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junio 27, 2010

Todoenuno de telebasura rosa y esotérica

La gira de Anne Germain, todo por la pasta.
Don Pedro Luis Criado, lector de este blog, me informa de que Telecinco, canal de la televisión española bastante esotérico recientemente fusionado con Cuatro, canal mucho más esotérico, prepara ni más ni menos que un programa de televisión que mezcla las dos formas de telebasura que han enriquecido a ambas televisoras al tiempo que embrutecen a sus espectadores y bajan a niveles subterráneos el diálogo mediático de nuestra sociedad: el famoseo y la superstición.

Así, 20 minutos nos informa que uno de los amos de la telebasura, Jordi González, pondrá a los famosos y famosoides que su canal depreda en diversos programas ante una presunta "médium" que, dotada de una tabla Ouija(marca registrada) hará que los presuntos famosos hablen con sus presuntos muertos, sistema que les servirá divinamente, suponemos, para seguir fungiendo de buitres de personajes occisos que en vida tuvieron cierta notoriedad, como Lola Flores, Paquirri, Carmina Ordóñez, Rocío Dúrcal y otros cadáveres capaces de ofrecer pingües beneficios.

La gran baza para este despropósito de la superstición rosa es Anne Germain, una conocida embustera británica que ha realizado programas similares en Italia y Portugal, según informa también la página web especializada VerTele. La productora que tuvo la genial idea de copiar la basura ajena es Plural Entertainment (oh, yeah!), del grupo Prisa.

Anne Germain es una profesional de la superstición con un amplio menú de opciones para sacarle los cuartos a los angloparlantes y, desde que inauguró su programa portugués este año, también lo puede esquilmar en el idioma de Camoes aunque allí, astutamente, no da sus precios. Será de esperarse que pronto nos vea la cara también en español.

Lo que no ha hecho nunca la tal Anne Germain es demostrar que realmente puede comunicarse con los espíritus, pero eso no preocupa a quienes la contratan, como resulta evidente.

Lo que sí es demostrable es que doña Anne Germain utiliza el bien conocido truco de la "lectura en frío" y la "pesca de datos", es decir, procedimientos bien estudiados que numerosos falsos médiums emplean para simular que hablan con los espíritus.



Si ve usted el vídeo promocional de la falsa bruja, por ejemplo, en el minuto 2:30 más o menos, la embustera en cuestión "recibe" de los "espíritus" un cumpleaños "en el mes de marzo", y añade: "alrededor del 5 o 6, pero también tengo que ir alrededor del 27 o 28 de marzo"... ¿Cuánto es "alrededor de"? ¿Un día o tres días? No lo dice. Uno podría preguntar por qué el espíritu no dice "nací el 5 de marzo a las 8 de la mañana"... ¿es que no lo sabe? ¿Por qué hacerse tonto? La respuesta es que no hay espíritu, claro. La personaja está diciendo vaguedades y va ampliando la perdigonada hasta que alguna de sus víctimas diga que su abuelo, un tío, una prima lejana o un amigo de la infancia nació en esa fecha. Y esto queda claro cuando 40 segundos después dice que "tiene" que ir a un cumpleaños en Abril, concretamente el día de los tontos (curioso), o sea el 1º de abril, April fool's day. Luego recibe el mensaje de que "las vacaciones saldrán según lo planeado". Y así puede seguir durante horas, con cosas aplicables a muchísimas personas, hasta que alguien caiga.

Sencillo, impresionante y sin espíritu alguno. Si alguien tiene un primo que nació el 28 de febrero, una hábil manipulación hará creer a la gente que ella "atinó" con la fecha. Más adelante sugiere que le habla una mujer que era mayor de edad y con la que algún asistente se relacionó entre los 7 y los 11 años de edad. Vamos, una experiencia rarísima que sólo un vidente puede descubrir, no algo que nos pase a todos con nuestras tías y las amigas de nuestros padres.

Y así se va engañando gente por el mundo, manipulando sus sentimientos, haciéndoles creer que están en contacto con seres queridos que ya han muerto, enviando mensajes más bien generalistas y bobos, como "está muy orgullosa de ti" y sin jamás dar un dato real como "dice que el candelabro de oro incrustado de diamantes lo enterró junto al olmo viejo de la hacienda de Pepiño", información que sí sería impresionante y desafiante.

