Me entero con cierta desazón que La Sexta, esa cadena de televisión que ha demostrado un exquisito buen gusto en su programación, y que mantiene una relación orgánica con el diario Público, destacado desde sus inicios por no tener sección de "astrología" y contar con una excelente sección de ciencias, ha decidido fichar a un sujeto, un cómico, según algunos, que tiene excelentes relaciones públicas y una imagen de niño bueno que ganas dan de darle una colleja, pero que en el fondo no es sino un simulador. Un profesional de los medios disfrazado de profesional de la salud.
Este fingidor vive con los cuentos de la "Botica de la abuela", tratando de que usted no se acuerde de que en tiempos de su abuela no había ni siquiera anestesia, ya no digamos antibióticos, medicamentos contra el cáncer, insulina, antirretrovirales ni neurocirugía que sirviera para algo. Que los que se "curaban" así morían a los 40 años, y no a los más de 70 que mueren hoy los beneficiarios de la higiene, la medicina científica y la alimentación... tres cosas que no descubrió la naturopatía porque tal "disciplina" nunca ha descubierto nada, no investiga, sólo vende.
Se trata de un conocido impostor que simula ser profesional de la salud, con lo que ello implica por cuanto a la figura del delito de intrusismo profesional (artículos 403 y 637 del Código Penal Español), el engaño, la suplantación de profesionistas cuyo ejercicio demanda certificación universitaria y, posiblemente, la estafa al estilo del "doctor" Coté.
Le explico primero por qué este personaje es peligrosísimo y puede llevar a que pierdan la salud o la vida muchas personas que confían en su bonachona sonrisa, su pausada voz, su intensidad fanática y su aparente sinceridad. Es un tipo simpático, sí, y hasta parece a veces que se cree todo lo que dice, sin advertir siquiera cuando cae en contradicciones tremendas, y ello hace que muchas personas de buena fe puedan perder calidad y cantidad de vida. Alguien que acepte algunas de las delirantes terapias que contamos en esta entrada, dejaría por lógica de ir al médico (sobre todo porque estos sujetos suelen denostar a la medicina basada en evidencias) y podría sufrir graves consecuencias por un tratamiento tardío, un mal diagnóstico o una suspensión de un tratamiento que pueda no funcionar de inmediato de modo mágico, sino que necesite largo tiempo para surtir efecto. Si al menos de cuándo en cuándo el tal Txumari dijera que el enfermo puede usar la medicina y las burradas que se le ocurren a él, por seguridad o por no dejar, ya sería mil veces mejor de lo que es.
Pero prefiere ser un riesgo para la salud, y aunque a veces diga que los médicos deben diagnosticar y él puede curar, no es infrecuente que diagnostique con una certeza que sería admirable si se basara en algo.
El nuevo rostro durísimo de La Sexta, que la semana pasada sólo fracasó en audiencia mientras que en otros países estaría en alguna cárcel, becado por los estados que no permiten que cualquiera se finja médico, ingeniero o abogado, es un presunto experto en cosas que nunca ha estudiado ni por accidente, y un vergonzoso negociante del dolor y las ilusiones humanas por medio de la brujería, la magia y el curanderismo fantástico: se trata de Jesús María Alfaro, un sujeto al que nadie conoce por ese nombre porque le gusta que le digan "Chumari" (de "Jesús" y "María") pero usando la grafía euskera: "Txumari" que viene mucho al caso cuando en euskera "Jesús" es "Josu", "María" es "Miren" y, en todo caso, "Jesús María" se diría "Josune". De Txumari nada salvo en la fantasía de Chumari, pero vaya.
"Txumari" Alfaro gusta de decir que es "naturópata" y, en su entrada de Wikipedia que casi no se nota que escribió él mismo con su característica humildad inexistente, asegura que "se doctoró en esa ciencia", sin importarle un rábano que ni la naturopatía sea una ciencia, ni mucho menos él tenga un doctorado de verdad, un grado que tiene el requisito de ser antes de ello licenciado, grado que Jesús María no ha demostrado poseer.
Le da igual, jura y perjura que ha profundizado en otras dos patrañas, la "iridología" y la "acupuntura", que son formas de la más primitiva e inútil magia representativa, y afirma además que "se doctoró" (¡otra vez!) en Ciencias de la Alimentación por la Universidad de California. En realidad, su carrera ha sido como figura mediática que dice mentiras ante las cámaras, pero con una dosis de buen rollito, sonrisa falsa y voz de pito de sereno antiguo que conquista a muchas personas de buena fe a las que les cierra el acceso a la medicina real.
Si de la acupuntura ya hablamos varias veces en este blog, concitando la furia de los que viven de ese cuento, dediquemos un párrafo a la iridología.
¿Iridología?
El portal "Naturamedic", que no tiene nada de natural, nada de médico y, como usted verá, la lleva también a patadas con la gramática, define a la iridología como "un método de diagnostico, consiste a leer en el iris los signos de ciertos trastornos o enfermedades del organismo".
En resumidas cuentas, esta forma de magia cree que toda enfermedad o afección del cuerpo y el alma humanas "se ve" en el iris del ojo, y de hecho se puede ver antes de que "se manifieste" como un sindicato ofendido.
Los problemas empiezan cuando preguntamos cómo es que tales enfermedades se reflejan "en el iris". No sólo por el problema grave de que el iris no está conectado anatomofisiológicamente a ningún órgano del resto del cuerpo, es un músculo coloreado con melanina absolutamente dedicado a regular la cantidad de luz que entra en el ojo. Pero los iridólogos no saben nada de esto, así que mágicamente dividen el iris en 12 partes (como un reloj, curiosamente) sin explicar por qué, y juran que en el segmento 1 se ve el cerebro, el cerebelo y el oído, en el segmento 2 el bulbo (raquídeo, supongo), la hipófisis, la laringe y la hipolaringe, el 6 la vejiga y el colon (pero el apéndice solito se pasa al 7), etcétera. ¿Lo investigaron? Ni de coña.
Bueno, pero uno podría pensar que aunque no se conociera el mecanismo por el cual se refleja tan ordenadamente el cuerpo en el iris, si lo hace, pues hay que admitir que lo hace y a tomar por saco (o a investigar cómo funciona), ¿no es así? Pues sí, la prueba del vino está en probarlo. Y Miguel Ángel Sabadell nos relata en el blog La ciencia es la única noticia (precisamente del diario Público nos cuenta cómo en 1979 se probaron las afirmaciones de uno de los más famosos y presumidos "iridólogos" del mundo, Bernard Jensen, junto con dos animalitos de su misma especie, se pusieron a estudiar los iris de 143 pacientes y no tuvieron ni un acierto. Otro estudio que nos relata Sabadell puso en ridículo a cinco iridólogos holandeses, demostrando que sus aciertos correspondían al puro y celestial azar, la chiripa de mi pueblo.
O sea, no podemos averiguar cómo funciona porque no funciona, no se ajusta a lo que dice su publicidad.
Tal es la "ciencia" que le permite a Txumari tener dinero para su diaria pastura, sus trajecitos de lino blanco y sus sesiones de peluquería. Tal es la ciencia que merca ahora La Sexta en el programa "Salud a la carta", en cuya publicidad declara a Txumari "experto en medicina natural", como si la tal "medicina natural" existiera a diferencia de otra medicina (¿sería la "artificial"?) que por supuesto es más mala que la "natural".
Lo bueno es que la Sexta confiesa abiertamente que su empleado probablemente delinque, pues anuncia que: "explicará las propiedades curativas de los diferentes alimentos y también propondrá remedios naturales para las dolencias más habituales". Evidentemente, Alfaro no tiene la certificación necesaria para proponer "remedios naturales" para dolencias tan habituales como la diabetes o la aterosclerosis. No es médico, sus afirmaciones no están contrastadas en estudios que pudieran encender en nosotros alguna confianza, no ha estudiado anatomía, fisiología, farmacología y genética, sino que suele recomendar estupideces como "beber la propia orina" a modo de curación, vieja superstición que no tiene ningún valor curativo demostrado, y puede ser dañina en algunos casos (cosa que a Txumari francamente se la menea).
Recetas abracadabrantes
Mendigando regresar a la televisión, en noviembre de 2007 Txumari Alfaro se daba cera en el periódico (es un decir) El Mundo, chateando con sus víctimas, digo, lectores, con afirmaciones singulares.
Por ejemplo, con millones de dólares y miles de expertos estudiando en universidades y laboratorios, los neurocientíficos aún no dan con las causas de la migraña, aunque tienen como hipótesis viable que se trata de un desorden del sistema de control serotonérgico, aunque han detectado algunas variantes que se originan en el tallo cerebral e implican una disfunción en el transporte de calcio y potasio en las membranas celulares, además de que parecen influir factores genéticos así como algunas fluctuaciones hormonales. Todas esas palabras llenas de sílabas le resultan ajenas y pesadas a Txumari, el ágil, que asegura contundente que "el 90% de los tipos de migraña tienen que ver con alimentación y tensiones personales". ¡Haberle preguntado al caradura navarro en vez de gastar el dinero!. Así, en lugar de medicamentos preventivos y analgésicos, Txumari "receta" lavativas de café (como las que mataron a Peter Sellers), no tomar alimentos fritos, tomar pan integral, "leches vegetales" (que no existen, habla de un preparado de soya o soja con el que los vegetarianos se engañan y malnutren a sus inocentes hijos)m y en vez de azúcar recomienda melazas. Con eso ya se le quitan a usted las migrañas.
Y si no, pues tiene más "remedios" mamertos en su libro, que de lo que se trata el "chateo" en cuestión es de sacarle la pasta al público, por supuesto.
La magia Txumárica es inagotable: el insomnio lo provocan los aparatos eléctricos en el dormitorio porque, jódase usted y asómbrense los físicos y meteorológos, "a las tres de la mañana es la hora de máxima emisión de campos electromagnéticos a nivel atmosférico", payasada que no es cierta, no significa nada y no le sirve a un paciente de insomnio para dormir mejor, salvo por efecto placebo si realmente cree que un tipo con aspecto de pijo expulsado de una regata sabe medicina porque le bajó del cielo.
