agosto 06, 2004

Atención a la SGAE, o el SGAE, o lo SGAE, o eso

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La SGAE (Sociedad General de autores de España) puede estar muy, pero muy interesada en el último revolcón que se da Pedro Amorós, "míster grabadoras", en el lodazal de la impudicia.

Este personaje se dedicaba originalmente a darle vuelo a su maltrecho ego fingiendo "sicofonías" y vendiendo el cuento, pero pronto descubrió las enormes posibilidades comerciales de todo tipo de supercherías y se lanzó sobre ellas con el entusiasmo de una musaraña en celo. ¿Ovnis? Claro que sí. ¿Fantasmas? De todos sabores. ¿Hipnosis? Por docenas. ¿Profecías? Crudas y asadas.

Para cavar en la mina del falso mineral del engaño (y venderlo como oro, claro), fundó la supuesta "Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas" o SEIP, que no "investiga" realmente nada, pero como la señor no sabe que las géneros en la idioma se usan con el misterioso concordancia, ella y su corte de esperpentos se refieren a el cosa ésa como "El Seip".

(Quizá esto no le interese a la SGAE, pero si a "El SGAE", siguiendo con el estilo deficiente de estos analfabetas en cuanto al metabolismo gramatical.)

Al SEIP y a uno de sus personeros ya le dimos su revolcón por estos lares, como puede ver aquí, aunque por desgracia usted ya no podrá encontrar el foro tal como lo mencionamos en aquellos artículos, porque rápidamente, después de que les descubrimos sus vergüenzas, estos espíritus chocarreros procedieron a borrar los mensajes antiguos y a renovar el foro. Al parecer les causamos al menos algún pudor, pues al menos ya no claman que en su grupo de amiguetes fumadines "encontrará comunicación con los mejores parapsicólogos del mundo".

Bueno, el tal Amorós sintió el llamado de Bisbal y se puso a grabar un disco. En este caso, para seguir mamando del monedero ajeno, un disco fatua y mentirosamente llamado "Autohipnosis: curación y estimulación", donde echa un rollo mareador para que usted consiga, entre otras promesas extravagantes, curarse de ansiedad, depresión, dolores y alergias a cambio de un girillo postal para el esforzado Pedrito.

Por supuesto, ni el discacho en cuestión ni la hipnosis en general curan nada, ni regresan a nadie a ninguna "vida pasada". Cualquier estudioso serio de la hipnosis le explicará a usted que esas aparentes regresiones son inducidas por el hipnotizador y tienen como fuente la fantasía de la gente, sin que haya ninguna prueba de que alguien haya realmente "vuelto a una vida pasada". (Una prueba de verdad sería, digamos, que los regresivos nos revelaran alguno de los misterios de la historia como, por ejemplo, el idioma babilónico, detalles desconocidos y comprobables de la vida de los etruscos o el sistema constructivo de Macchu Picchu).

Lo que sí hace el embuste circular en cuestión es succionarle a usted 13 euros más los portes correspondientes.

Todo esto no es ninguna novedad ni un cable de última hora. Los discos de "autohipnosis" se han vendido durante décadas y miles de ingenuos que soltaron los dineros correspondientes pueden dar fe de que tales tonterías no le sirven al comprador para un carajo.

Lo novedoso acá es que ahora, muchachas y muchachos, Pedrito Amorós nos sorprende con el más novedoso sistema de protección antipiratería jamás diseñado en el mundo entero. Déjese usted de los pretenciosos ingenieros electrónicos de Sony, JVC, Toshiba o Phillips, que a duras penas tienen algún doctorado en el MIT. Acuda a un señor que nadie sabe en qué trabaja (si tal es el caso), con una formación absolutamente desconocida, que mendazmente se dice "investigador" y que lleva años haciendo de parásito de sus víctimas.

Él le dirá lo siguiente: "La copia del CD en otro sistema, puede inutilizar el proceso hipnótico ya que determinadas ondas sonoras de inducción pueden no copiarse por ello debe adquirir un original para su tratamiento".

¿Qué?

No, no nos referimos a la gramática lamentable de este analfabeta funcional, sino al contenido de su rollito.

Según este engaño monumental que lo ignora todo acerca de la reproducción digital del sonido "determinadas ondas sonoras de inducción pueden no copiarse". Si tal existiera, la industria disquera a la que protege la SGAE ya lo estaría usando, obviamente. O Pedro se lo podría vender a Sony Music por una gorda cantidad y dejar de estar depredando ingenuos, en su mayoría, juveniles e inexpertos, al son de trece euros la hostia.

Vaya trola, pues.

Obviamente, el elemento clave que diferencia a la reproducción analógica de la digital es que en esta última no se pierde absolutamente nada de información al copiarla. Pero no es éste el lugar para explicarle a don Pedrícola cómo se producen los pits en la superficie reflejante de un CD-ROM y cómo los lee un láser. Que se eduque en alguna escuelita.

Pero de que miente, miente.

