Mostrando las entradas con la etiqueta medicina basada en evidencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta medicina basada en evidencias. Mostrar todas las entradas

febrero 19, 2011

La cura del cáncer

Células de leucemia linfoblástica
aguda.

Imagen de Wikimedia Commons
Existe, contra todo lo que nos dicen los medios de comunicación y la sabiduría popular, una forma fiable de curar el cáncer.

Se llama "medicina".

O, para diferenciarla de otras prácticas supersticiosas, mágicas, precientíficas y voluntaristas que han secuestrado la palabra "medicina" usándola para denotar todo tipo de prácticas inútiles, la "medicina basada en evidencias", o MBE.

Ciertamente, los vendedores de pócimas mágicas y bálsamos de Fierabrás aseguran, afirman, prometen, declaran y aseveran que pueden curar el cáncer. ¿Cómo? Lo ofrecen todo, desde supuestas terapias extravagantes y descabelladas hasta espárragos, meditación, rezos a personajes del más allá, píldoras sometidas a rituales homeopáticos o incluso el consumo de potabilizadores industriales de altísimo grado de toxicidad, como ya comentamos aquí.

Y estos vendedores de bálsamo de Fierabrás siempre están dispuestos a decir que ellos han curado a muchas personas con cáncer. El problema es que no se ocupan de demostrarlo. Es decir, ninguna de esas personas está dispuesta a presentarse con sus estudios médicos, sus diagnósticos, sus biopsias y su cuerpo libre de tumores para certificar que efectivamente fue curada y que no se sometió a tratamientos médicos, sino que toda la responsabilidad es atribuible al ceremonial de una u otra supuesta terapia.

No hay casos certificablemente demostrados de curación de cáncer por ninguno de los métodos que promueven revistas cuestionables y negociantes ya no de la salud, sino del miedo.

Estamos curando el cáncer (de verdad) es una entrada de lectura imprescindible del blog Tall&Cute, cuyo autor obtuvo su doctorado en el Departamento de Bioquímica-Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco y actualmente trabajo en la División de Embriología Molecular del German Cancer Research Center (DKFZ). En él explica cómo, en los últimos años, de manera demostrable, la investigación científica ha ido conquistando triunfos y ampliando la cantidad y calidad de vida de los pacientes de cáncer. Léalo, es revelador.

Por cada personaje famoso que ha dejado la vida en manos de charlatanes que les esquilmaron vilmente mientras fingían curarles el cáncer, como Steve McQueen, Andy Kauffman, tenemos cada vez más personas que sabemos que vencieron un cáncer con el conocimiento de la investigación científica real, como Michael Douglas, Luz Casal, Lance Armstrong, Robert De Niro o Kylie Minogue.

Y, claro, los niños. El cáncer es una enfermedad de la edad avanzada, y si hoy hay más cáncer es también, al menos en parte, porque vivimos más que nunca. Pero siempre hay casos en gente joven, y son los más dolorosos.

Mire esta gráfica, del grupo alemán "Superar el cáncer con investigación". Nos dice cómo ha mejorado la supervivencia de los niños y adolescentes diagnosticados con cáncer y tratados con medicina basada en evidencias.
(Haga clic en la gráfica para verla a tamaño grande. Original aquí)
La medicina, la de verdad, basada en evidencias, cura el cáncer. O más bien, cura las distintas formas de cáncer que las pseudomedicinas consideran una sola enfermedad, porque no hay acupunturista, homeópata o meditador que diferencie (ni en diagnóstico ni en tratamiento) las distintas enfermedades que aparecen en esta gráfica, sarcoma (cáncer del tejido conjuntivo) y sus distintas formas, linfoma (cáncer en el sistema linfático, que también tiene muchas formas), leucemia (cáncer de sangre) y otros muchos cánceres con causas, inicios, desarrollos, daños y terapias distintas.

La lógica nos dice, ante un gráfico así que no puede mostrarnos ninguna medicina basada en fantasías, que lo que debemos hacer no es invertir en ayurveda, homeopatía, acupuntura, reiki o brujos glorificados que gustan de jugar a ser médicos sin estudiar, sino que nuestra sociedad obtendrá sin duda más beneficios fortaleciendo la investigación biomédica seria.

Mire la línea inferior, la azul clara. Las historias de niños leucémicos eran esenciales en el sensacionalismo de los años 50 y 60, en las historias lacrimógenas del Reader's Digest y en las películas para sábado en la tarde. Un diagnóstico de leucemia era una sentencia de muerte en menos de cinco años, con el consecuente sufrimiento de la familia ante algo tan antinatural (eso sí) como unos padres enterrando a sus hijos. Y no había "medicina alternativa", "emergente", "complementaria", "natural" ni "tradicional" que pudiera impedirlo

Mire la línea azul. Entre 1960 y la actualidad, gracias a la investigación, el 60% de los niños diagnosticados con leucemia sobreviven muchos años, y muchos se curan.

Piense en la diferencia: de 10 a 4 ataúdes blancos por cada 10 niños diagnosticados. Sí, 4 niños de cada diez sigue siendo demasiado, duele, indigna. ¿Qué hacer?

Invertir en investigación para entender, conocer y tratar la leucemia puede empujar esa línea azul hasta cerca del 100%, donde está hoy el linfoma de Hodgkin.

Curamos el cáncer en muchos casos con investigación científica de verdad. Con más investigación, curaremos más. Que se sepa.

febrero 06, 2011

Reflexiones de un suicida homeopático

"Suicidio" o sobredosis homeopática en Gijón.
Unas 20 personas participamos el sábado 5 de febrero en la reunión mensual de "Enigmas y birras" en Gijón, en esta ocasión con el tema de la homeopatía. Después de una presentación sobre la homeopatía y las objeciones a ella, 15 de los asistentes consumimos medicamentos homeopáticos en cantidades que, de ser realmente productos con sustancias activas, nos habrían causado sobredosis, coma, probablemente la muerte o cuando menos mucho sueño a los participantes. Puede leer aquí las reseñas de los diarios asturianos La voz de Asturias y La Nueva España.

Gijón
Los participantes en el grupo se unían así a quienes en 25 países y docenas de ciudades hicieron lo mismo para denunciar que los preparados homeopáticos no contienen ningún principio activo, y no tienen ningún efecto en el organismo humano (salvo que uno sea intolerante a la lactosa, 40 pastillas de lactosa son mucho dulce), en la campaña 10^23 (léase 10 a la 23, que este blog explica aquí).

Suicidas en Madrid (la furgo de la policía iba de paso)
Algunas personas, amigos y conocidos, señalaban que esta actividad de denuncia de los consumidores les parecía una audacia. Incluso alguno de los fotógrafos de los diarios locales que cubrieron la actividad en Gijón preguntó "¿qué haríamos si nos pasaba algo?" y aún cuando le dijimos que no podía pasar nada porque las pastillas no tenían más que azúcar (carísima), nos miró con gesto de "no es posible".

En Zaragoza, con la inexplicable estatua de
Hahnemann, el fundador de la homeopatía.
Esta posición se repitió lo suficiente como para invitar a una reflexión.

Uno de los grandes secretos de todo charlatán, de todo timador, de todo caradura profesional, es precisamente que sabe abusar de la buena fe de los demás, y que propone cosas tan maravillosas que dudar de ellas parece más descabellado que aceptarlas..

Para una persona normal, común, corriente y razonablemente honrada resulta tremendamente increíble que grandes laboratorios homeopáticos, "médicos" homeópatas con bata blanca y farmacias que deben ser centro de confianza realmente estén vendiendo como "medicamentos" unas pastillitas que no tienen principio activo, citando en la caja y en el prospecto componentesque no están presentes en el comprimido porque han sido diluidos hasta desaparecerlos, y hacerlo cuando no hay ni un solo estudio serio que diga que esas pildoritas mágicas tienen algún efecto más allá del placebo.

Ésa es la gran baza de quienes mantienen el cuento homeopático y preparan el asalto a los dineros de la sanidad pública española: es tan difícil de tragar la idea de un embuste de tales proporciones, de tal descaro, que para muchos es más fácil creer que "algo habrá".

Como "algo habrá", creemos cuando nos mandan por correo electrónico el timo nigeriano y acabamos mandando dinero para que nos transfieran los millones que nunca llegan.

Entre los espiritistas, médiums, astrólogos o vendedores de misterio, el vudú y la homeopatía no hay diferencia esencial. Y por supuesto su parentesco con el timo nigeriano o el de la estampita es igualmente cercano.

Houdini lo sabía bien cuando empezó a desenmascarar espiritistas: para engañar al público, es fundamental que el truco sea tan audaz, tan descabellado, que resulte difícil aceptar que es un truco. ¿Realmente una persona puede tener tanta desvergüenza como para fingir que habla con el hijo muerto de una madre desolada? Nos parece que es imposible exhibir tal desprecio por los sentimientos humanos, por la decencia elemental, y preferimos creer que quizá sí está hablando con el infante fallecido (cuando la lógica indica que esa persona tiene una grave afección psiquiátrica o es un desvergonzado carne de presidio).

