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octubre 20, 2004

Cómo investigar un caso de caras duras (regreso a Bélmez)

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Nos llega por varios lados la información de que un "investigador" parapsicológico ovnístico y demás (con su propio club y sus propios libros, ya sabemos cómo funcionan éstos), llamado Francisco Máñez, afirma alarmadísimo que las nuevas "teleplastias" que fueron "descubiertas" por el teleplasta Pedro Amorós y sus niños exploradores amaestrados en Bélmez, fueron no producto de las almas en pena, sino hechas a mano por el propio Máñez y el propio Amorós usando un sistema que el primero le enseñó al segundo el 25 de septiembre. El sistema es el que luego dijo Amorós a todos los medios que le hicieron caso (siempre con el apoyo de la alcaldesa de Bélmez, tan preocupada por no perder la fuente de ingresos turísticos de sus caras duras) que fue su forma de "experimentar" precisamente ese día para encontrar veintitantas caras duras en la casa natal de la fallecida originadora del cuento, María Gómez.

¿Alguien lo dudaba?

En broncas internas del mundo soplapitológico no nos vamos a meter nosotros, pero visite usted el blog "Bajo el volcán" y, sobre todo, el sitio soplapitológico de "Editorial Bitácora", donde Francisco Máñez cuenta su historia y acusa a su ex socio o ex amigo o ex cómplice o exloquesea Pedro Amorós Sogorb de fabricar las nuevas caras de Bélmez.

(NOTA importante agregada el 21 de octubre: las revelaciones de Máñez, que al parecer erea candidato a entrar a "el" SEIP, fueron respondidas por Amorós y, de pronto, Máñez descubrió su error, decidió que donde dije digo digo Diego, suavizó el artículo en Editorial Bitácora y el corporativismo paranormaloide, la complicidad y la desfachatez son finalmente los ganadores. ¿Alguien lo dudaba?)

Respecto a las caras duras de Bélmez, tanto I como II, creo que se ha escrito bastante y todos los datos están en distintos blogs, en revistas y demás, mientras que la nula credibilidad de Pedro Amorós ha quedado debidamente establecida en nuestros posts respecto de este impresentable que tuvo la increíble audacia de amenazarnos (para luego recular y meterse en su agujero).

(Vale, a petición de un par de lectores, enumero entradas de blogs sobre el desmadrote de Bélmez II: "Las (duras) caras de Bélmez", "Los gatos de Bélmez", "Los caras de Bélmez", "Con las manos en la masa", "Ciencia subdesarrollada" .)

Por ello lo único que puedo aportar es una idea de cómo hacer las cosas cuando se encuentra uno caras pintadas en el piso, es decir, todo lo que no han hecho los falsos "investigadores" que han promovido esta tontería durante 23 años.

Que las tales caras no sean creíbles como hechos "parapsicológicos" no está mucho a discusión. Basta verlas para saber que se está ante cosas pintadas por personas que dibujan mal y ante ilusiones provocadas por las irregularidades del hormigón (de hecho, estamos en safari fotográfico encontrando caras duras en los alrededores de mi hogar, pronto las podremos ver aquí, y juro que son cuando menos tan acojonantes como las caras duras de "el" SEIP, no se lo pierda).

Por supuesto, también, no es difícil percatarnos de que quienes promueven la explicación "paranormal" son a) ingenuos en grado superlativo, b) vivillos atendiendo a sus intereses ocultos (esto no sólo se refiere a dinero, también a un reconocimiento que necesitan los egos raquíticos de papanatas que se marean al subirse a un ladrillo) o c) casos de urgencia siquiátrica alarmante.

O todas las anteriores.

Pero supongamos que en lugar de ser una tropa de fanáticos ignorantes por decisión propia, los integrantes de "el" SEIP, la pandilla que lidera el probadísimo mentiroso Pedro Amorós Sogorb, fueran personas con alguna seriedad que realmente quisieran "investigar" este hecho sin atribuirle orígenes paranormales de entrada nadamás porque a Pedrusco se le ocurrió.

Las "investigaciones" mamertísimas del SEIP se resumen así: fotografía en película normal (no dicen ISO, si es de tungsteno o luz de día, pero por la foto que publican parece que ignorantemente tomaron con luz de día la cara iluminada con tungsteno), en película infrarroja y en vídeo; sometieron a la dueña de la casa, María, a una "prueba de polígrafo" que administró nosesabequién y que dispone de niideacuántaexperiencia, pero le dan credibilidad; poner una grabadora a grabar "psicofonías" (lo científico del asunto verdaderamente supera a Niels Bohr). A partir de estas acojonantes investigaciones, los seipititos se lanzan a "hipótesis", todas paranormales.

El segundo "experimento" fue igual de contrahecho: pusieron cemento en "lugares estratégicos" la casa y aparecieron caras en él. Es decir, demostraron que allí aparecen manchas en el cemento (¡asombroso!, ¿quién lo hubiera dicho?) sobre todo que el supuesto experimento no era para enterarse de nada, sino "para la reactivación del fenómeno", que para estas alturas suponían que era una manifestación "psíquica" de la dueña de la casa, María Gómez.