De lo que se trata, claro, es de que no copie usted el disco en cuestión y ose así privar a Pedro Amorós de sus trece euros, que él recibirá encantado mientras asegura que todo lo hace "sin ánimo de lucro" (a ver: 70 céntimos del CD con todo y canon del-la-lo-les SGAE y el quemado o copiado, 40 céntimos de la cajita, 30 de impresión de etiquetas y 10 por armarlo nos dan un costo total de producción de un euro con cincuenta céntimos, póngale dos euros si la productora se dio cuenta de que trataba con alguien al que le faltan varias cartas para tener el mazo completo; los 11 euros restantes o son "lucro" o simple desfachatez ambiciosa).

Para evitar las copias indebidas hay leyes y ordenamientos claros que deberían bastar. Y Pedrín bien que los conoce, porque en sus páginas de "desinteresada" información para bien de la humanidad (¡compre libros!, ¡compre discos!, ¡compre cursos!) hace tremendísimas amenazas a quienes "reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren pública y/o verbalmente, en todo o en parte" los delirios psicopatológicos de este desahogado iletrado, a los cuales confunde en su espesa niebla mental con "una obra literaria, artística o científica".

Pero el mentiroso tiene un compromiso esencial con la mentira, y por ende no le bastan las leyes, ordenamientos, convenciones, convenios, tratados y decretos que protegen las obras tanto intelectuales como subintelectuales (sí, hasta las loqueras de miembros de esta subespecie están protegidas), así que se ve impelido por su propia incuria mental y sus psicopatologías evidentes a soltar una más de sus engreídas falsedades, a ver si así asusta o convence a algún remiso que dude entre disfrutar sus trece euros o endosárselos al caudal de tan distinguido lameplatos.

Ahora suponemos que inventará algo similar para que a nadie se le ocurra fotocopiar el libro que también oferta "por un módico precio" que pudorosamente oculta. Algo como: "La copia de esta magna obra de la gilipollez por medio de una fotocopiadora puede causar que se le aparezcan los fantasmas a los que invento que grabo y filmo, le jalen las patas, le jodan el ordenador y le agrien la leche para siempre, debido al tratamiento mágico-esotérico-transcomunicacional de la tinta inductora".

Como puede ver cualquier persona normal, ni falta hace rebuscar en las "teorías" descabelladas y los remedos de "investigación" de Pedrito Y-el-lobo para descubrirlo mintiendo monda y lirondamente. A juzgar por lo bajo que es capaz de caer a cambio de ganarse unos once miserables euros, yo que usted no le creería ya no digamos las teorías que secreta, sino ni siquiera el nombre.

agosto 03, 2004

El sistema Von Daniken

Hace unos veinte años generé la teoría de que la tortilla mexicana (que nada tiene que ver con la tortilla española, y a la que en España se llama "tortita") era la demostración de que el maíz había sido llevado a los indígenas mesoamericanos por naves extraterrestres en forma de platos planos. La circularidad del tradicional alimento mexicano era, según este juego de imaginación, un homenaje de memoria ritual a los benefactores de otra galaxia.

Una máquina productora de tortillas... o iconos
conmemorativos de los astronautas de la
antigüedad, siguiendo el sistema Von Däniken.
(por El Comandante [GFDL],
vía Wikimedia Commons)
Cuando mi amigo Héctor Chavarría entrevistó por esos años al simulador-en-jefe Erich Von Däniken (o Erich Von Daniken, para que lo encuentren los motores de búsqueda), le relató la teoría. El vividor suizo estuvo a punto de caer redondo (valga la expresión) y tan jalada "teoría" habría aparecido en su siguiente libro si al Héctor no le gana la risa en las propias narices de Von Däniken.

No es que Von Däniken (von Daniken, pues) sea tan tonto como para creer en una estupidez de ese volumen, sino que vio de inmediato que aplicaba al pie de la letra el Sistema Von Däniken, y la hubiera usado sin ningún escrúpulo, no lo dudo.

¿Cuál es ese singular sistema?

Von Däniken (que escribió su primer libro, Las carrozas de los dioses mientras se aburría como un hongo en la recepción de un hotel, sin haber estudiado un carajo de arqueología en su vida) fue quien mejor supo explotar una de las facetas del libro El retorno de los brujos de Pauwels y Bergier, la de adjudicarle origen ultraterreno, extraterrestre, misteriosón e incomprobable a todas las cosas que su mentalidad de hotelero no alcanzaba a comprender.

A Von Däniken le han seguido multitud de malasombras en todos los países, como Javier Sierra e Iker Jiménez en España, que se ganan el pan (y los pisitos en Madrid, y los cochecitos de lujo, y los trajecitos Armani) siguiendo el mismo sistema que tan buenos réditos dio a Von Daniken.

El sistema es muy sencillo.

Paso número 1 del sistema Von Däniken

Se trata de buscar expresiones del pasado sobre las que no hay datos abundantes ni información suficiente (o, si los hay, basta que no sean del conocimiento público) y proceder a adjudicárselos a los extraterrestres.

Una persona normal, sin daños cerebrales de consideración, cuando ve una expresión cultural asombrosa (digamos, para no variar, las pirámides de Egipto, las líneas de Nazca en Perú, el templo de Sri Meenakshi en la India, las pirámides de Teotihuacan en México o las esculturas o moais de la Isla de Pascua) se pregunta cómo pudieron esas culturas crear tales maravillas y procede a admirar tanto a las obras como a las culturas, y a colocar en alta consideración a sus creadores.

