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enero 22, 2013

Pseudociencia y demagogia

Los problemas del mundo son tan claros, sus consecuencias tan inmediatas y sus daños tan evidentes, que la rebeldía es una reacción casi inevitable. Rebeldía ante un reparto de la riqueza tan inequitativo que la pobreza y el hambre siguen existiendo pese a que tenemos las herramientas para erradicarlas. Rebeldía ante la corrupción, que aunque entendamos que es inevitable y consustancial al ser humano, nos ofende cuando se institucionaliza junto con la burla descarnada al ciudadano que pone los dineros con los que se vuelven acaudalados los delincuentes. Rebeldía ante un sistema económico a todas luces imperfecto y que promueve la inequidad. Rebeldía ante el ensañamiento contra los más desprotegidos. Rebeldía ante la inequidad aún más aguda entre sexos. Rebeldía ante la destrucción caprichosa del medio ambiente. Rebeldía contra el racismo y otras discriminaciones. Y súmele usted los disparadores de su rebeldía que le parezcan correctos.

Cartel en la Acampada Sol, 2011
Fotografía CC de José María Mateos @rinze
Nuestra justa indignación, sin embargo, le abre la puerta a veces, y sin que nos demos cuenta, a demagogos que nos ofrecen la idea de que las causas de todos los problemas son sencillas (o incluso que existe una sola causa de todos los distintos problemas del planeta y del ser humano) y que para resolverlos hay una respuesta sencilla (que tienen ellos, claro, en exclusiva).

El sólo hecho de afirmarse como rebeldes, como opositores "al sistema" (entendido así, en un abstracto donde cabe todo pero también puede no haber nada), les da cartel, credibilidad y entrada en ciertos sectores sociales que buscan, lógicamente, compañeros y aliados en su rebeldía.

El mismo abordaje de la rebeldía desde el simplismo demanda un manejo eficaz de eso que se llamaba "demagogia" y que ahora se llama "populismo" (aunque, en justicia, originariamente el populismo buscaba hacer políticas beneficiosas para el pueblo, verdaderamente populares y que satisficieran las necesidades de las mayorías; sin embargo, desde que los partidos que más detestan a las mayorías populares se hacen llamar a sí mismos "Populares", en su propia versión de la demagogia, las definiciones de las palabras se han visto difuminadas cuando no dinamitadas).

¿Qué pasa? Preguntarán los cuatro lectores habituales de este blog. ¿Nos pasamos directamente a la política mientras los charlatanes siguen a lo suyo? No se preocupe. O preocúpese mucho, porque en primer lugar toda lucha contra el pensamiento irracional tiene una dimensión política, y si en este blog no se ha notado que así lo vemos, que la ignorancia es dominación, oscurantismo y autoritarismo mientras que el conocimiento es libertad y democracia, no será por falta de ejemplos; y, en segundo lugar, estamos hablando de charlatanería. Charlatanería política basada en charlatanería preternatural o descabellada, supersticiones, creencias irracionales, falsedades patentes, mentiras sobre la realidad, paranoia, pánico y pseudociencia. Charlatanería que en tiempos de crisis se multiplica ferozmente.

Los conspiranoicos más diversos gustan de posicionarse entre los "rebeldes" que están luchando por las mejores causas de la humanidad. Si para ello tienen que inventarse enemigos malévolos y aterradores, lo hacen sin problema. Crearse peligros inexistentes es propio de todos los populistas, de izquierda o de derecha, pero que ciertamente no son rebeldes honestos. Los comunistas, los judíos, los masones, son tres ejemplos que el nazismo en sus diversas formas amalgamó en una sola "amenaza" más bien imaginaria pero que alentó dictaduras atroces, genocidas y de negra memoria hasta bien entrada la década de 1970. "Los burgueses" en una acepción de la burguesía bastante incierta y vaga, fueron el enemigo contra el que Mao lanzó a sus guardias en la Revolución Cultural, con resultados atroces no sólo por la cantidad de muertos, sino por el retraso científico-tecnológico al que condenó a China durante las décadas siguientes al haber barrido con su intelectualidad humanística y científica.