Para la sinusitis, "una tortilla de berbena con la clara de dos huevos puesta a punto de nieve". No explica qué es la berbena, si la tortilla se pone como cataplasma, se inyecta en los senos craneales o se come con la mano izquierda, pero se queda bien contento y jura "mano de santo".
Asegura que sabe cómo "a través de la alimentación se rejuvenece", lo cual uno podría creer a sus setenta años, a no ser porque tiene 56 mal llevados.
Antes de entrar de lleno en la imagen de este vivales bebiéndose sus propios meados, no puedo dejar de indicar su remedio para el dolor de muelas: "coge un corcho de botella, quémale un extremo y póntelo en el bolsillo que coincida con el lado que esté la muela que duele". ¿Medicina natural? ¡Brujería pura y dura! ¡Y frases sin sentido alguno como "masticar tus bebidas y beber tus alimentos", que emocionan a las señoras que se ponen a 100 con Paulo Coelho, y no a todas!
Vale, uno más: ¡el crecepelo Txumarino!: como la caída del pelo se debe a la grasa (y no a la genética y a la testosterona), basta "alimentarte solo y exclusivamente de legumbres, cereales, frutas, verduras y frutos secos, eliminando cualquier otro alimento" para que las grasas acaben y se deje de caer el pelo. La abundante melena de Txumari es mudo testigo de esta patochada.
Otro: recomienda pócimas homeopáticas para controlar la ansiedad: "Hipotálamo a la potencia 9CH"... no lo dice, pero se trata de un remedio que otros curanderos recomiendan para la rinitis, para el insomnio con depresión nerviosa, para adelgazar, para el síndrome de deficiencia de la atención en niños... es decir, cada brujo lo usa distinto, y por tanto hay motivos para pensar que se trata de un placebo y nada más. Porque lo de "potencia 9CH" parece que indica que hay muchísima fuerza, pero significa que el producto "hypothalamus" (que no nos dicen qué es, pero no contiene hipotálamo de ningún animal) fue sometido al siguiente procedimiento: en un litro de agua se puso un centilitro de sustancia "curativa" y se agitó, de esa solución se tomó un centilitro y se disolvió en otro litro de agua, se agitó y se volvió a tomar un centilitro y a disolverlo en otro litro de agua nueve veces. Cualquiera que sepa de química le puede explicar que en el gránulo de azúcar que usted se toma, al cual se le pone una gota de la última solución conseguida (la 9CH) no existe ni una molécula de la sustancia original. También le puede decir que no cura nada. Y le puede decir que eso le da igual a Alfarito.
Todas las tonterías en las que se ha creído alguna vez conforman el universo de falsedades sin demostración de Txumari Alfaro. Donde los paleoantropólogos han demostrado (con estudios, datos, información, análisis y pruebas) que comer carne nos hizo humanos, nos permitió obtener la energía necesaria para que nuestro cerebro creciera y se desarrollara más allá del que posee el chimpancé, Txumari Alfaro le dice que "la carne crea agresividad". Y lo dice basado en sus propias supersticiones, que nunca ha sometido a demostración. Se inventa que comer carne altera nuestra percepción igual que tomarse tres whiskys. Donde los biólogos, genetistas, fisiólogos celulares, neurocientíficos y otros señores que no salen en la tele saben que la enfermedad puede ser causada por infecciones, problemas genéticos, desarreglos fisiológicos, envenenamientos, malas posturas, desastres genéticos locales (como en el caso del cáncer), fallos a nivel de estructuras de las microscópicas a las macroscópicas, el señor Txumari Alfaro se opone y dice alegremente que "Todas las enfermedades tienen que ver con un desequilibrio al respecto" de la nutrición. Todas. Todititas. ¿Cómo lo sabe? No lo sabe, pero se trata de sacarle dinero a usted, no de "saber cómo funciona el cuerpo y sus enfermedades", por supuesto.
¡Bébase su orina! ¿Y nos comemos el cerumen de las orejas, crack?
Llegamos así a recordar el tipo de esperpéticos espectáculos que este médico brujo hacía de la mano del ufólogo Javier Sierra, y, sobre todo, su promoción de la orinoterapia, urinoterapia, pipifagia o meadotragación, una superstición oriental que asegura que beber la propia orina, pis o meados es "bueno para la salud". Esta superstición nunca se ha demostrado, como no se ha demostrado la superterapia de comer heces fecales de cabra para el dolor de estómago. Ambas ideas tienen exactamente el mismo valor, y si usted practica una, debería practicar la otra.
Pero nuestro cuerpo conserva lo que necesita y expulsa lo que no necesita, la orina es un desecho y no necesita que venga un pobre despistado navarro al que le gusta creerse médico y salir en tele a decirnos que tenemos que meter de regreso lo que el cuerpo echó fuera.
Es especialmente interesante la argumentación que utiliza este pobre tipo para defender su gusto por beberse los meados, que "en China hay 35 millones de personas" que se beben su orina.
Eso impresionará al vendedor de remedios inútiles, pero extraña más que no le impresione para nada que haya mil doscientos setenta y nueve millones de chinos que no hacen tal estupidez. Como no la hacen los animales, tan "naturales".
Ante esto no queda sino pedirle a La Sexta que tenga la delicadeza de contratar a un nutriólogo para orientar a su sufrido público y ponga en la calle a este impostor y embustero, a ver si se consigue que uno de estos días se ponga a trabajar honradamente, que las nuevas experiencias siempre son enriquecedoras.
octubre 13, 2008
Terrible chupacabras o coyote cojo...
Paso por la emisora Cuatro el domingo en la noche y me encuentro... pues lo que siempre se encuentra uno, a Íker Jiménez "El Asombrao" tratando de convertir en misterio lo que no lo es, para lo cual cuenta con la invaluable ayuda de Santiago "Me creo lo que me manden" Camacho.
Tratando de demostrar la existencia de algo raro que dice (porque se le ocurre) que podría ser "el chupacabras" (juáaaa), Santiago Camacho hace una de sus habituales himbestigaciones que consisten en leerse un par de libros charlatanescos y algunas revistas charlatanescas estadounidenses, para explicar con ganas de ser importante cosas que pasaron en Estados Unidos, país que uno duda que haya visitado jamás el empleado de Íker.
Santiago informó de que los "expertos" (esos científicos bobalicones que viven más asombrados que Íker Jiménez, si nos atenemos a las descripciones de estos supuestos misteriólogos) no habían podido identificar a una "extraña bestia" filmada por unos policías en Cuero, Texas, en agosto de este año. Ya me dirá usted quién puede identificar con precisión a un cánido borroso que corre alejándose de la cámara sin verla nunca de frente, de modo que lo único que vemos son unos cuartos traseros en franca huida:
Cuartos traseros que a mí me hicieron pensar de inmediato en un coyote pelón o en un xoloitzcuintle o perro pelón azteca, aunque tratándose de un animal muy valorado, no sería fácil que sus dueños lo abandonaran. Éstos son xoloitzcuintles:

Como fuere, hay que hacer misterio donde no lo hay, e inventar "chupacabras" donde se ve un perro o coyote, claro. Para incrementar la emoción, Santiago Camacho afirmó contundentemente que hace un año, la "Universidad AIM" de Texas recibió muestras de tejidos de otro "asombroso animal" con aspecto de coyote pelón encontrado en el condado de DeWitt y, ante el asombro bien ensayado de su jefe Jiménez aseguró que los tontos universitarios no habían hecho en un año más que asombrarse ante el aterrador "ser", pero que no habían dado el resultado del análisis de ADN del bicho (la "criatura", vaya), dejando en el aire la sugerencia de que podía ser "imposible saber qué animal era" o alguna barbajanada similar.
Como el público al que victimiza Cuarto Milenio de esto no sabe y confía, ingenuamente, en que estos presuntos periodistas lo van a informar, Santiago Camacho no presenta la información completa, que sin embargo se puede encontrar fácilmente en Internet, en inglés y en español. Su objetivo no es informar, sino asombrar, no es dar datos, sino sembrar emociones bastardas. O no se enteró o no supo cómo enterarse.
Resumiendo la historia, en julio de 2007, la señora Phylis Canion dijo que encontró un "extraño animal" atropellado cerca de su rancho en el condado de DeWitt, en Texas, y como haría cualquier persona normal, se llevó el cadáver y lo metió en un congelador (aquí uno, que ya se sabe estas historias, como la del Yeti de no hace mucho, empieza a pensar que doña Phylis estaba ya pensando en cómo sacarle dinero al cadáver que se llevó a casa). Afirmó que algunas gallinas de su casa habían muerto totalmente exanguinadas (cosa que tampoco se ocupó en demostrar), le tomó fotos al animal y, presionada por la prensa, mandó a hacer los mentados análisis de ADN. He aquí la foto:

Por cierto, uno de los invitados de Íker Jiménez le estuvo llenando el hígado de piedritas todo el rato porque al parecer se trata de un tipo bastante serio, Luis Miguel Domínguez, naturalista y realizador de documentales. Primero, desmontó los supuestos misterios de "mutilaciones de ganado" que sólo asombran a urbanícolas que nunca han estado en el campo y no saben cómo funcionan los muchos carroñeros que reciclan cadáveres. Luego, al ver esta foto, coligió astutamente que doña Phylis mentía, porque en lugar de parecer atropellado, el cánido que aparece arriba tiene en la pata delantera derecha una fractura típica de un cepo o trampa en el que debe haber caído. Es lo que tiene saber, tener información real, placer que nunca conocerán Íker y su cuadrilla de cuentacuentos y vendemotos.
Ninguno de los profesionales de la fantasía puso en duda a Phylis, de modo que una vez dejando en el aire el "terrible misterio" chupacabrón que casi le provoca a su patrón una lipotimia de consecuencias impredecibles, Camacho procedió a señalar que algo similar a esta "Bestia de DeWitt" había sido descubierto igualmente muerto en 2004 en el cercano condado de Elmendorf, Texas, predeciblemente llamado "chupacabras o Bestia de Elmendorf", ¿o creía usted que iban a ser originales? Por supuesto, y por decreto de Camacho, que de esto no sabe nada pero le va la manduca diaria en ello, los tres bichos (Elmandorf, DeWitt y Cuero) son los mismos, no pueden ser distintas especies, son igualitos y chupacabrísimos.
