agosto 18, 2012

Antroposofía: la secta y su banco (Triodos)

(Actualización, 12 de octubre de 2013: He publicado una entrada nueva dedicada concretamente a la "pedagogía Waldorf" de la secta antroposofista que complementa a ésta. Esa entrada fue bloqueada por Blogspot debido a una queja de Triodos que afirmaba que habría acciones legales que año y medio después no se han llevado a cabo. Afortunadamente, más de 25 sitios solidarios reprodujeron esa entrada, que así no ha podido censurar la banca "ética".)

(Nota: Iba yo a escribir desde hace meses una breve entrada sobre Triodos Bank por lo que se habla de este banco como una opción más ética que su competencia. Imposible. Para entrar en la actividad y filosofía de Triodos Bank hay que recorrer todo un universo paralelo de esoterismo, ocultismo, karma, reencarnaciones, cuerpos etéricos, magia variada y una historia de fantasías retorcidas de más de 100 años. La entrada, pues, resultó un largo viaje por una maquinaria colosal de misticismo e irracionalidad en la que Triodos no es sino un engranaje.)
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EB: Aquí tiene usted dos tomates. En este tomate usted puede ver que tiene productos químicos, que le han echado fertilizantes, que además tiene hormonas, y además resulta que está deteriorando el agua...  
PC: Y el otro es sano, sanísimo. 
EB: Y le digo ¿cuál elige usted? No hace falta que le hable de agricultura ecológica.
El que presenta el ataque de los tomates asesinos (tal como en la vieja película que era una parodia, pero lo dice en serio) es Esteban Barroso, ni más ni menos que presidente de Triodos Bank España. El que lo interrumpe para apoyarlo con el tomate perfecto es Pepe Cavero y la entrevista se desarrolla en Intereconomía, canal de televisión de la ultraderecha, de súbito enormemente entusiasmada con esta institución bancaria que se presenta como "banca ética" y por tanto atrae más a ahorradores de izquierda o progres. Puede ver la entrevista completa aquí, si por alguna causa quiere ver Intereconomía y su estómago lo tolera. No deja de ser extraño ver a un banquero y a un propagandista de Intereconomía repitiendo los lugares comunes que suelen corresponder más al mundo alternativista, antisistema y newagero. Como para suponer que hay gato encerrado.

Por supuesto, yo, haciéndole caso al amigo J.M. Mulet, me quedaría con el tomate que tiene productos químicos porque, de hecho, igual que usted y yo y los pandas que hay que salvar, está compuesto por sustancias químicas y no por eructos de gnomo, afortunadamente. Sustancias como los aldehídos, alcoholes, cetonas y ésteres insaturados de cadenas cortas responsables del agradable sabor del tomate que tanto nos seduce, las enzimas encargadas de producir estos compuestos y los otros miles de compuestos que forman algo tan complejo como un tomate. Y desearía que haya sido nutritivamente enriquecido con fertilizantes y no con arena revuelta con agua (ver abajo). Y además sé, gracias a que leo a los biólogos, que todos los tomates (como todos los seres vivos incluido usted) tienen hormonas, las producen, las necesitan. Sin ellas mueren. De lo de deteriorar el agua no digo nada porque no lo entendí.

Es la diferencia entre leer lo que dice gente que sabe de un tema en lugar de leer a banqueros que dicen saber biología, agricultura biodinámica y otras cosas así.

Porque sí hace falta que se hable de "agricultura ecológica", ese concepto convertido en éxito de márketing sin que la gente tenga muy claro de qué se trata. Afortunadamente para eso está un blog como el del ya citado Mulet que le recomiendo.

Y también hace falta hablar de Triodos como banca esotérica y banca antroposofista. Una banca cuyo presidente en España cree que los tomates pueden existir sin productos químicos, crecer sin fertilizantes y vivir sin hormonas porque es adepto de una escuela de magia inventada a principios del siglo XX por un austríaco que se creía clarividente, una multinacional de la charlatanería que suele volar por debajo de radares que sí detectan a otras como la cienciología, el timo homeopático o a Anne Germain.

Triodos se creó para financiar proyectos ya sea pertenecientes a su secta o afines a las creencias esotéricas de la misma, y se ocupa de esta tarea con entusiasmo. Es el Banco del Vaticano de la antroposofía.

El ocultista Rudolph Steiner, a quien
sus seguidores suelen presentar igual
como "filósofo" que como "científico".
(Foto D.P. vía Wikimedia
Commons)
Antroposofía: inventarse las respuestas

La antroposofía es un movimiento, escuela o religión esotérica fundada por Rudolph Steiner, ocultista austriaco. Este personaje, que ya a los nueve años creía que veía fantasmas, fue originalmente promotor en Alemania de la llamada "Teosofía", negocio esotérico de la astuta rusa Helena Petrovna Blavatsky y sus socios (algo comentamos de ella en los primeros párrafos de esta entrada) de 1899 a 1907, cuando se separó para poner su negocio personal. Si la empresa de Blavatsky se llamaba "teosofía" o "conocimiento de dios", él dio un buen golpe inventando la "antroposofía" o conocimiento del ser humano.

Alguien dijo que ninguna pregunta es difícil si uno puede inventarse la respuesta. Y ningún problema es complejo si uno puede inventarse la solución. Aunque la respuesta sea incorrecta y la solución no sirva, cosa que para muchos es irrelevante. Y al señor Steiner eso de inventarse respuestas y soluciones maniáticas se le daba extraordinariamente bien en todos los terrenos de lo divino y de lo humano. Aunque él, es evidente, no decía que se inventaba las respuestas, o que se las sacaba de la chistera, sino que las obtenía del éter gracias a que era, ni más ni menos, clarividente.

Y, como era clarividente (y no tenía que demostrarlo), procedió a dictar cátedra sobre las más diversas disciplinas, considerando que sus fantasías bastaban para explicar el universo completo.

Así, por ejemplo, decretó que el ser humano está compuesto de tres elementos: espíritu, alma y cuerpo, y el cuerpo en realidad son tres: un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, además de un ego, espectacular afirmación de la que no existe evidencia alguna. Igualmente anunció que la conciencia humana evoluciona a partir de la etapa de la clarividencia, que pobrecilla es aplastada por la razón intelectual conforme crecemos, (por eso creía que el hombre había "descendido" de un perfecto mundo espiritual a uno de materia repugnante de la que había que salvarnos). Por ello, como buen místico, Steiner odiaba la razón y la ciencia, y las sustituía con lo que él consideraba su avasallador genio mágico.

Adicionalmente, por sí mismo y en consulta con su mismidad, descubrió asombrado que él, Rudolph Steiner, era ni más ni menos que la persona indicada para enseñarnos a desarrollar nuevas capacidades para ser al mismo tiempo clarividentes, imaginativos, intuitivos y hasta capaces de pensar, pero sin exagerar.

Así, las enseñanzas de este autoproclamado genio lograrían que el ser humano pudiera reencarnar a lo largo de distintas etapas rebotando entre la vida terrenal y la espiritual hasta graduarse finalmente a la iluminación kármica, idea que copió del budismo porque tampoco se trataba de que lo inventara todo él habiendo piezas ya listas en el mercado. (De hecho, el pseudomisticismo occidental, desde Gurdjieff y Blavatsky hasta el new age y el posmodernismo han canibalizado alegremente las supersticiones orientales, que tienen mucha credibilidad en occidente desde tiempos de Marco Polo, que tampoco tuvo que ir a oriente para venderle el orientalismo a los occidentales durante siglos.)