Si le pica el gusanito de la genuina curiosidad, esa persona normal se pondrá a investigar qué se sabe del tema. Si no se sabe mucho y el gusanito pica muy fuerte, estudiará arqueología o historia y se pondrá a averiguar cómo esos seres humanos lograron esas maravillas, de pasada enriqueciendo el acervo cultural humano sobre las civilizaciones de la antigüedad.

Eso lo hacen todo el tiempo los arqueólogos e historiadores, sin que las chusmas enloquecidas se lancen a comprar sus libros por resmas y sin conseguir que los programas de televisión los inviten a perorar sobre sus teorías pagándoles un montón de euros.

El Sistema Von Däniken funciona de manera distinta. Toma una sola explicación imaginaria y sin bases (todos los logros del pasado son obra de los Etés) y se lo aplica con calzador a cualquier expresión de la cultura humana que se les ocurra.

Paso número 2 del sistema Von Däniken

El seguidor del Sistema Von Däniken debe ser un perfecto ignorante en temas de arqueología, historia e idiomas. Puede ser un hotelero con telarañas en el cráneo, un periodista mediocre con ansias de llenarse los bolsillos y sin ganas de arriesgar el pellejo haciendo periodismo de verdad (de ésos hay muchos, desprestigiando la profesión), un deportista en decadencia, un esquizofrénico clásico o un desvergonzado con aspiraciones.

Sobre esa sólida base, el papanatas en cuestión se enfrenta a las creaciones del pasado y parte de la siguiente base, del dogma clave del sistema Von Däniken: los integrantes de esta cultura son y siempre han sido imbéciles, primitivos (la única civilización es la mía), ignorantes, zafios y faltos de recursos, y por lo tanto la única forma en que esto se haya podido hacer es con ayuda de una tecnología superior, que seguramente vino de otro planeta.

¿En qué se basan?

Pues el sistema no exige que se basen en nada como no sea su imaginación desatada. No hay ninguna razón sólida para ese salto conceptual al vacío y sin red. De hecho, hay miles de razones que los contradicen y que ellos ignoran olímpicamente.

Por ejemplo, el otro día escuchamos que Javier Sierra, ahora enquistado en TeleMadrid con sus cófrades cobrones, ofrecía una emisión que respondía a la asombrosa pregunta "¿Quién construyó realmente las pirámides de Egipto?"

Esta pregunta nos informa de datos interesantes sobre gente de esa calaña.

Nos informa, por ejemplo, de que en su miserable vida se han molestado de leer algún libro sobre el antiguo Egipto en el que se mencione siquiera a Hemyunu, Hemiunu o Hemón, todos nombres que recibe este ciudadano del antiguo Egipto, cuyo trabajo fue el de arquitecto de la pirámide de Keops (o Cheops). Casi nada.

Sin embargo, el paso de los siglos y de los conquistadores, dejó su huella en Egipto, borrando muchísimos datos y destruyendo incontables documentos (baste pensar en todo lo que se perdió en los incendios de la Biblioteca de Alejandría), de modo que, efectivamente, sobre las grandes pirámides de Giza (o Gizéh) hay muchas cosas que no conocemos.

Y entonces entra en Paso número 2 bis del sistema Von Däniken, que a la letra dice: si no hay datos precisos sobre un conocimiento determinado, entonces éste no existió, es decir, si no están los planos firmados de la pirámide, no se puede aceptar que algunos miles de años y unas cuantas docenas de guerras los hayan destruido, sino que se los llevaron los etés.

Por supuesto, la arqueología e historia de Egipto tienen claramente identificada la línea que va desde Imhotep hasta Hemiunu, el avance de los procesos constructivos, las razones clarísimas por las cuales con esa tecnología sólo se pueden hacer pirámides y no algo como el Empire State, y toda la información que se desee para saber cómo se hicieron tales monumentos con suficiente certeza, aunque haya detalles que aún se ignoren.

O sea, la enciclopédica ignorancia de los Von Danikens y los Javiercitos Sierra es tan vasta que no saben que la respuesta a su pregunta es simplemente: "los egipcios".

En efecto, los egipcios construyeron las pirámides de Egipto. Pero esa vaca no se deja ordeñar tan fácil, así que tienen que inventar alguna trola.

Paso número 3 del sistema Von Däniken

La trola inventada para supuestamente explicar el supuesto misterio tiene que ser tal que denigre, humille, desprecie y sobaje a las razas que estos miserables consideran "inferiores" y le traslade el crédito a la gente de piel blanca.

Por supuesto, cuando se trata de acueducto de Segovia o de la Catedral de Chartres, por no decir el Coliseo romano, el Partenón o cualquier otra obra de la cultura europea, estos aviesos y torvos sujetos no ponen en duda que la ingeniería griega, romana o francesa fuera capaz de tales maravillas. Nunca ven, en los halos de los santos que adornan las iglesias, los "cascos espaciales" que alucinan en la obra gráfica de otras culturas.

Si lo que se estudia es una cultura occidental-europea, entonces hay que acudir al Método Fulcanelli para adjudicarle los logros a na secta iniciática de blancos más puros que los demás. El Sistema Von Däniken sólo se aplica a las culturas no occidentales-europeas. Si el logro cultural procede de África, de Asia o de América Latina, entonces sostienen que esas culturas nunca pudieron hacer nada de valor sin ayuda de los extraterrestres.

