diciembre 31, 2013

Caterina Simonsen y la crueldad de la irracionalidad

Iba yo a comentar para cerrar el año algunas cosas del blog, pero hoy he leído un ejemplo verdaderamente lacerante del daño, el profundo daño y deshumanización que son consustanciales a las creencias irracionales.

Caterina, en foto de Facebook.
Ella es Caterina Simonsen. Italiana, originaria de Padua. 25 años de edad. Estudiante de veterinaria en la Universidad de Bolonia. Tiene varios perros. Sufre de graves afecciones genéticas pulmonares debido a las cuales debe usar tubos para respirar y numerosos medicamentos.

Esta foto ya no está en su página de Facebook. De hecho, ha cerrado su página de Facebook, abrumada por una virulenta campaña de odio.

A los 18 años, los médicos le dijeron que sus afecciones eran incurables, dado que tienen la característica de volverla inmune a los tratamientos muy rápidamente. Ha sido sometida a multitud de tratamientos experimentales para tratar de prolongar su vida.

El 21 de diciembre pasado, Caterina celebró haber vivido otro año y cumplir los 25. Subió a una página de Facebook en favor de la investigación científica esta foto con el mensaje: "Tengo 25 años gracias a investigaciones legítimas que incluyen experimentos en animales. Sin investigación, habría muerto a los nueve años. Me han regalado un futuro."



Las afecciones contra las que lucha Caterina, según Oggi.it son, entre otras, una inmunodeficiencia primaria, déficit de proteinas C y S, déficit de alfa-1 antitripsina, neuropatía de los nervios frénicos, prolactinoma, un tumor hipofisiario, asma alérgica y tiroides autoinmune. Sobrevive gracias a un respirador que debe usar entre 16 y 22 horas al día, un aparato que produce vibraciones para ayudar a eliminar mucosidades y costras de los pulmones. Para enfrentarlas, consume muy diversos medicamentos en aerosol, oralmente e inyectados.

Lo siguiente que recibió Caterina fue una oleada de mensajes de presuntos "defensores de los animales", "animalistas", "defensores de los derechos de los animales" o gente que se autodefine de modo similar.

¿Los mensajes?
"Por mí muérete mañana, no sacrificaría a mi pez dorado por ti." 
"Si hubieras muerto de niña, a nadie le habría importado." 
"Por mí también podías morir a los nueve años, no se hacen experimentos en ningún animal, raza de bestias repugnantes."
En total 500 ataques verbales y 30 amenazas de muerte.

Caterina pasará el fin de año en el hospital, con una nueva infección, tratada con un nuevo antibiótico porque el anterior ha dejado de ser efectivo. Pero ahora está aislada. El hospital teme que alguno de los fanáticos animalistas atente realmente contra la vida de Caterina.

Caterina ha reafirmado su convicción de que la investigación con animales es indispensable hoy.

Y ha aparecido una página de apoyo en Facebook.

Estar contra Caterina no es estar con la vida.

Todos los animalistas que viven en la actualidad están vivos gracias a la experimentación con animales. Les guste o no.

Experimentación que cada vez más se hace bajo reglas éticas muy estrictas.

La única forma de acabar con la experimentación con animales es la creación de modelos fiables, cultivo de tejidos, desarrollos en biología molecular y otros avances que nos permitan aprender lo mismo para salvar vidas humanas que nos permite hoy la experimentación animal.

La prohibición, la crueldad y la misantropía disfrazada de "amor a los animales, bueno, no a todos" no son un camino razonable, salvo para quienes están dispuestos a sacrificar a un ser humano por un animal, y sus creencias les han destrozado toda moralidad.

Esos avances sólo los puede lograr la ciencia, algo que no están haciendo, claro, los grupos fanáticos animalistas que desprecian el conocimiento porque no saben siquiera lo que es. Ni parece importarles. Creen que el mundo es como es por cuestión de magia.

Algo sobre la misantropía y deshumanización de los presuntos animalistas ya lo hemos comentado en este blog aquí, aquí y aquí.

La irracionalidad lastima, la irracionalidad es cruel, la irracionalidad deshumaniza, la irracionalidad hace perder la perspectiva y, finalmente, la irracionalidad mata.
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Actualización 4 de enero: Nadie crea, no, que esto pasa en Italia y será cosa de ellos. Desde que publiqué esta entrada he recibido una cantidad asombrosa de correos rebosantes de odio, acusándome de insultar a los animalistas, de odiar a los animales y de disfrutar con el dolor de otros seres, con el regreso de personajes que en el pasado me han amenazado por mis opiniones, con una obsesión insana... e incluso hubo algún comentario en Facebook exigiendo que Caterina se dejara morir para salvar a los animales de los laboratorios que estudian sus enfermedades. El tono de los mensajes es indistinguible del de cualquier fanático religioso violento, de cualquiera que no acepte ninguna disidencia respecto de sus dogmas, y con la misma falta de respeto a la vida humana ajena.
Actualización 2 de marzo: Caterina está en pie de lucha, no contra los salvajes animalistas que la amenazaron e insultaron, sino como parte de una organización italiana que lucha por aumentar la comprensión de la sociedad sobre las enfermedades raras, Malatie Rare, de las cuales ella padece cuatro. El problema de la falta de investigación sobre esas enfermedades que sólo afectan a un puñado de personas en todo el mundo es grave, por falta de recursos, sobre todo. Dejo uno de los últimos vídeos de Caterina. Está en italiano, pero es un homenaje a una chica luchadora contra la barbarie que preferiría verlos muertos a ella y a todos los que buscan la esperanza de vivir y ser felices que es un derecho humano básico.