Esto le dejaba tiempo libre para desarrollar multitud de prácticas relacionadas con sus conjeturas.

Escuelas Waldorf

Para la niñez que formaría sus seguidores del mañana, Steiner ideó una filosofía educativa completa basada en sus creencias, la "educación Waldorf" (porque sus primeros niños-conejillos de indias eran de una fábrica así llamada) diseñada en principio para que los niños rehuyan la ciencia materialista y desarrollen, entre otras cosas, su clarividencia y sensibilidad (después de todo, Steiner afirmaba poder conocer todos los aspectos de la ciencia mediante la emoción, sin ningún esfuerzo intelectual).

A diferencia de otros métodos educativos (como el Montessori), la educación Waldorf no se centra únicamente en cómo enseñar mejor a los niños, sino que se orienta a qué enseñarles para obtener resultados místicos, pero disimulándolo para poderse insertar en los espacios de la educación legítima (que ya suficientes problemas tiene) e incluso acceder a algo que a los steineritas les emociona particularmente, como veremos: el dinero público.

Steiner fabuló que los niños son espíritus que aún no se implantan totalmente en sus cuerpos físicos, es decir, que viven con un pie en el mundo de los espíritus y otro en el mundo real. El educador debe ocuparse sobre todo del desarrollo kármico del niño, facilitando que su espíritu se encarne conservando su clarividencia. Para ello hay que superar varios obstáculos, decía Steiner. El pensamiento racional es uno. La lectura es otra actividad perjudicial para la clarividencia, así que a los niños victimizados en las escuelas Waldorf no se les debía enseñar a leer en la primera etapa de su vida (del nacimiento a los 7 años) sino hasta que cambian sus dientes de leche por los permanentes, criterio que no tiene más bases que las místicas.

De los 7 a los 14 años, segunda etapa del desarrollo, dice, el niño está movido por la imaginación y la fantasía, así que se le enseña mitología, danza, artes y lo menos posible de temas académicos. Luego viene una tercera fase fantástica: el niño, cuyo espíritu ya está bien cosido al cuerpo, atrae a un "cuerpo astral" que al introducirse en él provoca la pubertad.

El niño que ha tenido la desgracia de caer en las garras de una escuela Waldorf corre además el riesgo de que, si enferma, lo atenderán además con homeopatía y "medicina antroposófica" (ver abajo) y, en caso de lesión, recibirá el "Remedio de rescate" (mezcla de cinco esencias florales de Bach, las huele y ya). Por supuesto, el menor y sus padres se verán bombardeados con la posición no oficial pero muy reiterada de las escuelas Waldorf sobre las vacunas, es decir, que los niños no deben vacunarse al menos contra hepatitis B, difteria, tétanos, tos ferina,  gripe B, poliomielitis, sarampión, paperas, rubéola y varicela.

En las alucinantes palabras de Steiner:
Entendemos por qué, entre las mejores mentes de nuestro tiempo, hay una especie de aversión a la vacunación... Esto constituiría la contraparte indispensable sin la cual sólo estamos realizando la mitad de nuestra tarea. Estamos simplemente logrando algo a lo que la persona en cuestión tendrá que producir una contraparte en una encarnación posterior. Si destruimos la susceptibilidad a la viruela, nos estamos concentrando sólo en el lado externo de la actividad kármica.
Lo cual, traducido, significa que Steiner creía que la vacunación (como pensar y leer) interfiere con el desarrollo kármico y los ciclos de la reencarnación.

Niños haciendo eurritmia en una escuela Waldorf®
(Del sitio de la Princeton Waldorf Grade School,
fair use)
Para ello también creó la "eurritmia", una disciplina de movimientos, gestos y contorsiones con o sin música que "armonizan" las almas de los niños y donde cada movimiento corresponde a una vocal del alfabeto. Los niños de las escuelas Waldorf pasan horas haciendo eurritmia, actividad que según Steiner también curaba enfermedades, entre ellas, por supuesto, el cáncer.

¿Es extraño que pese a cien años de practicar estas majaderías aún no haya salido de las escuelas Waldorf un solo niño clarividente? A los steineritas no parece preocuparles y siguen haciendo barbaridades con los niños esperando que alguno los sorprenda.

Por otro lado, si Steiner ordenaba a los profesores decirle a sus alumnos que las islas como Inglaterra no están ancladas al suelo, sino que nadan en el océano y son mantenidas en su sitio por las fuerzas de las estrellas, no sorprende ninguna otra ventolera que le pasara por la cabeza.

Y todo esto sin entrar en las acusaciones de racismo que con frecuencia se dirigen contra la educación Waldorf y contra la antroposofía en general, que dan para otra entrada.

Steiner sabía de islas y de la Tierra porque era, claro, clarividente. Y por lo mismo sabía de todo, incluso de agricultura... y sin haber empuñado una azada en toda su cómoda vida.

El sistema astrológico de Steiner utilizado como
fundamento de la agricultura biodinámica
(Imagen GFDL de Leovilok, derivada de
Signes_astronomiques_et_
astrologiques-rotation105deg.svg,
vía Wikimedia Commons)
Agricultura biodinámica

Steiner se sacó de la manga (en ocho conferencias dictadas en 1924) la llamada "Agricultura biodinámica®" que se rige por calendarios astrológicos, por la supuesta influencia de la Luna y, sí, por las clarividencias de Steiner sobre el tema. Así, por ejemplo, se inventó una serie de preparados para usarse como fertilizantes y pesticidas. Como el 501, presuntamente para evitar infecciones por hongos en los cultivos, cuya receta vale la pena conocer:
Se toma cuarzo (óxido de silicio) y se tritura hasta hacerlo polvo, se embute en un cuerno de vaca y se entierra en el campo desde la primavera hasta el otoño. En otoño se saca, se mezcla una cucharada de polvo de cuarzo en 250 litros de agua y se rocía a baja presión sobre los campos cultivados.
Por supuesto, el cuarzo no combate las infecciones por hongos, y menos en una dilución tan absurda como una cucharada en 250 litros de agua. El cuarzo es óxido de silicio y es uno de los minerales más inertes de la naturaleza. Aunque lo haya uno enterrado en un cuerno de vaca. La lógica de este desarrollo se me escapa, quizá por no ser clarividente, pero el cuerno de vaca reaparece en otra fantástica receta de Steiner, esta vez relleno de estiércol.

El hecho de que la agricultura biodinámica haya sido adoptada por insignes cabezas de chorlito como Heinrich Himmler y el Príncipe Felipe de Inglaterra (destacado comerciante de vudumedicinas) bastaría para levantar la ceja, conociendo las pocas neuronas y las creencias idiotas de ambos personajes. (El dato sobre el jardín que tenía Himmler en Dachau, atendido por el jardinero de Weleda, vea abajo, es de Peter Staudenmaier en su abundantemente documentado y muy recomendable artículo La antroposofía y el ecofascismo.)

Para ser certificado como "agricultor biodinámico", el aspirante debe presentar su solicitud a otra empresa más del imperio antoposófico, Demeter, que le cobra un buen pico por su anuencia, sobre todo porque "biodinámica®" es una marca registrada de la secta (como "Educación Waldorf®" y otros). Si ya sabemos que la agricultura orgánica es más cara que la realizada con ayuda de la tecnología y la ciencia, la biodinámica es aún peor. Resulta entre 10 y 30% más cara todavía, en parte por su bajísimo rendimiento y en parte por el pico que se cobran los antroposofistas por certificar que las propuestas lunáticas de su fundador se han respetado debidamente.