No es raro que en el imaginario mercantil de tales mamarrachos, los extraterrestres sean con frecuencia blancos, rubios y de ojos azules. Vaya, visión colonialista más clara no existe en el mundo moderno fuera del Despacho Oval desde el que Bush bombardea al mundo.

Paso número 4 del sistema Von Däniken

El aspirante a saqueador de los bolsillos ajenos debe de creer firmemente en el siguiente dogma de fe: los únicos conocimientos que existen son los míos, de modo que si yo, en mi penumbra de ignorancia, no sé cómo se hace una pirámide, entonces es imposible pensar que tipejos de culturas inferiores puedan tener ese conocimiento.

Estos cavernarios con zapatos no parecen darse cuenta de que ellos no saben hacer fuego si no es con ayuda de los señores Bic, Zippo o Ronson, y que si los lanzaran a una isla desierta librados a su suerte, palmarían en breves días. En su épica estulticia creen que ellos, en lo personal, tienen todo el conocimiento que existe. Pero no les pida usted que construyan una cabaña, ordeñen una cabra o hagan cualquier actividad de las que acostumbraba Robinson Crusoe, a menos que esté con ganas de echar unas carcajadas.

El Von Däniken en cuestión (llámese Jaime, Javier, Iker, Fernando o como sea) es la medida de todas las cosas. Y cuando eso falla, entonces la cultura occidental-europea es la medida de todas las cosas. Si alguna civilización de las que consideran inferiores tiene un logro cualquiera que supere a la Europa blanca de sus sueños de opio, se aplican los extraterrestres, ya sea la construcción de Macchu Picchu o el uso del cero por parte de los mayas.

Por supuesto, la exaltación de la ignorancia entre esta tropa de babuinos es tal que necesitan, para redondear su sistema, echar mano de un paso que ya ha sido probado con éxito por otros charlatanes.

Paso número 5 del sistema Von Däniken

El novel autor es un cantamañanas sin oficio ni beneficio que ha decidido escribir un libro inane denigrando a otras culturas y asegurando una mariguanada de gran calibre como que los extraterrestres son la explicación de los logros de los tipos de color extraño. ¿Qué debe hacer cuando sujetos conocedores, expertos, arqueólogos, historiadores, estudiosos, académicos y sabios señalan atinadamente que el tal diletante sólo escupe estupideces?

Lo único posible: acusarlos de un complot en su contra.

Ellos son sujetos que quieren desprestigiar al brillante impostor y a sus "estudios" porque tienen miedo (a diferencia de los periodistas aguzados, que roban tiempo de su cobertura de la guerra en Irak para iluminar nuestro intelecto), porque son cerrados de mente (a diferencia de los directores de revistas fumadas, que son tan, pero tan abiertos, que se les ha salido toda la masa encefálica del cráneo y no pueden aceptar "explicaciones" distintas a las que ellos perpetran), porque son parte de un complot cientificista (cuando los charlatanazos se enfrentan a su insidia solos y abandonados, apenas acompañado por una tribu de algunos miles de babeantes enanos mentales que hacen algunos solitarios centenares de libros, revistas, programas de televisión, conferencias previo pago y otros actos de solitaria entrega).

Siguiendo al pie de la letra los pasos del Sistema Von Däniken, no hay patraña, por extravagante que sea; no hay mentira, por gorda que resulte; no hay delirio, por patológico que parezca, que no puedan comercializar efectivamente estos personajes.

Por eso es bueno que la gente conozca el Sistema Von Däniken antes de sacrificar su honradamente ganado salario en el altar de estos inverecundos vagos y las procacidades que excretan buscando vivir sin oficio ni beneficio.

agosto 01, 2004

Druideando

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La exaltación de la cultura celta está muy bien.

No podría yo decir otra cosa considerando que mi rubicundo abuelo Fernando, nacido en Palacio de Ardisana, simpático pueblecito de Llanes, Asturias, algo debe haber tenido de celta.

Lo de la gaita está fantástico. La gaita me gusta un montón, especialmente la de un solo bordón o roncón, como la asturiana (las escocesas, de tres roncones, como que no acaban de ganarse el aprecio de mi tímpano). Y los experimentos modernos con la gaita, como los de Hevia y su gaita electrónica o el rock celta, me resultan sumamente agradables.

En general, la recuperación de lo mejor de todas las culturas originarias me parece siempre enriquecedora. Cuando una cultura o una lengua desaparecen, todos los humanos perdemos. Exalto el valor de las danzas aztecas, la música andina, el didjeridoo aborigen australiano, las artesanías de Moravia, los poemas sufís, la cocina tailandesa... todo eso que nos demuestra que somos multiculturales, que todos tenemos varias raíces, que la humanidad es un tapiz multicolor y que el racismo, la discriminación cultural y las persecuciones étnicas son una soberana imbecilidad propia de fanáticos descerebrados, y que por tanto deben combatirse con información y enseñanza de la tolerancia.

Parafraseando la "Meditación XVII" de John Donne: ninguna cultura es una isla, y la muerte de cualquiera de ellas me disminuye.

Pero cuando llega alguien y me dice que es "druida de nacimiento" sí me veo obligado a frenar en seco y decir, de manera comedida y meditada: "No seas payaso".