La respuesta, por supuesto y por desgracia, es "sí", son capaces de ese descaro, de mentir sonriendo, de afirmar maravillas para sacarnos la plata, y no tienen ningún remordimiento de conciencia por hacerlo, ya sea porque son profesionales del timo o porque se justifican como suelen hacerlo quienes engañan a los demás, porque no se quieren sentir "malos". Como Al Capone no se sentía malvado y se justificaba. O Pablo Escobar incluso se sentía un benefactor del pueblo, por mencionar dos casos notables.

Por eso es hora de que más personas descubran a los charlatanes que medran a su alrededor, todos con sello de "buen rollito", todos "salvando desinteresadamente a la humanidad" pero siempre cobrando, todos en "planos espirituales superiores" que no les impiden la depredación más deshumanizada. Sí, hay sujetos así, y algunos triunfan y ganan enormes cantidades de dinero. Por fortuna, son los menos. Son ni más ni menos que la trama Gürtel del misterio, si no en las cantidades (y quizá sea más dinero y menos fiscalmente registrable) sí en la calidad moral.

No, ninguno de nosotros corrió ningún riesgo, porque sabemos que los preparados homeopáticos son un timo, que no tienen ningún efecto, ninguna sustancia, ninguna realidad... y lo demostramos en una acción como la realizada por cientos de personas en España y miles en todo el mundo el sábado. Ojalá sirva para que más personas se pregunten qué es la homeopatía realmente y busquen información alternativa que por fortuna cada vez es más accesible por la red, en vez de ser clientes cautivos de la propaganda de los que se ocupan, si no de curarlo, de aligerarle la cartera y distraerlo mientras su sistema inmune hace su trabajo y lo cura.

enero 31, 2011

Suicidándonos, que es gerundio

Por segunda vez se llevará a cabo, ahora en al menos 25 países del mundo y un territorio internacional (La Antártida) la Campaña 10^23 para concienciar a la gente sobre el hecho de que la homeopatía es una práctica inútil, un placebo carísimo, una práctica brujeril, supersticiosa y que niega todos nuestros conocimientos, y, en resumen, un negocio sucio que en 200 años no ha podido probar que pueda curar nada.

El más o menos críptico emblema de esta campaña contra el vudú (y es vudú, no ha demostrado ser otra cosa) es 10 elevado a la potencia 23. Los escépticos de Merseyside, quienes propusieron esta campaña, lo eligieron debido al número de Avogadro.

¿El número de qué?
Amadeo Avogadro, científico turinés del siglo XVIII y XIX descubrió cómo averiguar cuántas moléculas de una sustancia determinada hay en una determinada cantidad de dicha sustancia según su peso molecular, cantidad que se denomina "mol". Este número es, redondeando, 6,02 x 10^23.

Utilizando la ley descubierta por Avogadro (y que es validada día a día en todos los trabajos de química, es decir, no se trata de un invento u ocurrencia, sino de un hecho demostrado y confirmado sin cesar), podemos saber cuántas moléculas de una sustancia hay en una cantidad determinada de dicha sustancia. Cuando aplicamos esta ley a la cantidad de sustancia supuestamente curativa que queda en un preparado homeopático, y al número de veces que se diluye, el resultado es que en lo que nos venden como "belladona", "cucaracha" (oh sí, la cucaracha en polvo es un medicamento homeopático como lo son otros productos cuanto menos extraños, incluida la caca de perro) o cualquier otra sustancia de la farmacopea homeopática, si la dilución es de 12C o mayor (y suelen llegar hasta los 300C) no queda ni una sola molécula de lo que viene en la etiqueta.

Esto explica también por qué la homeopatía no tiene efectos adversos, claro. No tiene ningún efecto porque no es nada, salvo la lactosa, sacarosa y otros productos que se usan para hacer los comprimidos.

No habiendo nada de la sustancia original, entramos totalmente en el terreno del vudú. Los homeópatas hablan de cierta imaginaria "memoria del agua", que no sólo no han probado, sino que sería muy rara considerando que sus preparados no los presentan como agua, sino en pastillitas en las que se supone que se ha puesto una gotita del agua que NO tenia NI UNA molécula de lo que nos están vendiendo.

Ya ni pregunte usted cómo funciona la homeopatía, es decir, cuál es la teoría de cómo la pastillita de azúcar sólo se acuerda de una sustancia disuelta en el agua en la que se remojó y que ya se secó, pero no de las muchas otras que alguna vez tuvo disueltas el agua desde que se formó hace algunos millones de años (para el caso, una gota de agua de mar sería el remedio universal, pregunte por qué no y vea retorcerse a su homeópata), de cómo el cuerpo lee esa memoria y qué mecanismos físicoquímicos serían los responsables de que esa memoria se convierta mágicamente en una "curación" de lepra, cáncer o SIDA (que hace falta ser desvergonzado para prometer eso a un enfermo). Y no pregunte porque no tienen respuesta.

Si las sustancias diluidas son "más potentes" que las normales (según dicen los homeópatas, al grado de que a diluir una sustancia le llaman "potenciarla"), una caja de pastillas homeopáticas para dormir debe ser al menos un poco más eficaz para dormir que una caja de barbitúricos. En los desafíos homeopáticos se ha demostrado una y otra vez que ya se puede comer uno todas las cajas que quiera de pócimas homeopáticas, que a menos que sea intolerante a la lactosa, no van a tener ningún efecto. Ni positivo ni negativo. Como dice el lema de la campaña en español, "ni cura ni nada".

Esta campaña tiene por objeto hacer conciencia  del timo monumental al que están siendo sometidas muchas personas que de buena fe buscan una opción mejor que la medicina científica basada en los hechos, las evidencias y el conocimiento. Por supuesto, la medicina de verdad puede mejorar mucho, tiene mucho por aprender y está lejos de ser perfecta, pero nada de eso significa que el vudú y la magia sean mejores que la medicina de verdad. La lógica de la homeopatía es como decir que es mejor volar en tapete mágico que en avión, porque los tapetes mágicos no sufren accidentes mortales... sin demostrar que los tapetes mágicos vuelen, claro.

Si quiere ser parte de esta campaña, el llamado "suicidio homeopático" está previsto en varias ciudades de México, Argentina y España el sábado 5 de febrero. En Gijón, será parte de la reunión mensual de "Enigmas y birras", abierta como siempre a todo público, pretenda suicidarse o no.

Postdata poco después: Por cierto, si a usted le parece que "algo habrá" porque muchas personas dicen que a ellas les funciona la homeopatía, le invitamos a leer esta entrada precisamente intitulada "A mí me funciona".

enero 18, 2011

Preocupaciones

En una comunidad artística en línea en la que participo, una muy joven artista plástica australiana, en un diálogo sobre otro tema, me comentó: "Me preocupa lo que comer carne y muchos productos procesados le está haciendo a mi cuerpo. Me preocupo por los antibióticos, y muchos medicamentos. Me preocupa el botox."

Le respondí:

Es maravilloso que gracias a las cosas que te preocupan, todas ellas producto de la ciencia y la tecnología, tengas muchos, muchos años más para preocuparte que cualquiera de tus predecesores. Esas personas, antes de los antibióticos y los medicamentos, sólo podían preocuparse 38 o 40 años antes de morir como viejos, habiendo sufrido innumerables afecciones que probablemente no les permitían preocuparse de las mismas cosas. Para cuando tus ancestros femeninos tenían tu edad, ya tenían tres o cuatro hijos, y necesitaban acelerar a producción porque los niños morían fácilmente, algunos se veían incapacitados por la polio, desfigurados por la viruela, se les freía el cerebro con la tosferina o morían de infinidad de otras enfermedades de las que ni siquiera has oído hablar. Enfermedades también para las mamás, como la "fiebre puerperal", de la que tenías un 35% de probabilidades de morirte cada vez que dabas a luz. Por supuesto, a menos que fueras rica, la escuela y el arte no eran opción para una joven. La costura era la mayor ambición que se les permitía. Por eso sus preocupaciones probablemente eran distintas, no tenían información. Tú, por otro lado, disfrutas de todas las ventajas de la ciencia, la medicina y la creciente conciencia sobre los derechos básicos que viene con el conocimiento, así que puedes preocuparte de verdad durante más de 80 años con una calidad de vida no conocida jamás en la historia humana. Y hacerlo en Internet, lo que decididamente es muy guay

Yo, por mi parte, me preocupo de que los jóvenes cierren los ojos a las maravillas que hemos logrado como especie, y cuánto se benefician de ellas, y cuáles son los problemas reales, qué tan complejos resultan y cómo enfrentarlos, porque no saber eso tampoco le hace justicia a sus cerebros. Espero que más personas en el mundo obtengan antibióticos, y medicinas y carne, para superar el subdesarrollo y la desnutrición.

enero 06, 2011

Príncipe y brujo vudú

Acaba de aparecer en Gran Bretaña una coqueta agrupación con más buen rollo que Pocoyo y que busca "unir a pacientes, médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud, en lugar de separarlos en tribus". Tal es la misión anunciada del College of Medicine, colegio según la cuarta apolillada acepción de la aterosclerótica Real Academia Española, que dice: "Sociedad o corporación de personas de la misma dignidad o profesión", donde "dignidad" tiene el mismo tufo a catacumba que "nobleza", pero bueno, se medio entiende: club de gente con intereses comunes.