Ahora viene la historia que Camacho no le contó, ya sea por un descuido menor o porque es demasiado inútil como investigador para enterarse o bien porque sabe perfectamente que su negocio y el de su jefe es conservar los misterios y engrandecerlos y adornarlos con todo tipo de omisiones, olvidos, trolas, camamas, filfas, exageraciones e impudicias torticeras, y que si los misterios se aclaran por la intervención de los malditos que no creen en lo supernatural y transparanormal, la aclaración debe esconderse como los gatos hacen con sus caquitas, actividad en la que Íker Jiménez se ha revelado como todo un maestro algunas docenas de veces.
Ah, placeres de la himbestigación a cargo de eggspertos con taxímetro...
Lo que no le contaron Íker Jiménez y Santiago Camacho es que al mismo tiempo que se encontró el "chupacabras" o "bestia de DeWitt" se encontraron otros tres animales muy parecidos, y de hecho dona Phylis Canion con gusto se guardó la cabeza de uno, como haría cualquiera de nosotros, sin avisar ni a las autoridades sanitarias, ni a las de vida silvestre ni cosa similar. Aquí, Phylis con la cabeza en cuestión:

Tampoco le contaron que "alguien" (doña Phylis Canion, ¡sorpresa!) decretó que 2007 era el "Año del chupacabras en Texas" y se puso a vender camisetas del chupacabras.
Y, por supuesto, Santiago e Íker tampoco le contaron que sí se hizo el estudio de ADN y EL CHUPACABRAS DE CAMACHO Y JIMÉNEZ ERA UN COYOTE. Punto. Pero claro que el estudio no se hizo, como se inventó Camacho, en la universidad AIM de Texas, ¡que no existe!, sino en la universidad estatal, la Texas State University, campus de San Marcos, en su Departamento de Biología, y los estudios los facilitó el profesor de biología Dr. Michael Forstner, que a fines de ese año fue nombrado jefe de genética de dicha universidad, o sea que algo sabe, fijo más que Camachito.
¿No es genial el himbestigador Camacho, que inteligentemente lanza una pista falsa para que quienes quieran seguirla por su cuenta descubran que, efectivamente, los cientificastros de la inexistente AIM University de Texas no han informado de un análisis que hicieron otros? ¡Periodismo en estado puro!
Pues los estudios se hicieron y en noviembre de 2007, en los tiempos normales de un estudio de ADN, y con la actitud científica de desvelar misterios, el doctor Forstner anunció que el ADN era de un típico coyote tejano. En esos tres meses, sin embargo, doña Phylis ya había vendido 10 mil camisetas.
¿No han dado resultados, Santiago Camacho? No seas mentiroso. Seguramente tu mamá no te educó para ser un embusterazo.
Por supuesto, la señora Canion declaró que "ella nunca negó que el animal no tuviera algo de coyote" (al parecer el ADN, jejé). Pero lo que la convierte en toda una misterióloga y vendedora de camisetas de éxito es lo otro que afirmó al diario Star-Telegram según lo cita incluso el sitio UFO Review, nunca sospechoso de escepticismo o defensa alguna de la inteligencia: "Lo que discuto es que las pruebas no fueron lo suficientemente profundas o detalladas para decirme qué más podía tener ese animal". O sea, tiene que ser algo más que un coyote o no vendo camisetas, y al demonio con el ADN.
Tenía 100% coyote, Phylis, Santiago, Íker... tenía un ADN de Canis latrans, algo más común que cruzar la calle con la señal en verde.
Pero Doña Phylis, que como todos los de su tribu no suelta la presa una vez que vio el dinero, insistió que podía ser un mutante genéticamente pelón (como el xoloitzcuintle), y entonces entró en escena el verdadero experto, Dr. Danny B.Pearce, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Texas en Lubbock, explicó pacientemente que la causa de la extraña calvicie era lo que en inglés se conoce como "sarcoptic mange", y en español se llama escabiosis o, simplemente, sarna.
Finalmente, por cierto, Santiago Camacho tampoco le contó que la "bestia de Elmendorf" de 2004 también se identificó rápidamente como... un perro sarnoso.
¿A usted le parece suficiente desvergüenza? Por si no, Íker presentó después a una conocida domadora de fantasmas del tremendamente fantasmal Grupo Hepta, que dice más barbaridades paranormaloides por minuto que kilómetros por hora puede correr Fernando Alonso, pero mi estómago me pidió que pasara mejor a ver un documental en Canal de Historia sobre los supervivientes de los Andes, héroes de verdad y no de chicle como los "valerosos eggspertos de la nave del misterio" de Íker Jiménez.
Tratando de demostrar la existencia de algo raro que dice (porque se le ocurre) que podría ser "el chupacabras" (juáaaa), Santiago Camacho hace una de sus habituales himbestigaciones que consisten en leerse un par de libros charlatanescos y algunas revistas charlatanescas estadounidenses, para explicar con ganas de ser importante cosas que pasaron en Estados Unidos, país que uno duda que haya visitado jamás el empleado de Íker.
Santiago informó de que los "expertos" (esos científicos bobalicones que viven más asombrados que Íker Jiménez, si nos atenemos a las descripciones de estos supuestos misteriólogos) no habían podido identificar a una "extraña bestia" filmada por unos policías en Cuero, Texas, en agosto de este año. Ya me dirá usted quién puede identificar con precisión a un cánido borroso que corre alejándose de la cámara sin verla nunca de frente, de modo que lo único que vemos son unos cuartos traseros en franca huida:
Cuartos traseros que a mí me hicieron pensar de inmediato en un coyote pelón o en un xoloitzcuintle o perro pelón azteca, aunque tratándose de un animal muy valorado, no sería fácil que sus dueños lo abandonaran. Éstos son xoloitzcuintles:
Como fuere, hay que hacer misterio donde no lo hay, e inventar "chupacabras" donde se ve un perro o coyote, claro. Para incrementar la emoción, Santiago Camacho afirmó contundentemente que hace un año, la "Universidad AIM" de Texas recibió muestras de tejidos de otro "asombroso animal" con aspecto de coyote pelón encontrado en el condado de DeWitt y, ante el asombro bien ensayado de su jefe Jiménez aseguró que los tontos universitarios no habían hecho en un año más que asombrarse ante el aterrador "ser", pero que no habían dado el resultado del análisis de ADN del bicho (la "criatura", vaya), dejando en el aire la sugerencia de que podía ser "imposible saber qué animal era" o alguna barbajanada similar.
Como el público al que victimiza Cuarto Milenio de esto no sabe y confía, ingenuamente, en que estos presuntos periodistas lo van a informar, Santiago Camacho no presenta la información completa, que sin embargo se puede encontrar fácilmente en Internet, en inglés y en español. Su objetivo no es informar, sino asombrar, no es dar datos, sino sembrar emociones bastardas. O no se enteró o no supo cómo enterarse.
Resumiendo la historia, en julio de 2007, la señora Phylis Canion dijo que encontró un "extraño animal" atropellado cerca de su rancho en el condado de DeWitt, en Texas, y como haría cualquier persona normal, se llevó el cadáver y lo metió en un congelador (aquí uno, que ya se sabe estas historias, como la del Yeti de no hace mucho, empieza a pensar que doña Phylis estaba ya pensando en cómo sacarle dinero al cadáver que se llevó a casa). Afirmó que algunas gallinas de su casa habían muerto totalmente exanguinadas (cosa que tampoco se ocupó en demostrar), le tomó fotos al animal y, presionada por la prensa, mandó a hacer los mentados análisis de ADN. He aquí la foto:
Por cierto, uno de los invitados de Íker Jiménez le estuvo llenando el hígado de piedritas todo el rato porque al parecer se trata de un tipo bastante serio, Luis Miguel Domínguez, naturalista y realizador de documentales. Primero, desmontó los supuestos misterios de "mutilaciones de ganado" que sólo asombran a urbanícolas que nunca han estado en el campo y no saben cómo funcionan los muchos carroñeros que reciclan cadáveres. Luego, al ver esta foto, coligió astutamente que doña Phylis mentía, porque en lugar de parecer atropellado, el cánido que aparece arriba tiene en la pata delantera derecha una fractura típica de un cepo o trampa en el que debe haber caído. Es lo que tiene saber, tener información real, placer que nunca conocerán Íker y su cuadrilla de cuentacuentos y vendemotos.
Ninguno de los profesionales de la fantasía puso en duda a Phylis, de modo que una vez dejando en el aire el "terrible misterio" chupacabrón que casi le provoca a su patrón una lipotimia de consecuencias impredecibles, Camacho procedió a señalar que algo similar a esta "Bestia de DeWitt" había sido descubierto igualmente muerto en 2004 en el cercano condado de Elmendorf, Texas, predeciblemente llamado "chupacabras o Bestia de Elmendorf", ¿o creía usted que iban a ser originales? Por supuesto, y por decreto de Camacho, que de esto no sabe nada pero le va la manduca diaria en ello, los tres bichos (Elmandorf, DeWitt y Cuero) son los mismos, no pueden ser distintas especies, son igualitos y chupacabrísimos.
Ahora viene la historia que Camacho no le contó, ya sea por un descuido menor o porque es demasiado inútil como investigador para enterarse o bien porque sabe perfectamente que su negocio y el de su jefe es conservar los misterios y engrandecerlos y adornarlos con todo tipo de omisiones, olvidos, trolas, camamas, filfas, exageraciones e impudicias torticeras, y que si los misterios se aclaran por la intervención de los malditos que no creen en lo supernatural y transparanormal, la aclaración debe esconderse como los gatos hacen con sus caquitas, actividad en la que Íker Jiménez se ha revelado como todo un maestro algunas docenas de veces.
Ah, placeres de la himbestigación a cargo de eggspertos con taxímetro...