A tenor de la recuperación de muchas tradiciones valiosas en todo el mundo gracias a la naciente conciencia de nuestra multiculturalidad (que tanto jode a los ultranacionalistas y racistas varios), se han multiplicado como los hongos después de la lluvia los muchachos vivarachos que aseguran ser médicos brujos, sacerdotes de religiones antiquísimas de las que no se sabe nada, depositarios de "conocimientos milenarios" y otras burradas de alto octanaje.

Pero el que todas las culturas sean importantes y contengan cosas valiosas para todos, una herencia común, no significa en modo alguno que absolutamente todas las expresiones de esas culturas merezcan ser celebradas en trance y aplaudidas como si fuéramos focas amaestradas.

El pasado nos lega sabiduría, sí, pero también pendejadas mil, barbajanadas sin fin, crueldad, ignorancia, miedos tontos y creencias que hoy sabemos que son falsas.

El lamentable lugar de la mujer en prácticamente todas las sociedades, la esclavitud, el derecho babilónico del ojo por ojo, los juicios por ordalía, la suciedad y la enfermedad, la elevada mortalidad infantil, la persecución de herejes o infieles, los cinturones de castidad, las guerras religiosas, las órdenes nobiliarias, la intolerancia organizada, la ignorancia supina, la persecución del conocimiento, los odios tribales y muchas otras barbaridades colosales son también parte de muchas culturas y no suena razonable que en aras de ser "tradicionales" y "folclóricos" debamos recuperarlas y ponerlas en práctica para sentir que estamos a tono con Gaia o que somos bien progres en el sentido más inadecuado de la palabra (es decir, regres).

Todas las culturas, al evolucionar, dejan atrás algunos de sus aspectos positivos junto con los negativos, y por tanto es necesario usar el criterio, la inteligencia y una visión de avanzada para seleccionar qué se debe recuperar (o impedir que desaparezca) y qué sólo se debe recordar como un error de los tiempos y cuyo lugar es el basurero de la historia.

Pero ahí sí que la jodimos, porque hablar de criterio, inteligencia y visión de avanzada cuando se trata con coprolitos parlantes es como hablar de la sensibilidad poética de los caracoles de panteón.

Y entonces aparecen megatontos que dicen "soy druida", que hacen "rituales druídicos", que celebran "bodas druídicas" y que, peroporsupuesto, han inventado "iglesias druídicas", mismas que se dedican a pelearse entre sí a ver quién es más druida que el otro.

La realidad es que de los druidas verdaderos, los sacerdotes celtas, se sabe bien poco. Plinio el Viejo los menciona, abundando en su relación con los robles; Julio César, en su relación de la masacre de la cultura celta, nos da la descripción más amplia y conocida de los druidas, que junto con la de Plinio y la de otros escritores que se basan en obras desaparecidas, no va mucho más allá de lo que nos cuentan Uderzo y Goscinny en Las aventuras de Astérix el galo: hombres sabios con túnicas blancas cortando con hoces de oro muérdago de los sagrados robles, que eran sacerdotes y jueces, que eran respetados, que fungían de maestros y no tenían que pelear en las guerras ni pagar impuestos.

(De hecho, si nos fijamos un poco, muchos "druidas" actuales caricaturizan la caricatura de los genios franceses del cómic. Son Panorámix sin su gracia. Y sin sus poderes. Más parecidos a Asuracentúrix, también conocido como Seguroatercérix, pensaríamos, pero con peor voz.)

Los galos no dejaron historia escrita y los romanos, con su característica simpatía continental, se dedicaron a justificar las matanzas de Cayo Julio César argumentando que los celtas hacían atroces sacrificios humanos (argumento usado también para justificar la eliminación de Cartago y el fervor popular en las guerras púnicas, por cierto).

Confiar en que el enemigo de un pueblo nos dé una descripción serena, objetiva y desinteresada de las características de tal pueblo es disponer de candidez en cantidades genuinamente navegables (y ser candidato a que nos despeluque cualquier timador). Pero eso es lo que tenemos, pues, así que se nos perdonará si somos un tanto escépticos con la versión del César. Después de él, Augusto, Tiberio y Claudio se ocuparon de acabar con los druidas y todo lo céltico en el proceso de romanización de la Europa "bárbara", al que pronto siguió el proceso de cristianización.

(Por tanto, tampoco son muy de fiar los escritores del siglo VI de nuestra era y posteriores, que tratan de describir a los druidas desaparecidos siglos atrás.)

Lo demás es fantasía sin control de sujetos a los que les gusta que los llamen "archidruidas" y zarandajas por el estilo.

Estos neochapuceros del druidismo inventado aseguran que tienen "poderes" asombrosos que les vienen de muy antiguo sin ocuparse ni tantito de explicar de dónde los sacaron.

Lástima que los poderes de todos los druidas combinados no consiguieron evitar que Julio César los arrasara, los matara al mayoreo, conquistara Europa y, sobre la sangre de los celtas, construyera su autoexaltación pitorreándose de la de por sí frágil república romana.

(Esto no lo diga cerca de un neodruidoide, que pueden tratar de cortarle la nariz como si fuera un muérdago.)