¿Cuánto es "un buen pico"? Según su lista de precios, para revisar los documentos de los solicitantes les cobra 300 o 400 euros. Después, anualmente los productores deben pagarle a la empresa el 1,9% de su volumen de negocio total, con un mínimo de 150 euros. Los procesadores de productos agrícolas y los comercializadores "biodinámicos" deben pagarle a Démeter el 1,9% de su valor agregado o utilidad bruta (diferencia entre precio de compra y de venta)  con un mínimo de 300 euros.

Entre otros cargos facturables.

Medicina

Además, el prolífico e imaginativo señor Steiner tuvo tiempo de bordar el cuento de la "medicina antroposófica" (sin haber estudiado nada de anatomía, fisiología, patología ni tonterías así, estorbosas y tardadas) y decidió, por ejemplo, que el cáncer se curaba con muérdago, creencia que siguen teniendo los antroposofistas pese a que nunca han curado a nadie de cáncer con muérdago. Esto no obstó para que el remedio antroposófico de muérdago, Iscador® (sí, otra marca registrada) se empezara a vender desde 1917 sin parar. Los huecos dejados por sus ideas caprichosas sobre medicina los rellenó con homeopatía y otras pseudomedicinas.

La visión de Steiner de la enfermedad, era esperable, es caprichosa y sin bases, como ya vimos en la parte dedicada a las vacunas. Pero por no quedarnos en las afirmaciones de Steiner de hace un siglo, aunque para sus seguidores tienen valor de verdad absoluta, veamos cómo un médico (sí, con título de medicina, o eso dice) de hoy en día, Vance Dietz, explica la enfermedad según la secta para justificar su postura antivacunación:
La enfermedad le viene a un individuo no por azar, sino como una oportunidad de enfrentarse a su propio karma de encarnaciones anteriores. La enfermedad le da a la persona un mensaje que en última instancia le ayuda al autocrecimiento y autodesarrollo. La responsabilidad del sanador es ayudar al ser humano que sufre la enfermedad a enfrentarla kármicamente.
O sea, la enfermedad es buena, creencia bastante común entre los newageros que, al estilo de los flagelantes más fanáticos de diversas religiones, creen que el dolor es bueno, aunque su cuerpo diga que no.

Para comercializar y promover sus clarividencias médicas, Rudolph Steiner fundó una empresa que hoy sigue floreciendo en todo el mundo, Weleda, uno de los principales vendedores de preparados homeopáticos y vudumedicinas "alternativas" de Europa, así como de cosmética y cuidado para bebés con ventas por más de 266 millones de francos suizos (más de 221 millones de euros hoy) en 2010 según su propio y orgulloso informe anual, donde también podemos constatar que su gasto total en investigación y desarrollo es de cero euros con cero céntimos. Ventajas de obtener la verdad mediante clarividencia y sin necesidad de demostrar nada.

Minucias y bancos

Steiner también diseñó hogares antroposóficos para niños con necesidades especiales y generó la "arquitectura antroposófica". Ya encarrilados, sus entusiastas seguidores procedieron a inventar el habla antroposófica, la dramaturgia antroposófica, el desarrollo organizativo antroposófico y, por supuesto, la banca antroposófica.

Que es a lo que íbamos.

Antes de explicar la banca antroposófica, vale la pena notar que Steiner creía en la magia del número 3. Así como creía que tenemos 3 cuerpos, según su prolífica imaginación todo venía en grupos de 3, incluidas las sociedades, que podrían ser perfectas gracias a la "triarticulación social"  de la economía, la política y la cultura. Triodos quiere decir "triple senda", pero su significado ha sido cambiante para el banco. En 1997 decía que se refería a "cultura, derechos humanos y economía", pero en 2003 cambió afirmando que tocaba las esferas "social, medioambiental y cultural" y ahora habla de respetar "a la gente, al medio y a la cultura".

El señor Steiner, entre la plétora de creencias irracionales que sostenía, incluidas las que compartía con Blavatsky que se convirtieron en algunas de las bases de las filosofías racistas y eugenésicas de los nazis alemanes, tenía también algunos deseos nobles de justicia, libertad e igualdad... por medio de la antroposofía.

Es decir, para lograr la justicia y la libertad y la clarividencia es necesario que todo el mundo viva, se eduque, cante, baile, se cure y cultive según las quimeras de la omnisciente antroposofía. Y para promoverla, sus seguidores se dieron cuenta de que había que conseguir mucho dinero. Era necesario financiar clínicas, escuelas y demás instituciones para promover las ideas de Steiner, y ¿qué mejor manera de fabricar dinero que poner un banco?

El primer banco fundado por los antroposofistas fue el RSF Social Finance (RFS por Rudolph Steiner Foundation) fundado en 1936 y que opera como banco desde 1984; le siguió GLS, en Bochum, Alemania, que inauguraron en 1974, mismo año en que nació Mercury Provident en Gran Bretaña y, finalmente, vino Triodos Bank en 1980 (que se fusionó con Mercury Provident en 1995). Por alguna causa, desde 1999 Triodos Bank decidió borrar de sus documentos el dato de que es una organización antroposófica, pero esto es meramente cosmético, pues el banco sigue siendo un promotor del ocultismo antroposófico y una importante fuente de financiamiento barato para todo tipo de emprendimientos antroposóficos.

Viendo en qué invierte el banco, que después de todo está para ganar dinero (no es, como creen algunos, banca Reyes Magos, es banca de verdad pero con creencias peculiares), uno encuentra buenos motivos para tampoco confiar en este banco como "banca ética". Esto no quiere decir que usted no debe ser su cliente en el futuro o dejar de serlo si ya lo es, simplemente que sepa que su publicidad tampoco es tan fiable como quisiéramos y su transparencia no es tanta como nos dicen.

Como dicen Potter y Heath en el muy recomendable libro Rebelarse vende, el sistema no tiene problemas en adoptar y fagocitar toda la aparente rebeldía antisistema. Si quieres agricultura ecológica, los grandes productores agrícolas abrirán una sucursal verde para ti. Si quieres homeopatía, las grandes farmacéuticas abrirán una sucursal de supercherías homeopáticas. Si quieres botas rebeldes, que sean de marca (las Doc Martens eran lo más de la rebeldía). Si quieres protestar, compra tu pancarta en los grandes almacenes... Y si quieres banca ecológica, alternativa y buenrollista con un presidente que demuestre la misma ignorancia sobre biología que el directivo bienpagado promedio de Ecologistas en Acción o Greenpeace, una secta ocultista te la dará y de paso usará tu plata para financiar sus emprendimientos.

Triodos es un banco que nos repite que es "abierto" en la medida en que hace público a quién financia. Es cierto. Gracias a ello podemos constatar que  fundamentalmente le presta dinero a empresas y organismos que dependen del dinero público, desde compañías de energía solar altamente subvencionadas  hasta ONG. No nos crea, visite el sitio de Triodos.

Esto significa que una parte de nuestro dinero público que se entrega en forma de subsidios a estas organizaciones se dedica a pagarle intereses a este banco. Esto para Triodos tiene la ventaja adicional de que es financieramente menos riesgoso que hacerle préstamos hipotecarios a pelagatos que pueden quedar en el paro. Invierten a lo seguro, lo cual bancariamente es lógico pero no ayuda a sus depositantes.