Lo que no le contaron Íker Jiménez y Santiago Camacho es que al mismo tiempo que se encontró el "chupacabras" o "bestia de DeWitt" se encontraron otros tres animales muy parecidos, y de hecho dona Phylis Canion con gusto se guardó la cabeza de uno, como haría cualquiera de nosotros, sin avisar ni a las autoridades sanitarias, ni a las de vida silvestre ni cosa similar. Aquí, Phylis con la cabeza en cuestión:
Tampoco le contaron que "alguien" (doña Phylis Canion, ¡sorpresa!) decretó que 2007 era el "Año del chupacabras en Texas" y se puso a vender camisetas del chupacabras.
Y, por supuesto, Santiago e Íker tampoco le contaron que sí se hizo el estudio de ADN y EL CHUPACABRAS DE CAMACHO Y JIMÉNEZ ERA UN COYOTE. Punto. Pero claro que el estudio no se hizo, como se inventó Camacho, en la universidad AIM de Texas, ¡que no existe!, sino en la universidad estatal, la Texas State University, campus de San Marcos, en su Departamento de Biología, y los estudios los facilitó el profesor de biología Dr. Michael Forstner, que a fines de ese año fue nombrado jefe de genética de dicha universidad, o sea que algo sabe, fijo más que Camachito.
¿No es genial el himbestigador Camacho, que inteligentemente lanza una pista falsa para que quienes quieran seguirla por su cuenta descubran que, efectivamente, los cientificastros de la inexistente AIM University de Texas no han informado de un análisis que hicieron otros? ¡Periodismo en estado puro!
Pues los estudios se hicieron y en noviembre de 2007, en los tiempos normales de un estudio de ADN, y con la actitud científica de desvelar misterios, el doctor Forstner anunció que el ADN era de un típico coyote tejano. En esos tres meses, sin embargo, doña Phylis ya había vendido 10 mil camisetas.
¿No han dado resultados, Santiago Camacho? No seas mentiroso. Seguramente tu mamá no te educó para ser un embusterazo.
Por supuesto, la señora Canion declaró que "ella nunca negó que el animal no tuviera algo de coyote" (al parecer el ADN, jejé). Pero lo que la convierte en toda una misterióloga y vendedora de camisetas de éxito es lo otro que afirmó al diario Star-Telegram según lo cita incluso el sitio UFO Review, nunca sospechoso de escepticismo o defensa alguna de la inteligencia: "Lo que discuto es que las pruebas no fueron lo suficientemente profundas o detalladas para decirme qué más podía tener ese animal". O sea, tiene que ser algo más que un coyote o no vendo camisetas, y al demonio con el ADN.
Tenía 100% coyote, Phylis, Santiago, Íker... tenía un ADN de Canis latrans, algo más común que cruzar la calle con la señal en verde.
Pero Doña Phylis, que como todos los de su tribu no suelta la presa una vez que vio el dinero, insistió que podía ser un mutante genéticamente pelón (como el xoloitzcuintle), y entonces entró en escena el verdadero experto, Dr. Danny B.Pearce, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Texas en Lubbock, explicó pacientemente que la causa de la extraña calvicie era lo que en inglés se conoce como "sarcoptic mange", y en español se llama escabiosis o, simplemente, sarna.
Finalmente, por cierto, Santiago Camacho tampoco le contó que la "bestia de Elmendorf" de 2004 también se identificó rápidamente como... un perro sarnoso.
¿A usted le parece suficiente desvergüenza? Por si no, Íker presentó después a una conocida domadora de fantasmas del tremendamente fantasmal Grupo Hepta, que dice más barbaridades paranormaloides por minuto que kilómetros por hora puede correr Fernando Alonso, pero mi estómago me pidió que pasara mejor a ver un documental en Canal de Historia sobre los supervivientes de los Andes, héroes de verdad y no de chicle como los "valerosos eggspertos de la nave del misterio" de Íker Jiménez.
Nota el 13/10 a las 13:00 Astutamente, Juan Luis Crespo me dice que la "Universidad AIM" de Camachito puede ser la "Universidad A&M", es decir, la "Universidad Agrícola y Mecánica de Texas", un tecnológico que sí existe pero que no tuvo nada que ver en esta historia, de todos modos.
octubre 10, 2008
Tradicional para usted, científica para "Su Santidad"
La fascinación mundial por el Dalai Lama ha sido bien aprovechada por los mercaderes de la orientalidad mema, sin duda alguna, entre otras cosas presentando al señor de las gafitas y la sonrisa imborrable como adalid de los derechos humanos y la participación democrática (véase la Nota 1).
Abundan, sí señor, las páginas y publicaciones que identifican al budismo tibetano, el lamaísmo, con todo el esoterismo, magia, brujería y misticismo orientales, incluido el producto más rentable que hay: la pseudomedicina o antimedicina basada en supersticiones.
Pero cuando se trata de la salud del jefe del cotarro, del propio Dalai Lama, no vaya usted a creer que se atiende con los médicos tradicionales que promueve, nonono... el Dalai Lama va con los médicos de la horrenda conspiración que difunden a tanto la hora "expertazos" del escaso caletre de Bruno Cardeñosa, el renacido mago yuyu Txumari Alfaro o el enmohecido Paco Porras... "Su Santidad" consume medicinas de ésas que "matan", según dicen los vendedores de curas milagrosas y cuentos para incautos, y se interna en hospitales donde los médicos lo curan sin acudir al misticismo... ¡para que salga sano y siga vendiendo camamas a un mundo que comulga con ruedas de molino (molino de oraciones, en este caso)!
Así, el diario Público nos relata que "el líder espiritual tibetano" que usa el alias de "El Dalai Lama", fue sometido a una intervención quirúrgica para extirparle un cálculo biliar en un hospital de Nueva Delhi.
Para reírse uno hasta que se le afloje el ombligo... o hasta que le den ganas de llorar por las víctimas de estos personajes.
Porque no hace tanto, ya en este 2008 de la crisis made in Bushlandia, la Oficina del Tíbet en Nueva York, que presume de ser, ni más ni menos, la "Agencia oficial de Su Santidad el Dalai Lama y el Gobierno Tibetano en el Exilio para las Américas" (véase la Nota 2), aprovechando el viaje para enzarzarse en una sesión de patadas contra la gramática, nos anunciaba muy oronda que el Men Tsee Khang estaría presente en un rimbombante "Simposio Internacional de Medicina Tradicional y Prácticas Contemplativas" en Brasil.
El Men Tsee Khang es el nombre en tibetano del rimbombantísimo Instituto Médico y Astrológico Tibetano de Su Santidad el Dalai Lama cuyos documentos declaran que fue creado (y financiado, ni pregunte cómo) para "conservar y promover las antiguas tradiciones tibetanas médicas y astrológicas". El mismo sitio nos ofrece el que llaman "tratado fundamental" de las creencias místicas sobre la salud, el rgyud-bzhi, que no se diferencia en nada de los demás tratados precientíficos, incluyendo una forma de diagnóstico que incluye tomar el pulso del paciente, ver su orina y hacerle preguntas. Se supone que esto es mejor que escaneo TAC, una resonancia magnética, un análisis genético y un estudio de la sangre al estilo de los "médicos malvados".
No obstante, los encargados del Men Tsee Khang afirman que "la medicina tibetana es una ciencia, arte y filosofía que proporciona un enfoque holístico al cuidado de la salud". La palabra "holístico" es muy usada por distintas formas de mal llamadas "medicinas alternativas" y es un sinónimo muy fashion de "total", es decir, que atiende "todo" y no sólo los síntomas, aunque uno duda de que tengan idea de qué es "todo" si según ellos, "oficialmente" todo lo que hay en el universo está hecho de cinco protoelementos: tierra, agua, fuego, viento y espacio. Nada del oxígeno, el neodimio ni el ácido desoxirribonucleico, claro.
El instituto, como el resto del budismo-negocio, no da puntada sin hilo, sino que comercializa y exporta una serie de productos, incluidos algunos para el hígado, que al parecer no sirven si usted es el Dalai Lama.
Un resumen de esta historia la escribe en español "Karateka" (un seudojaponés, supongo) en el articulete pomopsamente intitulado "El Tíbet: Medicina de todos los tiempos". Pase y vea que no me lo estoy inventando.
La "Casa Tíbet México", que tampoco la lleva muy bien con la gramática, no tenía empacho, sin embargo, en adjudicarle embusteramente el título de "Doctor" a un tal Tseten Namgyal que ha instalado su guarida en México, desplumando incautos con inclinaciones orientaloides mediante "consultas", cursos, conferencias y demás.

La "Fundació Casa del Tíbet" hace lo propio en Barcelona con un sonriente Nida Chenagstang, al que declara urbi et orbi "Dr." para que los ingenuos sacudan los 70 o 90 euros que cuesta escucharlo hablar de la "Curación Mántrica", misma que consiste en usar "sonidos" (mantras, grupos de sílabas que se repiten hasta la náusea) para convencer al cáncer de que se disuelva, a los bacilos de Koch que cesen su ataque contra los pulmones y al ébola que se deje exorcizar. Como mucho me temo que este anuncio desaparezca cuando lo sustituya otra fuente de ingresos "tradicional, alternativa y espiritual", dejo aquí la captura de pantalla.

Libros, conferencias, cursos, discos CD con cantos lamaístas, toda la panoplia de la parafernalia esotericoide paranormal. Y la medicina juega un papel esencial allí, convenciendo a millones y millones de desinformados y poco avisados occidentales de que abandonen la medicina basada en evidencias, la que puede dar pruebas de lo que dice, a cambio de un universo de cinco elementos...
... y mientras tanto, el patriarca del establecimiento comercial se va con los médicos de verdad, a practicarse medicina de verdad para seguir recorriendo el mundo, sonriendo, cobrando y ayudando a su familia, que sin él nadie sabe qué haría.
Me recuerda tanto cuando el "cirujano psíquico" filipino Tony Agpaoa sufrió una apendicitis y, en lugar de ponerse en manos de las docenas de sus alumnos especialmente entrenados por él en persona para succionarles el contenido de la billetera a los que iban a su "clínica", se fue alegremente a San Francisco a operarse.