Esa mascarada pastoril aburguesada que son los "druidas" del siglo XXI se repite también en los desfiguros de muchos otros "neopaganos", como la psicodisléptica religión "wicca" inventada por el británico Gerald Gardner entre 1949 y 1954 (asegurando, claro, que tenía conocimiento de una tradición oral milenaria, aunque, para sorpresa del personal, el misterio de cómo obtuvo ese conocimiento se lo llevó a la tumba) dando al mundo un batidillo entre el rosacrucianismo, la magia del gran showman Aleister Crowley y misticismo a medio cocinar de varias fuentes que trataban la "brujería" como si fuera una religión y no una práctica).

Por supuesto, todas estas religiones que impostoramente aseveran ser "herederas" de una u otra antigua creencia no hacen sino tratar de darle ropajes atractivos y respetables a sus muy modernas convicciones más o menos fanaticonas. Los neopaganos creen, como buenos verdes ultras posmodernos, que hay que "vivir en consonancia con la naturaleza" (lo cual está muy bien, siempre y cuando puedan ir en su todoterreno hasta los campos sagrados donde hacen sus desfiguros druídicos, o siempre que al tener un cálculo renal puedan correr al hospital a que los atiendan en lugar de hacerse una poción). Y entonces suponen que si los druidas adoraban al roble porque en él crecía una planta que no tocaba la tierra (el mentado muérdago) y tal cosa les parecía mágicamente maravillosa... entonces seguramente eran ecologistas modelo 2004.

Creer tal cosa es cometer uno de los más grandes pecados en el estudio de la historia y de la antropología: la proyección de nuestras propias creencias, ideas, suposiciones, conocimientos y forma de ser sobre el objeto de nuestro estudio.

Esto es una falla metodológica que han identificado claramente los verdaderos estudiosos, pero para un charlatán con tan poco seso como para poner sus propios meados en un vaso y bebérselos, es un modo de vida y una acción de profunda mala fe.

Lo cual no es nada raro cuando tratamos con imbéciles capaces de creerse una novela (como El código Da Vinci, por decir algo) y luego salir corriendo a perpetrar copiando de aquí y de allá un "diccionario esotérico" para que la gente "entienda" los "misterios revelados" de la novela, como ha hecho cierto escupemicrófonos de infame memoria.

Lo único que nos queda es desearle a los adefesios de "lo tradicional" que se vean desprovistos de agua corriente, electricidad, gafas, seguridad social, gas, televisión, Internet, radio, ropa de fábrica y otras horrendas supuraciones del mundo moderno y que se retiren a una cueva a comer bayas y a abrazar robles, con lo cual nos harán el enorme favor de dejar de estar jodiendo con cuentos sobre un pasado que nunca existió más que en sus villanas neuronas.

julio 27, 2004

Detrás del creacionismo

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Como parte de la celebración de la Semana Negra de Gijón (si no ha ido, no debe perdérsela el año que viene), un grupo de escritores visitó el Museo del Jurásico de Asturias, joyita arquitectónica y museográfica sobre la cual puede usted averiguar aquí y aquí, y que da una visión de conjunto de la era de los dinosaurios aprovechando los yacimientos de fósiles que han estado apareciendo en Asturias.

Lo que más me gustó es que tienen un fósil "para tocar", es decir, expresamente puesto allí para que uno haga precisamente lo que suelen prohibir los museos que creen que se aprende sólo con la vista y el oído, y que las texturas nos las tenemos que imaginar.

Todos tallamos alegremente el fósil en cuestión. Igual este bloggero que el poeta mexicano Juan Bañuelos o la autora española de ciencia ficción Elia Barceló, como parte de la visita que nos llevó desde los primeros dinosaurios hasta los emplumados predecesores de las aves de hoy. Visita interesante, ilustrativa y que nos hizo pensar en la enorme, colosal, riquísima cantidad de datos y hechos a los que tienen que cerrar los ojos algunos para mantenerse en la terca de su peculiar interpretación de su religión, interpretación que, hay que señalarlo, no comparten la gran mayoría de los creyentes en la Biblia como libro sagrado (judíos, cristianos y musulmanes).

Hay dos formas de aproximarse a intentar explicar la realidad. La primera es ver todo cuanto ocurre relacionado con el fenómeno que nos interesa, obtener todos los datos relevantes del caso y luego ordenarlos de modo que se diseñe una hipótesis capaz de explicar todos los datos, hechos y acontecimientos que hemos recopilado. Esto es lo que hace la ciencia y lo que en la mayoría de los casos hacemos todos nosotros al enfrentar los desafíos del mundo que nos rodea (como diría cualquier documental farragoso de la 2 o del canal de Historia). La sistematización de esos datos permite exponerlos con claridad, valor didáctico e interés en libros como los de Richard Dawkins o en museos como éste, cariñosamente llamado el "Muja".

La otra forma de enfrentar la realidad es enamorarse de una explicación más o menos extravagante (naves extraterrestres, telepatía, loqueseaterapia, revelación místico-religiosa con algún dios malcriado y vengativo) y luego aterrizar con ella sobre los datos, seleccionando amorosamente los que refuerzan nuestra explicación y barriendo debajo de la alfombra cualquiera que no se ajuste a lo que se nos da la gana creer irracionalmente. Así es como funcionan los crédulos en las más diversas áreas del charlatanaje.

