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octubre 16, 2013

Carta al defensor del lector: ¿Curación del cáncer? ¿Y las pruebas?

Envío la siguiente carta al Defensor del Lector de El País, (defensor@elpais.es) con no muchas esperanzas después de la anterior ocasión en que le escribimos  y la respuesta que nos propinó acudiendo a la falacia de que ciertos hechos científicos deben ser asumidos como "cuestión de opiniones" sin atender a los hechos, datos y evidencias.

Por supuesto, más esperanzas habrá si usted, lectora, lector, manda su propia carta a don Tomás Delclós pidiéndole una reacción ante este desaguisado.

El País, 14 de octubre de 2013.


Estimado señor Delclós,

Me vuelvo a dirigir a usted con relación a la inquietante entrevista titulada "Mi cura del cáncer fue un milagro muy currado", publicada el pasado 16 de octubre en la sección de S moda y bajo las etiquetas "Alimentación Bienestar Cáncer Dietas Salud". La autora de la entrevista es una adepta del budismo y profesora de yoga, Natalia Martín Cantero, que entrevista a Odile Fernández, que se presenta como médico y que ofrece al público ni más ni menos que una "cura del cáncer" absolutamente caprichosa, especulativa y ausente de pruebas, pero cuya eficacia afirma con el evidente objeto de vender su libro Alimentación anticáncer, junto con Mis recetas anticáncer y  Guía práctica alimentación anticáncer (sic), de conseguir clientes para sus Cursos Online de Alimentación Anticáncer (vídeos de 74 euros) y sus conferencias, todo lo cual configura cuando menos el aspecto de un negocio bien engrasado, basado en su totalidad en las afirmaciones de la Doctora Odile Fernández y en cierto respeto gratuito por su calidad de médico.


Tanto en los libros como en la entrevista, la afirmación principal de Odile Fernández es que en 2010 padeció un cáncer con metástasis y se curó mediante una dieta que inventó sobre la marcha, sin conocimientos especiales de nutriología y oncología. Asegura que pese a que fue sometida a un tratamiento oncológico (ese tratamiento que hoy, demostrablemente, salva cada día más personas y cura cada vez más casos de cáncer), lo que la curó fue una mezcla asombrosa de cambios en su dieta y una "actitud positiva". Por ello, dejó de practicar la medicina y se dedica a comercializar su terapia mágica.

Lo que parece extraordinario es que El País no haya acudido ni siquiera (y hay mucho más), ni siquiera al oncólogo tratante para que éste diera su versión de cuál fue el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de Odile Fernández, y que diera su opinión sobre la influencia de la dieta imaginada por la entrevistada. Después de todo, ella es médico de familia, y su opinión sobre el curso de tratamiento es necesariamente menos informada que la del especialista que día a día combate al cáncer en sus muy diversas formas.

Porque la realidad es que, hasta la fecha, ninguna de las curas milagrosas de cáncer ha demostrado curar el cáncer. De hecho, la Doctora Fernández no ofrece como sustento a su esfuerzo de márketing, ningún estudio. Quiere, y la entrevistadora le ayuda dejando de lado cualquier pretensión de ética periodística, asegurarnos que su interpretación sesgada de su caso particular es modelo a seguir para todos los enfermos de cáncer.

Le remito a usted al indignado y sólidamente fundamentado blog del reconocido investigador español José Manuel López Nicolás, especialista precisamente en bioquímica, biotecnología, nutrición y tecnología de los alimentos, que en la entrada Las 13 asombrosas recetas anticáncer de una médico y el papel de los medios de comunicación pone los puntos sobre las íes respecto de la escandalosa falta a la verdad y a la ética que implica esta publicación. Porque no se trata de que alguien "demuestre" que Odile Fernández se equivoca, no. Se trata de que ella, en su proceloso esfuerzo de negocios, no ha demostrado saber cómo se cura el cáncer. No ha demostrado tener conocimientos de los que no dispongan los oncólogos y los investigadores del mundo entero, no ha demostrado disponer de secretos que no está compartiendo con las víctimas del cáncer la Asociación Española Contra el Cáncer.

No se ha contrastado nada de lo que afirma la entrevistada. Simplemente se le ha hecho publicidad en desmedro de la verdad, de los interesados, de los pacientes de cáncer y del lector en general. Cuando mucho, entrevistada y entrevistadora se regodean en la falacia del "a mí me funciona", donde una persona asegura, sin tener medios para constatarlo con certeza, que la causa de su curación fue uno solo de los miles de factores que podrían serlo. En este caso, la autora desprecia la quimioterapia, otros factores ambientales, las remisiones espontáneas, las características específicas de su cuerpo y literalmente miles de cosas más para asegurar que la causa de su curación fue su dieta. La base de la ciencia (y del periodismo, claro) es saber que correlación no es causación.

