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febrero 12, 2012

Participa en "Chifladuras 2012"


(Aclaración: No pretendo burlarme de las víctimas de los hampones y golfos que medran con el cuento del 2012. Por el contrario, me solidarizo con ellos y espero que al ver a estos esoterigángsters desenmascarados sean más cautelosos con su dinero, su admiración y su visión del mundo, por su bien, el de su familia y el de su sociedad. Y, además, si el mundo se acaba el 21 de diciembre de 2012, prometo pedirle perdón a todos estos peralocas y malavidas.)

Joseph Anthony (José) Argüelles
místico de jornada completa
(imagen de Wikimedia Commons)
Desde que Joseph Anthony Argüelles (a la izquierda, con camuflaje de flores) se inventó el cuento de que el fin de la cuenta larga del calendario maya era una "profecía del fin del mundo" (cosa que los mayas nunca dijeron), el ghetto de lo "misterioso" se entregó a una especie de frenesí delirante.

Un frenesí que está creciendo en los estrechos pero tumultuosos espacios de la chifladura, ese mundo de marginales farsantescos de lo esotérico, la conspiranoia, el misticismo de saldo y el negocio que se basa en asustar al vecino para vaciarle las alforjas y además que aplauda.

Y nosotros vamos a reunir, con ayuda de nuestros audaces lectores e intrépidas lectoras, los sonoros rebuznos de estos "maestros del misticismo" con taxímetro, no sólo para nuestra sana diversión y esparcimiento, sino para dejar claro quién de estos cuentacuentos dijo alguna verdad, así fuera por accidente o de modo totalmente involuntario, y cuántos se estuvieron regodeando en la ignorancia, el miedo y la buena voluntad ajenas, desde lectores de manos de liga escolar hasta periodistas archimillonarios.

Para empezar, desde aquí desafío, reto, provoco e incito a los que dicen que el mundo se va a acabar el 21 de diciembre o por ahí, a que demuestren que realmente creen en tal profecía firmando un documento legal (yo pago los gastos, por supuesto) en el que le cedan todos sus bienes irrevocablemente con fecha del 31 de diciembre de 2012 a la Fundación Europea de la Ciencia o algún organismo de lucha contra el hambre.

Por supuesto, si el mundo se acaba el 21 de diciembre, yo me comprometo a pedirles perdón en nuestra próxima reencarnación, cantando loas a su pericia durante cuatro horas al día.

Obviamente, nadie lo aceptará.

Porque los milongueros del desastre que viene se dieron cuenta muy pronto de que si el 21 de diciembre de 2012 se acababa el mundo, la profecía es en sí un poco boba, porque no sirve para nada, es decir, que fuera de alborotar el gallinero, las perspectivas para hacer crecer el negocio y el prestigio de los soplapitos después del 21/12/2012 eran flaca. Y si el mundo no se acababa, tampoco tendrían mucho qué vender, aunque ya en el pasado otros profetas se han dedicado a predecir erróneamente el fin del mundo sin perder negocio, como Michael Dronin, que con el embuste del "Código de la Biblia" anunció el fin del mundo ya dos veces, o el inefable Harold Camping, que falló dos veces en 2011 (21 de mayo y 21 de octubre). Vamos, que tendrían que inventarse otra historia nueva de gnomos y hadas.

Entonces pasaron al "lo que va a pasar es tremendo y yo me encargo de presentar la factura". ¿Por qué? Bueno, porque ese negocio ha funcionado como una seda con el cuento anterior: la "era de Acuario", que se empezó a anunciar allá por 1966 y que ha dado 46 sólidos años de negocios. La "era de Acuario" era, finalmente, la "nueva era", toda una religión y colección abigarrada de chifladuras que ha ganado más dinero que Nokia y ha embaucado a millones.

septiembre 09, 2011

Los logros de la investigación paranormal

"Sacando cuentas no me alcanza con la vida", decía una vieja canción del genial Sergio Esquivel. Y es que de cuando en cuando vale la pena sacar cuentas y hacer un resumen sumatorio de los logros obtenidos por alguna disciplina hasta el momento. Por ejemplo, la ingeniería aeronáutica partió de las observaciones históricas sobre el vuelo, como las de Leonardo Da Vinci, se consolidó con los trabajos, entre otros, de un rico heredero diletante de la ciencia (Alberto Santos Dumont) y dos mecánicos de bicicletas (los hermanos Wilbur y Orville Wright) y hoy mueve a millones de personas diariamente por todo el mundo con una asombrosa seguridad. No está mal.