diciembre 17, 2013

El Nobel Richard Roberts: "Se me citó incorrectamente"

"Se me citó incorrectamente", dice Sir Richard
J. Roberts, biólogo molecular y Premio Nobel
de Química 1993. (Foto CC de Paloma
Baytelman vía Wikimedia Commons) 
Usted seguramente ha leído, porque está emplastado por toda la red, que un Premio Nobel de Fisiología o Medicina, el Dr. Richard Roberts, ha realizado algunas afirmaciones terribles, como que las farmacéuticas "bloquean los medicamentos que curan" e incluso, delictivamente "bloquean su distribución",  que producen "medicamentos cronificadores" que provocan que sus víctimas sufran enfermedades toda la vida, que la investigación es súbitamente "desviada" para hacer medicinas que "hacen crónica la enfermedad".

Una terrible acusación que sustentaría la visión conspiranoica, sostenida por personajes como la monja Teresa Forcades, los delirantes empresarios del miedo, los anticientíficos del New Age y los misteriólogos que viven de fingir que encuentran terribles y malignas verdades en cada esquina.

Pero el Dr. Richard Roberts asegura que no dijo eso.

Sólo que en estos seis años nadie le informó de cuanto se le atribuía en los medios hispanoparlantes para que hiciera las aclaraciones que considerara pertinentes.

De hecho, no fue posible encontrar entrevistas en inglés (él es británico y trabaja en los EE.UU.) donde ampliara o reiterara esas afirmaciones, aunque es fácil encontrar otras cosas que ha dicho, como que la investigación para las curaciones debe ser producto de la inversión pública porque es absurdo suponer que las farmacéuticas van a investigar algo que no les deje rentabilidad financiera, como empresas que son. Y lo más rentable es tratar enfermedades crónicas que requieren atención toda la vida. Lo cual puede ser poco amable, pero no tiene los niveles delictivos que la conspirósfera le ha atribuido.

Así que nos pusimos en contacto con él para preguntarle sobre sus declaraciones.

Y lo primero que nos dijo es: "Se me citó incorrectamente, y probablemente de modo deliberado, por lo que parece".

Algunas de las literalmente miles de reproducciones, reinterpretaciones y redistorsiones que
han aparecido a lo largo de los años  de las supuestas declaraciones que "La Contra" atribuyó
al Dr. Richard Roberts en julio de 2007. (Haga clic para verlo a mayor tamaño.)

La fuente original de las multicitadas supuestas declaraciones del Dr. Roberts es el periódico La Vanguardia del 27 de julio de 2007, en la sección "La contra", conocida por su desapego de la realidad y su promoción de las pseudociencias. En ella, el redactor Lluís Amiguet le atribuye citas como: "...de repente, (la investigación) es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que hacen crónica la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento” y también "...es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo".  (Las negritas de todas las citas son añadidas).

Si hubiera científicos trabajando en sustancias que provoquen que una enfermedad se vuelva crónica, si hubiera tales medicamentos "cronificadores" pregúntese, pensando en la forma en que funcionan los tribunales de los EE.UU., el mayor mercado del mundo: ¿por qué no hay demandas por esta barbaridad de campo de concentración como sí las hay contra otras acciones reprochables, generalmente mucho más inocentes, de empresas de todas las actividades económicas imaginables, no sólo de las farmacéuticas grandes y pequeñas?

(Un ejemplo son los laboratorios homeopáticos como Boiron, que el año pasado se vio obligado a pagar 12 millones de dólares para resolver una demanda colectiva de gente que se consideraba defraudada por haber pagado como medicamentos unas píldoras de azúcar con la marca Oscillococcinum, además de detener sus prácticas de publicidad engañosa, anunciando en sus paquetes que sus pócimas no han sido evaluadas por la agencia de medicamentos y alimentos (FDA) y explicar las diluciones que hace y por las cuales se puede afirmar que la homeopatía es 100% agua, un cambio que le costará otros 7 millones de dólares.)

Las farmacéuticas invierten en los productos que dejan más dinero a sus accionistas, algo que no es sorprendente en sí. Es una realidad que conocen muy bien quienes padecen enfermedades raras y que dependen de la inversión pública y la solidaridad social para costear las investigaciones sobre sus dolencias. Pero de allí a tener como política la creación de sustancias que provoquen que las enfermedades se vuelvan crónicas, como psicópatas desalmados de caricatura media un gran trecho.

"Lo que sí dije," nos escribe el Dr. Roberts en los mensajes que intercambiamos por correo electrónico en los últimos meses, "es que las compañías farmacéuticas tienen poco interés en gastar mucho para encontrar curas de algunas enfermedades porque una vez que se encuentra una cura eso limita enormemente el potencial de mercado. Prefieren encontrar medicamentos que sean efectivos contra enfermedades crónicas que los pacientes tendrán que seguir tomando durante muchos años, idealmente el resto de sus vidas".

