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mayo 03, 2012

#Sinciencia no hay nada humano

Mi aportación a la campaña #sinciencia lanzada por el blog colectivo de ciencia Amazings al que tengo el enorme gusto de pertenecer.


Nota: Como ya comentamos en la entrada Muere la ciencia, florece la pseudociencia, una de las formas empleadas por el aún nuevo gobierno de derecha español para reducir el déficit gubernamental ha sido el  cercenar de tajo la inversión en ciencia y tecnología, dejando en la estacada a cada vez más jóvenes científicos con el doctorado a medias, sin becas y sin institutos de investigación que se van convirtiendo en pueblos fantasmas.

¿Se debe recortar en ciencia? No. Ni en sanidad, ni educación. Son los pilares de una sociedad que aspira a mantenerse dentro de la modernidad, resolver problemas y superar una crisis esencialmente creada fuera de ella. Puede recortarse, sí, en las voluminosas e injustificadas aportaciones con las que se sostiene, por ejemplo, a la Iglesia Católica, miles y miles de millones de euros. Puede recortarse en defensa y compra de material bélico. Puede disminuirse el gasto suntuario de los gobernantes (gesto más bien simbólico en términos de cantidades, pero importante en cuanto a identificación con los ciudadanos). Pueden retirarse algunos subsidios fiscales incomprensibles. Pueden cobrarse deudas gigantescas que algunos grupos tienen con el fisco y la Seguridad Social. Es mucho lo que se puede hacer si uno quiere para reducir un déficit sin por ello sacrificar el futuro.

Pero no se quiere.

Se ha optado por derruir el edificio de la sanidad pública para implantar un sistema más cercano al estadounidense: si no tiene para pagar, haga favor de morir sin mucho escándalo, have a nice day, y se ha optado por trasladar la educación pública a las iglesias y sus empresas muy de este mundo, dos opciones estrechamente relacionadas con la ideología "liberal" del grupo gobernante.

Pero también se ha optado por liquidar la investigación científica propia, y eso parece más debido a que los señoritingos, condesas, duquesas y otros dueños de múltiples cuanto jugosos sueldos no tienen muy claro qué es eso, ni para qué sirve, ni con qué se come, ni cómo se vende. Y eso es lo más trágico de todo: el criterio utilitarista e inmediatista de comerciante de pescado que parece dominar a la derecha española está destruyendo grandes proyectos no sólo para este país, sino que son parte integral de todo el esfuerzo humano por el conocimiento.