Por supuesto, si los genios de Plural Entertainment (go, boys!) y los señores de los dineros en Telecinco y Cuatro quieren pasar a la historia (y de paso amasar una fortuna tan fabulosa que podrían contratar a Steve Jobs para que les fregara el baño, y a Bill Gates para que le ayudara), bastaría que permitieran que su "estrella mediúmnica" demostrara sus asombrosas capacidades bajo condiciones experimentales razonablemente controladas.

Pero no lo harán.

El mundo de la telebasura rosa y la telebasura esotérica, finalmente, siempre han estado más cerca de lo que uno podría creer. A nivel periodístico, en cuanto a acuciosidad, deontología, contraste de la información, respeto al público credibilidad y seriedad, finalmente, Íker Jiménez no es sino Jorge Javier Vázquez sin gafas. Y Lydia Lozano es Carmen Porter con algunos años más de experiencia en el oficio.

febrero 01, 2004

Psicofonías y psicopatologías

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(Republiicado luego de borrarlo por error)

Cada jueves, en el popularísimo programa "Crónicas marcianas" de Telecinco (el canal 5 de la TV española), toma la tribuna un tal Javier Sierra, director de la revista "Más allá" dedicada a la difusión de todo tipo de charlatanerías, sin más límite que su comerciabilidad.

Javier Sierra viene acompañado siempre de uno o más farsantes, algunos pintorescos, otros francamente ofensivos y, los más, sujetos aburridísimos que refritean más o menos bien aleccionados las mismas supercherías que se difundían hace un cuarto de siglo en revistas como "Duda", "Contactos extraterrestres" y "Supermente" en México o "Mundo desconocido" y "Stendek" en España.

Evidentemente, los clientes potenciales de esta repetición de temas no están al tanto de los ridículos que pasaron quienes, en el pasado, hicieron las mismas afirmaciones y ocuparon los reflectores de la opinión pública mientras se llenaban los bolsillos. Total, era cosa de aguantar un poco y, renovado generacionalmente el público, resurgieron los charlatanes televisuales con las mismas historias.

Uno de los ejemplos recientes más clamorosos a los que pudimos asistir asombrados fue la presentación de un tipo que asegura que hace "psicofonías".

Esto de las "psicofonías", que suena científico e importante, consiste en lo siguiente: usted graba algunas barbaridades en una cinta magnetofónica (casete o carrete, da igual), repitiendo lugares comunes místicos (digamos, creyéndose por un momento una especie de sabio oriental, sean como sean los sabios orientales), fingiéndose espíritu (abuelo o bisabuelo de alguien) o recreando alguna escena más o menos histórica (para esto puede ayudarse grabando balazos y gritos en el Canal de Historia, que todo el tiempo transmite documentales de la Segunda Guerra Mundial).

Una vez que dispone de la grabación, se provee de una cara dura, la más dura que pueda encontrar, y se presenta a las oficinas de Javier Sierra diciendo que fue a un lugar misteriosón (cementerio, casa embrujada, hogar de místico, campo de batalla), encendió la grabadora y se quedó allí, mirando a una pared, durante dos o tres horas (o días) durante los cuales, por supuesto, usted no escuchó nada ni mucho menos dijo ni pío. Y, sin embargo, asegura con vehemencia, en la cinta aparecieron mágicamente grabados esos sonidos que vienen del pasado, del más allá, de Ganimedes o del sótano de un chef de sushi de Kyoto.

Javier Sierra le cree de inmediato (o al menos lo finge de manera convincente, vaya usted a saber) y publica en su revista la fantástica historia aderezándola con preguntas que hagan aún más misteriosa y maravillosa su cinta y relacionándola con otros tremendos misterios que pueden no tener nada que ver pero que llenan páginas y hacen volar la imaginación del lector. Si tiene suerte, le publica un CD con su asombrosa grabación. Luego, lo pasea por emisoras de radio donde usted repite su historia, adornándola de cuando en cuando con detalles que recuerda de repente y, finalmente, lo lleva a "Crónicas marcianas", donde, en todo caso, el director Javier Sardá hará burla de sus tonterías y las tratará de confrontar con la más elemental razón, pero sin llegar a profundizar en los abismos del absurdo que usted realmente propone (Sardá es, después de todo, un comunicador muy profesional que maneja magníficamente a los charlatanes de la prensa rosa, pero no tiene gran experiencia lidiando con charlatanes místicos y desenmascarando sus pamplinas).