Y que para hacer afirmaciones así de contundentes, nuestra sociedad exige que se aporten pruebas igual de contundentes: de laboratorio, clínicas, controladas, rigurosas, autorizadas por comités éticos y verificadas independientemente que nos permitan saber con razonable certeza que una terapia es eficaz y segura para su aplicación. El método normal de la ciencia y la medicina se lo salta a la torera Odile Fernández, y El País, en lugar de denunciar, aplaude y promueve.

Como cualquier periodista más o menos informado sobre temas de salud debe saber, lo que vende Odile Fernández es un pastiche de las más comunes y bastas supersticiones del new age y la pseudomedicina relacionadas con el cáncer, que pretenden simplificar una afección extremadamente compleja, ofrecer esperanza y curaciones milagrosas, y depredar a las víctimas de cáncer con vocación carroñera y absoluta falta de respeto a su vida y su dignidad, ya no sólo a los hechos que sí conocemos sobre esta clase de enfermedades, según nos dicen todos los que se dedican a ella profesionalmente.

Piense usted si fuera cierto cuanto afirma esta persona: el cáncer se abatiría, simplemente tomando gazpachos podríamos combatir a una clase complejísima de enfermedades muy distintas agrupadas genéricamente bajo la denominación de "cáncer" y que matan a más de 370 mil personas en España todos los años, según datos del Centro Nacional de Epidemiología. Sería la más grande revolución científica desde Pasteur, sería un Premio Nobel para Odile Fernández y la salvación de millones y millones de vidas. En cuyo caso la señora Fernández estaría siendo objeto de celebraciones en las agrupaciones y revistas profesionales dedicadas al cáncer y no estaría vendiendo libros y cursos como cualquier gurú.

Quiero por tanto expresar mi reproche y desagrado por esta pieza, que da a quienes padecen cáncer, y a quienes les rodean, la promesa de soluciones mágicas y sencillas, como lo han hecho desde tiempo inmemorial los vendedores de pócimas milagrosas, bálsamos de Fierabrás y panaceas de cartón piedra. Que un medio como El País nuevamente se convierta en cómplice de este engaño debería ser motivo de vergüenza, y espero que usted así lo comprenda y lo exprese públicamente en una disculpa a quienes viven día a día combatiendo el cáncer en laboratorios de investigación y en la práctica clínica con pacientes reales, y a estos mismos pacientes por tratar con tanta frivolidad, irresponsabilidad y falta de ética los asuntos de los que dependen su salud, su bienestar y, en última instancia, sus vidas.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

diciembre 07, 2012

Una mujer secuestra a su hijo para impedir su tratamiento contra un cáncer

El pequeño inglés Neon Luca Roberts, de 7 años de edad, estaba recibiendo tratamiento médico por un cáncer cerebral. Se le había extirpado un tumor exitosamente el 25 de octubre y los médicos tenían previsto seguir un tratamiento de radioterapia para eliminar cualquier célula cancerosa restante y evitar al máximo la recurrencia del tumor.

Sally Leese (o Sally Roberts)
fotografía difundida por la policía de
Devon, Reino Unido.
Pero la madre de Neon Luca, Sally Leese, decidió que la radioterapia le "freiría el cerebro a su pequeño" y, en lo que ella consideró una valerosa decisión de madre coraje lanzada a salvar a su hijo, procedió a llevárselo del hospital de Bristol donde estaba siendo atendido y desaparecer con él el domingo 2 de diciembre. Su plan era tratarlo con "medicinas naturales" que ella considera "menos invasivas" y así garantizar, en su visión, el bienestar, la supervivencia y el futuro de su hijo.

En palabras de Sally Leese: "Tengo miedo de que le vayan a freír el cerebro a mi hijo cuando hay otras formas en que podríamos proceder. Siento que es muy innecesario y estoy segura de que cualquier madre que hubiera investigado como yo lo hice se sentiría igual." No es malvada, no es cruel, es víctima de una propaganda insidiosa que se desarrolla sin control en todo el mundo, depredando la ignorancia y el temor.

Alertados por el padre de Neon, quien está en proceso de divorcio de Sally, la policía y la juez Mary Hogg emprendieron la búsqueda de Neon y su madre. La juez Mary Hogg tomó la poco habitual decisión de permitir que se diera a conocer el nombre y las fotografías de Neon en un intento por salvarle la vida ya que, dijo, "Los médicos dicen que a menos de que el tratamiento comience la próxima semana, las perspectivas de supervivencia de Neon se reducirán drásticamente. He pedido la ayuda del público para buscar a este muy enfermo pequeño".

febrero 19, 2011

La cura del cáncer

Células de leucemia linfoblástica
aguda.

Imagen de Wikimedia Commons
Existe, contra todo lo que nos dicen los medios de comunicación y la sabiduría popular, una forma fiable de curar el cáncer.

Se llama "medicina".

