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abril 25, 2004

La maravillosa verdad sobre la meditación

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La meditación funciona.

Antes de que usted proceda a llamar a los servicios de salud informando que el autor de este blog ha perdido la chaveta completamente y ahora chupa de la pipa de hachís de los infelices orates, permítanos la posibilidad de dar nuestros argumentos.

Primero, no se confunda "meditación" con la "Meditación Trascendental (Marca Registrada)" del insigne embaucador y conocido enfermo sexual Maharishi Mahesh Yogui. Lo que hace ese gordito infeliz es un asunto de sectas peligrosas debidamente tratado en sitios más serios que éste (merece seriedad por el daño psicológico atroz que le inflige a sus víctimas en su búsqueda de poder, sexo y dinero, por no decir que además ha dejado en la pobreza a más de cuatro "fieles creyentes").

Segundo, no se confunda "meditación" con el rollo misticoide con el que se ha rodeado esta palabra por parte de casi todos los charlatanes, ya que casi todos acuden a esta práctica.

Tercero: entiéndase "meditación" como lo que uno hace cuando "medita", es decir, aislarse sensorialmente del mundo a su alrededor y del trajín cotidiano, relajar sus músculos, tratar de no pensar en las preocupaciones cotidianas y concentrarse en cosas agradables. (Es lo mismo que uno hace si, en vez de mirarse el ombligo, da tranquilos paseos solitarios por el campo o navega con brisa leve en un velero, o se sienta a escuchar música suave tranquilamente en su sofá [en lugar de escuchar música potindustrial salsero-heavy en un walkman mientras corre, viaja en autobús, come apresuradamente algún alimento basura o espera con impaciencia].)

Hecho esto, entiéndase: cuando uno hace esas cosas (aislarse, relajarse, desconectar, pensar en cosas agradables) se siente bien.

Ese sentirse bien es lo que funciona en las prácticas meditativas.

De hecho, es lo único que funciona.

Dado que la reacción que provoca es notable y observable, numerosísimas disciplinas esotericonas la usan de forma depredadora dándole todo tipo de extrañas, maravillosas y siempre contradictorias implicaciones. Desde las prácticas orientalistas que aseguran que la meditación lleva a la iluminación nihilista del buda hasta los newagers esquizoides de California que meditan antes de iniciar una sesión de channeling, que es como le llaman al espiritismo reciclado.

Bueno, pues meditando no se llega a ser el buda, ni se entiende mejor el universo ni se comunica uno con los espíritus.

Pero se siente bien.

Esto no debería sorprendernos. Mientras más vivimos en una sociedad occidental moderna, menos tiempo tenemos para nosotros mismos, más acelerados vamos, menos descanso tenemos, no sólo físico, sino mental. Nuestros ratos libres los ocupan formas del ocio más o menos bruscas y adrenalínicas, diseñadas para cobrarnos por disfrutarlas o para inducirnos al consumo ocupando toda nuestra atención. Y ocupan las 18 horas del día que solemos estar despiertos.

En ese tornado de actividad y estímulos intensos y permanentes, tomarse diez minutos para no hacer nada, para concentrarse en cosas "intrascendentes" según la visión de la sociedad neoliberal de consumo, nos provoca una sensación de paz, tranquilidad y bienestar. Y no por motivos astrales, por la influencia de una deidad ni por energías imaginarias supuestas por impostores a prueba de bombas, sino porque nuestro cuerpo y mente agradecen ese paréntesis.

Se llama "descanso". Le dicen "meditación".

Y entonces, luego de esos diez minutos, nos sentimos bien o, para no exagerar, nos sentimos mejor que antes de esos diez minutos.

No nos sentiremos mucho mejor si meditamos seis horas seguidas, y es probable que nos dé un calambre en el espinazo, como nadie aguanta paseos de seis horas por el campo todos los días ni seis horas de conciertos a diario.

Pero los diez minutos de "desconectar" son algo agradable y, según algunos médicos, sano y recomendable.