Y en el charlatanaje de pedorrera mental destacan los talibanes bíblicos ultrafundamentalistas, especie de fanáticos babeantes que aseguran que cada palabra de la Biblia es verdad absoluta y literal, y que, por tanto, toda la realidad debe interpretarse de acuerdo a lo que se dice en dicho libro sagrado, en particular su primera parte, el Génesis.

(Si usted les narra cómo ha sido cambiada y adaptada una y otra vez la Biblia al paso de los siglos, les puede provocar un aneurisma.)

Para no ser llamados orates, salvajes, ignorantazos de altos vuelos, deformadores de la realidad o simples torquemadillas sin brújula, estos personajes gustan de llamarse "creacionistas". Su principal afirmación es que el mundo fue creado hace apenas seis mil años por su deidad particular, y única y exclusivamente para darle albergue al ser humano, cumbre de la creación de su peculiar dios mitológico.

(Claro que al ver a Hitler, Franco, Pinochet, Jeffrey Dahmer, George W. Bush, Idi Amín y otros especímenes de similar ralea, eso de la "cumbre de la creación" no sale muy bien parado.)

Para sustentar su opinión, los creacionistas nos regalan afirmaciones descabelladas sin ningún dato al canto, como que el hombre convivió con los dinosaurios, que la Tierra no puede tener 4.500 millones de años ni el universo puede tener 15.000 millones de años y que la extinción de los dinosaurios se debió al diluvio (dicho de otro modo, Noé decidió no hacerle caso a su dios y no se le dio la gana meter en su arca parejas de basilosaurios, apatosaurios, velociraptors, hadrosaurios, diplodocos, ceratopsios y las demás variedades que forman los miles y miles de especies de dinosaurios).

El brillante físico Wolfgang Pauli dijo de las teorías tan desprovistas de comprensión y tan mal definidas que "ni siquiera están equivocadas". La frase se aplica perfectamente a mitociencias como la patraña creacionista, que desprecia tantísimos aspectos del conocimiento humano y es tan extravagante e irracional que asombra a quienes se asoman a ella. Tratar de demostrar que está simplemente "equivocada" es como tratar de convencer a un paranoico de que nadie lo persigue o darle un curso de teoría de las probabilidades a un ludópata.

La única base del creacionismo es el fundamentalismo protestante. Las distintas iglesias protestantes son continuas productoras de talibanes cristianos, y vaya usted a saber por qué los católicos de otros países se apuntan a todas esas loqueras.

Si quiere usted ver una crítica a fondo de las más destacadas barbaridades que sueltan los creacionistas (mismos que en Estados Unidos luchan a diario para impedir que la evolución se enseñe en las escuelas), dése una vuelta por el Institute for Biological Research que tiene una página en español bastante completa, o, si lee en inglés, pásese por la revista Scientific American que da 15 respuestas a las tonterías creacionistas, o bien tómese un rato para leerse lo que dice sobre el creacionismo la Página racionalista.

O sea, como eso ya está hecho y bien hecho, no nos vamos a poner aquí hacer la crítica del creacionismo dato por dato y afirmación por afirmación. A cambio, nos concentramos, como siempre en lo obvio, en el error de fondo, en la más clamorosa estupidez. Y en este caso, lo obvio y la más clamorosa estupidez es que los huesos de los dinosaurios que nos encontramos son fósiles, es decir, son huesos mineralizados hasta convertirse en piedra, mientras que todos los restos que tenemos de hace seis mil años (según las ocurrencias de George Mc Ready Price, geólogo novato y fanático religioso adventista que fundó el creacionismo moderno según lo relata El loco, loco origen adventista del creacionismo moderno) son óseos, porque no han tenido tiempo de fosilizarse.

No hay fósiles de Neandertales de hace 30 mil años, tampoco, por no decir más recientes. La ciencia explica y demuestra que en tan breve tiempo no se pueden mineralizar los restos, lo cual dice a gritos que si hay restos mineralizados o hubo magia o pasaron millones de años.

Un fósil de un animal moderno como el hombre, o un hueso orgánico de un animal antiguo como el gigantosaurio serían un argumento sólido para los creacionistas. Pero para su desgracia, el tiempo ("el tiempo, el implacable, el que pasó", que cantaba la Sonora Ponceña) es el único que puede hacer fósiles y destruir los huesos. El proceso de fosilización en sí basta y sobra para dejar en ridículo a los creacionistas y su idea de que el Universo se inauguró hace apenas 6 mil años.

Pero tras el velo alucinante del creacionismo se oculta un bicho mucho más peligroso, como siempre ocurre con los fundamentalistas. Para estos peligrosos fanáticos, si la historia del Génesis no es literalmente cierta, entonces muchas de sus creencias adicionales, generalmente las más llenas de odio, podrían no ser literalmente ciertas, lo que podría implicar que su deidad no les da permiso para odiar lo que odian.

¿Qué odian?

Como buenos fanáticos religiosos, están profundamente obsesionados por el sexo, y por ello consideran (y así se puede leer en sus pasquines) que aceptar el hecho de la evolución "justifica" horrores como los condones, la homosexualidad, la promiscuidad, el disfrute del meneo y el meneo del disfrute.