La llamada "investigación paranormal" tiene ya algunos años de trabajo serio. Y por trabajo serio me refiero al intento de científicos más o menos rigurosos que pretenden desentrañar los que, dicen, son algunos misterios que ameritan atención, aunque también tiene muchísimos años de trabajo chapucero, mal hecho e insostenible pero que entusiasma muchísimo a los "aficionados al misterio". Quizá comenzó con Michel Faraday, cuando en 1853 publicó una carta en The Times en Londres explicando un dispositivo que le permitió demostrar que las "mesas bailarinas" no eran movidas por espíritus, sino por quienes les ponían las manos encima, ya fuera voluntariamente o mediante el efecto ideomotor. Más o menos por entonces, Michel Chevreul hizo experimentos sobre péndulos adivinatorios, zahorismo (encontrar agua con una varita) y mesas bailarinas demostrando que no había "fuerzas externas" misteriosas y asombrosas, sino movimientos inconscientes. Otros consideran que la investigación paranormal comenzó en 1882 con la fundación de la Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres, por varios científicos.

Sin importar cuándo haya comenzado con precisión, y sin siquiera tratar de definir qué es "lo paranormal", pues ningún autoproclamado "experto en lo paranormal" ha podido explicar nunca qué diferencia a un hecho "normal" de uno "paranormal", nos quedaremos con algunas disciplinas que están dentro de ese gran saco llamado "lo paranormal".

Espiritismo
El principio de la paranormalidad moderna está en las mesas bailarinas y los distintos médiums que decían comunicarse con los muertos. El objetivo del estudio del espiritismo es, por supuesto demostrar que cuando las personas mueren su personalidad sobrevive de algún modo no físico pero pueden comunicarse con los vivos mediante medios físicos (visuales, auditivos, moviendo cosas, en fin, una asombrosa variedad de actividades). Ya si demostraran eso, podrían tratar de descubrir cómo se llevan a cabo esas asombrosas comunicaciones.

Desde los primeros estudios en médiums a mediados del siglo XIX hasta hoy, el espiritismo nos ha dejado los siguientes conocimientos sobre el tema, pruebas de la comunicación con muertos, demostraciones de la supervivencia de la personalidad, hipótesis verificadas y logros reproducibles:


Percepción extrasensorial (PES)
La "percepción extrasensorial", PES (o ESP por sus siglas en inglés, que a muchos les entusiasman enormemente) es un concepto que engloba la telepatía, la precognición, la visión o audición a distancia y la telekinesis, y que fue estudiado a fondo desde 1920 aunque su más famoso científico haya sido J.B. Rhine, que en la década de 1930 hizo experimentos en la Universidad de Duke en Estados Unidos que entusiasmaron mucho a los creyentes, aunque después nadie haya podido obtener resultados similares y la revisión de sus experimentos ha demostrado poco rigor metodológico y malas matemáticas en la interpretación de los resultados.

Más allá de demostraciones de cabaret como las de Uri Geller y trucos de ilusionismo asombrosos, el estudio de la PES nos ha dejado los siguientes conocimientos sobre el tema, pruebas de la existencia de telepatía, precognición, etc.; demostraciones de la percepción extrasensorial, hipótesis verificadas y logros reproducibles:


Criptozoología
La criptozoología es uno de los más divertidos espacios de la paranormalidad, porque se dedica al estudio de animales cuya existencia no ha sido probada y a los que llama "críptidos". Por supuesto, estudiar un animal que no se ha demostrado que exista es un poco raro, pero según los criptozoólogos, el mundo está lleno de animales que la ciencia desconoce. Y no se refieren, digamos, a las especies que los biólogos creen que hay además de las más de un millón setecientas mil ya descritas. Los biólogos dicen que debe haber entre 5 y 30 millones de especies de seres vivos en nuestro planeta, pero lo que entusiasma a los criptozoólogos son más bien los seres de leyenda, como el pie grande o bigfoot, el yeti, el monstruo del lago Ness, el hombre polilla, el chupacabras o el mokèlé-mbèmbé un supuesto dinosaurio que vive en el Congo.

Desde la década de 1950 en la que nació, la criptozoología y sus entusiastas practicantes han probado la existencia de la siguiente asombrosa cantidad de críptidos:


Ufología
Desde que en 1947 Kenneth Arnold describió haber visto unos objetos en forma de bumerán (o búmeran) que se movían como platillos lanzados sobre la superficie del agua (y que un reportero inepto convirtió en "platillos volantes", a partir de lo cual los objetos que la gente veía pasaron a ser circulares en su vasta mayoría), muchísimas personas se han dedicado al estudio de la ufología, del inglés UFO que son las siglas de objeto volador no identificado (en América Latina se habla también de ovnilogía), con objeto de estudiar esos avistamientos, generalmente bajo la creencia de que son naves extraterrestres tripuladas por seres inteligentes que nos visitan para algo.