El caso es que el recién estrenado College of Medicine es algo rarito, cuando su primer seminario público sobre cuidado del cáncer se ocupa de los supuestos daños ocultos y misteriosos que las exploraciones de tomografía computarizada (CT) tienen sobre los pacientes, y que tal seminario sea impartido por una curandera que se dice capaz de curar el cáncer sin haber mostrado nunca a pacientes curados de ésos que nos dejarían impresionadísimos, una tal Jane Plant, de profesión geoquímica, cosa que suena a la composición química de nuestro planeta, porque tal es esa especialidad, pero que no tiene nada que ver con la curación del cáncer, el estrés, la advertencia de los riesgos de los escaneos CT (que son los de los rayos X, porque en la CT se usan rayos X, bastante bien estudiados durante más de cien años) ni cosa similar.

Imagen de Wikimedia Commons
Y es que el College of Medicine fundado el 29 de octubre, es un intento más de Carlos, ese señor que hace de príncipe en Inglaterra, para promover su negocio y supersticiones sobre las "medicinas alternativas". Así, los "otros profesionales de la salud" referenciados en la misión del College of Medicine vienen siendo personas que NO son profesionales de la salud, sino practicantes de distintos rituales que, dicen, curan a los enfermos, aunque nunca lo hayan podido probar.

El anterior intento del príncipe fue la Fundación para la Salud Integrada donde Carlos descaradamente hizo enormes esfuerzos aprovechando su influencia política para lograr que el Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña aceptara (y financiara, claro) la medicina vudú como si fuera medicina de verdad. En el proceso, escribió cartas a la agencia regulatoria de medicamentos y productos de salud, lo cual al parecer ayudó a que se relajaran las reglas respecto del etiquetado de productos como los que vende Carlos.

Dichas cartas, por cierto, se mantienen en secreto como las demás misivas, no pocas, que ha enviado Carlos de Inglaterra a los ministros ingleses para influir en sus decisiones.

La fundación de Carlos cerró en 2010 entre acusaciones de fraude, lavado de dinero y el arresto de uno de sus antiguos directivos, no sin antes sacarle 300 mil libras al Departamento de Salud británico. Carlos, siempre atento, cerró la fundación y esperó unos meses antes de relanzarla como el tal College of Medicine.

El heredero del trono de Inglaterra (y la sobrecogedora fortuna de su madre) no sólo ha promovido la medicina vudú en su país, sino que ha llegado a solicitar a la Asamblea Mundial de la Salud que integre las medicinas que no han demostrado su eficiencia con la medicina real, como si fueran sólo otro sabor y no una falsificación.

Esto no es sólo una chifladura de un personaje sin méritos para ser famoso, ni siquiera conocido. Cierto que Carlos de Inglaterra es un creyente en el new age, la "kábala" según la practican personajes como Madonna y demás enseñanzas de Laurens Van der Post, místico jungiano que llegó a ser considerado "el gurú de Carlos de Inglaterra" y le enseñó cosas tan importantes como a "hablar con sus plantas", actividad que seguramente ocupa bastante del tiempo libre de Carlos de Inglaterra. Aunque le deja tiempo para promover supuestas "técnicas" de diagnóstico basadas en la interpretación mágica de la lengua, el iris y el pulso, tan demostradas como la existencia de los duendes irlandeses y los dragones.

Imagen de Wikimedia Commons
Pero detrás de ese misticismo conversador con plantas, que podría calificar incluso como una de esas excentricidades inocuas que son parte de la identidad del Reino Unido, está el negocio de Duchy Originals from Waitrose, empresa propiedad del presunto heredero a la corona que produce "alimentos orgánicos" de manera "sustentable" (o eso dicen) y diversos productos de "medicina alternativa" (sin haber hecho jamás un solo estudio para determinar la eficacia, seguridad, dosificación o utilidad de ninguno de ellos). Las propuestas son tan absurdas que incluso un promotor de la "medicina complementaria" como  también llaman a la pseudomedicina y al vudú, Edzard Ernst, acusó públicamente en la BBC a Duchy Originals de "explotar al público en tiempos de dificultades económicas" con una supuesta tintura "desintoxicante", de ésas que supuestamente liberan al cuerpo de supuestas toxinas inexistentes para mayor gloria de la billetera de un señor que se cree noble.

Claro que una práctica terapéutica debería ser aceptada o rechazada con base en las evidencias que pueda aportar sobre su seguridad, eficiencia, mecanismos y, claro, riesgos y efectos secundarios, porque no hay nada que no tenga efectos secundarios, diga lo que diga la publicidad de las pseudomedicinas. No sobre la base de las creencias irracionales de personas famosas... y menos de sus negocios.

Pero para los vendedores de humo empeñados en la ikerjimenización del mundo, es más rentable ocuparse de embaucar a famosos que los publicitan entusiastas (como Shaquille O'Neal y la fraudulenta pulsera PowerBalance), las absurdas dietas desintoxicantes en que cree Naomi Campbell, la histeria antivacunas de Jenny McCarthy basada en un estudio fraudulento o los parches de titanio del Príncipe Felipe en España) que de demostrar que sus delirios sirven para algo más que para reducir la cuenta bancaria de gente bienintencionada que cree que porque alguien es famoso (atleta, modelo, actor, supuesto noble) merece alguna credibilidad médica.

diciembre 21, 2010

¿Director del Centro de Formación en Homeopatía?

Como algunos lectores recordarán, este blog, un servidor y mi perro Teko somos, desde el pasado mes de septiembre, especialistas certificados en homeopatía.

Ahora, y dado que el BioScience Talents Group está buscando un director para cierto "Centro de Formación en Homeopatía" que aún no parece existir, probablemente está en proceso de fundación, este humilde bloguero ha decidido solicitar el puesto (algo que ya han hecho algunos periodistas británicos en otros puestos de la rama homeopática).

Usted dirá: "Pero usted no cree en la magia de la homeopatía", y yo le diré "No tiene por qué hablarme de usted, hábleme de tú. Y eso no importa, conozco a muchos homeópatas que no se creen nada y que cuando les duele el píloro corren a su médico de la Seguridad Social, donde se atienden, operan, revisan, reciben recetas de medicamentos reales que consumen felices y recuperan la salud para poder seguir engatusando incautos. Y además, a diferencia de muchos, yo sí sé qué es la homeopatía."

Usted dirá que sin embargo, es poco ético vender un embuste de estas proporciones. Y allí estaré de acuerdo con usted y le diré que claro que no aceptaría el puesto. Pero no se trata, por supuesto, de que realmente me den el puesto de director de un centro dedicado a enseñarle mentiras a sus alumnos a cambio de dinero, sino ver qué respuesta o falta de la misma obtenemos del citado negocio. Y como me ofrezcan el puesto, mire que nos vamos a reír bastante.

¿Y qué dije yo para que me tengan en cuenta como posible cabeza de la empresa?

Ésta es la carta que he enviado a la empresa de headhunting. Lea y opine:

Estimados señores,

Tengo un gran interés en el puesto de Director del Centro de Formación en Homeopatía que ustedes han anunciado a través del BioScience Talents Group.

Aunque carezco de titulación universitaria, cuento con un diploma de especialista en medicina homeopática de los Laboratorios Boiron, la mayor empresa vendedora de preparados homeopáticos del mundo.

Mi experiencia en 30 años de periodista científico me coloca en una posición singular para dirigir un centro formativo de esta índole, pues conozco a fondo todas las respuestas, pretextos y coartadas que durante 200 años han empleado la homeopatía -y otras muchas disciplinas pseudomédicas- para rehuir la responsabilidad de presentar estudios controlados que validen alguna de las "leyes" de Hahnemann o la mínima capacidad terapéutica por encima del placebo de ninguno de sus preparados. Esta experiencia puede ser invaluable para cualquier institución que pretenda formar personas que finjan curar utilizando procedimientos que rechazan la totalidad del conocimiento científico de la humanidad, ampliando conceptos como "la homeopatía, por su naturaleza, no es sujeta de estudios científicos y debe ser validada por otros medios".

Igualmente, mis conocimientos en otras muchas disciplinas científicas sobre las que he trabajado como divulgador, especialmente la física cuántica, así como cuanto he hecho respecto de la historia de la ciencia y la medicina, me dan una ventaja difícil de igualar en el manejo de términos de la ciencia de modo que parezca que la homeopatía tiene alguna base. "Energías", "campo vibracional", "memoria del agua", "principio curativo", "bioelectricidad", "codificación terapéutica" y otros muchos conceptos ya existentes o producidos ad hoc pueden dar a los estudiantes una firme convicción de que están haciendo algo más que dispensar el agua y la lactosa más caras del planeta. Del mismo modo, estoy ampliamente familiarizado con todas las falacias argumentales comunes, que me permiten hacer argumentos como "la industria farmacéutica es un negocio y por tanto no cura". Algunos años actuando en teatro y televisión me permiten además el control necesario para declarar públicamente frases como la anterior sin soltar la carcajada.