Evidentemente eso es una chapuza y un desfiguro sin validez alguna.

¡Carajo, no se puede encontrar una explicación racional si ni siquiera se la busca! Es como decir que yo no he encontrado nunca el tesoro de la isla de Cocos, cuando ni siquiera he estado cerca de tal isla para buscar el mítico tesoro.

Pero eso dicen los medios sonriéndole al espectador: "no se ha encontrado explicación racional". Y se quedan tan contentos.

Bueno, pero, entonces, ¿qué debería hacer alguien menos fantoche si le avisan que "aparecieron" unas caras pintadas?

Bien, el primer paso NO sería meter a la casa donde "aparecen" las caritas un grupo de aparatos inútiles y soplapiteros para tomarse una foto con ellos (a mí la cacerola colgada del trípode me rebasa por completo, sobre todo porque Pedro Amorós Sogorb, en sus farragosos rollos, nunca explica para qué es esa quincallería, de modo que es razonable concluir que es sólo para tomar la foto), sino acudir a un ingeniero experto en hormigón. Un ingeniero reconocido, con título y todo, bien establecido, con un currículum confiable. (No, "el" SEIP no consigna en ningún lado haber ido con un experto, ¿para qué? si ellos son "expertos" autotitulados, autoproclamados y autopromovidos, todo lo saben, todo lo dominan, todo lo explican y venden todo lo que pueden para mayor gloria de su cabecilla).

Dicho experto debería informar al investigador cuáles son las características de permeabilidad o porosidad de los distintos tipos de hormigón. Claro, en los delirantes artículos escritos por Amorós y sus focas aplaudidoras siempre se da la impresión de que el hormigón es absolutamente impermeable, pero no es así. El hormigón es permeable, tiene poros, y por tanto no es imposible pintarle cosas y conseguir que el material de la pintura pase a las "capas inferiores" del hormigón, como anuncian todos asustados algunos haraganes en sus sitios Web. Es decir, el dato serviría para hacer las preguntas correctas que son el primer paso para obtener las respuestas correctas.

El mismo experto, claro, deberá ilustrar al investigador sobre las variaciones de color normales y conocidas del hormigón, y sus causas principales (entre ellas la humedad) para hacer más preguntas correctas.

Una vez habiéndose determinado (para sorpresa de más de uno) que el hormigón es poroso y su color no es permanente, habría que ir y analizar el tipo de hormigón en el que aparecen las caras. (No, en ninguna de las publicaciones de los falsos expertos que ordeñan este caso hay un análisis físicoquímico del hormigón en cuestión.)

Ya una vez teniendo allí al experto en hormigón, se podría tener un rapto de inspiración sublime y de inteligencia preclara y hacer alguna pregunta arrebatadora como: "Oiga, ingeniero, ¿y ésas cosas que se ven allí qué son?"

El ingeniero probablemente vería la primera cara famosa de este misterio sin misterios y diría: "Pues una cara pintada, ¿qué va a ser? Y mal pintada, a todo esto, la nariz es un desastre, las arrugas de la sonrisa son de locos y la cabeza es muy chata".

Entonces el "investigador" podría verdaderamente exprimirse el cerebro con intensidad para preguntar: "Y, ¿cómo las habrán pintado o cómo surgieron?"

Si el experto en hormigón es una persona seria, no va a responder que son "teleplastias del más pallá" ni "la manifestación psíquica de la dueña de la casa", pero tampoco "con un proceso de vinagre y aceite, porque han confundido este piso con una ensaladera" (a menos que estuviera 100% seguro, claro). Lo más que puede decir es que "parece" tal o cual cosa que él haya podido ver en años de analizar placas de hormigón, y que eso se puede ver haciendo una prueba.

Se enterará entonces el "investigador" (y se quedará con la bocota abierta) al descubrir que en el mundo de la ciencia y la tecnología hay cosas tan asombrosas como que el ingeniero Roberto Juan Torrent ya se inventó un equipo no destructivo para determinar la permeabilidad del hormigón que vendría de perlas para esto. Se podría usar, por ejemplo. Y también se podría ir al laboratorio.

Llegados a este punto, lo que no se hace es llegar a un laboratorio con unos trocitos de hormigón salidos de quién sabe dónde metidos en un sobre de azúcar de una cafetería cercana para que "lo analicen" así nomás (que es lo que hicieron una vez algunos investigatitos, y a lo que le han sacado una rentabilidad enorme inependientemente de lo nada confiable que fue la obtención de muestras). Las muestras no confiables dan resultados no confiables. Y si se exige seriedad, responsabilidad y tratamiento adecuado de las muestras a los más destacados científicos del planeta, no es mucho pedirle lo mismo a gente que ha mentido de un hilo desde que asomó las narices en los medios.