De hecho, Triodos paga a sus ahorradores algunas de las más bajas tasas de interés del mercado. Si tiene tan buenos resultados como anuncia en su informe anual público, dividendos para sus accionistas y una rápida expansión, bien podría ser ética pagando intereses iguales o mayores que los que pagan los bancos-villano. Un depósito a un año en Triodos Bank rinde 1,35% TAE (Tasa Anual Efectiva) mientras que el mismo depósito en Sabadell rinde 3,75% y en el ruinoso Bankia 4%.

La diferencia no es trivial.

El banco Triodos consigue así dinero barato de sus depositantes con el que puede financiar también con muy bajos intereses a sus propias escuelas Waldorf, empresas vinculadas a las sociedades antroposóficas, negocios de agricultura biodinámica, chiringos de vudumedicina y organizaciones estrechamente relacionadas con su visión ocultista o con el esoterismo en general. Todo muy legítimo y todo muy bancario, aunque quizá menos ético que en la publicidad.

Algunos ejemplos son curiosos porque parecen metidos con calzador en las tres categorías (de nuevo el 3) de créditos de Triodos: naturaleza y medio ambiente, iniciativas sociales y cultura (las escuelas Waldorf están incluidas en "cultura", por cierto).

Al hablar de la empresa Animare, el sitio de Triodos Bank la pinta como un lugar donde el paciente oncológico recibe "asesoramiento jurídico, psicológico, nutricional y asistencia social", además de que se le venden algunos productos, razón por la cual la incluye en el apartado de "Iniciativas sociales". Pero cuando visitamos el sitio de Animare no encontramos nada sobre asesoramiento ni asistencia social, sólo los productos. Una legítima tienda cuyo público meta son las pacientes de cáncer, principalmente de mama, pero que no parece realmente una "iniciativa social" según ninguna definición razonable.

El argumento de la ética parece tener éxito porque para la gente es especialmente doloroso y es un aspecto fácil de entender de un tema tremendamente complicado como es la economía. Más cuando hay gobiernos neoliberales que aprovechan la crisis para implantar ideologías odiosas y antipopulares, y cuando los líderes políticos no ofrecen análisis detallados y profundos sobre los enredos financieros nacionales e internacionales, sino que regalan eslóganes bobalicones e inútiles para conseguir entusiastas y adeptos antes que ciudadanos informados. Y esto vale para líderes de derecha y de izquierda, neoliberales y anarquistas, capitalistas y comunistas, conservadores y socialistas.

Cuando en ese contexto alguien habla de una "banca ética", que hace suyas todas las palabras clave del buen rollo (ecológica, natural, apoyo a discapacitados, integración social, cooperación al desarrollo, comercio justo, rechazo de las motivaciones monetarias, respeto al medio ambiente, diversidad sexual, etc.) por supuesto suena como una oportunidad de darle un "zas en toda la boca" a sea quien sea el responsable de lo que nos está pasando...

Pero, ¿es ética una banca que:
  • paga bajos intereses a sus ahorradores para dar financiamiento barato a organizaciones sectarias?
  • no ofrece financiamiento a tales ahorradores y se concentra preferentemente en organizaciones que viven del dinero público y con él pagan sus créditos?
  • está comprometida con un proyecto de creencias absurdas, indemostradas y peligrosas, pero lo disimula?
  • en nombre de creencias supersticiosas combate la vacunación y promueve pseudomedicinas no probadas que pueden costar vidas y fomentar sufrimientos innecesarios?
  • promueve escuelas en las que se niega a los niños la mejor educación (y la mejor atención médica) con un esquema pedagógico caprichoso y una permanente indoctrinación ocultista?
  • juega con los miedos de la gente para promover una agricultura que no tiene beneficios, cuyos peligros sanitarios son mayores, pero que es fuente de ingresos para otra empresa de la misma secta?
Salvo que el concepto "ética" haya sufrido alguna metamorfosis violenta entre el momento en que se publicó esta entrada y el momento en que usted la lea, la respuesta es "no" o, siendo amables, "difícilmente".

(Otra nota: En las entradas de Wikipedia referidas a Blavatsky, a Steiner y a sus fértiles y redituables imaginaciones y ramas ocultistas, especialmente en español pero también en inglés, hay una notable ausencia de críticas. Como en tantos otros casos, los dedicados miembros de la secta parecen mantener debidamente la pureza ideológica de esas entradas para convertirlas en reclamo de nuevos adeptos antes que en análisis objetivo de su creencia. Curioso, pero frecuente.)
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Actualización al 20 de agosto: En distintos lugares, como Twitter, Google+ y correos electrónicos (algunos previsiblemente ofensivos) me piden más datos para confirmar algunas de las afirmaciones establecidas en esta entrada, sobre todo porque los defensores de Triodos y de la antroposofía están bastante descontentos con ella y pretenden desvirtuarla sin demostrar que haya faltado en ningún momento a la verdad.

¿De verdad es Triodos parte de la antroposofía?

Este debate es artificial. Triodos nunca ha ocultado su relación con este movimiento ocultista, simplemente lo disimula y no lo anuncia demasiado, pero tampoco parecen avergonzarse de ello. Incluso en sus comentarios sobre esta entrada en un sitio privado de evaluación de páginas Web (y sin haberme escrito sobre la entrada), los representantes de Triodos aseguran que esta entrada no dice "nada nuevo" sobre el origen del banco. Aún así, algunos datos más:

Del preámbulo del acta fundacional que cualquiera puede descargar y consultar traduzco: "Triodos Bank está -de modo totalmente libre- asociado con la filosofía iniciada por Rudolf Steiner, la antroposofía, cuyo movimiento representa un principio clave para el trabajo de Triodos Bank".


La totalidad de las acciones de Triodos Bank pertenecen a la Fundación para la Administración de las Acciones de Triodos Bank (en holandés Stichting Administratiekantoor Aandelen Triodos Bank o SAAT), cuyo consejo de administración de la SAAT está formado por seis personas, y de cinco de ellas es fácil establecer su relación con la secta:
  •  Max Rutgers van Rozenburg (tesorero de la asociación antroposófica holandesa, página 4 de esta publicación de la secta) que en su biografía en Triodos se dice miembro del consejo de la Sociedad Antroposófica en los Países Bajos y presidente del Consejo del Centro de Tratamiento para la Medicina Integrativa (pseudomedicina que cobija la antroposofía)
Usted, como cliente de Triodos Bank, no puede comprar acciones del banco. A cambio le ofrecen "Certificados de Depósito de Acciones" que, según los expertos en finanzas, no tienen ninguna ventaja, se usan para incrementar el capital del banco (como se hizo en junio) sin comprometer el férreo control de la secta sobre las decisiones. Es decir, usted "invierte" pero no tiene ni voz ni voto, y se sienta a esperar a ver si le tocan dividendos o no, pero sin poder siquiera asistir a una junta de accionistas.

Los directivos de Triodos en España son todos, también, miembros de asociaciones antroposóficas y de la Fundación Rudolf Steiner.

Finalmente, al llamar a la antroposofía "secta" en ningún momento he implicado (porque no he encontrado datos que así lo indiquen) que sea una "secta destructiva" como serían consideradas por muchos la cienciología, la Meditación Trascendental® del Maharishi o los Sannyasin de Osho®.

¿Es la antroposofía tan anticientífica como dice la entrada?

No, es peor.

Aquí, por ejemplo, la Asociación Antroposófica en España rechaza la teoría de la evolución con un argumento bastante flojo y sin vergüenza alguna al desechar 150 años de evidencias, ADN, registro fósil y demás datos.

¿Cómo es la evolución según Steiner?