Porque, según confirmo, el "Venerable" Lodoe Gyatso, hermano de un tal Tensin Gyatso (nombre real del Dalai Lama) fue incluso nombrado por su hermano director del área de astrología del Instituto de Medicina y Astrología arriba señalado... pero el sabio y experimentado Dalai Lama sabe dónde se cura uno y donde no, y es clarísimo que a la medicina tibetana le tiene poca fe, además de que no se le ve muy convencido por el Buda de la Medicina, que aunque tal Buda tenga el inquietante y largo nombre de Bhaishajyaguru Vaiduryaprabha, el Maestro Sanador del Resplandor Lapizlázuli (¡se fueron con todo!), a la hora de la verdad mejor un médico y su bisturí.
La fe es, finalmente, producto para lumbreras como Steven Seagal, que se cree la reencarnación de un viejo lama tibetano, y los del negocio le sonríen y le dicen que sí.
¿Y a usted ya le vieron la cara o apenas está en proceso?
Abundan, sí señor, las páginas y publicaciones que identifican al budismo tibetano, el lamaísmo, con todo el esoterismo, magia, brujería y misticismo orientales, incluido el producto más rentable que hay: la pseudomedicina o antimedicina basada en supersticiones.
Pero cuando se trata de la salud del jefe del cotarro, del propio Dalai Lama, no vaya usted a creer que se atiende con los médicos tradicionales que promueve, nonono... el Dalai Lama va con los médicos de la horrenda conspiración que difunden a tanto la hora "expertazos" del escaso caletre de Bruno Cardeñosa, el renacido mago yuyu Txumari Alfaro o el enmohecido Paco Porras... "Su Santidad" consume medicinas de ésas que "matan", según dicen los vendedores de curas milagrosas y cuentos para incautos, y se interna en hospitales donde los médicos lo curan sin acudir al misticismo... ¡para que salga sano y siga vendiendo camamas a un mundo que comulga con ruedas de molino (molino de oraciones, en este caso)!
Así, el diario Público nos relata que "el líder espiritual tibetano" que usa el alias de "El Dalai Lama", fue sometido a una intervención quirúrgica para extirparle un cálculo biliar en un hospital de Nueva Delhi.
Para reírse uno hasta que se le afloje el ombligo... o hasta que le den ganas de llorar por las víctimas de estos personajes.
Porque no hace tanto, ya en este 2008 de la crisis made in Bushlandia, la Oficina del Tíbet en Nueva York, que presume de ser, ni más ni menos, la "Agencia oficial de Su Santidad el Dalai Lama y el Gobierno Tibetano en el Exilio para las Américas" (véase la Nota 2), aprovechando el viaje para enzarzarse en una sesión de patadas contra la gramática, nos anunciaba muy oronda que el Men Tsee Khang estaría presente en un rimbombante "Simposio Internacional de Medicina Tradicional y Prácticas Contemplativas" en Brasil.
El Men Tsee Khang es el nombre en tibetano del rimbombantísimo Instituto Médico y Astrológico Tibetano de Su Santidad el Dalai Lama cuyos documentos declaran que fue creado (y financiado, ni pregunte cómo) para "conservar y promover las antiguas tradiciones tibetanas médicas y astrológicas". El mismo sitio nos ofrece el que llaman "tratado fundamental" de las creencias místicas sobre la salud, el rgyud-bzhi, que no se diferencia en nada de los demás tratados precientíficos, incluyendo una forma de diagnóstico que incluye tomar el pulso del paciente, ver su orina y hacerle preguntas. Se supone que esto es mejor que escaneo TAC, una resonancia magnética, un análisis genético y un estudio de la sangre al estilo de los "médicos malvados".
No obstante, los encargados del Men Tsee Khang afirman que "la medicina tibetana es una ciencia, arte y filosofía que proporciona un enfoque holístico al cuidado de la salud". La palabra "holístico" es muy usada por distintas formas de mal llamadas "medicinas alternativas" y es un sinónimo muy fashion de "total", es decir, que atiende "todo" y no sólo los síntomas, aunque uno duda de que tengan idea de qué es "todo" si según ellos, "oficialmente" todo lo que hay en el universo está hecho de cinco protoelementos: tierra, agua, fuego, viento y espacio. Nada del oxígeno, el neodimio ni el ácido desoxirribonucleico, claro.
El instituto, como el resto del budismo-negocio, no da puntada sin hilo, sino que comercializa y exporta una serie de productos, incluidos algunos para el hígado, que al parecer no sirven si usted es el Dalai Lama.
Un resumen de esta historia la escribe en español "Karateka" (un seudojaponés, supongo) en el articulete pomopsamente intitulado "El Tíbet: Medicina de todos los tiempos". Pase y vea que no me lo estoy inventando.
La "Casa Tíbet México", que tampoco la lleva muy bien con la gramática, no tenía empacho, sin embargo, en adjudicarle embusteramente el título de "Doctor" a un tal Tseten Namgyal que ha instalado su guarida en México, desplumando incautos con inclinaciones orientaloides mediante "consultas", cursos, conferencias y demás.

La "Fundació Casa del Tíbet" hace lo propio en Barcelona con un sonriente Nida Chenagstang, al que declara urbi et orbi "Dr." para que los ingenuos sacudan los 70 o 90 euros que cuesta escucharlo hablar de la "Curación Mántrica", misma que consiste en usar "sonidos" (mantras, grupos de sílabas que se repiten hasta la náusea) para convencer al cáncer de que se disuelva, a los bacilos de Koch que cesen su ataque contra los pulmones y al ébola que se deje exorcizar. Como mucho me temo que este anuncio desaparezca cuando lo sustituya otra fuente de ingresos "tradicional, alternativa y espiritual", dejo aquí la captura de pantalla.

Libros, conferencias, cursos, discos CD con cantos lamaístas, toda la panoplia de la parafernalia esotericoide paranormal. Y la medicina juega un papel esencial allí, convenciendo a millones y millones de desinformados y poco avisados occidentales de que abandonen la medicina basada en evidencias, la que puede dar pruebas de lo que dice, a cambio de un universo de cinco elementos...
... y mientras tanto, el patriarca del establecimiento comercial se va con los médicos de verdad, a practicarse medicina de verdad para seguir recorriendo el mundo, sonriendo, cobrando y ayudando a su familia, que sin él nadie sabe qué haría.
Me recuerda tanto cuando el "cirujano psíquico" filipino Tony Agpaoa sufrió una apendicitis y, en lugar de ponerse en manos de las docenas de sus alumnos especialmente entrenados por él en persona para succionarles el contenido de la billetera a los que iban a su "clínica", se fue alegremente a San Francisco a operarse.
Porque, según confirmo, el "Venerable" Lodoe Gyatso, hermano de un tal Tensin Gyatso (nombre real del Dalai Lama) fue incluso nombrado por su hermano director del área de astrología del Instituto de Medicina y Astrología arriba señalado... pero el sabio y experimentado Dalai Lama sabe dónde se cura uno y donde no, y es clarísimo que a la medicina tibetana le tiene poca fe, además de que no se le ve muy convencido por el Buda de la Medicina, que aunque tal Buda tenga el inquietante y largo nombre de Bhaishajyaguru Vaiduryaprabha, el Maestro Sanador del Resplandor Lapizlázuli (¡se fueron con todo!), a la hora de la verdad mejor un médico y su bisturí.
La fe es, finalmente, producto para lumbreras como Steven Seagal, que se cree la reencarnación de un viejo lama tibetano, y los del negocio le sonríen y le dicen que sí.
¿Y a usted ya le vieron la cara o apenas está en proceso?
NOTAS:
(1) Oficial y oficiosamente, sobre todo en los despachos de los "periodistas del misterio", se omite que hasta 1959 el sonriente tipo de las gafitas y la sonrisa imborrable era el jefe de una teocracia que no trataba al pueblo tibetano mejor de como lo tratan los chinos. El propio Dalai Lama (el mismo, sí, ése de las gafas y la sonrisa) regía un país cuya economía dependía de la servidumbre feudal. Cuando niño, si alguien cometía algún atroz delito contra el rey-dios Dalai Lama, no era infrecuente que los condenara a recibir latigazos en cantidades generosas, a la amputación de la nariz y las orejas y otras cosas que no parecerían coincidir con su visión de "hombre de paz" que la publicidad impulsa hoy.
Así lo consigna el libro A portrait of lost Tibet, donde los autores narran, sobre su viaje de 1942-43: "El castigo más común son los azotes: 100 latigazos no se consideran graves en caso de un delito menor. Por atraco, bandolerismo armado o asesinato, la pena es la pérdida de una o ambas manos, o piernas, que se cortan por encima de la rodilla. Para sellar las arterias, los muñones se sumergen de inmediato en aceite hirviendo, pero el Changchi (oficial del gobierno) se queja de que muchos culpables mueren después de la amputación de las piernas." Un inconveniente, sin duda, pero el Changchi reconoció a los autores que después de una fuerte pena de latigazos propinados en las nalgas y un poco más abajo "el culpable pocas veces puede volver a caminar, debido a que los músculos y tendones quedan destruidos".
La religión de la paz y su Dalai Lama también han mantenido su propia guerrilla budista, algo que sin duda parece o bien hipocresía religiosa (tan común en oriente como en occidente) o bien una paradoja de proporciones. La guerrilla Khampa del Dalai Lama estuvo activa desde la década de 1950 hasta la de 1970, con el poco sorprendente apoyo de la CIA. Nunca han pedido perdón.