Desde entonces, la ufología ha descubierto la siguiente cantidad de fenómenos aéreos no alienígenas que causan los avistamientos, además de recopilar los siguientes conocimientos sobre el tema, esta cantidad de pruebas de la existencia de los alienígenas, de sus visitas y de sus civilizaciones maravillosas, los contactos con seres humanos, demostraciones del funcionamiento de sus naves que desafían las leyes del universo, y logros reproducibles:


Podríamos seguir con la astroarqueología de Erich Von Däniken, las historias del "triángulo de las Bermudas", diversas formas de la adivinación como el tarot, los logros (inexistentes) de gurús como Osho® o Jodorowsky, pseudomedicinas o muchos otros asuntos que en este blog hemos lavado, secado y planchado con primor y dedicación durante más de siete años, pero la idea es más o menos ésa: que en todos los años de venta del misterio, de investigaciones serias o no, de toneladas de libros vendidos a cambio de dinero bueno y duramente ganado, de programas de radio cansinos, de programas de televisión que transfunden dinero público a las arcas de unos encantadores de serpientes, de sesiones de videncia y mediumnidad, y de miles de actividades adicionales de esquilma del prójimo, el mundo de "lo paranormal" no le ha servido a la humanidad para nada. Para absolutamente nada.

Por supuesto, el truco de ellos es que usted no se entere, y el truco nuestro debería ser precisamente el difundir que de todo eso que nos han contado, tan emocionante y maravilloso que sería, a la hora de sacar cuentas el resultado es, simplemente,

mayo 21, 2010

¿Paranormalidad para chirona?

Por una vez, partamos de la base de que los adivinos, videntes, profetas, vaticinadores, agoreros, augures y demás dicen la verdad.

Es decir, que pueden "ver" los acontecimientos del futuro con claridad.

Nada más y nada menos. Estos sujetos, estos Octavios Aceves, estos Antonios Vázquez Alba, estas Brujas Lolas, estas Aramises Fústeres, estos Rapeles, estos Efraínes Barrazas y otros miembros del mundo estrambótico y estrafalario conocen el futuro, lo ven con claridad suficiente y de modo tan preciso que merecen en justicia que se les pague por informarnos de sus videncias, visiones y sensibilidades.

Sin duda alguna.

Pues bien, todos deberían estar en la cárcel. Salvo los que viven en países con pena de muerte (como China, Estados Unidos y los páises víctimas de la sharia), que deberían haber sido ya ejecutados de conformidad con las leyes de tales países, aunque uno pueda lógicamente estar en desacuerdo con dicha forma de "castigo".

Me explico. Los videntes con gran frecuencia aseguran que "sabían" (e incluso que "predijeron") diversos desastres naturales y humanos. Por ejemplo, la delirante Ivana Adzija, pianista y "compositora profética" (dale, che) de la Patagonia argentina, asegura que "predijo" el ataque del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas.

No dice que "sintió cosas raritas como si algo feo pudiera pasar", nonono, centrémonos, asegura que predijo, es decir "que dijo antes de que ocurriera" que iba a haber un ataque terrorista del fanatismo religioso el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, con casi tres mil víctimas inocentes.

Si lo "predijo", es que lo sabía.

Si lo sabía, como sólo podían saberlo Bin Laden y sus cómplices, y no dijo nada, si no avisó a la embajada de Estados Unidos, si no levantó la alarma, si no usó sus poderes para dar los nombres de los pilotos multiasesinos que se preparaban para esto, la "pianista profética" es cómplice de unos tres mil asesinatos.

De ser ciertas sus afirmaciones, mientras ella componía zarandajas y callaba, ayudaba criminalmente a poner el escenario para la muerte de muchísimos inocentes. Algo de una bajeza, de una inmoralidad y de una indecencia humana absolutamente colosales.

Y lo mismo va para el sujeto que se hace llaman Minik Zek Balam, de quien ya hemos hablado, y para el impresentable embustero tamaño XXXXXXL Antonio Vázquez Alba, que un día ante el espejo y en ceremonia solemnísima, se concedió a sí mismo el modesto título de "Brujo Mayor" de México, aunque ningún niño jamás aprendiera telepatía con los cursos que cobraba cuando era más joven pero no menos caradura. Ambos desvergonzados aseguran ante cualquiera que los quiera escuchar que él predijo el terremoto del 19 de septiembre de la ciudad de México, donde murieron entre 20 mil y 90 mil personas (nunca se supo). Vamos, que los supuestos profetoides son más letales que una cámara de gas de campo de concentración ambulante.