Como periodista dedicado a temas de ciencia y de su opuesta, la pseudociencia, conozco a fondo los procedimientos y estrategias empleados por la homeopatía en Alemania y Francia para conseguir financiamiento y reconocimiento por parte de gobernantes ignorantes de los más elementales principios de la ciencia. Considero que tengo la capacidad de definir estrategias claras y acordes con el pensamiento de los políticos españoles para ayudar a que en un plazo muy breve la Sanidad Pública destine elevadas cantidades al pago de practicantes homeopáticos y los correspondientes preparados. Todo es tema de cabildear la "libertad" en el PP, la cuestión "tradicional-rebelde" en IU, el tema "natural contra artificial" entre los verdes y el aspecto "la gente lo quiere" ante el PSOE.

Adicionalmente a mi labor periodística reconocida tanto en México como en España, he trabajado en comunicación publipromocional, de modo que cuento con las bases necesarias para dirigir certeramente las acciones comunicacionales de la escuela para darle la notoriedad necesaria para cumplir y superar sus objetivos económicos.

Por si todo esto fuera poco, tengo una modesta pero reconocida carrera como escritor de ciencia ficción, ganador del Premio Puebla en 1984, autor de dos colecciones de cuentos y además cuatro novelas policiacas y diversos guiones de cine y televisión, todo lo cual da fe de una capacidad imaginativa que, puesta al servicio de la homeopatía, puede generar numerosas ocurrencias novedosas e interesantes merecedoras de la atención de Discovery DSalud, Cuarto Milenio y Año Cero, independientemente de que sean únicamente fantasía.

La credibilidad de la homeopatía necesita, en mi opinión, un nuevo giro, más allá de los argumentos empleados en los últimos 200 años, donde aún se puede percibir cierta ligera preocupación ética, y me precio de contar con la experiencia, los conocimientos y la capacidad necesarias para generar nuevos argumentos convincentes respecto de esta práctica.

Precisamente por haber recibido un diploma de Boiron en breves minutos de capacitación, y conociendo a fondo los programas de estudios de instituciones que han explotado la homeopatía desde hace años, como el Instituto Politécnico Nacional de México y la Los Angeles School of Homeopathy (entre muchas otras), me considero capaz de desarrollar un plan de estudios prolongado, complejo y altamente convincente pese a las bases tan escasas y simples de la homeopatía, como para crear numerosas materias de aspecto altamente serio y que cubran cualquier cantidad de años y nivel, desde el técnico hasta la licenciatura y el postdoctorado.

Espero que con todo esto quede claro que mi falta de titulación médica no es una desventaja ante la homeopatía sino antes una virtud, puesto que no se me ha indoctrinado en las aulas sobre afirmaciones relacionadas con los gérmenes patógenos, la fisiología, la genética y otras disciplinas que contradicen al maestro Hahnemann que dejó muy claro que de nada sirve investigar el origen de la enfermedad pues éste no puede conocerse (v. Organon, de S. Hahnemann).

Espero su respuesta positiva con los datos concretos de la oferta para proseguir las posibles negociaciones.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

diciembre 01, 2010

Carta abierta a la directora de la Fac. de Ciencias, UNAM

Rosaura Ruiz Gutiérrez es doctora en biología y profesora de asignatura A de la materia de biología evolutiva en la Facultad de Ciencias de la UNAM, considerada todavía la máxima casa de estudios de México y una de las principales instituciones de educación superior e investigación del vapuleado Tercer Mundo.

Como tal, y durante la Semana de la Ciencia, al final de su ponencia sobre "Una ciudad educada en ciencia", respondió a una pregunta de los autores del blog Espejo escéptico diciendo, entre otras cosas: "El conocimiento científico tiene que respetar otras formas de conocimiento. La acupuntura, por ejemplo, es un conocimiento milenario de Asia, de países como China, como Japón, muchísima gente... ellos se han curado con estas tecnologías. Creo que también tenemos que respetar las formas de conocimiento de otros grupos humanos".

Ante esto, este blog siempre a caballo, como el poema de Pedro Garfias, entre México y España, y dado que quien esto escribe pasó parte de su vida académica en la UNAM, hemos enviado el siguiente correo electrónico a la Doctora Rosaura Ruiz. Como siempre, esperamos que nos responda. Como siempre, dudamos que lo haga, como es tradicional con estas misivas que son prontamente desechadas como una molestia menor en las carreras políticas y económicas de los más diversos personajes.

Si usted quiere escribirle a la doctora Ruiz, claro, su dirección de correo es pública como las de todos los catedráticos de la UNAM y puede encontrarla aquí.

Estimada doctora Ruiz Gutiérrez,

Al final de su ponencia en la Semana de la Ciencia, usted hizo algunas afirmaciones que ameritan comentarios y preguntas, y espero que usted tenga la amabilidad de responder a este mensaje.

Como bióloga, seguramente conoce los destrozos en cuanto a conocimientos, vidas humanas y ruina de la ciencia que ocasionó Trofim Denisovich Lysenko en la Unión Soviética de Stalin, disfrazando de conocimiento ("oficial", claro) lo que no eran sino delirios ideológicos y convenencieros.

Es por ello alarmante lo que está pasando en muchos países, donde distintas disciplinas no validadas mediante evidencias (las mismas evidencias que usted seguramente demandaría para aceptar cualquier afirmación sobre fisiología celular o la existencia de una nueva especie) están siendo convertidas en "conocimiento" y "ciencia por decreto" gracias a la ignorancia de los gobernantes. Y en vez de combatir este ataque de la anticiencia, la antiinteligencia, la superstición y el embuste brujeril, usted parece convalidarlo.

Afirmó que "el conocimiento científico tiene que respetar otras formas de conocimiento". Esta afirmación, tan amable y en apariencia tolerante tiene muchos problemas. El conocimiento científico no está para respetar, porque no es una persona. Otra cosa es que los científicos, que no son "el conocimiento" respeten otras formas de conocimiento, como el derecho romano, la interpretación violinística y la gimnasia rítmica. Pero cuando esas "otras formas" entran en el terreno de la atención de la ciencia (es decir, hacen afirmaciones sobre el mundo físico y relaciones causales comprobables), no se trata de "respetarlas", sino que deben ser sometidas a validación experimental como cualquier otra afirmación, hipótesis u ocurrencia.

Dice usted que la acupuntura es un "conocimiento milenario" que viene de Asia. Esto no lo valida como conocimiento. Es en realidad una "superstición milenaria" del mismo cuerpo de supersticiones pseudomédicas y precientíficas, la creencia de la "medicina tradicional china", que afirma que el hueso de tigre "cura" los dolores de las articulaciones, y en aras de supersticiones similares e igualmente no probadas se están extinguiendo especies enteras.

La acupuntura parte de una serie de creencias supersticiosas sobre una energía (chi) cuya existencia no está demostrada, que se supone que corre por unos "meridianos" o canales fisiológicos que nadie ha observado nunca. Afirma que la enfermedad se causa cuando se "interrumpe" o "desequilibra" el flujo del "chi", y que la salud se recupera cuando se desobloquea el flujo del chi por los meridianos con una aguja.

Nada de esto es "conocimiento", doctora Ruiz, y presentarlo como tal es engañoso. Es una serie de supersticiones milenarias como otras tantas de diversas culturas precientíficas, y todo intento por validarlas científicamente ha sido inútil. Ni chi, ni meridianos, ni flujos ni, sobre todo, curaciones. Una superstición elevada a la calidad de conocimiento por decreto de Mao Zedong para la visita de Nixon.

Porque usted dice: "ellos se han curado con estas tecnologías", y no hay ni un solo estudio científico serio que diga que la acupuntura "cura" nada. Todo intento por demostrar un efecto terapéutico en esta práctica ha sido inútil: la acupuntura tiene una efectividad similar al placebo, es decir, que durante un tiempo un porcentaje pequeño de pacientes se siente mejor aunque no se cure. Cualquier búsqueda que haga en publicaciones científicas serias (no los falsos "Journals" de "medicina alternativa", claro) al respecto corrobora esto. La acupuntura no "cura", sino que tiene efectos sintomáticos de placebo en situaciones de dolor, malestar vago, etc., como lo corrobora el más reciente estudio al respecto.

Me gustaría conocer su opinión respecto de estos hechos. No podemos confundir conocimiento con creencia, y el que un gobierno cualquiera pretenda convertir en conocimiento por decreto creencias no validadas como la acupuntura y la homeopatía, y despilfarrar los escasos fondos públicos en el pago de brujos con ínfulas debe ser preocupación de todos siempre, y más en tiempos de crisis.