Nota 2: El Dalai Lama que llora en público diariamente por la suerte de 6 millones de tibetanos que ya no son sus súbditos, sino ciudadanos chinos (maniobra que se conoce como "pasar de la sartén al fuego", o "pan con lo mismo"), siempre vivió como príncipe en el exilio de la India con dinero de los Estados Unidos. "Democráticamente", desde 1960 hasta 1990 nombraba a dedo a los miembros del "parlamento en el exilio". Una vez creada una semblanza democrática, en 1991, miembros de la familia del Dalai Lama ganan "elecciones" al parlamento constantemente. Es la familia que antes de la huida de Tíbet poseía personas, según algunos informes, en el esquema feudal, donde los lamas eran la aristocracia que no trabajaba ni en defensa propia, y vivía de la exacción de campesinos y siervos, ¡qué ejemplo maravilloso para todos!
octubre 05, 2008
La ignorancia viste a De Prada
Al parecer intentando que nadie vaya a pensar que el huevo que puso la semana pasada fue un patinazo, un error, un dislate de ésos en que todos podemos incurrir, Juan Manuel de Prada firma esta semana en XL Semanal un nuevo artículo de opinión en el que confirma que sus convicciones anticientíficas, al igual que su ignorancia voluntaria y orgullosa son sólidas, firmes y sin mácula.
Bajo el título "Ciencia demente", Juan Manuel (que evidentemente confunde "demencia" con "locura", igual que otros intelectuales de la talla de María Patiño) nos regala un bonito ramillete de barbaridades que pretende hacer pasar por intensas cogitaciones con las que nos deslumbrará como pretendió hacerlo en su ataque a la teoría de la evolución por medio de la selección de la variación natural el domingo pasado, y que reseñamos oportunamente.
Esta segunda parte de la cruzada cienciofóbica de De Prada empieza diciendo que según unos científicos (no dice quiénes) "los incendios forestales, en contra de lo que parece dictar el sentido común, pueden paliar los efectos del cambio climático". El razonamiento de los científicos es que las nubes de humo reducen la incidencia de rayos del sol en la superficie, y por tanto el calentamiento que pueden causar en tierrs. Esto no deja de ser una observación interesante, pero la conclusión que extrae de tal presunto estudio Juan Manuel de Prada es fenomenal pues, dice, leer ese estudio le "ha producido una sensación mixta de estupor e hilaridad no menor a la que me hubiese provocado leer que los médicos aconsejan a sus pacientes castrarse, para prevenir el cáncer de testículo".
Por supuesto, nada del estudio mal citado del escritor vizcaíno indica que los científicos sugieran la patochada de provocar incendios forestales para paliar el cambio climático, lo cual sería realmente de locos. Pero como Juan Manuel de Prada no entendió lo que leyó. concluye una tontería supina y luego nos la presenta como si la tontería fuera de los otros.
Recuerdo una frase, y por desgracia no a su autor, que explica lo que ha pasado aquí: "El informe de un hombre tonto acerca de lo que ha dicho un hombre inteligente nunca puede ser confiable, porque el tonto inconscientemente traduce lo que escucha en algo que pueda entender".
Eso lo suelen hacer los luditas, anticientíficos y antiinteligencia en general: en su afán por retratar el conocimiento como algo incierto, indeseable o sospechoso, arrancan de sus enrevesadas lecturas y sus descabelladas interpretaciones algunas patéticas conclusiones que hablan más de ellos y de su lamentable nivel que de lo que leyeron en realidad.
De Prada pretende burlarse de que el conocimiento científico a veces apunte en una dirección y luego cambie a otra, y de nuevo no sólo fracasa, sino que queda como medievalista inculto, oscurantista e indocto, para usar sus propias palabras. Claro que en la ciencia, que es un cuerpo de conocimientos que se autocorrige y está en permanente evolución, esto no sólo pasa con frecuencia, sino que debe pasar y no es síntoma de debilidad sino, por el contrario, la gran fortaleza de este método para conocer la realidad, que hace a sus practicantes humildes ante los hechos, menos proclives a aferrarse a ideas insostenibles y, además, les hace ser muy cautos en sus afirmaciones. Si antes se creía (según afirma Juan Manuel, como no da fuentes hay que creerle, o al menos fingimos creerle para efectos de este análisis) que el aceite de girasol era bueno, seguramente fue de acuerdo con el conocimiento del momento, mientras que la conclusión posterior de que el aceite de oliva es más sano que el de girasol se debe a que la ciencia, avanzando a pesar de las sotanas, ha recogido datos que obligan a los hombres que hacen ciencia a cambiar de opinión y nos dan mejores datos para decidir qué aceite ponerle a nuestra ensalada.
Ojalá las religiones cambiaran de opinión ante las evidencias con la misma entereza con la que la hacen los científicos cuando se demuestra que estaban equivocados. ¿Qué valor tiene afirmarse tontamente en una idea errónea? De Prada no lo explica.
Una frase de este desprolijo escritor que cobra por hablar de lo que ignora confirma nuestro pequeño aforismo sobre el hombre tonto y el hombre inteligente: "La ciencia parece dispuesta a demostrar esto y lo otro, siendo lo otro lo contrario; y mañana podrá sin empacho alguno desdecirse y demostrar que lo opuesto a lo contrario es lo cierto, en un tirabuzón enloquecido y sin fin".
Hay que explicarle al pobrecillo de Juan Manuel, aunque pueda resultarle una sorpresa dolorosa y hasta riesgosa para su miocardio, que "la ciencia" no está dispuesta a nada porque "la ciencia" no es una persona, es un método de conocimiento y es, también, el conjunto de conocimientos entrelazados que se obtienen por dicho método. No tiene volición, no dice ni se desdice, ni quiere ni no quiere. Entendido eso, quizá lo que quiso decir fue más bien lo siguiente, que además es cierto: "los científicos parecen estar dispuestos a aceptar que algunas de sus evidencias lleven a conclusiones distintas de las conclusiones a las que llevaban las evidencias más insuficientes previas, y pueden reconocer hoy que es más cercano a la verdad algo que resulta opuesto a lo que ayer se consideraba confiable, en un proceso ordenado y continuo de mejora y avance que lleva hacia un conocimiento certero siempre contingente, pero cada vez más confiable".
Para que lo entiendan los sufridos lectores de Juan Manuel: si en un cajón vemos tres tomates, decimos que hay tres tomates, pero si mañana descubrimos que el cajón tiene un doble fondo donde hay otros cuatro tomates, diremos que tiene siete tomates, y esto no representa una "contradicción" con nuestra afirmación anterior, como supondría el "agudo analista de la realidad" De Prada. No es como el caso de la religión, pues, que se mantiene en sus trece y afirma que la Tierra está inmóvil y el universo gira a su alrededor contra viento y evidencias, y hasta quema gente para sostener su dogma bobo durante unos siglos más.
Al final de su filípica contra la ciencia y quienes la hacen, Juan Manuel de Prada suelta lo siguiente, que cito in extenso porque parecería que lo escribió con la intención de ejemplificar claramente la profunda estulticia e irresponsabilidad de los medios que denunciaba este blog en su anterior entrada: Los Ig Nobel no son las MOPAs, donde explicábamos: "Los Ig Nobel son una aproximación divertida, jocosa y amable a investigaciones de aspecto extraño, improbable, desusado o insólito, pero no son un chiste, ni los 'anti-Nobel' ni ninguna bobada similar". De Prada escribe:
Es decir, evidentemente y como señalaba yo en la anterior entrada, Juan Manuel de Prada se negó a pensar en el significado de los galardonados de este año. Ni desquiciadas, ni inútiles ni descacharrantes, las investigaciones le provocan risa a Juan Manuel de Prada porque no se entera de qué van, se queda en lo episódico de la Coca-Cola como espermicida y carece de las luces (y de las ganas) necesarias para ir un poco más allá.
El ejemplo que ha dado este escritor español los últimos dos domingos es preocupante porque suele ser demasiado frecuente entre "los de letras" que consideran que no basta que se desentiendan de la ciencia (muy en su derecho) sino que además consideran que la denigración del método y sus conocimientos afianzan su lugar en el Olimpo de los héroes de la literatura pura. Pero el problema, el motivo por el cual lo escrito por Juan Manuel de Prada no sólo merece análisis sino que llama a invitarlo a que se limite a hacer literatura y deje de ser "firma" soltando opiniones que lo ponen en ridículo, es la profunda hipocresía de éste y otros personajes que se hacen de algunos ahorros hablando mal de lo que no entienden.
Le invito a que visite de nuevo el artículo en cuestión y mire la fotografía del autor, del señor Juan Manuel "no tengo idea" de Prada... ¿nota algo peculiar? ¿Algún elemento de su súbita fisonomía le hace sonar las alarmas? A mí sí. Observe atentamente: Juan Manuel de Prada lleva gafas. No parece muy preocupado porque mañana la ciencia descubra que las lentes no difractan o refractan la luz de modo distinto al que actualmente lo hacen, según las precisas leyes de la óptica que le permiten ver (y a mí, ojo, que soy cuatrojos de abolengo). ¿De verdad Juan Manuel teme que mañana le digan que en realidad no ve, que lleva veinte años ciego? Pues no. Igualmente, podría apostar que sus "profundas cavilaciones" a tanto la línea las plasma para la posteridad (pobre posteridad) en un ordenador, y además tengo la plena certeza de que cuando se le invita a recorrer la geografía nacional o internacional, Juan Manuel de Prada alegremente se transporta en auto, ferrocarril, avión o barco, y no a caballo, como debería hacerlo si realmente considerara que la malévola señora que él cree que es "La Ciencia" (como La Yesi y La Vane) mañana le demostrará que el principio de Bernoulli o el principio de Arquímedes no funcionan en realidad, sino que son lo opuesto.
Personajes así, que además, para desgracia de la sociedad, tienen acceso a los medios para decir literalmente cualquier burrada, Jiménez Losantos mediante y como santo patrono, mantienen una desagradable pose de pureza ideológica de saldo tras la cual se yergue la enorme hipocresía que implica beneficiarse de algo y al mismo tiempo denostarlo por dinero y para parecer inteligente.
En lo personal, no espero que Juan Manuel de Prada entienda nunca lo que realmente hacen los científicos, la importancia de la ciencia y lo trascendente de su método. Hablando por su móvil, que creerá mágico, conduciendo su auto de energía espiritual y atendiéndose con médicos que imagina chamánicos para seguir prosperando, y cada vez que toque aspectos de la ciencia que desconoce seguirá siendo ejemplo de que "el informe de un hombre tonto acerca de lo que ha dicho un hombre inteligente nunca puede ser confiable, porque el tonto inconscientemente traduce lo que escucha en algo que pueda entender".
