica, el negociante Steven Forrest (en cuyo sitio Web, como puede usted ver, todo tiene etiqueta de precio) se presentará promovido por unos tarotistas mexicanos para dar una conferencia y embolsarse una buena cantidad (entradas de 100 pesos con un aforo de 422 personas, para un total de 42 200 pesos mexicanos o 2 445 euros a precio de hoy).



Ante las protestas de varias personas en el grupo de Facebook de este despropósito, manejado entre otros por la presunta arquitecta Roxana Muñoz Mercado y la presunta pedagoga y tarotista Nina María Ortega, se ha procedido a censurar varios comentarios críticos tanto de la impostura astrológica como de las mentiras que ofrecen los promotores (que la astrología está presente como "ciencia" en las universidades europeas", que los científicos "estudian y validan" las supersticiones prealfabéticas sobre las estrellas) para forrarse los bolsillos y, por supuesto, del absurdo inconmensurable que implica el que se cedan espacios de la UNAM, universidad pública por excelencia y por tanto patrimonio de todos los mexicanos, para que haga negocio un aquelarrito de neobrujos y de paso se promuevan para conseguir clientes

(Por si las dudas, haga clic aquí para ver la captura de pantalla y los comentarios.)

Uno se pregunta, por supuesto, qué significado se le puede dar a esta celebración de la irracionalidad, la anticiencia y la antiinteligencia en una casa de estudios donde prestan sus servicios los científicos del más alto nivel en México, algunos de ellos ácidos críticos de las más diversas supersticiones como la doctor Julieta Fierro, Premio Kalinga de la UNESCO por su labor en la divulgación de la ciencia.

En todo caso, este humilde blog, como siempre, pasa a preguntarle a los responsables del asunto. El Teatro Carlos Lazo depende directamente de la Facultad de Arquitectura, y son sus autoridades las que están avalando este negocio esotérico-oscurantista, así que le enviamos el siguiente mensaje de correo electrónico al arquitecto Mauricio Trápaga Delfín, que en la página de la Facultad de Arquitectura aparece como encargado de la Coordinación de Difusión Cultural y cuya dirección de correo electrónico pública es difusion.cultural@correo.arq.unam.mx:

Estimado Arq. Trápaga,
Me entero de que en próximas fechas, el Teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM alojará una actividad de negocios de la anticiencia, la superstición y la irracionalidad bajo la guisa de una supuesta "Conferencia de astrología evolutiva" impartida por un célebre negociante del esoterismo oscurantista, Steve Forrest (http://www.flickr.com/photos/lpato/5000759246/).
Alarma y preocupa que la máxima casa de estudios de México preste las instalaciones que son de todos los universitarios y de todos los mexicanos para realizar una actividad comercial respecto de una antigua superstición tan superada como lo pueden ser los sacrificios a Huitzilopochtli para tener buenas cosechas. Y para certificarlo, basta que pregunte al Instituto de Astronomía de la propia UNAM sobre la consideración que merece la astrología en el siglo XXI.
La UNAM debe ser el espacio de la inteligencia, del debate y de la ciencia, y no un expendio de falsedades para llenarle los bolsillos a un brujo de la nueva era. Máxime cuando las adivinaciones están tipificadas, junto con las falsas curaciones y la evocación de espíritus,  como fraude de conformidad con el Código Penal del Distrito Federal, Artículo 231 fracción VII, y que esto fue recientemente ratificado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (http://www.mxnoticias.com/189_Mexico/709956_Suprema-Corte-tacha-de-fraude-abusos-de-espiritistas-adivinos-o-curanderos.html) ante una disposición similar del Código Penal de San Luis Potosí.
Mucho le agradecería que me informara de los motivos que han llevado a la Facultad de Arquitectura a dar su beneplácito ante esta barbaridad cavernaria o, en su defecto, su decisión de retirar la autorización a los organizadores de esta actividad por mal uso de las instalaciones de la universidad, y la consecución de un lucro claramente penado por nuestras leyes.
Atentamente,
Mauricio-José Schwarz
Como siempre, informaremos aquí de la atenta respuesta de la Facultad de Arquitectura (o la falta de la misma).

Y como siempre, si usted también quiere protestar, preguntar o comentar ante la propia facultad, no estaría de más, no.