El conspiranoico más estridente de Estados Unidos, Alex Jones, gusta de presentarse como un defensor de los principios democráticos básicos con los que se fundó su país en 1776, pero apenas se rasca la superficie se encuentra uno con un sujeto delirante, antisemita, aislacionista, excluyente, proviolencia, religioso y anticientífico... vamos, algo totalmente opuesto al pensamiento y vida, por decir algo, de Thomas Jefferson o Benjamin Franklin.

Ir contra "las grandes empresas" sin matizar está tan bien visto (pues no es del todo absurdo considerando algunos hechos) y tiene tanto cartel en el espacio de la rebeldía que muchas veces se admite como cierta, sin someterla a la mínima visión crítica, cualquier barbaridad sin pruebas que se pueda lanzar contra cualquier empresa o grupo de empresas, como las telefónicas, las empresas textiles, las farmacéuticas, las petroleras o las telefónicas. Para este extremo hay que dejar de considerar, claro, otros muchos hechos.

Pero si bien esto es preocupante (porque realmente sería deprimente que los millones y millones de personas implicadas en esas industrias directa o indirectamente fueran todas parte de una conspiración perfecta para aniquilar, enfermar, contaminar, destruir y hacer sufrir a todos los demás seres humanos, que ningún médico salvo los conspiranoicos tuviera un honrado interés por beneficiar a sus semejantes, por ejemplo), más lo es la falaz conclusión que suelen ofrecer con entusiasmo: si las farmacéuticas se comportan de modo inadecuado (y lo hacen, pese a la compleja normativa a la que están sometidas sobre todo en los países opulentos), entonces no es verdad ningún postulado de la medicina basada en la ciencia. Si las telefónicas son abusivas y deshumanizadas (y lo son cuando pueden), entonces la física que nos dice que las microondas no causan cáncer es mentira. Si las textiles subcontratan empresas en el Tercer Mundo que explotan a sus trabajadores, entonces nos envenenan con sustancias atroces en su ropa y casi tenemos que empezar a plantar e hilar nuestro algodón al estilo Gandhi (en vez, digamos, de legislar para que las subcontratas al Tercer Mundo de todas las empresas de los países opulentos se ciñan a unos requisitos básicos y que de no hacerlo haya consecuencias económicas serias, multas de verdad, etc.)

Y, por contra, siguiendo el retorcido razonamiento, a todas luces peleado con la lógica, se considera verdad cualquier ocurrencia no comprobada que el demagogo en cuestión quiera vender. Así sea que "todo cura el cáncer menos la medicina basada en hechos" o cualquier propuesta alternativista, paranormal y disparatada.

Y así sucesivamente.

Las pseudociencias y posiciones anticientíficas, especialmente las tomadas como bandera o palanca propagandística por la demagogia conspiranoica (terapias alternativas, "energía libre",  pseudoecologismo, HAARP, antivacunación, chemtrails) se van convirtiendo poco a poco en una amenaza no sólo a nuestra salud, a la educación, a la solución de problemas urgentes como el hambre y la satisfacción de las necesidades energéticas de la sociedad, sino que también se erigen como nuevas inquisiciones en las que es tremendamente difícil, aterrador incluso, expresar opiniones impopulares.

Tenemos casos de científicos expertos que aquí, en España, en 2011, se han negado a decir en los medios de comunicación "no hay pruebas de que las antenas de telefonía móvil puedan causar cáncer, y es implausible que lo hagan según lo que sabemos con certeza sobre la radiación electromagnética", porque saben que algunos que lo han hecho han sido hostigados, amenazados e insultados como si en vez de estar enunciando hechos demostrables fueran no sólo cómplices de las telefónicas, sino genocidas despreciables (la acusación infaltable es "te paga tal o cual empresa o grupo o industria que yo odio a muerte"). Lo mismo ocurre con quienes quieren informar al público sobre la realidad de la medicina, las vacunas, la biotecnología (hace una semana leíamos en Facebook amenazas directas de "destruir" a un científico que se atreve a ser crítico con los pseudoecologistas), la medicina científica, la energía nuclear y otros temas políticamente candentes donde la demagogia lucha desesperadamente por anular toda aproximación seria, imparcial, científica y objetiva, a cambio de miedo, incertidumbre y duda que le puedan dar seguidores fieles.