O, para diferenciarla de otras prácticas supersticiosas, mágicas, precientíficas y voluntaristas que han secuestrado la palabra "medicina" usándola para denotar todo tipo de prácticas inútiles, la "medicina basada en evidencias", o MBE.

Ciertamente, los vendedores de pócimas mágicas y bálsamos de Fierabrás aseguran, afirman, prometen, declaran y aseveran que pueden curar el cáncer. ¿Cómo? Lo ofrecen todo, desde supuestas terapias extravagantes y descabelladas hasta espárragos, meditación, rezos a personajes del más allá, píldoras sometidas a rituales homeopáticos o incluso el consumo de potabilizadores industriales de altísimo grado de toxicidad, como ya comentamos aquí.

Y estos vendedores de bálsamo de Fierabrás siempre están dispuestos a decir que ellos han curado a muchas personas con cáncer. El problema es que no se ocupan de demostrarlo. Es decir, ninguna de esas personas está dispuesta a presentarse con sus estudios médicos, sus diagnósticos, sus biopsias y su cuerpo libre de tumores para certificar que efectivamente fue curada y que no se sometió a tratamientos médicos, sino que toda la responsabilidad es atribuible al ceremonial de una u otra supuesta terapia.

No hay casos certificablemente demostrados de curación de cáncer por ninguno de los métodos que promueven revistas cuestionables y negociantes ya no de la salud, sino del miedo.

Estamos curando el cáncer (de verdad) es una entrada de lectura imprescindible del blog Tall&Cute, cuyo autor obtuvo su doctorado en el Departamento de Bioquímica-Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco y actualmente trabajo en la División de Embriología Molecular del German Cancer Research Center (DKFZ). En él explica cómo, en los últimos años, de manera demostrable, la investigación científica ha ido conquistando triunfos y ampliando la cantidad y calidad de vida de los pacientes de cáncer. Léalo, es revelador.

Por cada personaje famoso que ha dejado la vida en manos de charlatanes que les esquilmaron vilmente mientras fingían curarles el cáncer, como Steve McQueen, Andy Kauffman, tenemos cada vez más personas que sabemos que vencieron un cáncer con el conocimiento de la investigación científica real, como Michael Douglas, Luz Casal, Lance Armstrong, Robert De Niro o Kylie Minogue.

Y, claro, los niños. El cáncer es una enfermedad de la edad avanzada, y si hoy hay más cáncer es también, al menos en parte, porque vivimos más que nunca. Pero siempre hay casos en gente joven, y son los más dolorosos.

Mire esta gráfica, del grupo alemán "Superar el cáncer con investigación". Nos dice cómo ha mejorado la supervivencia de los niños y adolescentes diagnosticados con cáncer y tratados con medicina basada en evidencias.
(Haga clic en la gráfica para verla a tamaño grande. Original aquí)
La medicina, la de verdad, basada en evidencias, cura el cáncer. O más bien, cura las distintas formas de cáncer que las pseudomedicinas consideran una sola enfermedad, porque no hay acupunturista, homeópata o meditador que diferencie (ni en diagnóstico ni en tratamiento) las distintas enfermedades que aparecen en esta gráfica, sarcoma (cáncer del tejido conjuntivo) y sus distintas formas, linfoma (cáncer en el sistema linfático, que también tiene muchas formas), leucemia (cáncer de sangre) y otros muchos cánceres con causas, inicios, desarrollos, daños y terapias distintas.

La lógica nos dice, ante un gráfico así que no puede mostrarnos ninguna medicina basada en fantasías, que lo que debemos hacer no es invertir en ayurveda, homeopatía, acupuntura, reiki o brujos glorificados que gustan de jugar a ser médicos sin estudiar, sino que nuestra sociedad obtendrá sin duda más beneficios fortaleciendo la investigación biomédica seria.

Mire la línea inferior, la azul clara. Las historias de niños leucémicos eran esenciales en el sensacionalismo de los años 50 y 60, en las historias lacrimógenas del Reader's Digest y en las películas para sábado en la tarde. Un diagnóstico de leucemia era una sentencia de muerte en menos de cinco años, con el consecuente sufrimiento de la familia ante algo tan antinatural (eso sí) como unos padres enterrando a sus hijos. Y no había "medicina alternativa", "emergente", "complementaria", "natural" ni "tradicional" que pudiera impedirlo

Mire la línea azul. Entre 1960 y la actualidad, gracias a la investigación, el 60% de los niños diagnosticados con leucemia sobreviven muchos años, y muchos se curan.

Piense en la diferencia: de 10 a 4 ataúdes blancos por cada 10 niños diagnosticados. Sí, 4 niños de cada diez sigue siendo demasiado, duele, indigna. ¿Qué hacer?

Invertir en investigación para entender, conocer y tratar la leucemia puede empujar esa línea azul hasta cerca del 100%, donde está hoy el linfoma de Hodgkin.

Curamos el cáncer en muchos casos con investigación científica de verdad. Con más investigación, curaremos más. Que se sepa.