Algo que, por otra parte, el Dr. Roberts ha señalado en numerosas ocasiones. Quienes padecen hipertensión, por ejemplo, deben tomar, por siempre, "antagonistas de los receptores de angiotensina II" y "bloqueadores de los canales de calcio" para prolongar su vida y evitar problemas cardiacos asociados a la hipertensión (que por cierto, carece de síntomas). Eso es muy distinto a que esos medicamentos mágica y malvadamente "conviertan en crónica" la hipertensión arterial.

El Dr. Roberts explica qué es lo que le molesta: "El único problema que tengo con eso es que las compañías farmacéuticas no deberían fingir que están interesadas en curaciones, porque no lo están. Hasta donde sé, es infrecuente que financien investigaciones que busquen curaciones. Eso es distinto que decir que estén intentando hacer crónicas las enfermedades, que no es verdad. Del mismo modo, aunque habitualmente no hacen investigaciones que conduzcan a una curación, hay una enorme cantidad de investigaciones que se hacen en hospitales y entornos clínicos que sí buscan curaciones. En los Estados Unidos, los National Institutes of Health gastan muchos miles de millones de dólares al año haciendo precisamente eso".

El científico, que trabaja en la empresa New England Biolabs (dedicada a suministrar reactivos biológicas para la investigación en las ciencias de la vida, incluida la farmacéutica) aclara: "No dije que las farmacéuticas detuvieran investigaciones prometedoras que llevaran a curaciones. Más bien que no tienen incentivo para hacer ese tipo de investigaciones en primer lugar". Y cita: "El único caso que conozco en que las farmacéuticas trataron de desacreditar una investigación se refiere a la Helicobacter pylori, que causa úlceras y por cuyo descubrimiento Marshall y Warren recibieron el Premio Nobel. Sus hallazgos fueron cuestionados constantemente en los primeros momentos por las farmacéuticas, que preferían vender antiácidos" (Nota 1).

El Dr. Roberts aclara que las compañías farmacéuticas: "No son poco éticas en lo que hacen, dado que fabrican productos que la población en general necesita: antibióticos, analgésicos, agentes anticáncer, etc. Donde se extralimitan es cuando afirman estar buscando curaciones. Ése no es habitualmente su modelo de negocios, excepto en casos como el de los antibióticos. Y hasta hace poco tiempo no habían estado gastando demasiado dinero buscando nuevos antibióticos porque los márgenes de beneficios son muy bajos".

Ante ese panorama, el Dr. Roberts recuerda que las curaciones que no buscan las farmacéuticas, como la del VIH, están siendo investigadas en "la esfera académica". Abunda: "La búsqueda de curaciones casi con certeza se hace mejor a través de la medicina académica y sólo se transfiere a las empresas cuando hay un modelo de negocios que tiene sentido".

Quizá, entonces, antes que promover el pánico a la industria biomédica, los conspiranoicos harían bien en promover lo único que hace avanzar a la medicina: la inversión pública abundante en ciencia, en laboratorios, en estudios clínicos, en investigación básica y aplicada como la que se ha decapitado en España en los últimos años, precisamente dejándolo todo en manos de empresas privadas que no pueden ni quieren asumir las responsabilidades sociales que pertenecen a los gobiernos.

Pero quizás informar correctamente de las críticas y los problemas reales tampoco es rentable para quienes viven –y bien– del sensacionalismo, la incertidumbre y el miedo.
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Nota 1: Lo que relata el Dr. Roberts ocurrió poco después de que, en 1982, Barry J. Marshall y J. Robin Warren descubrieron que las úlceras estomacales no eran producto del "estrés" y otras ideas vagas, sino que las causaba la infección con la bacteria que llamaron Helicobacter pylori. Pese a los intentos de las farmacéuticas, pese al enorme valor que tenía por entonces el mercado de los antiácidos, y pese a que las farmacéuticas estaban bajo menos regulaciones que en la actualidad, se impusieron los hechos, los datos científicos, no las afirmaciones conspiranoicas promovidas con la fuerza de las farmacéuticas, y hoy la mayoría de las úlceras son curables con un sencillo tratamiento que mezcla medicamentos inhibidores de la bomba de protones, que reducen la producción de ácido en el estómago, y dos antibióticos que combaten la bacteria. Ambos científicos fueron premiados con el Nobel en 2005 por este descubrimiento. El caso también podría interpretarse como una demostración de que los hechos científicos no pueden ocultarse aún cuando se tenga un gran poder, precisamente lo opuesto a lo que afirman los conspiranoicos médicos.

diciembre 13, 2013

100% Agua

Los preparados homeopáticos carecen de principio activo, nunca han demostrado tener ninguna eficacia terapéutica y no se pueden considerar "medicamentos"... son


Ya una comisión del Ministerio de Sanidad determinó en 2011 que estos productos no tenían ningún valor terapéutico.