Si los demagogos han vendido eficazmente una solución simple a un problema simple, es lógico que sus seguidores no quieran a quien les diga "las cosas son bastante más complicadas que eso" o, peor, "los monstruos que tú odias no son tan fieros como te los pintan, aunque no sean hermanitas de la caridad". El único antídoto es no comprar soluciones simples.

Es allí donde el pensamiento crítico debe ser también parte de una acción política sólida para la lucha colectiva por resolver los problemas más acuciantes de nuestra sociedad.

El riesgo es claro: que las opciones políticas que en un momento dado puedan hacerse con el poder implanten por decreto prácticas, terapias, persecuciones y prohibiciones sin atender a los datos más certeros que nos puede ofrecer la ciencia y el conocimiento en cada momento. Con el pretexto de que la ciencia "no es perfecta" y "podría cambiar", se puede implantar cualquier tontería.

Resulta verdaderamente temible que un partido promueva oficialmente una superstición tan grosera como el "reiki", según el cual unas "energías" indetectables corren por unos "canales" que nadie ha visto y se pueden alterar para curar enfermedades con unos pases mágicos inventados por un ascético monje japonés zen que dejó el ascetismo para forrarse embaucando inocentes con su invento.

Captura de pantalla del 22 de enero de 2013.

¿Qué diferencia tiene esto con la intención del Tea Party ultraconservador estadounidense (y algunos sectores de la ultraderecha más jurásica en otros países, como Juan Manuel de Prada en España) de abolir la enseñanza de la evolución y todas las evidencias científicas que la sustentan para sustituirla por el creacionismo porque lo dice un libro? ¿O respecto de la "ciencia racial" del Tercer Reich (entendida en su dimensión pseudocientífica y no política, no se trata de hacer acusaciones extralógicas ni de llamar "nazi" a nadie, especialmente si es un demagogo)? ¿O con el lysenkoísmo que destruyó los avances de la genética en la Unión Soviética durante 35 años y colaboró a la hambruna del Gran Salto adelante de Mao?

En nombre de una creencia mística promovida institucionalmente por los partidos políticos se puede llegar a jugar con la salud de la gente diciendo que se deben utilizar métodos no probados por encima de otros sobre los cuales tenemos abundantes y sólidas evidencias. Por eso dan miedo los políticos que exhiben su ignorancia sin pudor.

Decreto "científico" que autoriza el uso de
pirámides de juguete para atender enfermedades
de verdad en Cuba.
Esto ya se hace en distintos países independientemente de la ideología, sistema político o modo de producción y distribución. En Cuba, la acupuntura y la piramidología son "terapias oficiales" por decreto. En Alemania, en parte con el asnal pretexto de que Hahnemann era alemán, las aseguradoras y mutuas pagan la homeopatía (con el dinero de primas de todos sus asegurados, sean o no creyentes). En el Reino Unido, parte del dinero público se tira en terapias indemostradas ya que el máximo negocio de pseudoterapias de las islas es propiedad del príncipe heredero, el impresentable Carlos. Y en Francia se promueve desde gobiernos de derecha e izquierda el florecimiento de la mayor multinacional homeopática, Boiron. Todo ello sin dar pruebas de la eficacia terapéutica de tales prácticas, sólo porque "muchas personas están satisfechas con ellas". Como si se implantaran en la sanidad pública ya de por sí agónica los rezos a Santa Lucía junto a la oftalmología basada en conocimientos porque "muchas personas están satisfechas con los milagros de Santa Lucía" y, claro "a ellos les funciona".

Los problemas que vive nuestro planeta, decíamos al principio, son tan claros que la rebeldía es una reacción natural e inevitable. Pero cuando esa rebeldía es parasitada por sectores desorientados y desorientadores, ignorantes, paranoicos, movidos por el odio, desinformadores, ocultadores de datos o directamente negociantes que viven de vender miedo, debemos aprender a ser tan críticos con ellos como lo debemos ser con la parte del mundo que despierta nuestra rebeldía natural más inmediata. El demagogo siempre utiliza a las pseudociencias para ser convincente, palabras impresionantes no sustentadas en hechos.