Espero que rectifique usted públicamente su posición en favor del conocimiento real (a diferencia de la superstición), de la imagen de la Facultad de Ciencias, de la imagen de la UNAM y de la lucha contra la ignorancia, las pseudociencias y la manipulación de la ignorancia.

Atentamente,

Mauricio-José Schwarz
Premio Nacional del Club de Periodistas de México 1997

Como siempre, aquí relataremos lo que nos conteste la doctora. Si no relatamos nada es porque no contestó, claro.

septiembre 26, 2010

A mí me funciona

Virtulinda y los elefantes

Cada media hora, más o menos y esté donde esté, la tía Virtulinda suelta sin previo aviso un aullido desgarrador, aletea entusiasta varias veces, se mete cuatro dedos en la boca y silba el tema de la Obertura 1812 de Tchaikovsky (en riguroso mi bemol) antes de imitar el ruido de arranque de un tren mientras da tres vueltas sobre el dedo gordo del pie derecho con los ojos en blanco, al cabo de lo cual continúa la conversación como si no hubiera acontecido nada digno de mención, aunque los visitantes no advertidos suelen quedar en estado lamentable y más de un infarto al miocardio se le ha atribuido a la singular práctica de Virtulinda. Cuando se le pregunta por qué desarrolla esa inquietante sucesión de actividades, Virtulinda explica que es  para ahuyentar a los elefantes. Por supuesto, uno comenta que en Cozumel, donde vive y realiza su performance la tía Virtulinda, no hay elefantes, ante lo cual ella esboza una amplia y satisfecha sonrisa de "deber cumplido" y sentencia: "Funciona, ¿lo ves?"

La tía Virtulinda está absolutamente convencida de que "a ella le funciona" el aleteo,el silbido, el tren y las vueltas, y que esas acciones, en ese orden, son las responsables de que la paradisíaca isla del Caribe mexicano no sufra de una peligrosísima plaga de elefantes rondando por sus modestos 647 kilómetros cuadrados de superficie.

Es imposible convencer a Virtulinda de que la ausencia de paquidermos en la isla se podría deber a otras causas. Y, por supuesto, no está dispuesta a realizar el obvio experimento de suspender sus ruidos y meneos a ver si su ausencia se traduce en la aparición súbita de una manada de elefantes en Cozumel, ya fuera africanos, asiáticos o de peluche.

Y si usted le dice a Virtulinda que no hay pruebas de que sus desfiguros mantengan alejados a los elefantes, lo azotará con el látigo de nueve colas de su desprecio o, si amaneció con la ciática, lo azotará con la sartén grande, certeramente aplicada al punto anatómico donde se encuentran el parietal, el temporal y el occipital, mismos que nunca más se volverán a encontrar, dejándole bastante estropeado el gabinete de los pensares.

Cuando se habla de supuestas prácticas curativas o terapéuticas, suele llegarse a un punto en que, confrontado el creyente con el hecho de que no existen pruebas, evidencias, estudios o validaciones sólidas para la práctica que le entusiasma, sea la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica o los sacrificios de corderos a Apolo, procede a quitarle importancia a ese detalle diciendo: "A mí me funciona".

O sea, esta persona no necesita ni desea pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, bioquímica y fisiología, eficacia, toxicidad, riesgos varios, etc., porque considera que ya tiene una prueba suficiente: la de su propia experiencia. Con similar frecuencia, cuando alguien expresa dudas sobre la eficacia de una práctica curativa, especialmente tratándose de algunas singularmente descabelladas como el reiki, la aromaterapia, la cromatoterapia o la homeopatía, en vez de hablarse de estudios, evidencias, pruebas clínicas, etc., el proponente solicita al crítico que experimente por sí mismo la práctica curativa, convencido de que, al sentirse curado, el crítico dejará de lado también la necesidad o deseo de contar con pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, funcionamiento, eficacia, riesgos, etc.

De "La pulga snob" de Andrés Diplotti

Una lógica aplastantemente equivocada

¿Qué cadena de acontecimientos lleva a que alguien diga "a mí me funciona" respecto de tal o cual práctica supuestamente curativa?

En primer lugar, la persona tiene una enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe al que llamaremos "A". "A" puede haber  sido diagnosticado con las más recientes técnicas médicas o, cosa bastante frecuente, puede haber sido diagnosticado por la propia persona que lo padece, la vecina del dieciséis, la comadre Matatena, la tía Válamedios, una señora en la cola de la compra, un actor en horas bajas en televisión o un pseudomédico con un título obtenido por Internet y en 15 minutos (como el título de especialista en medicina homeopática que tiene este blog y que ha conseguido también mi perro Teko, can pionero si los hay). Ante este diagnóstico ya de por sí dudoso, la persona consume un producto o realiza una acción o se somete a un proceso supuestamente terapéutico a los que llamaremos "B", y que pueden ir desde el consumo de heces de cabra (remedio esencial de la "medicina" ayurvédica) o de pildoras de azúcar sin nada más que azúcar, hasta que le pasen por encima un puro de hierbas malolientes (la tal "moxibustión" china) o incluso trasladarse a París para que un actorcillo con el seso en situación de desamparo le apriete fuertemente los testículos (remedio que según el actorcillo en cuestión, Alejandro Jodorowsky, es eficacísimo para algo, creo que el tartamudeo). Pasado un tiempo no demasiado preciso, la persona siente que ha disminuido o ha desaparecido su enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe, dice que se ha curado, a lo que llamaremos "C".

Al decir "a mí me funciona", la persona expresa la absoluta convicción de que el efecto C es producto, resultado, consecuencia y efecto de B sobre A. La acción B ha causado que A desaparezca y por tanto es curativa. Asunto concluido.

El problema, claro, es que esa lógica no es tan sólida como podría parecer a primera vista. Aunque se presente con frecuencia acompañada de una pasión vociferante y farisaica, casi religiosa y de un entusiasmo un poco exagerado.

La misma lógica se usa en situaciones como la siguiente:

Mal de ojo y brujería

El niño N está sano, un día lo mira el vecino V y poco después el niño sufre una dolencia E. La conclusión de la lógica que vimos en el "a mí me funciona" es que la dolencia E fue causada o provocada por la mirada del vecino V.

¿Le parece increíble? No lo es. Es el supuesto "mal de ojo" y, por supuestamente causarlo, se ha linchado a una buena cantidad de seres humanos inocentes a lo largo de la historia. Un niño que tiene diarrea, que llora, etc., se considera con frecuencia (hoy en día y también en la Europa siglovigesimoprimérica, no en el pasado y entre tribus paleolíticas) víctima del mal de ojo, y los diarios e Internet están pletóricos de personas dispuestas a explicarnos el mal de ojo, enseñarnos cómo curarlo y hasta cobrarnos por curarlo. Mire aquí, aquí, aquíaquí o aquí sólo como ejemplos, hay literalmente cientos de miles, quizá millones de páginas en Internet que consideran que el mal de ojo es algo real.

Y no es que la gente que cree en el mal de ojo sea tonta. Como quien cree en la homeopatía, la acupuntura o cualquiera de los cientos de disciplinas pseudoterapéuticas a nuestro alcance y que quieren hurgar en nuestros bolsillos, simplemente usan una lógica incorrecta a la que le dan un valor muy superior al que tiene. Y los beneficiarios del cuento, los que hurgan en los bolsillos del inocente y se apropian los euros, no tienen ninguna intención de que aprendan una mejor lógica.

Razonablemente podemos decir que, vamos, a los niños les da diarrea continuamente, y lloran sin motivo hasta llevar a sus padres al borde de la locura y un poquito más allá, y que  las causas de la diarrea son muchísimas, no todas debidamente conocidas, y que muchas veces la diarrea se cura sola y que la diarrea y la mirada del desconocido simplemente han coincidido sin que una cause a la otra.

Y también puede serlo el que alguien se sienta mejor después de un pseudotratamiento no médico.

Si teníamos un sembradío en buenas condiciones y un día veíamos que pasaba la vecina tuerta solterona que tenía al gato negro y resultaba que poco después sufríamos una plaga y perdíamos la cosecha, no era infrecuente que la vecina tuerta fuera acusada de practicar la brujería y en no pocas ocasiones ejecutada con pocos miramientos.

El hecho de que una cosa ocurra después de otra no significa que sea causada por ella.

Claro que podemos decir que el paseo de la vecina tuerta y la plaga de la cosecha son una simple coincidencia, y evitarle a la mujer la pena de ser juzgada y condenada por bruja simplemente por decidir una relación causa-efecto que realmente no es nada fiable.

Y también puede serlo que alguien mejore después de un pseudotratamiento médico.

La falacia y la prueba

A este error se le conoce en lógica como falacia "post hoc, ergo propter hoc", latinajo que significa "después de esto, por tanto a consecuencia de esto" y que se ve mejor escrito así:


El no tener claras las causas de algo es una forma de pensamiento mágico a la que habitualmente le llamamos superstición, es decir, le atribuimos un efecto a una causa que nos parece "lógica" o simplemente nos gusta. O nos dijeron que funcionaba.