Como último ejemplo de autopostulado carne de presidio, el erróneamente hombrado Hugo Bonito se promovió un tiempo en su natal Argentina asegurando que había "predicho" el atentado del 11-M en Madrid utilizando un procedimiento al que le otorga el rimbombante nombre de "sistema técnico de fechas gemelas". Para que España pida su extradición y lo enchirone un par de décadas por haberse quedado tan tranquilo comiendo asados en Rosario en vez de levantar la alarma y hablar, así fuera a cobro revertido, a la embajada de España en Buenos Aires.

Si uno sabe que otra persona va a morir y uno no hace nada, sin duda alguna hay delito. Sin contar con que queda certificado que uno es bastante hijo de puta.

De hecho no es necesario ser vidente para ser un delincuentazo así. Basta ser, por ejemplo, un papafrita que recorra el mundo escribiendo libros y diciendo que es "experto en Nostradamus" y defensor de que el astuto francés sabía lo que iba a ocurrir, para hacerlo corresponsable. ¿Ahora me sales con que Nostradamus dijo que Hitler era un peligro? ¡Y por qué no avisaste en 1931 para mandarlo de bracero a Australia, pedazo de indolente!

Lo bueno es que todos estos soplapitos y caraduras mienten. Que si no...

Y es que no solemos detenernos a analizar racionalmente las implicaciones de las maravillas que nos relatan quienes de una u otra forma, por negocio, por entusiasmo, por tontería o por simples ganas de vivir sin trabajar, quieren que creamos. Se nos dice que un "vidente", "psíquico" o muerdecacas es "muy bueno" porque una vez hace veinte años "profetizó" algo y ello lo cualifica para cobrarnos por decirnos si debemos invertir en deuda de Bosnia o en el invento del insoportable mocoso del 5º F, si conviene llevarle flores a la rubia del estanco o a la morena de la oficina, si tenemos que cuidarnos el colon o las coronarias, si es preferible viajar a Francia o a Etiopía el próximo verano.

Si realmente estos personajes pudieran "ver el futuro", es de dudarse que habitaran en viviendas de mala muerte, y se sacaran la manduca diaria atendiendo a ciudadanos comunes con preguntas sencillas. Estarían asesorando a los ejércitos del mundo, a los políticos, a los científicos, indicándoles cómo serán los descubrimientos de dentro de diez, cien, mil años, informando cómo conseguir energía libre, gratuita y abundante, la curación de todas las enfermedades y el secreto de la felicidad. Y, por supuesto, cada médico estaría acompañado de uno de éstos para diagnosticar sin fallos por siempre jamás.

Pero en realidad se trata de vividores que un día dicen que "predijeron" algo (no tienen que demostrarlo) y aunque en los siguientes años sus predicciones resulten estrepitosamente inútiles, se anuncian para sacarle los billetes al personal.

Un profeta de verdad atinaría no un terremoto, sino todos, o al menos la gran mayoría. Y la gran mayoría de atentados. Y de tsunamis. Y de días de lluvia. Y de números de la lotería o de la ruleta de Montecarlo.

Igual, un verdadero "médium" sin duda podría comunicarse con, digamos, el espíritu descarnado de Homero y preguntarle cómo eran La Ilíada y La Odisea en versión original. O preguntarle a Lorca o al tlatoani azteca Cuauhtémoc o a Alejandro Magno dónde rayos están enterrados que nos traen locos.

Lo que se nos presenta como "milagros" o "maravillas" serían, pues, maravillas mucho más grandes y milagrosas incluso de lo que dicen los brujos, brujas y tarambanas que viven de esto. De hecho, tan maravillosas que más gente se daría cuenta de que son cosas increíbles, y eso es veneno puro para el negocio.



Por ejemplo, si un sujeto realmente pudiera levitar como el santón que vemos en este fotograma, sostenido apenas por el báculo con el que se apoya para caminar, todos los científicos del mundo se pondrían en fila para estudiarlo. ¿Por qué? Bueno, porque levitar no es sólo una demostración, según cuentan los santones indostanos que operan la caja registradora, de "superioridad espiritual", de "iluminación" y de "acercamiento al satori, al moksha, al bodhi, al dzogchen", no...