Bajo el título "Ciencia demente", Juan Manuel (que evidentemente confunde "demencia" con "locura", igual que otros intelectuales de la talla de María Patiño) nos regala un bonito ramillete de barbaridades que pretende hacer pasar por intensas cogitaciones con las que nos deslumbrará como pretendió hacerlo en su ataque a la teoría de la evolución por medio de la selección de la variación natural el domingo pasado, y que reseñamos oportunamente.
Esta segunda parte de la cruzada cienciofóbica de De Prada empieza diciendo que según unos científicos (no dice quiénes) "los incendios forestales, en contra de lo que parece dictar el sentido común, pueden paliar los efectos del cambio climático". El razonamiento de los científicos es que las nubes de humo reducen la incidencia de rayos del sol en la superficie, y por tanto el calentamiento que pueden causar en tierrs. Esto no deja de ser una observación interesante, pero la conclusión que extrae de tal presunto estudio Juan Manuel de Prada es fenomenal pues, dice, leer ese estudio le "ha producido una sensación mixta de estupor e hilaridad no menor a la que me hubiese provocado leer que los médicos aconsejan a sus pacientes castrarse, para prevenir el cáncer de testículo".
Por supuesto, nada del estudio mal citado del escritor vizcaíno indica que los científicos sugieran la patochada de provocar incendios forestales para paliar el cambio climático, lo cual sería realmente de locos. Pero como Juan Manuel de Prada no entendió lo que leyó. concluye una tontería supina y luego nos la presenta como si la tontería fuera de los otros.
Recuerdo una frase, y por desgracia no a su autor, que explica lo que ha pasado aquí: "El informe de un hombre tonto acerca de lo que ha dicho un hombre inteligente nunca puede ser confiable, porque el tonto inconscientemente traduce lo que escucha en algo que pueda entender".
Eso lo suelen hacer los luditas, anticientíficos y antiinteligencia en general: en su afán por retratar el conocimiento como algo incierto, indeseable o sospechoso, arrancan de sus enrevesadas lecturas y sus descabelladas interpretaciones algunas patéticas conclusiones que hablan más de ellos y de su lamentable nivel que de lo que leyeron en realidad.
De Prada pretende burlarse de que el conocimiento científico a veces apunte en una dirección y luego cambie a otra, y de nuevo no sólo fracasa, sino que queda como medievalista inculto, oscurantista e indocto, para usar sus propias palabras. Claro que en la ciencia, que es un cuerpo de conocimientos que se autocorrige y está en permanente evolución, esto no sólo pasa con frecuencia, sino que debe pasar y no es síntoma de debilidad sino, por el contrario, la gran fortaleza de este método para conocer la realidad, que hace a sus practicantes humildes ante los hechos, menos proclives a aferrarse a ideas insostenibles y, además, les hace ser muy cautos en sus afirmaciones. Si antes se creía (según afirma Juan Manuel, como no da fuentes hay que creerle, o al menos fingimos creerle para efectos de este análisis) que el aceite de girasol era bueno, seguramente fue de acuerdo con el conocimiento del momento, mientras que la conclusión posterior de que el aceite de oliva es más sano que el de girasol se debe a que la ciencia, avanzando a pesar de las sotanas, ha recogido datos que obligan a los hombres que hacen ciencia a cambiar de opinión y nos dan mejores datos para decidir qué aceite ponerle a nuestra ensalada.
Ojalá las religiones cambiaran de opinión ante las evidencias con la misma entereza con la que la hacen los científicos cuando se demuestra que estaban equivocados. ¿Qué valor tiene afirmarse tontamente en una idea errónea? De Prada no lo explica.
Una frase de este desprolijo escritor que cobra por hablar de lo que ignora confirma nuestro pequeño aforismo sobre el hombre tonto y el hombre inteligente: "La ciencia parece dispuesta a demostrar esto y lo otro, siendo lo otro lo contrario; y mañana podrá sin empacho alguno desdecirse y demostrar que lo opuesto a lo contrario es lo cierto, en un tirabuzón enloquecido y sin fin".
Hay que explicarle al pobrecillo de Juan Manuel, aunque pueda resultarle una sorpresa dolorosa y hasta riesgosa para su miocardio, que "la ciencia" no está dispuesta a nada porque "la ciencia" no es una persona, es un método de conocimiento y es, también, el conjunto de conocimientos entrelazados que se obtienen por dicho método. No tiene volición, no dice ni se desdice, ni quiere ni no quiere. Entendido eso, quizá lo que quiso decir fue más bien lo siguiente, que además es cierto: "los científicos parecen estar dispuestos a aceptar que algunas de sus evidencias lleven a conclusiones distintas de las conclusiones a las que llevaban las evidencias más insuficientes previas, y pueden reconocer hoy que es más cercano a la verdad algo que resulta opuesto a lo que ayer se consideraba confiable, en un proceso ordenado y continuo de mejora y avance que lleva hacia un conocimiento certero siempre contingente, pero cada vez más confiable".
Para que lo entiendan los sufridos lectores de Juan Manuel: si en un cajón vemos tres tomates, decimos que hay tres tomates, pero si mañana descubrimos que el cajón tiene un doble fondo donde hay otros cuatro tomates, diremos que tiene siete tomates, y esto no representa una "contradicción" con nuestra afirmación anterior, como supondría el "agudo analista de la realidad" De Prada. No es como el caso de la religión, pues, que se mantiene en sus trece y afirma que la Tierra está inmóvil y el universo gira a su alrededor contra viento y evidencias, y hasta quema gente para sostener su dogma bobo durante unos siglos más.
Al final de su filípica contra la ciencia y quienes la hacen, Juan Manuel de Prada suelta lo siguiente, que cito in extenso porque parecería que lo escribió con la intención de ejemplificar claramente la profunda estulticia e irresponsabilidad de los medios que denunciaba este blog en su anterior entrada: Los Ig Nobel no son las MOPAs, donde explicábamos: "Los Ig Nobel son una aproximación divertida, jocosa y amable a investigaciones de aspecto extraño, improbable, desusado o insólito, pero no son un chiste, ni los 'anti-Nobel' ni ninguna bobada similar". De Prada escribe:
Cada año se conceden los premios IgNobel, a semejanza paródica de los Nobel, que distinguen las investigaciones más desquiciadas o inútiles, más descacharrantes o absurdas. No se trata de investigaciones perpetradas por discípulos descarriados de aquel doctor Franz de Copenhague que ilustraba las páginas del TBO, sino por científicos adscritos a universidades de rancio abolengo. Más allá de su intención jocosa, tales premios nos revelan que la ciencia, encumbrada en los altares del Progreso, empieza a parecerse peligrosamente a una sucursal de la locura. Y, ciertamente, si repasamos el elenco de investigaciones galardonadas con el IgNobel, podemos llegar a la conclusión de que la ciencia se está convirtiendo a velocidad de vértigo en un concurrido manicomio; pero si hacemos un seguimiento de la prensa de cada día y de las noticias de índole científica que acoge, nuestra impresión no es muy diferente.
Es decir, evidentemente y como señalaba yo en la anterior entrada, Juan Manuel de Prada se negó a pensar en el significado de los galardonados de este año. Ni desquiciadas, ni inútiles ni descacharrantes, las investigaciones le provocan risa a Juan Manuel de Prada porque no se entera de qué van, se queda en lo episódico de la Coca-Cola como espermicida y carece de las luces (y de las ganas) necesarias para ir un poco más allá.
El ejemplo que ha dado este escritor español los últimos dos domingos es preocupante porque suele ser demasiado frecuente entre "los de letras" que consideran que no basta que se desentiendan de la ciencia (muy en su derecho) sino que además consideran que la denigración del método y sus conocimientos afianzan su lugar en el Olimpo de los héroes de la literatura pura. Pero el problema, el motivo por el cual lo escrito por Juan Manuel de Prada no sólo merece análisis sino que llama a invitarlo a que se limite a hacer literatura y deje de ser "firma" soltando opiniones que lo ponen en ridículo, es la profunda hipocresía de éste y otros personajes que se hacen de algunos ahorros hablando mal de lo que no entienden.
Le invito a que visite de nuevo el artículo en cuestión y mire la fotografía del autor, del señor Juan Manuel "no tengo idea" de Prada... ¿nota algo peculiar? ¿Algún elemento de su súbita fisonomía le hace sonar las alarmas? A mí sí. Observe atentamente: Juan Manuel de Prada lleva gafas. No parece muy preocupado porque mañana la ciencia descubra que las lentes no difractan o refractan la luz de modo distinto al que actualmente lo hacen, según las precisas leyes de la óptica que le permiten ver (y a mí, ojo, que soy cuatrojos de abolengo). ¿De verdad Juan Manuel teme que mañana le digan que en realidad no ve, que lleva veinte años ciego? Pues no. Igualmente, podría apostar que sus "profundas cavilaciones" a tanto la línea las plasma para la posteridad (pobre posteridad) en un ordenador, y además tengo la plena certeza de que cuando se le invita a recorrer la geografía nacional o internacional, Juan Manuel de Prada alegremente se transporta en auto, ferrocarril, avión o barco, y no a caballo, como debería hacerlo si realmente considerara que la malévola señora que él cree que es "La Ciencia" (como La Yesi y La Vane) mañana le demostrará que el principio de Bernoulli o el principio de Arquímedes no funcionan en realidad, sino que son lo opuesto.
Personajes así, que además, para desgracia de la sociedad, tienen acceso a los medios para decir literalmente cualquier burrada, Jiménez Losantos mediante y como santo patrono, mantienen una desagradable pose de pureza ideológica de saldo tras la cual se yergue la enorme hipocresía que implica beneficiarse de algo y al mismo tiempo denostarlo por dinero y para parecer inteligente.