Y la maravillosa verdad sobre el tema es que puede hacerse sin comulgar con ruedas de molino administradas por algún gurú con la cabeza rapada o un astrologuillo pillo disfrazado de Harry Potter.

Pero usted no lo sabe.

Y de allí se agarran los vendedores de disparates.

Usted se acerca a un grupo, club, asociación, sociedad, hermandad, cábala, junta, conspiración, iglesia, secta, sectita,sectota, agrupación, asamblea, corporación, red u lo que se les ocurra llamarla (incluso una marca registrada) y no pasa mucho tiempo antes de que lo pongan a meditar para "demostrarle" que su "filosofía" (y hay que tener la cara de acero al alto carbono para llamarle filosofía a las extravagancias que afirman estos psicotiquillos) guarda "misteriosísimos secretos" que ellos pueden develarle. Y usted sigue las indicaciones, se relaja y "medita". Diez minutos, no más.

Usted, poco acostumbrado a no hacer nada, descubre que esos diez minutos le sientan de maravilla, como una siesta de media hora, pues.

Y en ese momento, usted está adobado para que le injerten el cuento de que ese bienestar puede verse aumentado, ampliado, magnificado, potenciado y desarrollado si usted adquiere el curso, el libro, el casete, el vídeo, la conferencia, la clase, el diplomado, la membresía, etc., etc. que le ofrecen a precio de regalo. Y está listo para que le digan que ese bienestar procede de energías supuestas, de interacciones indemostrables o de una "sabiduría ancestral" que nunca sirvió para que nuestros ancestros vivieran vidas más largas, más sanas, más sabias y más felices.

Caramba, piensa uno que ha vivido los últimos diez o quince años a velocidad de fórmula uno, si eso pueden hacer en diez minutos y gratis, ¿qué no podrán hacer en tres meses y soltándoles unos billetucos?

La verdad es que no pueden hacer nada, y que usted puede disfrutar el ratito de bienestar de la "meditación" sin tener que comprar las demás historias que le cuenten estos desvergonzados. La "meditación" es su principal truco, cuando no el único, para el reclutamiento de corderitos para su matadero. Tienen algo que funciona y sobre eso levantan un enorme edificio de demencias imposibles de demostrar, explicaciones psicodislépticas y "filosofías" afiladas para extirparle la cartera.

Pero dado que esto no es del conocimiento común, usted sigue sin saberlo.

Y muerde el cebo.

La meditación para sentirse bien funciona, sin importar que usted la haga según sus depredadores para "volar" como los discípulos de Sexy Sadie (nombre que John Lennon le dio al Maharishi), para "iluminarse", para "contactar" con espiritus o extraterrestres, para "captar energía vital", para "alinear sus chacras", para "cargar el aura", para "percibir el cuerpo astral", para "desfloccinipaucificar las nerenias del discombuto místico" o cualquier mercadería que le estén ofertando.

Por supuesto, una vez habiendo picado, descubrirá que no conseguirá ni volar ni iluminarse ni nada por el estilo, simplemente se sentirá mejor por motivos eminentemente fisiológicos del funcionamiento normal (no paranormal) del cuerpo y la mente humanos. Pero para entonces ya pueden haberle hecho un bonito lavado de cerebro para dejárselo con consistencia de arroz con leche, como cualquier invitado de Javier Sierra en "Crónicas Marcianas".

El desconocimiento generalizado de que este "descanso" funciona como "meditación" sin explicaciones descabelladas lo aprovecha un amplio surtido de oligofrénicos para ofrecerle "algo más" a las personas a las que les arrancan algo (dignidad, dinero, sexo, poder, admiración o libertad de pensamiento).

Ahora usted lo sabe: la "meditación" funciona. Pero no por los cuentos que relatan simuladores diversos.

Así que relájese, respire hondo y tranquilícese. A eso le llaman "meditación" y cobran por ello, cuando usted lo puede tener de manera gratuita y sin regalarle el alma a los comerciantes de la ignorancia humana.