Quizá tenemos que ser más rebeldes, y atrevernos a ser críticos ante los demagogos que quieren instrumentalizar nuestra justa indignación para promover supersticiones, afirmaciones dudosas o, directamente, falsedades y desinformación. Preguntarles cómo saben las cosas que dicen, qué pruebas tienen y si las creencias que nos quieren endosar han sido verificadas independientemente o son sólo un sistema de creencias de un grupo cerrado, marginal y oscuro?

diciembre 05, 2012

Políticos, supersticiones y resoluciones

(Actualización 15 de diciembre: La X asamblea de Izquierda Unida aprobó la resolución de rechazo a la homeopatía y las terapias pseudocientíficas, lo que sin duda es una buena noticia y nos da ánimos para exigirle una resolución similar a todos los partidos del abanico español político, en particular los de izquierda. La votación habría sido más sorprendente y esperanzadora si hubiera sido sobre la resolución en concreto, pero se votó en paquete junto con otras resoluciones asumidas en comisión, lo que deja abiertas muchas preguntas. La otra noticia de contexto es que en la misma asamblea se ha aprobado una resolución contra las antenas de telefonía tan anticientífica, absurda e irracional como la homeopatía y las terapias pseudocientíficas. Hay mucho camino que andar para que los políticos entiendan que deben basar sus propuestas y decisiones en los mejores conocimientos reunidos por la humanidad en su historia, y no en supersticiones irracionales promovidas por miedo o por negocio.)
Una y otra vez hemos asistido a tristes espectáculos que demuestran que nuestros políticos, independientemente del partido en el que militen, de su nivel de sueldo e incluso de su eficiencia como administradores, son proclives a las más diversas formas de la charlatanería y a una desconfianza cuando no recelo y rechazo a la ciencia (como lo han demostrado demoliendo la estructura de investigación de España). Algunos incluso hemos tratado, sin mucha fortuna, de explicarles por qué están errando.

Todo mundo recuerda la "Powerbalance" de Leire Pajín, denunciada por este blog, aunque convenientemente suelen olvidar que esa denuncia incluía también al senador del PP Gustavo de Aristegui.


Menos ganas tienen de recordar algunos que el 11 de diciembre de 2007 el grupo de Izquierda Unida-Inciativa per Catalunya Els Verds presentó al Congreso de los Diputados una proposición no de ley para crear "un grupo de trabajo entre el Ministerio de Sanidad y Consumo y las Comunidades Autónomas para propiciar una reflexión conjunta que concluya con un informe, a efectos de una futura regulación de las terapias naturales en nuestro país". La proposición, aprobada irracionalmente por todos los partidos, llevó a un estudio que duró cuatro años y costó a saber cuánto dinero, todo para concluir una vez más, como siempre, que las pseudoterapias no funcionan.

Y aún más intensa es la amnesia cuando se recuerdan las andanzas de Gaspar Llamazares, diputado de Izquierda Unida, médico (al menos en el papel) y creyente en el "antiantenismo" que también ha hecho alguna proposición de ley promoviendo esta forma de pánico a despecho de toda la información y estudios científicos ya realizados en todo el mundo, y que además se ha subido al carro de los antivacunas proclamando que la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) es "insegura" y "tiene efectos adversos", pese a que todos los estudios científicos existentes demuestran que es segura y no tiene efectos adversos (aunque hay un debate respecto a su eficacia, oportunidad y si vale la pena gastar en ella para proteger contra el cáncer a "pocas" mujeres, pero ese debate no tiene nada que ver con esta falsedad) y presentando la correspondiente proposición no de ley para retirar la vacuna VPH de la sanidad pública el 28 de septiembre de 2012.


