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noviembre 28, 2013

¿Jamie Oliver vs. McDonald's?

¿Ya le llegó información (es un decir) de que el chef británico Jamie Oliver,  cual valeroso héroe de la buena nutrición pese al crecimiento incontrolado de su circunferencia ecuatorial emprendió y ganó una demanda judicial contra la cadena de comida rápida Mc Donald's porque ésta daba de comer a sus clientes algo horrible e incomestible?

Claro que le llegó. Le llegó a todo el mundo. Varias veces desde 2011.



Y ya que estamos en esto, ¿ya le llegó la información de que ni hubo demanda ni la odiada cadena de hamburguesas hacía las maldades de las que se le acusaron, que todo fue un bulo periodístico y que además que gente de la industria cárnica de los Estados Unidos demandó al fantasioso fogonero y a quienes se hicieron eco de él?

Ah, no.... de eso no se enteró.

Si le interesa más la información que el escándalo, si su rechazo a las grandes multinacionales no ha clausurado su capacidad de razonar y si considera que la supervisión ciudadana de industrias clave como la de los alimentos es importante y por ello no debe ser provincia de los vendedores de miedo y cacerías de brujas donde cualquier don nadie pueda inventarle a cualquier empresa o persona su particular noche de los cristales rotos, quizá le interese cómo se hizo el mito, cómo le han visto la cara a usted y a sus buenas intenciones y cuáles son los hechos del asunto.

Como ya hemos contado, muchas trolas, cuentos, fraudes y bulos que recorren la sociedad no provienen de las revistas "del misterio", de los programas de televisión (bueno, del que queda) "del misterio" o de las emisiones de radio "del misterio" donde cuatro marginales se reúnen a hacer charcos de baba en la mesa porque han descubierto que pasa algo que no pueden entender y, enamorados como están de lo que consideran su intelecto superior, suponen que debe ser cosa del demonio, de los superpoderes de los x-men, de los extraterrestres o de la mecánica cuántica, que como la sopa de pollo sirve para todo. Y no procede de allí porque fuera de un grupo cerrado que cree en conspiraciones y viajes en alfombras voladoras, nadie les hace mucho caso o los ve para hacerse unas risas, pero sin creerles.

No, las patochadas más sublimes y atroces se encuentran en los medios de comunicación, algunos de ellos a los que se les supondría cierta respetabilidad y otros que son sitios web de chifladitos, acelerados y bienintencionados sin información. "La Contra" de La Vanguardia es una lanzadera para cualquier charlatanería, con una actitud de "yo no pongo en duda nada, lo mío es transcribir la entrevista y simular que eso es periodismo". O "Russia Today", la agencia oficial de Vladimir Putin, que se caracteriza por su sensacionalismo, su desprolijidad en las noticias y por tener como presentadores a fantasiosos empresarios de las teorías de la conspiración como Daniel Estulin.

Sitios y medios más o menos serios se hacen eco igualmente de informaciones cuando menos extrañas sin utilizar las herramientas mínimas del oficio periodístico: la visión crítica, la contrastación, la consulta con asesores expertos, el sano escepticismo y el compromiso con el lector. Se ocupan más bien de tener titulares que hagan que la gente vaya al sitio Web o ponga el canal o compre el diario y que si se quieren informar aprendan inglés y lean The Guardian o The New York Times.

La fábula de Jamie Oliver

El chef británico descubrió un día que existía en el mercado un exitoso producto llamado carne de vacuno magra finamente texturizada, o LFBT, que es resultado de un proceso para separar la carne magra de la grasa, trocitos de hueso, tendones y demás en los recortes de carne que se obtienen al hacer los cortes grandes más rentables, como filetes, solomillos, entrecots y demás. Estos recortes antes se tiraban a la basura, pues para separar la carne magra de lo que no quieren los consumidores se necesitaba una mano de obra intensiva con pulso de cirujano que no resultaba económicamente viable.

El proceso fue inventado hace más de 20 años por Eldon Roth para hacer accesible esa carne. Implica calentar los recortes y someterlos a un centrifugado que expulsa la grasa, tendones y pequeños trozos de hueso, dejando la carne magra.