A nuestro alrededor encontramos numerosas supersticiones que caen en esa falacia: futbolistas que un día que se pusieron los calzoncillos al revés marcaron un gol, y ahora se ponen los calzoncillos al revés en todos los partidos, sin que les afecte el hecho evidentísimo de que no marcan goles en todos los partidos.

El necio que sólo ve una de las posibles causas, ya no busca más explicaciones. Cree tener una explicación correcta sobre el origen del resultado y no se plantea siquiera la posibilidad de equivocarse. Su visión cerrada, para remate, suele acompañarse con la queja de que el crítico "no tiene la mente abierta" a su cerrazón de miras, y a su afirmación sin bases y de lógica achurruscada e inútil.

Esta forma de pensar nos hace llegar a conclusiones tajante aunque en realidad no tenemos datos suficientes para sostenerla. El que nuestro estado de salud mejore después de una práctica pseudoterapéutica no demuestra que ésta haya sido la causa de la mejoría. Hay muchísimos elementos que podrían afectar el resultado, entre ellos el que estemos tomando medicamentos basados en evidencias al mismo tiempo que realizamos la práctica mágica, un cambio en el clima, el que dejemos de usar una prenda de ropa que nos provoca reacciones, lo que comemos o dejamos de comer, la calidad del aire, la presión atmosférica, nuestro estado de ánimo, la temperatura ambiente y hasta un fenómeno muy sencillo que tiene el complicado nombre de "regresión estadística", que nos dice que cuando existe un estado extremo, lo más probable es que se regrese a la situación media anterior. Por ejemplo, cuando estamos muy enfermos, lo más probable no es que empeoremos infinitamente, sino que nos sintamos mejor, asunto que sin conocerlo aprovechan muy bien numerosos vendedores de curaciones más que dudosas.

Otro elemento que es probablemente el más común es que la enfermedad corre su curso normal y desaparece como lo hacen la enorme mayoría de las afecciones. En los sitios pseudomédicos no es raro encontrarse con testimonios del tipo: "tuve gripe durante la mayor parte de una semana, pero después de unos días me sentí mejor gracias a que tomé (pócima X)". Pues no, con o sin la pócima X, el curso normal de una gripe es de una semana, donde los primeros días nos sentimos especialmente mal y luego vamos mejorando. Con o sin medicina, homeopatía, acupuntura o estridentes cantos a Changó, las gripes duran más o menos una semana.

Luego no podemos descontar las defensas de nuestro propio cuerpo. Salvo casos de especial gravedad, nuestro cuerpo se las arregla bastante bien para enfrentar y contrarrestar las enfermedades. Nuestro cuerpo tiene un complejo y bien afinado sistema inmunitario que reconoce y combate agentes patógenos (productores de enfermedades) de todo tipo, todo el tiempo. Mientras usted lee esto, las células NK de su organismo están destruyendo células infectadas por virus. Usted tiene esos virus, y bacterias, y protozoarios y células cancerosas, y procesos tóxicos de distinto tipo, y ni se entera, sigue feliz mientras sus glóbulos blancos se baten valerosamente, hasta el día en que su sistema inmunitario pierde una batalla y usted se siente mal, y busca ayuda.

Así que creer que una práctica determinada causa la curación de una enfermedad es, sin más, una superstición. ¿Cómo sabemos realmente qué es lo que causa, y en qué medida, una curación? El progreso logrado en el conocimiento del universo se lo debemos precisamente a que hemos ido conociendo las limitaciones de nuestra lógica y creamos un procedimiento (llamado "método científico") diseñado para reunir conocimientos más eficazmente y someter a prueba diversas hipótesis hasta dar con la que mejor describe los hechos. Hechos como la plaga que se cargó nuestra cosecha, la diarrea del niño y la curación o mejora que experimentamos. Sólo estudiando con una lógica adecuada los hechos podemos decir con certeza que una diarrea está causada por una salmonela y no por el mal de ojo, y que se cura con el tiempo o, en casos muy graves, con antibióticos, pero no con arsénico como creen los homeópatas.

Igualmente, tenemos el problema de que hasta los más apasionados proponentes de alguna pseudoterapia aceptan que puede existir la curación C sin que se presente la supuesta causa B. Y sin embargo, pese a ello, siempre consideran que en su caso por supuesto que la causa fue B, aunque en otros pudiera pasar algo distinto. Y la mayoría de las veces no se dan cuenta de lo contradictoria y terriblemente interesada y egolátrica que es tal visión del mundo, además de carecer absolutamente de todo rigor.

Las afirmaciones como "tienes que creerlo porque yo lo he experimentado personalmente, me funciona, yo lo he visto" pertenecen a la clase de falacias (errores de lógica) llamadas "evidencia anecdótica" y no tienen ningún valor probatorio.

Esto con frecuencia enfurece a los creyentes.

Su furia se debe a que olvidan que hay gente que afirma "a mí me funciona" respecto de las afirmaciones más extrañas y descabelladas.

El asunto no es trivial, en lo más mínimo. Cuando uno está ante dos (o más) explicaciones del mismo fenómeno, necesita tener un procedimiento fiable, de eficacia demostrada, para poder evaluar correctamente cuál es la explicación más ajustada a la realidad.

Es decir, cuando desapasionadamente vemos los hechos, resulta que en el proceso que va de A, la aparición de la enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe a C, la curación, han ocurrido muchas cosas, y ello nos plantea más preguntas que respuestas.


Para encontrar la verdadera causa de la curación C, lo que tenemos que hacer es investigar con seriedad el asunto. Estudiar a muchos enfermos que hayan padecido A, para ver cuál es el proceso normal de la enfermedad y a cuáles causas suele atribuirse. Podemos, por ejemplo, encontrar a personas que tengan la enfermedad A y, manteniendo controladas todas las demás posibles causas de una curación, hacer que la mitad de ellos se someta a los efectos de B (sustancia, práctica, ritual, etc.) y la mitad se enfrente a la enfermedad sin ayuda. Si resulta que los dos grupos se curan más o menos igual, podríamos decir que no es cierto que B cause la curación C. Aunque alguien crea que le funciona. Los estudios se hacen varias veces para asegurarnos de que el resultado no sea una coincidencia. Si B funciona, podemos empezar a ver qué dosis de B basta para, sin afectar demasiado al enfermo, provocar la curación. Si no funciona, hacemos lo mismo con C, D, E y demás.

A esto se le conoce como método científico. Simple y llanamente. Es una forma ordenada de obtener un conocimiento más fiable que el "a mí me funciona", "me dijeron", "tiene una larga tradición" o cualquier otro sistema de los que han fracasado estrepitosamente a lo largo de los milenios.

El método científico nos permite evaluar todas las posibles causas de un efecto hasta encontrar las que son, efectivamente, las responsables de tal efecto.

Más importante aún, este procedimiento nos permite averiguar cuándo y a quién "le funcionan" realmente algunos remedios. El medicamento ideal para doña Dietilamida Malamañana, rotunda diabética de 48 años, 40 de ellos sin hacer ejercicio más agotador que levantarse por la mañana, 120 kilos al ecuador, el colesterol tan alto que los aviones tienen que darle vuelta, intolerante a la lactosa y en un proceso menopáusico de 8 grados en la escala de Richter podría no ser el remedio adecuado para Aerobindo Maratones, esbelto deportista de 66 kilos, 23 primaveras, las hormonas en estado de alerta roja, un estómago capaz de digerir piedras y un habitual consumo de cerveza de tales proporciones que le han puesto una estrella con su nombre en la Oktoberfest.

El "a mí me funciona", pues, incluso en las pocas ocasiones en que fuera cierto, no es garantía de que "le funcione" a nadie más y por tanto no es razonable, sano ni cuerdo el que la gente intercambie recetas con base en el dudosísimo "a mí me funciona".

Vamos, si usted no le haría caso a su tío Frumencio, de profesión taxista, si le explicara cómo debe construir su casa o cómo hacer para reparar la red de ordenadores/computadoras de su oficina... ¿por qué le hace caso cuando le dice, injertado súbitamente en médico, que tome infusiones de hierba de nomejodas porque es buenísima para el reflujo y a él le funciona?

Ahora pregúntese usted por qué los vendedores de agua destilada (que gustan que les llamen "homeópatas" y hasta "médicos homeópatas"), los que creen en la magia de unas agujitas que afectan una energía que nadie ha visto (y que prefieren ser llamados "acupunturistas" y hasta "médicos acupunturistas"), los tuercecuellos que año tras año dejan paralíticos a muchos inocentes con sus violentas "correcciones" (a los que les gusta ser conocidos como "quiroprácticos") y otros sacacuartos que se dejaron la vergüenza en los otros pantalones y que no saben de medicina más que el tío Frumencio no quieren someter sus filfas a una comprobación con un método científico y fiable.