En lo personal, no espero que Juan Manuel de Prada entienda nunca lo que realmente hacen los científicos, la importancia de la ciencia y lo trascendente de su método. Hablando por su móvil, que creerá mágico, conduciendo su auto de energía espiritual y atendiéndose con médicos que imagina chamánicos para seguir prosperando, y cada vez que toque aspectos de la ciencia que desconoce seguirá siendo ejemplo de que "el informe de un hombre tonto acerca de lo que ha dicho un hombre inteligente nunca puede ser confiable, porque el tonto inconscientemente traduce lo que escucha en algo que pueda entender".
octubre 04, 2008
Los Ig Nobel no son las MOPAs
Aprovechamos esta nota para recordarles a nuestros lectores que ya está abierta la veda para nominar a los ganadores de las MOPAs de 2008 (los "mopizados") aunque más adelante lanzaremos la convocatoria formal ubre et orbi.
La organización Improbable Research (Investigación Improbable) ha entregado, como lo hace desde 1991, los premios Ig Nobel a una serie de investigaciones científicas peculiares, todo entre risas y buen rollito entre los científicos, pues la mayoría de los galardonados tuvieron representantes en la ceremonia llevada a cabo la noche del 2 de octubre... pero se enfrentan cada vez con una mayor incomprensión por parte de los medios, que tienden a suponer que se trata de unos premios más bien poco serios, como las MOPAs (Máxima Orden dela Parapsicología Alucinadita) que concede cada año el 28 de diciembre, Día Internacional del Charlatán, la Academia de Ciencias y Artes Neo-Ocultistas (ACA-NO).
De alguna extraña manera, seguramente utilizando el astuto proceso de no investigar ni en defensa propia e inventarse las cosas, total qué más da, los periódicos suelen tomarse a chacota los Ig Nobel... y nada más, sin darse cuenta de que tal es únicamente el 50% del objetivo de estos premios, que decide un grupo de unos 50 científicos de las más diversas disciplinas y de todo el mundo.
Los premios Ig Nobel se dan, dicen los responsables, para "honrar logros que primero hacen a la gente reír, y luego los hacen pensar. Los premios tienen por objeto celebrar lo desusado, honrar lo imaginativo y promover el interés de la gente por la ciencia, la medicina y la tecnología".
Los medios ciertamente no piensan después de echar unas risotadas, ya no se diga promover el interés de nadie por la ciencia. El periódico (es un decir) español El Mundo aseguró que los Ig Nobel "buscan ser una alternativa divertida a los extremadamente serios premios Nobel", cosa que se sacó de la manga el redactor en un rato de inspiración, del mismo lugar, quizá, de donde sacaron al virus del SIDA para meterlo sin venir al caso en la investigación de la Coca-Cola como espermicida. Por su parte El País no tiene empacho en llamar arteramente a estos premios "Los anti-nobel", como resultado de un rapto lírico del becario que se inventa los titulares y que tiene su contraparte en El Universal en México, que además de decir la misma memez la corona con una mayor: "Lo irrelevante de la ciencia". El prestigioso Página 12 de Argentina no se quiso quedar atrás y lo llamaron "Un premio al ridículo científico", lo cual como menos es falso.
Evidentemente, los diarios en español no tienen a becario alguno que tenga los conocimientos mínimos de inglés, y copiaron tal cual los rebuznos de las agencias que afirmaron (como el ABC le atribuye a Reuters) que uno de los premios fue por "demostrar como un armadillo puede arruinar una excavación arqueológica", cosa ligeramente imprecisa, pues lo que hizo fue medir cuánto puede alterar un armadillo el contenido de un sitio arqueológico.
Esto primero da risa, pero luego debe ponernos a pensar. El trabajo experimental de Astolfo G. Mello Araujo, de la Universidad de Sao Paulo puede ser tremendamente relevante en casos donde la ubicación de restos o elementos, digamos, de un ritual funerario, tenga un claro significado. ¿Los armadillos suramericanos podrían o pueden ser responsables de algunas alteraciones que erróneamente se han interpretqado como peculiaridades culturales? ¿Deben los arqueólogos estar atentos a signos de actividad de los armadillos que puedan afectar o invalidar excavaciones? Tenga usted presente que cualquier arqueólogo le dirá que un objeto en su contexto cultural es un especimen arqueológico que puede enseñarnos mucho, pero que desontextualizado (movido, sacado, alterado de cualquier forma) es un simple cacharro viejo.
Evidentemente, si no llegamos a pensar sobre el significado de estos descubrimientos tan peculiares, la risa es un tanto boba y la incomprensión jubilosa pueden ser motivo para que los luditas y la tribu antiinteligencia en masa crea que los científicos son bobos, la ciencia una patochada y nada es verdad ni es mentira (aunque baste zumbarles en el occipucio con una piedra de tamaño mediano para que se las vean negras tratando de ignorar la realidad de la piedra y del correspectivo chichón, chipote o huevo).
Veamos algunos de los Ig Nobel de este año y algunas preguntas que se nos ocurren y que sirven para dimensionar cuán relevante puede ser algo que a primera vista no lo parece.
Dada la relevancia económica de la Coca-Cola como el producto más exitoso de todos los tiempos, todos los diarios en español que consultamos destacaban el premio Ig Nobel de química otorgado a los científicos etadounidenses que demostraron que este refresco es un espermicida efectivo. Leyendo esto, uno se queda con la impresión que es una "no noticia", en plan de ¿a quién le importa? o, en el mejor de los casos, plantearse qué tan desesperada debe estar una mujer para hacerse una irrigación vaginal con Coca-Cola a modo de anticonceptivo. Y es que los diarios consultados (con excepción de Página 12, por cierto) olvidaron señalar que el premio lo compartían ex aequo otros investigadores taiwaneses con un estudio que indicaba exactamente lo contrario. ¿La ciencia está loca? Pues no, pero el tema abre interesantes preguntas. Primero, ¿hay alguna diferencia en los protocolos experimentales que pudiera explicar la aparente contradicción? ¿Cuál es o cuáles son los principios activos que tienen el efecto espermicida? ¿Podría haber una importante variación genética entre orientales y occidentales que determinara distintos grados de sensibilidad de sus respectivos espermatozoides a ciertas sustancias?
El Premio Ig Nobel de la Paz es aún más curioso a primera vista, se entregó a un comité suizo biotecnológico y a todos los ciudadanos de Suiza por declarar legalmente que "las plantas tienen dignidad". Más allá del chiste, el problema bioético sobre el que llaman la atención es grave. Los promotores del Proyecto Gran Simio buscan que se dé a los grandes simios derechos iguales a los humanos. Si a los grandes simios sí, ¿por qué no a los demás simios?, ¿y entonces por qué no a todos los primates? Y si se dan derechos humanos a todos los primates, ¿no deben tener los mismos derechos los demás mamíferos, los demás vertebrados, los demás animales y también las plantas? Si fuera así, el simple hecho de alimentarnos sería un ataque a la dignidad de otros seres (habría que ver qué tan digno es dejarse morir de hambre, o dejar de morir de hambre a los hijos de uno), ya no digamos todo tipo de investigación científica que use seres vivos, como las que rechazan los antiviviseccionistas. Evidentemente, tenemos que marcar una línea en algún lugar, pero no es claro dónde y por qué. El que el tema se pueda reducir al absurdo y llevar hasta la "dignidad de lasplantas" pone de manifiesto que aún no tenemos una aproximación adecuada al conflicto ético.
El Premio Ig Nobel de Medicina, entregado a Dan Ariely de la Universidad de Duke por demostrar que los placebos caros son más efectivos que los placebos baratos tiene muchísima miga. Del efecto placebo sabemos poco, sólo que las expectativas de mejoría del paciente, su creencia en la eficacia de un medicamento, influyen en dicha efectividad. Sabemos que entre los elementos que influyen está la empatía del responsable de la atención (médico, curandero, sanador, brujo yuyu), su autoridad percibida, algunos aspectos sociales, etc. Ahora sabemos también que el precio es un componente, y ello podría explicar en parte al menos la efectividad de medicamentos más costosos (como los "de marca") frente a los genéricos, al considerar los pacientes que el genérico debe ser "menos bueno" porque "cuesta menos". Y ello no deja de ser interesante en un mundo que lucha por una medicina mejor, más humana, más accesible a todos y más responsable.
Dejo para el final, sin ser exhaustivo con los premios, el Ig Nobel de Física, otorgado a Dorian Raymer y Douglas Smith que demostraron matemáticamente que montones de cuerda, o pelo o casi cualquier otra cosa inevitablemente formarán nudos. Esto está bastante lejos del delirante, ignorante y hasta indignante titular del "periódico" El Mundo: "Premian con el Ig Nobel al físico que descubrió que todo lo que pueda enredarse, se enreda". Enredarse y formar nudos no son sinónimos, y aunque supongo que esto le vendrá guango al que inventó el chiste, a su jefe, al jefe de su jefe y así hasta Pedro J. y su jefe Jiménez Losantos, no es justo que se le cuenten tales trolas a los lectores, que además son los que pagan. En manos de "periodistas" así, la definición de la topología como "la rama de las matemáticas para la cual un donut (o dona) y una taza de café son lo mismo" podría ser motivo de largos ratos de cuchufletas, chistes de patio escolar y exhibición de pobreza de miras y falta de culturita, pero lo que difícilmente podrían hacer es explicarle nada a los lectores. La teoría de nudos es, precisamente, una rama de la topología, y los nudos en sí han fascinado a muchos personajes a lo largo de la historia, como el propio Da Vinci. La inevitabilidad matemática de que algo se ate en un nudo puede tener importantes consecuencias en las matemáticas, cosa que ni se plantean los que en los diarios se encargan de llenar los incómodos espacios en blanco que deja libres la publicidad, que es lo que, a sus ojos, importa.
Los Ig Nobel son una aproximación divertida, jocosa y amable a investigaciones de aspecto extraño, improbable, desusado o insólito, pero no son un chiste, ni los "anti-Nobel" ni ninguna bobada similar. Si los que se encargan de informarnos (es un decir) se enteraran del asunto, podríamos compartir mejor la diversión.
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