Sin embargo, según ha anunciado la Agencia Española del Medicamento, ahora se ha emitido una orden ministerial para regularizar la venta de las pócimas homeopáticas, legitimándolas así ante quienes tienen el riesgo de ser sus víctimas: las personas que no saben qué es la homeopatía, cómo se preparan los productos con los que comercian y, sobre todo, el contundente dato de que no hay estudios fidedignos y debidamente verificados independientemente que permitan decir que la homeopatía es eficaz para tratar, curar, paliar o controlar ninguna enfermedad.

Es decir, que no tiene mayor efectividad que un placebo. Es decir, que la capacidad natural del cuerpo de recuperarse y sentirse mejor cuando no está siendo tratado con medicina basada en evidencias.

El Círculo Escéptico ha decidido por ello emprender una campaña de concientización pública sobre la realidad de la homeopatía, además de que presentará alegaciones ante el Ministerio de Sanidad y ha enviado comunicados a los grupos parlamentarios con objeto de que evalúen con más claridad e información los riesgos que puede tener esta decisión.

No es posible que se permita que ningún producto afirme tener cualquier capacidad terapéutica, curativa o paliativa si no se somete a los mismos protocolos de estudio que la sociedad exige para los medicamentos genuinos. Eso implica estudios in vitro (en células aisladas en el laboratorio), in vivo (en animales de laboratorio) y con base en esos resultados realizar estudios clínicos en varias fases para determinar la eficacia del producto y, en su caso, cuál es la dosis ideal para cada persona según su edad, sexo, constitución física y otras afecciones.

Sin esos estudios, como ya están reclamando, médicos, estudiantes de medicina y otros grupos sociales preocupados por la legitimación de una visión mágica como si fuera medicina, los productos no pueden ni deben ser presentados al público como medicamentos orientados a mejorar las causas o síntomas de alguna afección.

Si quiere apoyar la campaña 100% Agua, hágalo firmando la petición que hemos abierto para hacerle saber al Ministerio de Sanidad su opinión.

noviembre 28, 2013

¿Jamie Oliver vs. McDonald's?

¿Ya le llegó información (es un decir) de que el chef británico Jamie Oliver,  cual valeroso héroe de la buena nutrición pese al crecimiento incontrolado de su circunferencia ecuatorial emprendió y ganó una demanda judicial contra la cadena de comida rápida Mc Donald's porque ésta daba de comer a sus clientes algo horrible e incomestible?

Claro que le llegó. Le llegó a todo el mundo. Varias veces desde 2011.



Y ya que estamos en esto, ¿ya le llegó la información de que ni hubo demanda ni la odiada cadena de hamburguesas hacía las maldades de las que se le acusaron, que todo fue un bulo periodístico y que además que gente de la industria cárnica de los Estados Unidos demandó al fantasioso fogonero y a quienes se hicieron eco de él?

Ah, no.... de eso no se enteró.

Si le interesa más la información que el escándalo, si su rechazo a las grandes multinacionales no ha clausurado su capacidad de razonar y si considera que la supervisión ciudadana de industrias clave como la de los alimentos es importante y por ello no debe ser provincia de los vendedores de miedo y cacerías de brujas donde cualquier don nadie pueda inventarle a cualquier empresa o persona su particular noche de los cristales rotos, quizá le interese cómo se hizo el mito, cómo le han visto la cara a usted y a sus buenas intenciones y cuáles son los hechos del asunto.

Como ya hemos contado, muchas trolas, cuentos, fraudes y bulos que recorren la sociedad no provienen de las revistas "del misterio", de los programas de televisión (bueno, del que queda) "del misterio" o de las emisiones de radio "del misterio" donde cuatro marginales se reúnen a hacer charcos de baba en la mesa porque han descubierto que pasa algo que no pueden entender y, enamorados como están de lo que consideran su intelecto superior, suponen que debe ser cosa del demonio, de los superpoderes de los x-men, de los extraterrestres o de la mecánica cuántica, que como la sopa de pollo sirve para todo. Y no procede de allí porque fuera de un grupo cerrado que cree en conspiraciones y viajes en alfombras voladoras, nadie les hace mucho caso o los ve para hacerse unas risas, pero sin creerles.

No, las patochadas más sublimes y atroces se encuentran en los medios de comunicación, algunos de ellos a los que se les supondría cierta respetabilidad y otros que son sitios web de chifladitos, acelerados y bienintencionados sin información. "La Contra" de La Vanguardia es una lanzadera para cualquier charlatanería, con una actitud de "yo no pongo en duda nada, lo mío es transcribir la entrevista y simular que eso es periodismo". O "Russia Today", la agencia oficial de Vladimir Putin, que se caracteriza por su sensacionalismo, su desprolijidad en las noticias y por tener como presentadores a fantasiosos empresarios de las teorías de la conspiración como Daniel Estulin.

Sitios y medios más o menos serios se hacen eco igualmente de informaciones cuando menos extrañas sin utilizar las herramientas mínimas del oficio periodístico: la visión crítica, la contrastación, la consulta con asesores expertos, el sano escepticismo y el compromiso con el lector. Se ocupan más bien de tener titulares que hagan que la gente vaya al sitio Web o ponga el canal o compre el diario y que si se quieren informar aprendan inglés y lean The Guardian o The New York Times.

