setiembre 04, 2010

¿Estudiar homeopatía?

"A mí me parece bien que haya homeópatas, siempre que les paguen con un céntimo de euro disuelto en diez litros de agua por sesión..."
Elena Clemente.

Más de una persona se ha molestado porque una gran cantidad de blogueros, periodistas, simples internautas y, por supuesto, mi perro Teko, hemos llevado a cabo el curso que ofrece la multinacional del agua destilada Laboratorios Boiron para hacernos con nuestro título de especialistas certificados en homeopatía.

Estas personas, incluido más de un homeópata, consideran que esto es una burla.

Y es cierto.

La pseudomedicina no es sino una burla. Y entre las burlas pseudomédicas, la homeopática es una de las más escandalosas. Y crueles. Y peligrosas. Y desvergonzadas. Y mortales.

La presentadora de La buena tarde, Partricia Serna, donde hago la sección Café Leonardo los viernes a las 17:45 en la Radio del Principado de Asturias (discretísima publicidad, ya ve usted), me preguntaba si realmente se podía aprender homeopatía en 10 minutos. Y yo explicaba que no, que en realidad no se necesita tanto tiempo porque no hay nada qué estudiar. Dos o tres minutos y la capacidad de leer una farmacopea homeopática (un librito de pócimas que dice qué mejunjes se aplican a qué síntomas) y ya sabe usted tanto como cualquier homeópata millonario con un par de docenas de muertos a sus espaldas y una impunidad del tamaño de la pirámide de Keops.

Me explico: un médico tiene que estudiar muchísimas cosas porque su disciplina considera que el cuerpo humano y sus procesos, incluidas las enfermedades, son parte del universo real y objetivo, se rigen por las leyes que conocemos del universo y se pueden modificar y controlar (e incluso sanar) mediante el conocimiento y aplicación de dichas leyes. Debe conocer la mecánica del cuerpo, su funcionamiento (fisiología), sus interacciones químicas, a los muchos agentes patógenos que existen y las formas de enfrentarlos. Y además no cree en la magia.

Un homeópata no. Considera que el cuerpo humano no puede ser conocido (Nota 1) y no vale la pena meterse en esas honduras. Después de todo, lo único que importa son los síntomas (Nota 2).

(Sí, sí, que ya sé que a usted le cuentan que la homeopatía "trata la enfermedad y no los síntomas", pero eso es solamente una frase publicitaria que no tiene que ver con la realidad. Como cuando le dicen que la homeopatía y otras pseudoterapias "tratan a todo el ser humano y no sólo a una parte", que suena muy bonito, aunque los pseudoterapeutas sepan que es mentira porque no se puede tratar un organismo que no se conoce, y no se conoce porque les da igual para efectos de sus conjuros mágicos, y si usted tiene una verruga en la oreja, ponerse a tratarle el dedo gordo del pie es una pendejada homérica.)

El homeópata no estudia el cuerpo porque le tiene sin cuidado, no sabe de química, no cree siquiera en la química (donde el aumento de una sustancia aumenta su efecto, mientras que en la superstición homeopática las cosas se vuelven más potentes al reducirse su cantidad), no acepta que haya gérmenes patógenos, infecciones, desarreglos genéticos, problemas fisiológicos, alteraciones causadas por el medio ambiente, etc. A cambio cree en la magia: que la enfermedad es solamente un trastorno de la fuerza vital causada por tres miasmas (sí, todas las enfermedades son causadas por tres miasmas, solamente) y se cura cuando el agua lleva la magia de la sustancia curativa (de la cual no contiene ni una molécula) al cuerpo. Hay libros (farmacopeas) que le dicen qué recetar para cada síntoma, sin importar la causa del síntoma. Y los laboratorios homeopáticos le suministran agua mágica y píldoras de lactosa mágicas que creen que contienen la esencia curativa mágica de unos 3 mil supuestos remedios. Sin conocer el cuerpo humano, sin ocuparse de los procesos de la enfermedad, sin química, fisiología, anatomía, riesgo de demandas por malapraxis y otras cosas connaturales a la práctica médica.

Y sin actualizarse. Cada semana, las revistas médicas publican volúmenes asombrosos de estudios, investigaciones, confirmaciones o refutaciones de estudios anteriores sobre los más diversos aspectos del ser humano, del que sabemos todavía demasiado poco. El homeópata no tiene ese problema. Considera que ya lo sabe todo, desde hace 200 años, y por ello la homeopatía ni siquiera realiza investigaciones sobre nuevas afecciones. Todo está en el libro de pócimas del abuelo Hahnemann.

(Que sí, hombre, sí, ya sé que los homeópatas suelen decir que estudian muchos años de medicina y homeopatía para poder poner sus despachos y engatusarlo, sí. Pero si la estudian, procuran olvidarla rápidamente, porque la medicina de verdad, basada en evidencias científicas, es totalmente incompatible con la homeopatía. Es como si usted estudia la carrera de astronomía y un doctorado en cosmología para acabar vestido de lentejuelas haciendo horóscopos en un gabinete con incienso... hace falta mucha caradura para decir que los horóscopos tienen algo que ver con sus estudios de cosmología, y más para decir que la homeopatía tiene que ver con los estudios de medicina.)

No hay nada qué estudiar, pues. Aprenda a repetir algunas paparruchas inventadas hace 200 años por Samuel Hahnemann, recete por síntomas, esté tranquilo que todo lo que sus víctimas consumen es agua y lactosa, y póngase a desplumar incautos.

Cosa que no hará mi perro Teko, porque él sí es honesto.

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Notas:
1 La misión del médico, dice el fundador de la homeopatía Samuel Hahnemann en la primera página de su libro Organon, que sigue siendo la biblia homeopática sin que haya habido avances notables desde entonces: "no es, sin embargo, construir supuestos sistemas, entretejer especulaciones e hipótesis vacías respecto de la naturaleza interna esencial de los procesos vitales y el modo en el que las enfermedades se originan dentro del organismo, (en lo que tantos médicos han hasta ahora desperdiciado ambiciosamente su talento y su tiempo), ni lo es el intento de dar incontables explicaciones respecto de los fenómenos en las enfermedades y su causa inmediata (que deben para siempre permanecer ocultas)..."

2 En la misma primera página, nos dice Hahnemann: "Para el médico, la enfermedad consta sólo de la totalidad de sus síntomas".