Y ellos, hermanos míos, están en este mundo precisamente para evitar que a cualquiera de nosotros se nos ocurra disfrutar del viejo metesaca. El sexo debe ser odioso, repelente, doloroso (de preferencia), desagradable, monstruoso y satánico. ¿Por qué? Porque creen que eso dice la Biblia, cosa que, por cierto, puede rebatir cualquiera que se haya leído la Biblia, en particular el Antiguo Testamento, plagado de historias sabrosas de encornamientos, calenturas, amores apasionados y otras maravillas. Pero todo fanático tiene su lado masoquista.

(Paréntesis necesario: cuando se llega al sabrosísimo Cantar de los cantares de Salomón, éstos mismos predicadores dejan de creer en el literalismo fundamentalista y pasan a suponer que los febriles versos del sabio rey hebreo son "metáforas", "parábolas" o "versos simbólicos", es decir, lo mismo que no aceptan que pudiera el Génesis.)

Pero hay más: el fundamentalismo es amigo del racismo, de la esclavitud y de la violencia, de la "guerra santa", de la tortura y de la brutalidad, porque, como dijo Blas Pascal, "Los hombres nunca hacen el mal tan totalmente y tan alegremente como cuando lo hacen a partir de convicciones religiosas".

Porque odian muchas cosas: al socialismo, a los ateos, a los judíos, a las mujeres, a los musulmanes, a los budistas, a los movimientos por la justicia social, a los pacifistas, a los científicos, a los racionalistas... odian, como todo buen obseso radical, a la gran mayoría de los seres humanos.

Detrás de los escritos de los "creacionistas" (todos ellos pastores, abogados, ministros, nunca biólogos moleculares, paleontólogos o geólogos) solemos encontrar la necesidad no sólo de que su creencia sea cierta, sino el sueño de que su iglesia (conducida por ellos, faltaba más) controle el mundo, las escuelas, las camas y las almas de todos, muy especialmente de los que se atreven a no creerles.

Pero, muy a su pesar, la evolución no es una "teoría" en el sentido que el lenguaje común le da a la palabra, sino una teoría científica, es decir, una descripción de los hechos conocidos, como la teoría de la gravedad de Newton (que describe un hecho real: las cosas se caen), la teoría de la relatividad de Einstein (que describe hechos reales a nivel macrocósmico) o la teoría de la circulación de la sangre de Harvey (que describe el hecho de que la sangre circula).

La evolución es un hecho, y hay teorías diversas que buscan describir cada vez más precisamente cómo ocurre este hecho, pero ninguna de ellas propone que el hecho que estudian no exista, como no hay una "teoría" "antigravitacionista" que diga que la gravedad no existe. Las teorías neodarwinistas se diferencian, por ejemplo, en que algunas plantean que la evolución es un proceso continuo mientras que otras consideran que las poblaciones animales se pueden mantener relativamente estables durante bastante tiempo y experimentar los grandes cambios evolutivos en períodos más bien breves.

A los creacionistas no les interesa saber cómo se crean las especies, cómo han evolucionado los seres vivos ni cómo empezó la vida, lo que les interesa es colaborar en el establecimiento de teocracias del nuevo milenio que nos devuelvan a los viejos, buenos tiempos de Tomás de Torquemada.

Y para conseguir esto abusan de la ignorancia de la gente, inventándole afirmaciones a los geólogos, biólogos, bioquímicos, zoólogos, físicos, químicos, embriólogos y otros científicos a los que, si pudieran, quemaban vivos.

Ese detallito es el que le quita lo cómico a las memeces, burradas y barbaridades que diseminan estos tipejos. En el fondo, son peligrosos, como la mayoría de los charlatanes.

julio 21, 2004

Memorias con un pillastre

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A ver, estuvimos medio desaparecidos porque como parte del delirante pluriempleo que padezco (en el que me veo obligado a ver cómo hago para combinar lo que tengo que hacer para vivir con lo que me da la gana hacer, como este blog) ocupé del 9 al 18 de julio en ser parte de la organización y realización de la Semana Negra de Gijón, magnífico festival multicultural-literario-lúdico-gastronómico-erótico-mágico-alcohólico-político-musical que fue el responsable de que visitara España por vez primera hace 12 años.

Alguna de las experiencias de esta XVII Semana Negra dan para una entrada en este blog que ya estamos perpetrando.

Pero, entretanto, se nos había pasado (lamentable olvido) invitar a las guapas lectoras y a los horrorosos lectores que nos visitan a que pasen por el barrio de El escéptico digital en su número 10 (joer, vaya si se me había pasado, es de hace como dos meses) y conozcan las confesiones de este bloggero sobre sus relaciones con el singular mocoso Jaime Maussán, cómo conoció a este especimen, desde cuándo lo pone en ridículo en los medios mexicanos, cómo ha coleccionado las mentiras que exuda la sola presencia de esta vergüenza del periodismo serio y otras historias que se remontan a hace aproximadamente un montón de años.

Así que, en lo que yo acabo las ochocientas cosas que tengo que hacer y que no hice porque la Semana Negra me gusta un montón y más me gusta ver cómo la ultraderecha local echa espuma por la boca ante el éxito de tan peculiar fiestecilla, pase usted por la URL indicada y refocílese en las memorias que me han dejado mis encuentros con tan singular rascahuele.

Regreso en un momento, pues.