La fábula de Jamie Oliver

El chef británico descubrió un día que existía en el mercado un exitoso producto llamado carne de vacuno magra finamente texturizada, o LFBT, que es resultado de un proceso para separar la carne magra de la grasa, trocitos de hueso, tendones y demás en los recortes de carne que se obtienen al hacer los cortes grandes más rentables, como filetes, solomillos, entrecots y demás. Estos recortes antes se tiraban a la basura, pues para separar la carne magra de lo que no quieren los consumidores se necesitaba una mano de obra intensiva con pulso de cirujano que no resultaba económicamente viable.

El proceso fue inventado hace más de 20 años por Eldon Roth para hacer accesible esa carne. Implica calentar los recortes y someterlos a un centrifugado que expulsa la grasa, tendones y pequeños trozos de hueso, dejando la carne magra.

Después de este proceso, la carne recibe un soplo de amoniaco que con el agua de la carne forma la solución llamada comúnmente hidróxido de amonio (aunque técnicamente no lo sea, como me ha hecho notar un lector que es químico), aumentando el pH del producto para evitar que críe bacterias que pueden hacerle daño al consumidor. Vamos, en toda la industria de los alimentos se utilizan antimicrobianos para impedir que le lleguen a usted alimentos en malas condiciones. Es un requisito de las autoridades sanitarias. Y es de uso común, como veremos.

Poco enterado de lo que es la industria de los alimentos y la física y la química, Jamie Oliver concluyó que la carne que se usaba era la "no comestible" o los peores cortes del vacuno, se metía en una secadora de ropa y luego se lavaba con el limpiador conocido genéricamente como "amoniaco" (una solución con entre un 5 y un 10% de hidróxido de amonio en agua). Así lo representó en su exitoso programa The Food Revolution de la BBC. Su público se horrorizó, lógicamente, sin cuestionar que el chef les estaba pasándoles una receta tan falsa que, de verlo otro chef, Ramsey, probablemente le hubiera hecho limpiar la cocina con la lengua.

Jamie Oliver metiendo carne de segunda en una secadora de ropa
en su programa Food Revolution, en 2011. Ni la vaca se lo cree.

Jamie Oliver echando un chorro de amoniaco doméstico de
limpieza sobre la carne de la secadora, para horrorizar al público.

El público del programa del chef, impactado por la presentación.
El hidróxido de amonio no es estrictamente amoniaco. Un gas no es un líquido y las minúsculas cantidades de gas de amoniaco usadas en la industria alimenticia no tienen nada que ver con los alegres chorros de amoniaco limpiador usados por el despistado cocinero.

El hidróxido de amonio es un producto común en el procesamiento de alimentos, que ha sido debidamente estudiado y su uso seguro está regulado y autorizado por la FAO, la OMS y las autoridades sanitarias de la Unión Europea, así como la Agencia de Alimentos y Medicamentos y está regulado en el Codex alimentarius. Se utiliza como antimicrobiano en varios procesos de la industria de la carne, que como es lógico tiene un alto riesgo de contaminación bacteriana y también como aditivo en quesos, chocolate, repostería, confitería, condimentos, concentrados e isolatos de proteína de soja/soya, conservas como mermeladas y jaleas y muchas bebidas no alcohólicas. La OMS tiene listas de cientos de tipos de alimentos en los que se puede utilizar el hidróxido de amonio que incluyen además lácteos, frutas, verduras, cereales de desayuno, huevos, peces, bebidas deportivas y cerveza.

O sea, es uno de tantos miles de aditivos que bien usados no tienen ningún problema.

Por cierto, el amoniaco es parte integrante de su cuerpo. De usted, sí. Es una molécula parte de nuestro metabolismo. No es una sustancia artificial, pues.

La carne LFBT usada como parte de la carne picada para reducir su contenido de grasa (lo cual es sano) es legal en casi todos los países hasta en un 15% de la mezcla. No es basura, no es carne en mal estado, es eso que el carnicero del barrio recorta cuando te hace los filetes y que él mete a la picadora con tendones, grasa y demás. Vamos, que es una forma de aprovechar los recortes de carne para hacer negocio aprovechando la carne magra que vale más que pegada a un tendón (o "nervio" como le dicen algunos cocineros). El proceso era bien conocido y usado, legal y transparente. Sólo que Oliver no lo sabía.

Carne magra finamente texturizada

Lo que presentó la televisión como LFBT y
llamó "pink slime" (lodo rosado),
imagen de origen desconocido.
Para su propaganda, Oliver optó por afirmar que esta carne era la que se utilizaba para las hamburguesas de McDonald's. Ya sabe usted que hay algunas empresas que gozan de una antipatía generalizada y esto da a muchos impunidad absoluta para acusarlas de lo que sea, confiados en que nadie saldrá a defender la verdad por miedo a que lo consideren defensor de tales empresas: Monsanto, Nestlé, Coca-Cola, Zara, Mercadona y otras son frecuentes protagonistas de acusaciones delirantes que no se justifican por sus prácticas empresariales cuestionables.