Siempre habrá alguien a quien "le funcione" cualquier tontería. Si le reza a Santa Tecla y se cura, supondrá que el rezo le funcionó. Si se toma una pócima de pelos de perro y ojos de sapo, supondrá que ésa fue la cura... Y como de la mayoría de las enfermedades nos curamos sin ayuda (con mayor o menor incomodidad), cualquier cosa puede parecer funcionar  para mayor gloria de los que venden cosas no probadas.

Y claro, por eso pasan los berrinches que pasan los pseudomédicos, charlatanes, curanderos y vendedores de humo imaginario cuando pese a su reticencia, sus afirmaciones acaban poniéndose a prueba y resulta que no funcionan mejor que un placebo, es decir, un falso medicamento que sólo sirve para complacer (de allí el nombre) al paciente.

Y contundentemente, a día de hoy, ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni la quiropráctica, ni las flores de Bach, ni el reiki, ni la chorromedicina ortomolecular, ni ninguno de los miles de delirios que inventan a diario los vagos que no quieren trabajar han demostrado servir para nada.

Salvo para mantener a los vagos que se agarran al "a mí me funciona", siempre confiados en que al que "no le funcione" tampoco va a hacer demasiada alharaca, claro.

Y todo esto sin meternos, esta vez, con los horribles peligros de estas prácticas, las muertes, el dolor y la desesperación que siembran a su paso.

septiembre 04, 2010

¿Estudiar homeopatía?

"A mí me parece bien que haya homeópatas, siempre que les paguen con un céntimo de euro disuelto en diez litros de agua por sesión..."
Elena Clemente.

Más de una persona se ha molestado porque una gran cantidad de blogueros, periodistas, simples internautas y, por supuesto, mi perro Teko, hemos llevado a cabo el curso que ofrece la multinacional del agua destilada Laboratorios Boiron para hacernos con nuestro título de especialistas certificados en homeopatía.

Estas personas, incluido más de un homeópata, consideran que esto es una burla.

Y es cierto.

La pseudomedicina no es sino una burla. Y entre las burlas pseudomédicas, la homeopática es una de las más escandalosas. Y crueles. Y peligrosas. Y desvergonzadas. Y mortales.

La presentadora de La buena tarde, Partricia Serna, donde hago la sección Café Leonardo los viernes a las 17:45 en la Radio del Principado de Asturias (discretísima publicidad, ya ve usted), me preguntaba si realmente se podía aprender homeopatía en 10 minutos. Y yo explicaba que no, que en realidad no se necesita tanto tiempo porque no hay nada qué estudiar. Dos o tres minutos y la capacidad de leer una farmacopea homeopática (un librito de pócimas que dice qué mejunjes se aplican a qué síntomas) y ya sabe usted tanto como cualquier homeópata millonario con un par de docenas de muertos a sus espaldas y una impunidad del tamaño de la pirámide de Keops.

Me explico: un médico tiene que estudiar muchísimas cosas porque su disciplina considera que el cuerpo humano y sus procesos, incluidas las enfermedades, son parte del universo real y objetivo, se rigen por las leyes que conocemos del universo y se pueden modificar y controlar (e incluso sanar) mediante el conocimiento y aplicación de dichas leyes. Debe conocer la mecánica del cuerpo, su funcionamiento (fisiología), sus interacciones químicas, a los muchos agentes patógenos que existen y las formas de enfrentarlos. Y además no cree en la magia.

Un homeópata no. Considera que el cuerpo humano no puede ser conocido (Nota 1) y no vale la pena meterse en esas honduras. Después de todo, lo único que importa son los síntomas (Nota 2).

(Sí, sí, que ya sé que a usted le cuentan que la homeopatía "trata la enfermedad y no los síntomas", pero eso es solamente una frase publicitaria que no tiene que ver con la realidad. Como cuando le dicen que la homeopatía y otras pseudoterapias "tratan a todo el ser humano y no sólo a una parte", que suena muy bonito, aunque los pseudoterapeutas sepan que es mentira porque no se puede tratar un organismo que no se conoce, y no se conoce porque les da igual para efectos de sus conjuros mágicos, y si usted tiene una verruga en la oreja, ponerse a tratarle el dedo gordo del pie es una pendejada homérica.)

El homeópata no estudia el cuerpo porque le tiene sin cuidado, no sabe de química, no cree siquiera en la química (donde el aumento de una sustancia aumenta su efecto, mientras que en la superstición homeopática las cosas se vuelven más potentes al reducirse su cantidad), no acepta que haya gérmenes patógenos, infecciones, desarreglos genéticos, problemas fisiológicos, alteraciones causadas por el medio ambiente, etc. A cambio cree en la magia: que la enfermedad es solamente un trastorno de la fuerza vital causada por tres miasmas (sí, todas las enfermedades son causadas por tres miasmas, solamente) y se cura cuando el agua lleva la magia de la sustancia curativa (de la cual no contiene ni una molécula) al cuerpo. Hay libros (farmacopeas) que le dicen qué recetar para cada síntoma, sin importar la causa del síntoma. Y los laboratorios homeopáticos le suministran agua mágica y píldoras de lactosa mágicas que creen que contienen la esencia curativa mágica de unos 3 mil supuestos remedios. Sin conocer el cuerpo humano, sin ocuparse de los procesos de la enfermedad, sin química, fisiología, anatomía, riesgo de demandas por malapraxis y otras cosas connaturales a la práctica médica.

Y sin actualizarse. Cada semana, las revistas médicas publican volúmenes asombrosos de estudios, investigaciones, confirmaciones o refutaciones de estudios anteriores sobre los más diversos aspectos del ser humano, del que sabemos todavía demasiado poco. El homeópata no tiene ese problema. Considera que ya lo sabe todo, desde hace 200 años, y por ello la homeopatía ni siquiera realiza investigaciones sobre nuevas afecciones. Todo está en el libro de pócimas del abuelo Hahnemann.

(Que sí, hombre, sí, ya sé que los homeópatas suelen decir que estudian muchos años de medicina y homeopatía para poder poner sus despachos y engatusarlo, sí. Pero si la estudian, procuran olvidarla rápidamente, porque la medicina de verdad, basada en evidencias científicas, es totalmente incompatible con la homeopatía. Es como si usted estudia la carrera de astronomía y un doctorado en cosmología para acabar vestido de lentejuelas haciendo horóscopos en un gabinete con incienso... hace falta mucha caradura para decir que los horóscopos tienen algo que ver con sus estudios de cosmología, y más para decir que la homeopatía tiene que ver con los estudios de medicina.)

No hay nada qué estudiar, pues. Aprenda a repetir algunas paparruchas inventadas hace 200 años por Samuel Hahnemann, recete por síntomas, esté tranquilo que todo lo que sus víctimas consumen es agua y lactosa, y póngase a desplumar incautos.

Cosa que no hará mi perro Teko, porque él sí es honesto.

_________________________________________
Notas:
1 La misión del médico, dice el fundador de la homeopatía Samuel Hahnemann en la primera página de su libro Organon, que sigue siendo la biblia homeopática sin que haya habido avances notables desde entonces: "no es, sin embargo, construir supuestos sistemas, entretejer especulaciones e hipótesis vacías respecto de la naturaleza interna esencial de los procesos vitales y el modo en el que las enfermedades se originan dentro del organismo, (en lo que tantos médicos han hasta ahora desperdiciado ambiciosamente su talento y su tiempo), ni lo es el intento de dar incontables explicaciones respecto de los fenómenos en las enfermedades y su causa inmediata (que deben para siempre permanecer ocultas)..."

2 En la misma primera página, nos dice Hahnemann: "Para el médico, la enfermedad consta sólo de la totalidad de sus síntomas".

agosto 28, 2010

Antivacunas y consecuencias

Si le molestan las fotos que ilustran esta entrada, espero que también le moleste la idea de que hay millones de niños en peligro por la actividad de un grupo de irracionales "antivacunas", un grupo de personas habitualmente sin conocimientos sólidos sobre las bases de la vacunación, la composición y seguridad de las vacunas, que sin base científica alguna, sin ningún dato, sin ninguna prueba, afirman que las vacunas provocan graves problemas de salud a los niños, especialmente autismo.

Niña de Bangladesh con viruela (1973).
La viruela fue la primera enfermedad
erradicada (1977) gracias a las vacunas.
En 1967 causó dos millones de muertes.
Ningún estudio realizado con honestidad y según los protocolos adecuados ha podido hallar ninguna correlación entre las vacunas y el autismo o ningún otro problema de salud de los que hablan los antivacunas. Hubo un estudio que indicaba que había una correlación entre la vacuna MMR y el autismo, pero dado que todo intento por replicarlo fue infructuoso, pues nadie más pudo obtener los datos que Andrew Wakefield aseguraba haber obtenido, fue sometido a investigación. Finalmente, el investigador quedó totalmente desacreditado al descubrirse que su protocolo había sido incorrecto y los datos falsificados, y el Colegio Médico Británico dictaminó que era "deshonesto e irresponsable" habiendo exhibido una mala conducta científica, además de ocultar que tenía un conflicto de intereses, ya que sus estudios fueron pagados por padres que creían que sus hijos habían sido afectados por la vacuna. El artículo fue retirado por la revista The Lancet y a Wakefield se le quitó la licencia para ejercer en Gran Bretaña.