Después de este proceso, la carne recibe un soplo de amoniaco que con el agua de la carne forma la solución llamada comúnmente hidróxido de amonio (aunque técnicamente no lo sea, como me ha hecho notar un lector que es químico), aumentando el pH del producto para evitar que críe bacterias que pueden hacerle daño al consumidor. Vamos, en toda la industria de los alimentos se utilizan antimicrobianos para impedir que le lleguen a usted alimentos en malas condiciones. Es un requisito de las autoridades sanitarias. Y es de uso común, como veremos.

Poco enterado de lo que es la industria de los alimentos y la física y la química, Jamie Oliver concluyó que la carne que se usaba era la "no comestible" o los peores cortes del vacuno, se metía en una secadora de ropa y luego se lavaba con el limpiador conocido genéricamente como "amoniaco" (una solución con entre un 5 y un 10% de hidróxido de amonio en agua). Así lo representó en su exitoso programa The Food Revolution de la BBC. Su público se horrorizó, lógicamente, sin cuestionar que el chef les estaba pasándoles una receta tan falsa que, de verlo otro chef, Ramsey, probablemente le hubiera hecho limpiar la cocina con la lengua.

Jamie Oliver metiendo carne de segunda en una secadora de ropa
en su programa Food Revolution, en 2011. Ni la vaca se lo cree.

Jamie Oliver echando un chorro de amoniaco doméstico de
limpieza sobre la carne de la secadora, para horrorizar al público.

El público del programa del chef, impactado por la presentación.
El hidróxido de amonio no es estrictamente amoniaco. Un gas no es un líquido y las minúsculas cantidades de gas de amoniaco usadas en la industria alimenticia no tienen nada que ver con los alegres chorros de amoniaco limpiador usados por el despistado cocinero.

El hidróxido de amonio es un producto común en el procesamiento de alimentos, que ha sido debidamente estudiado y su uso seguro está regulado y autorizado por la FAO, la OMS y las autoridades sanitarias de la Unión Europea, así como la Agencia de Alimentos y Medicamentos y está regulado en el Codex alimentarius. Se utiliza como antimicrobiano en varios procesos de la industria de la carne, que como es lógico tiene un alto riesgo de contaminación bacteriana y también como aditivo en quesos, chocolate, repostería, confitería, condimentos, concentrados e isolatos de proteína de soja/soya, conservas como mermeladas y jaleas y muchas bebidas no alcohólicas. La OMS tiene listas de cientos de tipos de alimentos en los que se puede utilizar el hidróxido de amonio que incluyen además lácteos, frutas, verduras, cereales de desayuno, huevos, peces, bebidas deportivas y cerveza.

O sea, es uno de tantos miles de aditivos que bien usados no tienen ningún problema.

Por cierto, el amoniaco es parte integrante de su cuerpo. De usted, sí. Es una molécula parte de nuestro metabolismo. No es una sustancia artificial, pues.

La carne LFBT usada como parte de la carne picada para reducir su contenido de grasa (lo cual es sano) es legal en casi todos los países hasta en un 15% de la mezcla. No es basura, no es carne en mal estado, es eso que el carnicero del barrio recorta cuando te hace los filetes y que él mete a la picadora con tendones, grasa y demás. Vamos, que es una forma de aprovechar los recortes de carne para hacer negocio aprovechando la carne magra que vale más que pegada a un tendón (o "nervio" como le dicen algunos cocineros). El proceso era bien conocido y usado, legal y transparente. Sólo que Oliver no lo sabía.

Carne magra finamente texturizada

Lo que presentó la televisión como LFBT y
llamó "pink slime" (lodo rosado),
imagen de origen desconocido.
Para su propaganda, Oliver optó por afirmar que esta carne era la que se utilizaba para las hamburguesas de McDonald's. Ya sabe usted que hay algunas empresas que gozan de una antipatía generalizada y esto da a muchos impunidad absoluta para acusarlas de lo que sea, confiados en que nadie saldrá a defender la verdad por miedo a que lo consideren defensor de tales empresas: Monsanto, Nestlé, Coca-Cola, Zara, Mercadona y otras son frecuentes protagonistas de acusaciones delirantes que no se justifican por sus prácticas empresariales cuestionables.