Pero McDonald's esta vez no tenía culpa. Simplemente le compraba carne a empresas procesadoras que usaban LFBT en su mezcla, en las cantidades autorizadas, para reducir la cantidad de grasa de las hamburguesas, algo que en principio uno supondría que es bueno.

Pero imagínese usted que realmente McDonald's usara en Estados Unidos carne no comestible enjuagada en limpiador de amoniaco doméstico y estuviera matando gente. Sobre ellos caerían millones de abogados demandándolos hasta destruir la empresa. Por poner sólo un ejemplo, McDonald's anunció que sus patatas fritas en Estados Unidos no tenían gluten. Resultó falso. Hay 20 demandas actualmente en curso contra la empresa, por millones y millones de dólares, por la indisposición y molestias que sufrieron algunos celiacos al comer las patatas. Y, claro, ahora las patatas o papas de la empresa no tienen gluten y se acabó.

Un año después, la cadena ABC emitió una serie de reportajes igualmente sensacionalistas basados en los "descubrimientos" de Oliver.

Pero Jamie Oliver no demandó a McDonald's, digan lo que digan en Taringa!, Pijamasurf, Forocoches, Menéame y otros sitios que suelen ser tan fiables como Ana Botella explicando el bosón de Higgs.

Simplemente, ante el pánico que la desinformación del chef y de ABC provocaron entre los consumidores, McDonald's actuó con sentido de márketing y ordenó a sus proveedores que dejaran de usar LFBT en la preparación de sus hamburguesas, anunció el asunto y siguió con su negocio.

Para otros no fue tan fácil. Los productores de la carne LFBT, empresa y trabajadores, satanizados de pronto, sufrieron un grave golpe económico.

Empresas como AFA Foods presentaron su solicitud de quiebra, directamente, destruidas por las mentiras de Oliver y ABC.

Otras reaccionaron con demandas de las que no le han informado a usted los mismos medios de incomunicación.

Demandas contra Jamie Oliver y ABC

Bruce Smith, de 59 años, era un encargado de seguridad ambiental en la empresa Beef Products, Inc., una empresa familiar de Dakota que produce LFBT y que fue una de las que, a resultas de las emisiones de Oliver y de ABC perdió muchas ventas y tuvo que cerrar tres de sus cuatro plantas productoras, echando al paro a muchos empleados. Smith, en vez de llorar, decidió luchar (claro, es sólo un trabajador de fábrica, no un chef famoso, por eso no sale en los medios) y demandó a Jamie Oliver, a la cadena ABC, a Diane Sawyer, la presentadora y a Jim Arias, reportero de los informes sobre la carne LFBT, por 70.000 dólares. Al parecer no tuvo recursos para seguir con la demanda.

La propia empresa Beef Products Inc., fundada por el inventor del proceso, Eldon Roth, y que disfrutaba de un expediente intachable en cuanto a seguridad alimentaria y cumplimiento de todas las normativas referentes a sanidad, también decidió demandar a ABC. Calculando sus pérdidas, presentó una demanda por 1.200 millones de dólares que, hasta donde se sabe, continúa su proceso en los tribunales estadounidenses.

Y todo esto añadiendo que nunca se ha reportado que nadie haya tenido ningún problema de salud relacionado con el consumo de esta forma de carne procesada ni de ningún alimento tratado con hidróxido de amonio.

Por supuesto que hay empresas, que actúan poco éticamente. Igual que algunos individuos. Y que pueden resultarnos terriblemente desagradables. Pero ello no legitima utilizar contra ellos mentiras, acusaciones delirantes y demagogia irresponsable para provocar linchamientos de chusmas en pánico desatado.

Las cacerías de brujas nunca son justificables. La civilización y la decencia implican que hasta el acusado por los peores delitos debe tener derecho a un juicio justo, a defenderse y a que sean los hechos los que decidan, no pasiones agitadas desde una posición de famoseo.

Pero eso sí, las cacerías de brujas venden periódicos, aumentan el share y llevan tráfico a los sitios Web.