De su puño y letra tenemos este esquema:
"Entwickelung der Menscheit" significa "evolución de la humanidad".  Empieza con el orden "monera" (lo que hoy llamaríamos "procariotas") y sube hasta llegar a los "Affen" (monos) de donde sube a "Indianer" (indios americanos) y finalmente a "Arier", o arios.

Las creencias racistas eran comunes en la época de Steiner, ojo, y en todos los países. Sólo las ponían en duda algunos malvados evolucionistas. El problema es que las ideas de Steiner, por ser verdades reveladas mediante la clarividencia, no están sujetas a revisión y corrección como lo están las conclusiones siempre provisionales de la ciencia.

De todos modos, algunos esquemas de Steiner para sus conferencias son verdaderamente preocupantes porque afirman como hechos lo que no son sino creencias. Por ejemplo, este otro, de la conferencia de 1923 "El color y las razas de la humanidad", donde a los negros se les atribuye sólo una "vida instintiva" que realizan con la parte posterior del cerebro, a los asiáticos una "vida emocional" que experimentan con el "cerebro intermedio" y, sorpresa, resulta que los blancos tienen una "vida pensante" que disfrutan con el "cerebro delantero".


La idea de que los lapices de colores marrón o negro no deben ser usados por los niños porque "no son puros", como eco racista, o que las vacunas "bestializan" a los niños, son acusaciones serias de padres preocupados que llevan a sus hijos a escuelas Waldorf sin saber que se trata de escuelas con una clara filosofía ocultista, como en este caso en Australia. Y existe toda una organización de padres afectados por las escuelas Waldorf cuyas preocupaciones merecen ser cuando menos analizadas con seriedad y no desechadas por quienes tienen compromiso emocional con el steinerismo, pensaría uno.

Una crítica a fondo de la educación Waldorf está disponible en inglés aquí. Y puede leer una experiencia en una "conferencia" de educación Waldorf en Argentina a cargo de Carlos Quintana.

Steiner mismo dice, en su libro fundacional La educación Waldorf y la antroposofía (traduzco de la página 76 de esta versión en pdf): "Cuando recibimos a un niño en nuestra escuela, se espera que lo enseñemos y eduquemos. Introducimos todo tipo de actividades, como la escritura, la lectura y la aritmética, pero realmente estamos agrediendo la naturaleza del niño. Supongamos que le tenemos que dar lecciones de lectura. Si se le enseña de la forma tradicional, ciertamente son unilaterales porque no apelamos a todo el ser del niño. Esencialmente, estamos de hecho cultivando una malformación e incluso una predisposición hacia la enfermedad".

¿Conocía Steiner la "verdadera naturaleza del niño"? Difícilmente. ¿Aprender a leer predispone a la enfermedad? Una afirmación así necesita pruebas. Pero, de nuevo, Steiner no necesita evidencia. Él puede consultar el "registro akáshico" de modo clarividente, así que sus enseñanzas no pueden ser disputadas ni cuestionadas... como ocurre con todos los líderes autoritarios de todas las sectas. El libro de Steiner Un boceto de la ciencia esotérica es un compendio de  esta visión, donde delira incesantemente sobre la evolución espiritual de los planetas. Por ejemplo, decreta que la Tierra como planeta ha sufrido una reencarnación, es decir, desapareció como planeta físico, se volvió espíritu y nuevamente se hizo planeta. Porque él lo dice.

Finalmente, la "agricultura biodinámica" es tan delirante que basta leer las Normas internacionales de producción agraria de la empresa para constatar su divorcio de toda realidad. Simplemente vaya usted a la página 14 y lea: "Los conocimientos científico-espirituales indican que los minerales, vegetales y animales pueden metamorfosearse por los efectos de las influencias cósmico-telúricas a lo largo del año, en preparados impregnados con fuerzas". Parloteo sin bases que se utiliza para obligar a los agricultores a utilizar los mágicos preparados de sílice y estiércol embutidos en cuernos de vaca y pagar las cuotas pertinentes para poder "certificar" que hacen "agricultura biodinámica", que suena bien aunque no sirva, ni signifique nada en términos de nutrición, seguridad alimentaria ni rendimiento o cuidado adecuado del suelo.

julio 29, 2012

Antivacunas, víctimas convertidas en victimarios

A raíz de la reciente entrada de este blog sobre El precio de no vacunar, emprendió un debate conmigo en Twitter @alvaropenaloza que es al parecer un chileno militante de la creencia de que las vacunas causan autismo por contener timerosal, un conservante que es un compuesto de mercurio, de donde pretenden concluir que el timerosal causa envenenamiento por mercurio y éste es la verdadera causa del autismo.

Vacuna contra la viruela, el arma que erradicó
a una de las más terribles enfermedades que ha
sufrido la humanidad en su historia
(Foto D.P. de los CDC, vía Wikimedia Commons)
Este mito fue inventado por un psicólogo, Bernard Rimland, quien tuvo un hijo autista. Sin realizar ningún estudio fisiológico, bioquímico o epidemiológico, en la década de 1950 Rimland especuló que el autismo era un problema neurológico (cuando se creía que era provocado por causas psicológicas) y que lo provocaban las vacunas. En lo primero estaba en lo cierto, en lo segundo no, en ambos casos de modo totalmente aleatorio o casual. Su legado en dos grandes organizaciones de padres de niños autistas sigue vivo y aterrorizando a gente que piensa que vacunar a sus hijos es más peligroso que no vacunarlos. Aunque todos los datos digan lo contrario.

julio 25, 2012

Superstición


Imagen: fragmento de "El hombre desesperado", autorretrato de Gustave Courbet.
Diseño, El retorno de los charlatanes, liberado en Creative Commons, sin uso comercial,
con atribución, sin modificaciones.
El mundo de lo alternativo y lo paranormal, aliado a lo contracultural y el relativismo posmoderno es el mundo del miedo: a los transgénicos, al mal de ojo, a las vacunas, a los extraterrestres, a los médicos, a los teléfonos móviles, a la leche, a los conservantes, a los pesticidas, a la desalineación de los chakras, a los antibióticos, a los illuminati, a los judíos, a las "toxinas", a los homosexuales, al fin del mundo, a los masones, a los musulmanes, a los espíritus, a comer carne, a las mujeres libres, al pensamiento, a la crítica, al agua, a los hechos, a los medicamentos, al wifi, al tendido eléctrico, al "desequilibrio energético"...

El temor razonado, basado en hechos, datos y evidencias es otra cosa. El temor nos permite enfrentar los problemas y solucionarlos. El miedo irracional de la superstición nos paraliza y nos pone en manos de quienes lo promueven.

El precio de no vacunar

Muertes por año según datos de 2002 de la Organización Mundial de Salud:
607.202 Sarampión
351.668 Envenenamiento accidental
293.750 Tos ferina
264.907 Leucemia
213.619 Tétanos
71.435 Cáncer uterino
66.002 Cáncer de la piel (melanoma)

Uno pensaría que si las enfermedades prevenibles mediante vacunación como el sarampión, la tos ferina, o el tétanos provocan más muertes al año que el cáncer de útero o el cáncer de la piel, nadie se opondría a que se evitaran esas muertes.

Mujer italiana
con viruela.
(Foto D.P.  CDC/ Carl Flint,
vía Wikimedia Commons)
Uno pensaría que la sola erradicación absoluta de la viruela sería un argumento lo bastante contundente sobre los beneficios de la vacunación.