Pero McDonald's esta vez no tenía culpa. Simplemente le compraba carne a empresas procesadoras que usaban LFBT en su mezcla, en las cantidades autorizadas, para reducir la cantidad de grasa de las hamburguesas, algo que en principio uno supondría que es bueno.

Pero imagínese usted que realmente McDonald's usara en Estados Unidos carne no comestible enjuagada en limpiador de amoniaco doméstico y estuviera matando gente. Sobre ellos caerían millones de abogados demandándolos hasta destruir la empresa. Por poner sólo un ejemplo, McDonald's anunció que sus patatas fritas en Estados Unidos no tenían gluten. Resultó falso. Hay 20 demandas actualmente en curso contra la empresa, por millones y millones de dólares, por la indisposición y molestias que sufrieron algunos celiacos al comer las patatas. Y, claro, ahora las patatas o papas de la empresa no tienen gluten y se acabó.

Un año después, la cadena ABC emitió una serie de reportajes igualmente sensacionalistas basados en los "descubrimientos" de Oliver.

Pero Jamie Oliver no demandó a McDonald's, digan lo que digan en Taringa!, Pijamasurf, Forocoches, Menéame y otros sitios que suelen ser tan fiables como Ana Botella explicando el bosón de Higgs.

Simplemente, ante el pánico que la desinformación del chef y de ABC provocaron entre los consumidores, McDonald's actuó con sentido de márketing y ordenó a sus proveedores que dejaran de usar LFBT en la preparación de sus hamburguesas, anunció el asunto y siguió con su negocio.

Para otros no fue tan fácil. Los productores de la carne LFBT, empresa y trabajadores, satanizados de pronto, sufrieron un grave golpe económico.

Empresas como AFA Foods presentaron su solicitud de quiebra, directamente, destruidas por las mentiras de Oliver y ABC.

Otras reaccionaron con demandas de las que no le han informado a usted los mismos medios de incomunicación.

Demandas contra Jamie Oliver y ABC

Bruce Smith, de 59 años, era un encargado de seguridad ambiental en la empresa Beef Products, Inc., una empresa familiar de Dakota que produce LFBT y que fue una de las que, a resultas de las emisiones de Oliver y de ABC perdió muchas ventas y tuvo que cerrar tres de sus cuatro plantas productoras, echando al paro a muchos empleados. Smith, en vez de llorar, decidió luchar (claro, es sólo un trabajador de fábrica, no un chef famoso, por eso no sale en los medios) y demandó a Jamie Oliver, a la cadena ABC, a Diane Sawyer, la presentadora y a Jim Arias, reportero de los informes sobre la carne LFBT, por 70.000 dólares. Al parecer no tuvo recursos para seguir con la demanda.

La propia empresa Beef Products Inc., fundada por el inventor del proceso, Eldon Roth, y que disfrutaba de un expediente intachable en cuanto a seguridad alimentaria y cumplimiento de todas las normativas referentes a sanidad, también decidió demandar a ABC. Calculando sus pérdidas, presentó una demanda por 1.200 millones de dólares que, hasta donde se sabe, continúa su proceso en los tribunales estadounidenses.

Y todo esto añadiendo que nunca se ha reportado que nadie haya tenido ningún problema de salud relacionado con el consumo de esta forma de carne procesada ni de ningún alimento tratado con hidróxido de amonio.

Por supuesto que hay empresas, que actúan poco éticamente. Igual que algunos individuos. Y que pueden resultarnos terriblemente desagradables. Pero ello no legitima utilizar contra ellos mentiras, acusaciones delirantes y demagogia irresponsable para provocar linchamientos de chusmas en pánico desatado.

Las cacerías de brujas nunca son justificables. La civilización y la decencia implican que hasta el acusado por los peores delitos debe tener derecho a un juicio justo, a defenderse y a que sean los hechos los que decidan, no pasiones agitadas desde una posición de famoseo.

Pero eso sí, las cacerías de brujas venden periódicos, aumentan el share y llevan tráfico a los sitios Web.