octubre 27, 2013

Seguimos: censurado un artículo sobre transgénicos y sociedad

Celebraba yo hace un par de días con un "sí se puede" en Twitter la publicación del artículo "Ecologismo y transgénicos, una propuesta desde la izquierda" firmado por Juan Segovia, en la página de Mundo Obrero, publicación del Partido Comunista de España, un integrante de Izquierda Unida. 
La celebración se debía a que, como hombre de izquierda que siempre he sido, he lamentado incansablemente que ciertos grupos, partidos y personas de la izquierda se hayan aliado a una serie de posiciones reaccionarias, anticientíficas, irracionales, conservadoras y preternaturalistas que se fingen progresistas:  la antimedicina, los movimientos antivacunas, el posmodernismo relativista, el idealismo, diversos espiritualismos, el new age en su conjunto y, sobre todo, el pseudoecologismo misantrópico anticientífico (y especialmente la posición antitransgénicos que se opone a una tecnología aduciendo que la usan unas empresas que juzga malvadas, y pretende su prohibición antes que su apropiación por parte de los agricultores, los investigadores independientes, las universidades y las instituciones estatales y cooperativas que más se podrían beneficiar de esta tecnología si se le usa con visión social). 
No me identifico con el PCE ni con IU por motivos que no vienen al caso, pero los considero compañeros en la lucha por un mundo más justo, más libre, más igualitario y más fraternal, y he apoyado en su momento la lucha de militantes de IU por conseguir que su organización rechace las pseudociencias, así como espero que otros partidos progresistas lo hagan más temprano que tarde. 
Mi celebración, y la de muchos otros, se ha ido al pozo al descubrirse que hoy el artículo de Juan Segovia ha desaparecido de Mundo Obrero, según relata Eparquio Delgado, promotor de la resolución sobre pseudociencias de IU. No sé quién ni por qué ha decidido impedir que otras personas lean las consideraciones de Juan, pero como en otros casos (por ejemplo, la censura sufrida por este mismo blog hace unos días por parte de Banca Triodos), la libertad de información, expresión y opinión me parece el principio esencial desde el que se construye el pensamiento de avanzada. Sin estar de acuerdo con todas las posiciones de Juan, pues, pero sí con muchas, me toca ahora hacer en este blog un reflejo de su artículo, para que usted lo pueda leer, considerar, comentar y reflexionar sobre él libremente. El artículo se puede leer también en el blog de Eparquio y en la caché de Google aquí.
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Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda

La actual agricultura ecológica no es hoy en día una alternativa, sino una parte más del modelo capitalista de explotación agrario que tiene como público a las clases más pudientes de dicho sistema.

Por Juan Segovia. Militante del PCA e IU-Andalucía, miembro del grupo promotor del Área de Ciencia en IU.

Enlaces relacionados: La ciencia no es el problema

Parece haber una guerra abierta del movimiento ecologista en general y de los partidarios de la “agricultura ecológica” en particular contra una tecnología conocida como ingeniería genética, y más concretamente contra los organismos genéticamente modificados, los famosos transgénicos. Los enemigos de esta tecnología sostienen que dichos organismos son potencialmente peligrosos para el medio ambiente y el consumo humano y que su producción lleva al agricultor a perder control sobre sus productos en favor de multinacionales como Monsanto.

En cambio los defensores de los organismos genéticamente modificados (entre los que me encuentro) sostenemos que no hay estudios que demuestren la supuesta peligrosidad de estos organismos (lo que no quita que pueda haber algún estudio concreto de algún organismo concreto, en situaciones experimentales muy concretas). A esta falta de pruebas sobre la peligrosidad se suman las numerosas pruebas en sentido contrario, como la que apuntan que estos organismos pueden contribuir a mejorar el medio ambiente, ya sea gracias a la capacidad de algunos para resistir a las plagas (lo que conlleva un menor uso de pesticidas), la menor necesidad de agua para su producción en otros casos y un largo etcétera de mejoras que hacen que los cultivos sean más resistentes y productivos. A estas ventajas medioambientales se suman también otras para la salud humana. Un buen ejemplo de ello es el arroz dorado, que de ser producido en grandes cantidades podría evitar más de un millón de casos de ceguera al año por déficit de beta-carotenos en Asia, o el trigo sin gluten que recientemente se ha desarrollado en la Universidad de Córdoba.

En cuanto al tema de la dependencia tecnológica de multinacionales, debemos recordar que la agricultura mundial ya dependía de estas mismas multinacionales antes de que existieran los transgénicos y por lo tanto estos no pueden ser nunca la causa de esta dependencia. No se trata de estar en contra de esta tecnología como forma de oponerse a las multinacionales, de la misma forma que nuestra lucha contra los abusos de Microsoft o Apple no nos llevan a estar en contra de la informática sino a apostar por el software libre y gratuito. De la misma forma, en agricultura deberíamos apostar por algo parecido, un sistema público de desarrollo de esta tecnología que permita al agricultor acceder a la misma libremente, reduciendo o eliminando la actual dependencia con las multinacionales. Un camino que ya han iniciado muchos países, como Cuba, donde el estado financia la investigación sobre semillas transgénicas que posteriormente llegarán a los agricultores a precio de semillas corrientes. Gracias a esta tecnología, Cuba ha comenzado a cultivar un maíz resistente a la principal plaga de la isla, reduciendo su dependencia del maíz de importación y por lo tanto mejorando su soberanía alimentaria.

Sin embargo, el análisis básico de los ecologistas sobre el modelo agrícola actual es sustancialmente correcto: El sistema de explotación capitalista de la agricultura es un modelo insostenible desde el punto de vista medioambiental que está generando numerosos problemas como la erosión y pérdida del suelo, la contaminación de ríos y acuíferos por culpa de los abonos nitrogenados inorgánicos y de pesticidas, pasando por la desecación de esos mismos acuíferos, la generación de residuos sólidos, la deforestación de grandes zonas de selva tropical para obtener tierras de labor, etc. A todo esto debemos sumar que el actual modelo agrícola es socialmente injusto por que dificulta la supervivencia a los pequeños agricultores y favorece que a las multinacionales acaparar cada vez mayor parte del pastel; haciendo que los pueblos sean cada vez más dependientes de estas compañías y convirtiendo la alimentación en un producto para especular en lugar de un Derecho Humano con el criminal resultado de que millones de personas mueran de hambre. no por la falta de producción de alimentos sino a causa de esa especulación que tan vilmente enriquece a unos pocos.