La viruela mató, sólo en el siglo XX (hasta 1977, fecha de su erradicación) a entre 300 y 500 millones de personas. Más que todas las atroces guerras y acciones de exterminio organizadas por los seres humanos (campos de concentración, gulags, hambrunas ideológicas, revolución cultural, campos de la muerte en Camboya, etc.) en ese atroz siglo. El 80% de los niños contagiados morían.

La viruela era además la causante de alrededor de un tercio de todos los casos de ceguera en el mundo. Un esfuerzo mundial de vacunación la erradicó salvando unos dos millones de vidas al año.

Uno pensaría que la erradicación de la poliomielitis en los países opulentos sería un argumento irrebatible en favor de la vacunación.

julio 03, 2012

Yo lo vi, yo lo viví

Muchas personas creen que las cosas son indudablemente reales si han tenido una experiencia personal que valoran altamente (como lo comentábamos en la entrada con el título "A mí me funciona") o porque lo han atestiguado personalmente. Lo han "visto con sus propios ojos", y ello les basta para considerar que tienen un conocimiento indudable. Y si uno expresa dudas, la persona en cuestión es capaz de marcarse un berrinche como los que hace Maradonna y que suele terminar cuando dicha persona señala al incrédulo y le pregunta, ya sea en un duro tono de narcominorista o matón de Harlem, o bien en el tono dolorido de la víctima inocente atropellada por el destino y la malevolencia ajena: "¿Me estás llamando mentiroso?"

En realidad, una persona puede no estar diciendo la verdad sobre lo que vio sin necesidad de que sea mentiroso. Basta con que sea humano, disponga de un equipo sensorial humano y tenga un cerebro humano para interpretar su realidad. Con eso tiene todo lo necesario para meter la pata continuamente sin intención de mentir. Excepto en los casos en los que, claro, está mintiendo.

Así que, siguiendo con la evidencia anecdótica, después del "a mí me funciona", la más común es la de "yo lo vi". ¿Qué vio? Fantasmas, al monstruo del Lago Ness, a un extraterrestre o a varios, a sus naves, que algo se movía sin que nadie lo tocara, una luz sospechosa, un documento que cambiaría la historia, una máquina de movimiento perpetuo, un proceso de fusión fría, hadas y gnomos o, incluso, a los pitufos, frecuentes visitantes de este blog.

Sí, usted lo vió, pero no estaba allí

"Hasta no ver no creer", dice una consigna popularísima... y profundamente equivocada.

Creer por ver no es una buena estrategia porque nuestros sentidos y los mecanismos con los que contamos para procesar lo que nos informan nuestros sentidos son, en realidad, instrumentos sumamente defectuosos. Lo que perciben puede no ser fiel a la realidad y las decisiones tomadas con base en ellos pueden no ser fiables. Nuestros sentidos y el sistema nervioso con el que interpretamos lo que perciben, no evolucionaron para ser fiables, científicos, comprobables ni precisos, sino para ayudarnos a sobrevivir. Como todo sistema de prevención de desastres, nuestros sentidos y nuestro cerebro prefieren fallar por el lado del exceso de cautela que por el del exceso de confianza. Si uno ve una sombra que se le abalanza encima en la noche, supone lo peor y actúa en consecuencia, porque es lo más útil para sobrevivir, porque cualquier movimiento entre las ramas podía ser un fiero depredador  y salir huyendo era mejor táctica que detenerse con ánimo suicida a investigar si el movimiento era, efectivamente, producido por un tigre de dientes de sable famélico y de malas o una simple liebre.

Mono verde en el parque de Amboseli
(Foto de Daryona GFDL o CC-BY-SA,
vía Wikimedia Commons)
Existe un ejemplo claro de este sistema evolutivo: los monos verdes (monos vervet o cercopitecos etíopes) son conocidos por sus llamadas de alarma ante los depredadores. Tienen "palabras" distintas para "depredador que viene del cielo" (algo así como "¡un águila, bajen todos del árbol!) y para "depredador de tierra" (que podría ser "¡leopardo, suban todos al árbol!"). Los bebés vervet suelen gritar "águila" cuando ven caer una hoja, pero al crecer aprenden a no temer a las hojas y a distinguir a las águilas.

No debemos confiar demasiado en nuestras percepciones, aunque admitirlo perjudique el altísimo concepto que solemos tener de nosotros mismos. Cuando creemos ver algo, debemos tener la capacidad de reconocer que es posible que nos engañemos o equivoquemos y que interpretemos mal lo que vemos, o bien que ni siquiera hayamos visto lo que creemos haber visto. Confiar en nuestros sentidos y actuar automáticamente tuvo, sin duda, un valor de supervivencia, pero no lo tiene siempre, y menos en los casos en los que debería entrar en escena la razón, la capacidad crítica y una sana desconfianza.

Todos hemos visto "con nuestros propios ojos" a un mago hacer desaparecer algún objeto, desde una moneda hasta la Estatua de la Libertad, o cortar a la mitad a su asistente (o a sí mismo), o volar, o desaparecer de un lugar para aparecer en otro. Sin embargo, como el mago ha sido honesto y se ha presentado como un ilusionista, sabemos que no debemos confiar en lo que vemos, sabemos que el hábil prestidigitador nos ha engañado utilizando precisamente las deficiencias de nuestros sentidos y, por supuesto, si vemos a alguien que cree que ha atestiguado un hecho sobrenatural le diremos que no es cierto sin implicar, claro, que esté mintiendo, sólo está equivocado.

Cuando fallan los sentidos

Las ilusiones ópticas nos permiten recordar que nuestra vista (como el resto de nuestros sentidos) no son precisamente la herramienta más fiable del universo. Un ejemplo:


¿Qué vemos?

Una serie de líneas que convergen y divergen, o que están dobladas, torcidas y quebradas.

Esta percepción la registró por primera vez el psicólogo británico Richard Langton Gregory, señalando que la había visto uno de sus colaboradores en una pared de un baño.

Sin embargo, independientemente de lo que nosotros vemos, las líneas son paralelas y los cuadros blancos y negros son todos del mismo tamaño.

Ante alguien que afirme que la percepción está equivocada y las líneas son paralelas, la primera reacción es considerar al crítico un ciego o un necio, que quizás no tiene "la mente abierta" a lo evidente, lo que cualquiera puede ver: las líneas son convergentes y divergentes, están dobladas y quebradas.

Pero, a riesgo de que la persona se moleste, lo razonable es hacer una prueba que determine de modo objetivo, independiente e incontrovertible quién tiene razón. En este caso, una prueba, por ejemplo, es simplemente traer un instrumento que sabemos que forma una línea recta, como una regla, por ejemplo, y aplicarla al dibujo en cuestión.


La implacable regla demuestra lo contrario de lo que percibieron nuestros sobrevalorados sentidos: la línea que parece quebrada y convergente a la superior es, en realidad, recta. Y lo son todas, formando un conjunto de líneas paralelas, lo que podemos demostrar también cambiando la luminosidad de las filas:


Las líneas son paralelas. No importa lo que usted haya visto.

Neil DeGrasse Tyson
(Foto CC de Napolean_70
http://flic.kr/p/52kCkU,
vía Wikimedia Commons)
El astrofísico Neil DeGrasse Tyson, divulgador científico, director del Planetario Hayden, futuro presentador de la segunda parte de la serie Cosmos, suele decir que es un error que llamemos "ilusiones ópticas" a este tipo de percepciones erradas. Él las llama "errores del cerebro", es decir, demostraciones clarísimas de que nuestros amados sentidos y nuestro sobrevaluado cerebro pueden ser engañados con bastante facilidad.