Si los antivacunas siguen adelante desvirtuando los hechos y provocando el pánico, las fotos y el vídeo serán realidad para millones de niños en todo el mundo. Téngalo presente. En países como Inglaterra, Estados Unidos y Japón, la caída en el número de niños vacunados está provocando el regreso de estas enfermedades.

Las vacunas, como todo en este mundo, todo, tienen riesgos y nadie ha dicho lo contrario. Nuestras decisiones habitualmente se toman evaluando los riesgos y beneficios de una acción. Si salimos de casa, tenemos una probabilidad de morir en un accidente de tráfico, atropellados o en una colisión. Sin embargo, si no salimos de casa no trabajamos, no compramos alimentos y morimos de hambre con un 100% de probabilidad.

Al vacunar a nuestros hijos, sabemos que pueden tener una reacción negativa, por ejemplo, dolor en el lugar de la vacuna, comezón o una leve fiebre. Y tienen una probabilidad entre 1 millón de sufrir una reacción alérgica grave. Sin embargo, su riesgo real según las estadísticas es infinitamente menor del que aseguran que corre los antivacunas. En cambio, si no se vacuna, tiene muchísimas más probabilidades de sufrir una enfermedad. Y que esa enfermedad le cause la muerte. De eso sí hay datos abundantes por ejemplo en este informe.

Pero, más allá de los datos, uno de los problemas más claros es que hoy, a diferencia del pasado, la mayoría de nosotros no vemos niños con sarampión, paperas, tosferina y otras enfermedades que se habían vuelto altamente infrecuentes gracias a las vacunas, y que están volviendo en forma epidémica en los países donde los antivacunas están más activos con su propaganda de miedo, pero sin datos.

Si usted vacuna a sus hijos, pues, puede evitarles la tosferina. Si no los vacuna, los expone a un mucho mayor riesgo de verse contagiados por la tosferina. ¿Qué es la tosferina? Es esto:


Aunque los antivacunas no quieran creerlo, la viruela fue erradicada gracias a las vacunas, y miles o millones de personas han salvado la vida o evitado enfermedades aterradoras gracias a las vacunas: poliomielitis, varicela, difteria, paperas, rubéola... enfermedades que estaban casi derrotadas y que hoy tienen como poderosos aliados a promotores del miedo que al no poder dar pruebas, dan propaganda para que usted olvide que el ser humano ha logrado evitarlas.

Enfermedades como la difteria:


... la poliomielitis:

Niño poliomielítico en la India

Niños afectados por la polio en la
República Democrática del Congo

... la rubéola:

Lesiones causadas por la rubéola

Cataratas infantiles, daño
secundario de la rubéola


... el sarampión:


... el tétanos:



... la varicela:

agosto 16, 2010

¿Todo cura el cáncer?

Como comentaba en la entrada "Alternativa... ¿a qué?" (que por cierto fue mi debut en el colectiblog Amazings, excelente punto de partida para conocer a los mejores blogueros de ciencia y razón crítica de España), una de las características más peculiares del mundo de las creencias pseudomédicas es que sus adeptos son capaces de creer todo tipo de afirmaciones contradictorias entre sí sin que les estalle la cabeza o se les funda la médula espinal, lo cual no deja de llamar la atención.

Una mirada desapasionada al alternativismo pseudomédico no puede sino asombrar a cualquiera que no comparta de entrada la idea de que el método científico queda invalidado y es rechazable porque los médicos no son perfectos y las empresas farmacéuticas son empresas capitalistas con todos los defectos del capitalismo. Y que no crea también, por supuesto, que si hay que dudar de la medicina científica y basada en estudios, evidencias y confirmaciones, hay que aceptar ciegamente y sin duda alguna cualquier idea relacionada con la salud, cualquiera, que se le ocurra a cualquier cantamañanas, cualquiera, siempre y cuando sea convincente, simpático, agradable y muestre una dosis generosa de victimismo ("me persiguen los malvados médicos, científicos y políticos corruptos") y de mesianismo ("me juego la vida por su salud, porque tengo la verdad agarrada de las joyas de la familia y la difundiré porque los amo") cobre lo que cobre y careciendo de toda prueba, evidencia, indicio, indicación, rastro o fundamento para suponer que no está mintiendo.

Una aproximación al cáncer (que no es una enfermedad, sino una clase de enfermedades, algunas muy distintas entre sí) nos muestra que, según los alternativistas, puede curarse con:


Evidentemente, nadie puede probar en su propio cuerpo o cáncer (o en el de un ser querido) todas estas supuestas terapias a ver si le atina a "la buena", por muy desesperado que esté. Evidentemente no todas las cosas arriba indicadas pueden ser eficaces curaciones mágicas contra el cáncer.

Si visita algunas de las páginas referenciadas arriba, verá que lo único que comparten todas es la afirmación de que todas son perseguidas por la medicina "oficial" (sea lo que sea eso). Y sin embargo la medicina "oficial" (sea lo que sea eso) no consigue reprimir a ninguna, lo cual no deja de ser curioso cuando se presenta a la medicina "oficial" (sea lo que sea eso) como un ente más poderoso que Supermán con un injerto de Hulk.

Visto esto, emprendimos una serie de búsquedas al azar relacionando las más diversas palabras con el emocionalmente cargado término "cáncer" y el resultado fue, cuando menos, alucinante: las fresas, las nueces, las bayas de goji, las espinacas, la fruta de la pasión (maracuyá), el polvo de curry, el romero, las almendras, la patata, el plátano, el limón, el aguacate, la ortiga... no hubo un solo alimento de origen vegetal que hayamos buscado que no resultara que según alguien cura del cáncer o cuando menos lo evita.

Si tomamos así algo de lechuga y le añadimos aceite de olivavinagre, pimienta negra, tomate y cebolla, tenemos una ensalada mixta común y silvestre que para la banda pseudomédica es algo así como una bomba nuclear anticáncer. Lo que dejaría la pregunta de por qué nos da cáncer si comemos ensalada... o lo que sea, pues según los alternativeros prácticamente todo cura el cáncer o lo evita, con excepción, claro de los tratamientos científicamente desarrollados y probados día tras día en todo el mundo. Ésos no curan el cáncer, nos dicen.

Ahora, pongámonos en la piel de un alternativista enfrentado a esta colección de afirmaciones. Todos los que hemos anotado (y muchísimos más literalmente cientos) ofrecen la cura del cáncer.

Simplemente por probabilidades y porque la especie humana es como es, podemos pensar que al menos algunos de estos procedimientos son falsos, y algunos incluso fraudulentos (es decir, el que los vende sabe que nos está camelando, pero le importa más su bolsillo que nuestra vida), aunque muchos fueran realmente eficaces para curar el cáncer.

Así, el alternativista acucioso tendría que encontrar una forma de separar la verdad de la mentira y el error.

¿Qué hacer para saber si algo cura el cáncer?

Bueno, experimentar con personas es un poco bruto, sobre todo como punto de partida. Pero se puede, primero, encontrar si hay una relación estadística relevante entre el uso de alguno de estos procedimientos y la inmunidad al cáncer.

A continuación, habría que tomar las que parecen tener una relació con la curación del cáncer y ponerla a prueba en el laboratorio, es decir, usar animales o tejidos cultivados cancerosos y ver si el uso de estos procedimientos cura o no el cáncer en animales como las ratas o en tejidos.

Si algunos de estos procedimientos dieran resultados positivos, se podría empezar a pensar en ciertos estudios que se podrían hacer con voluntarios humanos, cuidando tener controles adecuados para que las expectativas y percepciones de la gente y de quienes los atienden no afecten los resultados, para lo cual habría que hacer una prueba de las llamadas "de doble ciego", donde ni los pacientes ni los que los atienden saben si realmente la persona se está, digamos, azotando con ortigas reales o con un sustituto que parece ortigas pero no lo es, que sería un "placebo".

O sea, el alternativista, que odia a la ciencia, a los científicos, a la razón, al rigor experimental y a todos los que practican estas cosas horribles, tendría que usar el mentado "método experimental", parte del odiado "método científico", como única, única forma de determinar cuál o cuáles de todas las afirmaciones de cura del cáncer es verdadera, o ninguna.

Y ése es el problema ante el que siempre chocarán: que para determinar la validez de las afirmaciones de sus gurús, pseudomédicos, doctoryuyus, chamanes, brujos o hechiceros tienen que hacer precisamente lo que nos permite saber, por ejemplo, que en un porcentaje de casos la cirugía y la quimioterapia curan el cáncer de ovarios. Lo sabemos con certeza.

Lo otro no lo sabemos con certeza porque los gurús, pseudomédicos, doctoryuyus, chamanes, brujos o hechiceros no quieren usar métodos adecuados para poner a prueba sus afirmaciones.

Y entonces, confiar en una ensalada común y corriente para evitar el cáncer, o en azotarse con ortigas para curarlo, no es precisamente una estrategia recomendable.