Frente a este modelo, la respuesta ha sido la agricultura mal llamada ecológica u orgánica, cuyos heterodoxos planteamientos pueden ir desde posturas más o menos basadas en propuestas racionales que se apoyan en investigaciones científicas serias hasta en las ideas metafísicos de ciertos grupos, amantes de concepciones esotéricas sobre “lo natural” que defienden la vuelta a un supuesto pasado idílico en el que vivíamos en “armonía con la naturaleza”. Si bien de los planteamientos de estos últimos poco se puede sacar de utilidad, lo cierto es que gracias a los primeros tenemos conceptos tan valiosos como el de lucha integrada contra las plagas, la combinación de cultivos para aumentar la resistencia frente a enfermedades, el compostaje, la protección del suelo mediante setos y/o técnicas de laboreo adecuadas y otras propuestas que suponen una valiosa contribución a un futuro modelo de agricultura sostenible que garantice el derecho de la humanidad a una alimentación sana y de calidad. Muchos de los defensores de la tecnología transgénica califican a la agricultura ecológica de anticientífica y a sus partidarios de tecnófobos radicales que rechazan irracionalmente el avance tecnológico. Postura esta última irracional, absurda e insostenible, ya que si bien es cierto que dentro de este movimiento hay mucho new age pasado de peyote; lo cierto es que, como reza el dicho, no todo el monte es orégano y agricultores ecológicos hay de muy diverso pelaje: desde luditas radicales a simples agricultores convencionales que ven una oportunidad de conseguir con la moda de "lo orgánico" mejores mercados y un precio más justo por su producto. No obstante, la mayoría de ellos comparten una preocupación genuina por el medio ambiente y la búsqueda de un modelo agrícola alternativo que sea medioambientalmente sostenible y que garantice la soberanía alimentaria de los pueblos. Algo con lo que desde un planteamiento de izquierdas difícilmente puede estarse en contra.

Desgraciadamente, hoy en día estas técnicas por si solas no pueden competir ni de lejos en producción con las de la agricultura tradicional. El producto ecológico es un producto caro que sólo tiene futuro gracias a un sector de la población que posee dos características muy específicas: un poder adquisitivo suficiente para poder hacer frente al sobreprecio que supone esta forma de explotación y la creencia de que estos productos son mejores para su salud personal o que dicho producto tiene ciertas cualidades organolépticas superiores (el consabido tomate “que sabe a tomate de los de antes”) que le lleva a pagar ese sobreprecio. Así, lo que en principio pretende ser una respuesta contra la agricultura capitalista, acaba siendo integrado en este sistema como (ironías de la vida) un producto de lujo. A esto ha contribuido enormemente el hecho de que para considerar a un producto como “ecológico” no tiene que probar que es ambientalmente sostenible, sino solamente que en su producción no se han utilizado productos químicos de síntesis. Es decir, que unos kiwis producidos en Nueva Zelanda sin productos químicos de síntesis y transportados a Europa por avión obtendrían su sello de orgánicos pese a que la huella ecológica debida a ese transporte por avión sea posiblemente muy superior a la de cualquier producto cultivado en las cercanías del lugar de consumo, sea o no orgánico. De la misma forma, será considerado ecológico un producto abonado con abonos orgánicos, aunque estos sean utilizados excesivamente y contaminen (que también pueden) un cauce de agua próximo.

Debemos entender que la actual agricultura ecológica no es hoy en día una alternativa, sino una parte más del modelo capitalista de explotación agrario, que con el marketing de la defensa de "lo natural" tiene como público objetivo a las clases más pudientes de dicho sistema. Plantear una batalla agricultura ecológica contra convencional carece de sentido pues ambas se encuentran integradas en el modelo de mercado capitalista, cada una dirigida a grupos de consumidores diferentes, uno más generalizado y el otro más especializado y pudiente. Frente a esto debemos plantearnos un modelo de producción agraria diferente que sea realmente sostenible para el planeta, que permita garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos y una buena calidad de vida al agricultor, y que al mismo tiempo proporcione alimentos de calidad a un coste asequible para cualquier persona. Un modelo así requiere tener en cuenta una gran cantidad de factores, desde los sociales y económicos relacionadas con los medios de producción y la propiedad de la tierra hasta los relacionados con los métodos de producción, como las técnicas de cultivo para emplear o la selección de plantas adecuadas. En este modelo sostenible los transgénicos son una herramienta agrícola más que contribuyen con semillas más resistentes tanto a enfermedades y plagas como a sequías o heladas. Desde esta perspectiva basada en el concepto de producción integrada sostenible, la soberanía alimentaria de los pueblos y la consideración del derecho a comer como un derecho humano fundamental que debe ser garantizado por los poderes públicos mundiales, los cultivos transgénicos son perfectamente compatibles con los planteamientos ecologistas, pudiendo convertirse en una tecnología extremadamente valiosa en la consecución de esos objetivos.