Saber lo que se ve

Cuando alguien dice que vio un fantasma, un yeti o una nave extraterrestre tiene un problema añadido: nadie sabe cómo serían los fantasmas, los yetis o las naves extraterrestres, si existieran. Las descripciones son tan variadas e incluso contradictorias que nos aportan poca información, y las creencias populares, los medios de comunicación, las tradiciones y la fantasía influyen para que alguien decida que lo que ha visto es eso y no otra cosa.

Lo que sí sabemos es que nuestros sentidos nos juegan malas pasadas. Creemos ver cosas que no están allí, nos equivocamos... y la única forma de saber si vimos lo que cremos haber visto es mediante otras pruebas, evidencias adicionales a las que otras personas puedan acceder de modo independiente.

Quienes proponen la existencia de maravillas asombrosas no sólo acuden con frecuencia a nada más que la evidencia anecótica, sino que pretenden que personas que no están especialmente entrenadas en la observación de ciertos fenómenos, pero que tienen una gran relevancia y respeto sociales, sean aceptados como testigos excepcionalmente buenos.

En la Edad Media la gente
creía "ver" brujas. Hoy
creen "ver" otras cosas.
(Imagen D.P. de Martin Le
France  (1410-1461),
vía Wikimedia Commons)
Entre estos testigos que se nos presentan con plus de credibilidad se incluyen con frecuencia policías, miembros de las fuerzas armadas, médicos y pilotos de aviones, ninguno de los cuales está especialmente capacitado para la observación de ciertos fenómenos. En el caso muy especial de los pilotos de aviación, los vendedores de maravillas demuestran su especial ignorancia sobre el trabajo de pilotaje. Mientras más compleja es la aeronave que comandan, los pilotos pasan menos y menos tiempo mirando por las ventanas. Su atención está –y debe estar– centrada en sus instrumentos de vuelo y ayudas para la navegación: altímetro, horizaonte artificial, indicador de la velocidad del aire, brújula magnética, giroscopio direccional, indicador de velocidad vertical, nivel de combustible, indicador de desviación del curso, indicador radiomagnético, VOR y L/MF (rutas aéreas por radio), ILS (ayuda para la aproximación y el aterrizaje) y otros. Y sus controles, claro: la columna de control, timón, alerones, acelerador, flaps. Además de los instrumentos que indican la presurización de la cabina, termómetro externo y muchísimos aspectos más.

O sea, a diferencia de lo que pueden pensar los "investigadores" de la parapsicología, la ufología y otras disciplinas confusas, difusas e imprecisas, los capitanes de aviación no pasan largas horas contemplando el cielo y aprendiendo a identificar las muchas cosas raras que hay allá arriba, incluidas cosas como las bandadas de pelícanos iluminadas por el sol del atardecer, que pueden parecer verdaderos escuadrones de naves plateadas, por poner sólo un ejemplo.

Por supuesto, lo mismo va para policías, soldados, miembros de grupos de rescate y médicos: ninguno de ellos está mejor entrenado que un ciudadano común y silvestre para diferenciar a un genuino bigfoot de un caballero con un traje de peluche, por poner sólo un ejemplo.

Pensemos en la diferencia con alguien que sí está entrenado para ver ciertos fenómenos, como los astrónomos, profesionales o aficionados, que pese a estar mirando al cielo todo el tiempo –o precisamente por esto– ven muchos menos ovnis que los no astrónomos, porque sí saben lo que pasa allá arriba, a diferencia de la gran mayoría de los testigos de "avistamientos de ovnis", que no suelen levantar la cabeza muy frecuentemente para mirar el firmamento.

Y si usted sigue creyendo que "ver es creer", recuerde la última vez que asistió a un espectáculo de magia. Por mucho que sus sentidos le dijeran que el mago partió a su asistente en tres pedazos y luego la hizo desaparecer, usted sabe, porque echa mano de su razón, que sus sentidos lo están despistando.

Y lo que perciben nuestros sentidos se empieza a alterar además inmediatamente después de haberlo percibido.

Me acuerdo perfectamente

El testimonio se ha considerado históricamente una prueba de enorme peso, lo que no deja de ser extraño cuando todos sabemos que nuestros sentidos nos engañan y nuestra memoria es poco fiable. Si con frecuencia no recordamos dónde pusimos las llaves (nuestras llaves, que nosotros voluntariamente colocamos en algún lugar que no podemos recordar) es un tanto arrogante pensar que podemos recordar con más precisión otros acontecimientos, especialmente si los percibimos en situaciones de tensión, angustia, miedo, estrés y alteraciones emocionales, como cuando somos víctimas de un robo, una agresión o un accidente violento, entre otros ejemplos..

Hacia marzo de 2009, sólo en Estados Unidos, unas 235 personas que cumplían penas de cárcel o esperaban la ejecución habían sido exoneradas por las pruebas de ADN, que contradecían a los testigos de atroces crímenes, como asesinatos y violaciones.

En el 75% de esos casos, la condena que sufrieron se basó de modo importante en una identificación incorrecta por parte de un testigo, con frecuencia una víctima.

Ciertamente, el testimonio intensamente emocional de una mujer que ha sufrido una ataque tan denigrante resulta en sí convincente, nos conmueve, evoca nuestra simpatía. Cuando señala a una persona y afirma con absoluta certeza quees quien la ha atacado, jueces y jurados consideran el tema zanjado. Y sin embargo, poco a poco hemos ido aprendiendo que las víctimas no recordaban con precisión al autor de su agresión y que por ello muchas personas han perdido años en la cárcel o, en países como Estados Unidos, han sido ejecutados.

Ni pensar lo que ha ocurrido en otros lugares del mundo, especialmente en aquéllos donde no existe la posibilidad de hacer identificaciones forenses (de ADN o de otro tipo, incluso de huellas digitales) y donde el testimonio de un mayor de 12 años puede bastar para que una mujer sea brutalmente lapidada o un sospechoso de homosexual expeditivamente ahorcado, como ocurre con frecuencia en el Afganistán de los talibanes y el Irán de Ahmadineyad.

Y no es que los testigos mientan. Si el verdadero culpable no está en el grupo entre el que se le pide que identifique al delincuente, los estudios demuestran una tendencia a elegir a algún inocente que comparta rasgos distintivos con el culpable: la forma de los ojos, la sonrisa, la voz. La actitud de la policía también puede reforzar la idea de que se ha elegido al verdadero responsable, por ejemplo, si cuando el testigo señala a una persona o una foto, uno de los policías comenta inocentemente algo como "Lo sabía", refuerza la idea de la víctima de que ha acertado.

Si nuestros sentidos fallan tan estrepitosamente en casos de inmensa gravedad, como al atestiguar un asesinato o ser testigo o víctima de una violación o intento de asesinato, no es razonable que confiemos demasiado en ellos en otros casos. Y mucho menos en la memoria que nos queda de lo que registraron.

Solemos confiar en nuestra memoria. Sin embargo, una serie de acontecimientos como el pánico por los rituales satánicos que se desarrolló en Estados Unidos llevaron a que se cuestionara la memoria, el "lo recuerdo perfectamente". Y resulta que nuestra memoria no es fiable. Gracias a estudios como los de Barbara Tversky y Elizabeth Marsh hoy sabemos que la memoria no es un registro continuo, sino que hay un sistema para almacenar recuerdos, distintas memorias, cada una con diversos subsistemas. Nuestra memoria es vaga, general (recuerda las partes importantes y rellena las demás improvisando), se ve alterada por las preguntas que se nos hacen para evocarla y puede cambiar al paso del tiempo.