Y, además, en todos los casos usted recibe los respectivos cheques, nada despreciables.

¿Por qué se podría dudar de usted? Después de todo, está diciendo que asistió a una maravilla sin que lo viera nadie, sin control alguno, con una cinta que nadie comprobó que era virgen, y que obtuvo secretamente resultados que desafían a la inteligencia y que sólo usted sabe interpretar correctamente.

Pocas cosas más confiables puede haber en este mundo, ¿no?

Además, usted lleva barba y se peina con secador de aire, sin contar con que se presenta impecablemente vestido de traje. ¿Alguien sería capaz de dudar de la honestidad, honorabilidad y seriedad de una persona así? ¿Qué importa si nadie lo vio cuando cocinaba su milagrito? ¿Qué tiene que ver el que desafíe todas las leyes de la física? ¿Por qué habría alguien de preguntarse cómo se enteró usted de que allí, precisamente, se escucha la voz de Alejandro Magno tomando preso a Darío o la música de la banda de la cantina de Star Wars? ¿Qué insultante se tendría que ser para preguntarle a usted cómo es que el mecanismo electromagnético de una grabadora se convierte en una especie de médium que no cobra?

En realidad, para creer que hay una "verdadera psicofonía" sería necesario diseñar la experiencia de una forma controlada desde el punto de vista experimental, con participación de técnicos, científicos y magos de escenario que tuvieran total supervisión de cintas, grabadoras y psicofonistas durante todo el tiempo que durara la experiencia.

Aquí vale la pena hacer un alto y preguntar por qué rayos habríamos de meter a un mago de escenario en este enjuague. La respuesta es muy sencilla: los científicos no están muy acostumbrados a que alguien trate de engañarlos. Dicho sin ánimo de ofender, suelen ser gente bienintencionada y bastante ingenua. Un mago, por otro lado, es un profesional del engaño, de la simulación y de la distracción para aparentar milagros, y por tanto es un especialista indispensable cuando se trata de desenmascarar charlatanes.

La idea de un experimento controlado, obviamente, es que ni un farsante muy bien entrenado pueda introducir un engaño, truco o falsedad en el proceso, aunque tuviera un ingenio y una versatilidad que, por lo demás, no suelen ser parte del bagaje intelectual de estos personajes.

Por supuesto, quienes se ocupan de este lucrativo negocio se niegan sistemáticamente a someterse a controles de cualquier tipo. Para ello han inventado un argumento en apariencia impenetrable: la presencia de incrédulos, escépticos, científicos o personas que les parezcan non gratas provoca misteriosas "malas vibraciones" que impiden que se manifiesten las fuerzas sobrenaturales.

En otras palabras: si el milagro no ocurre, la culpa es de los que se atreven a dudar, no del honrado y trabajador charlatán.

En los años ochenta asistí a la actuación de un célebre vidente que afirmaba, al principio de su show, que si alguna de las maravillas que anunciaba no se materializaba se debería a las malas vibraciones de los escépticos descreídos malvados. Durante los siguientes cientoytantos minutos me concentré en echarle toda la mala vibra del mundo, pero sus trucos siguieron funcionando exactamente igual que siempre (trucos, por cierto, que cualquiera puede aprender en un club de magos o escuela de magia de escenario).

Siempre me he preguntado si las maravillas habrían funcionado igual de bien si el psíquico en cuestión hubiera sabido que yo estaba allí en calidad de escéptico y que, posteriormente, revelaría algunos de sus trucos en los medios de difusión.

Pero lo que verdaderamente hace de las psicofonías la mejor puerta de entrada a las maravillas de vivir sin dar golpe es que requieren de una inversión mínima y cero habilidades (como no sea que susurrar ante un micrófono se considere una habilidad). Simplemente necesita una grabadora, una cinta, una desvergüenza monumental y, claro, a Javier Sierra.