Es lamentable, ciertamente, que algunas de las más egregias tonterías anticientíficas, implausibles y conspiranoicas del alternativismo sean tomadas como bandera por la izquierda. Lo cual no hace nada mejor que una ministra de la ultraderecha como Fátima Báñez, que cobra –y no poco– por hacerse cargo de la política laboral del país, en vez de asumir su responsabilidad le encomiende la solución a la Virgen del Rocío.

Preocupados por esta situación, un grupo de militantes de Izquierda Unida encabezados por el psicólogo Eparquio Delgado, y que rescatan las mejores tradiciones críticas, científicas y de apoyo en los datos y hechos que caracterizaron a la izquierda en otros tiempos no tan lejanos, cuando asumía, hasta cierto punto, una visión materialista de la realidad, han emprendido un admirable esfuerzo por presentar ante la próxima asamblea de ese partido una Resolución de rechazo a la homeopatía y las terapias pseudocientíficas que en breve tiempo ha concitado el apoyo de muchos científicos, investigadores, docentes y divulgadores de la ciencia.

Ojalá Izquierda Unida trascienda nuestro pesimismo respecto de su compromiso con la irracionalidad y apruebe esta resolución. Y ojalá esta resolución fuera adoptada también por otros partidos, desde el PP hasta el PSOE, pasando por todas las agrupaciones imaginables, como un compromiso de normar sus acciones políticas basándose en los mejores datos disponibles y no en las ocurrencias y afiliaciones new age de algunos militantes, la demagogia que busca el voto de los alternativistas y la irracionalidad más patente.

En este blog expresamos estos buenos deseos sin ser muy optimistas al respecto, sobre todo cuando vemos a otros partidos que, interrogados directamente sobre el tema, prefieren echar balones fuera, fingir demencia, silbar mirando para otro lado y no militar del lado del conocimiento y la razón. Como pasó con los presuntamente ecologistas de Equo en Twitter cuando el promotor de la resolución les preguntó sobre el tema:


Vamos, que si para alguien son actividades excluyentes, mal vamos.
(Nota: Este post está orientado a España por la coyuntura de la propuesta ante la asamblea de Izquierda Unida, pero en modo alguno pretendemos olvidar que la superstición campa en todos los países, y algo hemos mencionado aquí del presidente boliviano Evo Morales, del actual presidente de México Enrique Peña Nieto y del historial de superstición de la clase política mexicana. Obviamente, sería ideal que la resolución propuesta, o alguna similar en contenidos, fuera adoptada por todos los partidos políticos de todos los países del mundo, y no sólo referida a las pseudomedicinas, sino a las pseudociencias y la superstición en general. Soñar no cuesta nada.)

enero 17, 2012

Peña Nieto y las "profecías mayas"

Enrique Peña Nieto y sus
"profecías mayas" en Mérida
13 de enero
"Díganle a los jóvenes de México, desde Yucatán, que en el legado de la cultura milenaria de los mayas, está escrito que en el 2012 viene un cambio, viene una nueva era."

Esto dijo el 13 de enero en Mérida, Yucatán, para asombro colectivo, Enrique Peña Nieto, precandidato incierto a la presidencia de México por el PRI (aliado con el Partido Verde Ecologista), ese viejo club de caciques que desde hace 12 años comparte el poder con otro viejo club de caciques, el PAN.

Aprovechaba, por supuesto, que más del 50% de los habitantes de Yucatán son mayas o mestizos mayas. Porque crean lo que crean los esotéricos de Estados Unidos o Europa, "los mayas" no están extintos como los atlantes. Mayas son por igual los zapatistas que el compositor Armando Manzanero (cuyo segundo apellido es Canché, que en maya significa "serpiente de madera" o "tarima").

¿De dónde saca Peña Nieto, con tanta contundencia, esa afirmación que conjunta de manera asombrosa la más basta superstición, la más supina ignorancia y la más desvergonzada demagogia populista y manipuladora? ¿Qué fuentes podría citar este personaje para decir que "los mayas" (así, de bulto, todos juntos como en una conga) "predijeron" algo, especialmente esa estupidez inventada por los negociantes del new age? ¿Qué sabe del tema este caballero, autor, al parecer, de más libros de los que ha leído (escribió uno).