Dra. Elizabeth Loftus
(Foto de BDEngler CC-BY-SA-3.0,
vía Wikimedia Commons)
La experta en memoria Elizabeth Loftus, una de las estudiosas que disipó el "pánico satánico", dice ya en un libro de 1980, cuando empezaba su: "La memoria es imperfecta. Esto se debe a que con frecuencia no vemos las cosas con precisión en primer lugar. Pero incluso si adquirimos una imagen razonablemente exacta de una experiencia, no permanece necesariamente de modo perfecto en la memoria. Hay otra fuerza en acción. Los vestigios de la memoria pueden distorsionarse. Con el paso del tiempo, con una motivación correcta, con la introducción de hechos especiales capaces interferir, los vestigios de la memoria a veces parecen cambiar o transformarse. Estas distorsiones pueden ser muy atemorizantes, porque pueden hacernos tener memorias de cosas que nunca ocurrieron. La memoria es maleable de este modo incluso entre los más inteligentes de nosotros".

Así que tenemos dos problemas: nuestros sentidos nos engañan, y la memoria con la que registramos lo que nos transmiten esos sentidos tampoco es del todo fiable y puede ser influenciada de manera determinante por nuestras creencias, nuestro entorno, lo que nos dicen, lo que pasó antes, lo que pasó después, en fin... El testimonio que da alguien sobre un acontecimiento es, en realidad, únicamente lo que esa persona cree que ocurrió. Para poder saber lo que realmente ocurrió se necesitan pruebas. Pruebas reales.

Parte de esto ya lo recorrimos en esta otra entrada sobre memorias y percepciones que le invitamos a visitar. El sencillo resumen es que nuestra memoria tampoco es un instrumento que registre la realidad de modo muy fiable.

Más evidencia anecdótica

El "yo lo vi, yo lo viví" y sus parientes cercanos, el "no lo vi, no existe" y el "me lo contaron buenas fuentes" son parte de la falacia de "evidencia anecdótica", como lo es el argumento de "a mí me funciona".

Rechazar el testimonio de nuestros sentidos o el de otra persona puede parecer agresivo o una falta de respeto, sobre todo cuando cuestionamos a alguien que hace contundentemente una afirmación especialmente difícil de tragar, como que habla con fantasmas, viaja en platillos volantes, ha estado tomándose unas cervezas con el yeti o algo similar, y esta persona nos mira acusadoramente, pone ojos de gato de Shreck y nos acusa de llamarle mentiroso.

Vamos, en muchos casos, y lo sabemos, sí, están mintiendo. Como bellacos. Sin vergüenza alguna. Son los caraduras que viven del cuento y les daría igual decir que viajaron en una nave de la Pléyades que asegurarnos que nos hemos sacado la lotería en Madagascar, como lo hacen otros timadores por correo electrónico. Son muchos en ese marginal espacio que es el "mundo del misterio" y más en la vida cotidiana.

Pero en muchos otros casos, las personas han sido honradamente engañadas por sus sentidos, su memoria o sus propias tendencias, además de su experiencia previa y conocimientos. Por eso es mucho más frecuente que vean ovnis los creyentes en las visitas de los extraterrestrres que además desconocen el cielo que se despliega sobre sus cabezas y raras veces miran hacia arriba que quienes tienen menos tendencia a creer en esa posibilidad o los astrónomos, que pese a mirar al cielo cotidianamente, no encuentran las naves maravillosas de los creyentes.

En todo caso, dudar de las afirmaciones de alguien no es "llamarlo mentiroso", sino simplemente decir "existe una posibilidad de que te equivoques", lo cual tampoco es como para montar un circo de tres pistas con elefantes sintiéndose ofendido, que todos nos equivocamos.

Si la evidencia anecdótica es inútil como evidencia si no la sustentan pruebas sólidas, contrastables e independientes del observador, el "me lo contaron" es aún peor. Toda historia que pasa de boca en boca cambia hasta volverse inidentificable, e incluso hasta ser lo opuesto de lo que era en su origen. Lo sabemos todos cuando jugamos a "teléfono descompuesto". La gente adorna las historias que le parecen reales, a veces sin darse cuenta, rellenando los huecos de la historia que le contaron.

Así se han creado no sólo leyendas e historias diversas en la historia de la humanidad, sino también horrores sin fin las historias de brujas que acabaron quemando a inocentes por montones son sólo un ejemplo, y no son asunto del pasado. Hoy, en nuestro mundo, en la India, África o Haití, hay gente asesinada, torturada y linchada porque alguien dice que son brujos. Sin pedir ni dar pruebas en favor o en contrario, sólo dicen "yo lo vi" y el acusado queda absoluta y totalmente indefenso.

Pero, ¿qué es verdad y qué no?

En la realidad, nos vemos asaltados día tras día por multitud de afirmaciones atemorizantes, interesantes, preocupantes y, sin duda alguna, contradictorias.

Hay gente dispuesta a decirnos, a afirmar contundentemente con base solamente en evidencia anecdótica que prácticamente cualquier cosa cura el cáncer (siempre que no sea la medicina basada en evidencias), que los extraterrestres nos visitan con frecuencia (o incluso que viven entre nosotros, nos dominan), que los alimentos "naturales" son mejores que los que no consideran naturales, que hay "toxinas" que se acumulan en nuestro cuerpo y tenemos que limpiarlas, que los muertos se comunican con nosotros, que la homeopatía puede curar la lepra y la sífilis, que hay máquinas de movimiento perpetuo que nos pueden dar energía gratis ilimitada, que hay visto hadas, que los santones indostanos pueden levitar y vivir sin comer, que los teléfonos móviles afectan la salud, que si ponemos los muebles de cierto modo tendremos suerte en el trabajo y en el amor, que los abdujeron los alienígenas, que si soñamos que nos persigue un tigre vamos a ganar la lotería, que algunas señoras con el pelo teñido color zanahoria se pueden comunicar telepáticamente con nuestro hámster, etcétera.

Por más que lo intentemos (y conozco a algunos que realmente se esfuerzan), no podemos creerlo todo. Necesitamos un sistema, un procedimiento para poder saber cuando algo es cierto o no. La historia de la humanidad ha sido en gran medida la búsqueda de ese sistema, de ese toque mágico para diferenciar la verdad de la falsedad. Ese sistema es la aproximación científica, y lo usamos en muchos aspectos de nuestra vida, seamos o no científicos, hagamos o no hagamos ciencia. Para estar seguros de algo, las observaciones se repiten una y otra vez, los fenómenos se miden usando aparatos que sabemos que no son engañados como nuestros sentidos, se hacen hipótesis utilizando la razón y se ponen a prueba.

Así como hay una forma correcta de sentarse, de tocar el violín o de resolver ecuaciones de segundo grado, hay formas correctas de pensar que conviene que ejercitemos, aunque simplemente sea para que nos cuenten historias emocionantes. Conocer las falacias del razonamiento en sus distintas formas es una vacuna excelente para saber diferenciar las evidencias convincentes de aquellos argumentos que parecen evidencias, pero no lo son, y sólo nos conducen al autoengaño.

No es razonable aceptar el argumento de "yo lo ví, yo lo viví". Para creer algo debemos tener pruebas sólidas, claras, que podamos analizar independientemente, que podamos replicar, que se comenten y critiquen libremente y, claro, que sea posible refutar cuando no son válidas.

Y de paso aprendemos a ser humildes con nuestras propias percepciones y a no fiarnos demasiado de ellas, cuestionándolas y buscando el conocimiento antes que la creencia.