O sea, cuando se extrae algo para estudiarlo después en un laboratorio se hacen varias cosas: se identifican una zona en la que esté presente la alteración que nos interesa y otra zona en la que no esté presente dicha alteración (esta cosa rarísima se llama "control", palabra que no está en el diccionario de los investigañanes belmecianos). Se registra fotográficamente el sitio, se miden sus características físicas en lo posible (con aparatos de verdad), y se hace una toma de la primera muestra señalando de dónde se tomó y colocándola en un recipiente debidamente aislado y limpio, y se identifica de manera que no diga que es la zona alterada (esto es para hacer una prueba ciega, otro concepto alejadísimo del mundo de los falsos investigadores), digamos como "Y". Se hace lo mismo con la otra muestra y se le llama, digamos, "M". La idea es que el químico experto en hormigón (no, no vale cualquiera) al que vamos a acudir no sepa qué está buscando, para que su percepción, creencias, suposiciones o ideas no afecten el resultado del análisis.

Esto se repite tres o cuatro veces en distintos puntos del sitio y se mandan las muestras revueltas al laboratorio, preferiblemente enviándolas con alguien que no sepa cuáles son cuáles (esto se llama doble ciego, que no es lo mismo que taparse los ojos para no ver la realidad).

En ese momento, en lugar de llamar a todos los medios de comunicación (alcaldesa de por medio) para decir que uno es grande, maravilloso y superparanormal, se toma uno un café y espera los resultados.

Los resultados que se obtengan no deben tomarse como algo concluyente, sino como un buen indicio para seguir adelante con las investigaciones. Si hay algún indicio de sustancias en el hormigón común que sean distintas de las del lugar de la cara pintada, habrá que volver y hacer otro estudio de confirmación en otro laboratorio además de experimentos con las sustancias detectadas para determinar si realmente puede producir el "fenómeno".

Lo que se haga después, vaya, depende de esos análisis. Si hay mayor o menor humedad en algunas de las muestras, si hay nitrato de plata, aceite, cloruro de plata, salsa inglesa, pintura Titanlux, sangre de jirafa o nada de nada. Es decir, donde terminaron los supuestos investigadores seipiteros es donde apenas estaría empezando a armar sus datos un investigador serio.

Dicho de otro modo. es indispensable descartar sólidamente una gran cantidad de hipótesis antes de siquiera plantearse la posibilidad de que cualquier cosa tenga un origen paranormal.

Y para hacerlo no es necesario ponerse un chaleco multibolsillos con las siglas de nuestro club de orates.

Pero los investigañanes que se han subido al barquito de este caso lamentable no se han ocupado de nada de eso. Simplemente han decretado, desde la altura subterránea de su ignorancia y su interés que esto "es paranormal" por la fuerza, y a ver cómo se les "demuestra" que no lo es.

Con esa misma tranquilidad, ahora llaman "teleplastias" a las caras que al parecer fabricaron en otra casa.

Total, es imposible contradecirlos.

Porque no hay acceso al sitio donde se producen los "fenómenos" con los que se autopromueven.

Supongamos que un investigador serio se quiere meter a las casas de las caras duras de la familia de María Gómez (la original creadora del cuento), Amorós y la alcaldesa María Rodríguez con riesgo de determinar que todo es un fraudazo. ¿Lo dejarían? Por favor, si la alcaldesa puso el grito en el cielo cuando otra "parapiscóloga" en busca de fama dijo que las caras originales estaban "desapareciendo" y se apresuró a llamar a los medios para declarar que las caras estaban sanas y que los turistas podían seguir viniendo, y se tomó la foto y el vídeo acuclillada junto a una cara dura... ¿qué tal le caería que se aparecieran un físico, un ingeniero y un químico, a más de un mago experto en engañifas, con objeto de investigar las caras duras en serio?

Es la misma alcaldesa que, en conciliábulo con los seipititos anunció el 7 de febrero de este año que quería hacer "un museo" sobre las caras duras de Bélmez. Se juega bastante en esto la alcaldesa, como por ejemplo quedar como una ingenua en el mejor de los casos.

Las posibilidades de que haya una investigación real que determine cómo se han hecho las caras (y al parecer el sistema ha cambiado con el tiempo, hablamos de 23 años de poder experimentar cositas con el hormigón) es nula, inexistente y hasta inimaginable, a menos que los medios presionaran al respecto.

Pero los medios parecen muy contentos con el desaseo y la falta de ética que han usado en este caso desde que nació. Por eso, muy probablemente, ni Antena 3 ni Telecinco ni RTVE ni Europa Press han respondido a las cartas enviadas sobre sus notas sobre Bélmez II para preguntarles por qué no daban la información completa y sólo privilegiaban los rebuznos de una sola persona cuya credibilidad está ligeramente por debajo de la de George Bush. No sólo las cartas enviadas por este servidor, sino otras muchas de las que me han enterado los lectores de este blog.

Es evidente que los que hoy maman de la ubre de las caras duras, investigángsters, alcaldesa y medios, no tienen ningún interés en que el asunto se aclare (por lo mismo nunca se mencionan las refutaciones que ya se han hecho demostrando cómo se hicieron al menos algunas caras duras).

Y entonces habrá que soportar a las cabecitas parlantes de la televisión croando que "los científicos no encuentran una explicación racional a las caras duras de Bélmez" cuando a quien citan como "científico" es a otro cara dura vestido de Panama Jack, que no sabe qué es una "investigación" y que ha mentido tanto que ya no se acuerda de cómo decir la verdad.