Para empezar, sólo hay dos formas de levitar. Una es ejerciendo una fuerza constante que contrarreste la atracción gravitacional de nuestro planeta. ¿Cuánta energía es ésa? Calcúlelo así: para contrarrestar unos breves instantes la atracción de la gravedad lo que solemos hacer es saltar. Si saltamos muchas veces, conseguimos estar en el aire unos momentos más, pero nos cansamos rápidamente. Un gurú suspendido en el aire está gastando un montón de energía, que tiene que salir de alguna parte, y cualquier médico, fisiólogo, biólogo molecular, químico, físico, cosmólogo, neurólogo o miembro de cualquiera de una pléyade de especialidades más estaría dispuesto a dar un riñón por estudiar de dónde sale esa fuerza, cómo replicar el fenómeno y otras miles de preguntas que el gurú suspendido plantearía no sobre el misticismo, sino sobre el universo en su absoluta totalidad.

La segunda forma de levitar es dejando de tener peso. Ojo, para no tener peso, hay que dejar de tener masa. El santón de la túnica color anuncio de refresco de naranja dejaría de tener masa, no sólo él, sino la túnica. Anular esa masa exigiría un proceso incluso más asombroso que el de la primera opción. En la primera, brujerilmente el joven barbas estaría tomando energía de "quiensabedónde" y utilizándola, dirigiéndola y aplicándola "quiensabecómo" para empujarse hacia arriba mientras la masa de todo el planeta lucha por astraerlo. En la segunda opción, el magazo estaría anulando una de las propiedades básicas de la materia, la masa. Si pudiéramos anular la masa de cualquier cosa, de cualquier objeto, podríamos, por ejemplo, acelerarlo hasta la velocidad de la luz y más allá, se rompería la limitación que impone la teoría de la relatividad, que no es una ocurrencia, es que cuando aceleramos cualquier objeto, su masa se incrementa de modo que si un trozo de materia alcanzara la velocidad de la luz, su masa sería infinita, es decir, ocuparía todo el universo. Si no hay masa, no hay problema.

Evidentemente, la búsqueda del bosón de Higgs para la cual se ha construido el LHC o Gran Colisionador de Hadrones adquiriría connotaciones aún más asombrosas. Según dicen los físicos de partículas, el bosón de Higgs es una partícula elemental teórica que estamos buscando porque según las ecuaciones es la responsable precisamente de que la materia, todas las demás partículas elementales, los átomos, las moléculas e incluso Alyssa Milano tengan masa. ¡El saddhu estaría creando ni más ni menos que materia sin bosones de Higgs, algo que pondría de cabeza totalmente el modelo estándar de la física que explica todo cuanto nos rodea!

Vamos, o es un milagrísimo o es un milagro aún mayor, o es el máximo milagro imaginable.

Lo bueno es que en este mundo hay personas que los vendedores de humo llaman "cabrones escépticos", o "escépticos de los cojones" como Ray Hyman, que demostró que los "experimentos" de percepción extrasensorial de J.B. Rhine eran fraudulentos, o James Randi, quien desenmascaró, entre otros muchos, al embustero Uri Geller y muchos otros por todo el mundo, como Basava Premanand, el racionalista hindú que en su juventud se aprendió los trucos de los swamis, gurús, saddhus y demás místicos cuenteros de su país natal, la India, y luego se dedicó a desenmascarar a estos caraduras que abusan de la ignorancia e ingenuidad de la gente para sacarles, lo hemos dicho muchas veces, las tres cosas que los mueven: dinero, poder y sexo.

En el caso del "levitante levitador" que aparece arriba, Premanand llegó para mostrarle a los aldeanos engañados el sencillo truco, y deslevitar al bufón anaranjado:


Un armazón metálico con una sillita donde reposa el gordo trasero del embustero, con todo el aparato oculto por su traje de farsante, o que diga, de iluminado de las tradiciones milenarias indostanas y al que se subía antes de que el público llegara al claro donde realizaba el acto. El escaso, escasísimo dinero de los aldeanos quedó a salvo. El vídeo completo está aquí, por cierto.

Después de todo, si bien es cierto que algo hay de delictivo en las estafitas, engaños, embustes, trolas y desvergonzadas exageraciones de los que viven de verle la cara al prójimo, sus delitos serían mucho mayores si realmente pudieran hacer lo que dicen. Y además tendrían un gran peligro ante esos señores que se llaman "científicos", y que viven precisamente de explorar misterios y poner las soluciones al alcance de todos. Porque ante la telepatía que venden cuatro atosigaos, la ciencia le ofrece teléfonos móviles a todos; ante la levitación del Maharishi nos entregan alas delta, parapentes y aviones, y están dispuestos a entender y socializar cualquier fenómeno milagroso real que encuentren.

Mejor así, delincuentes menores y no genocidas.

enero 29, 2004

El charlatán-esperpento

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Hay una variedad especialmente llamativa de videntes, síquicos, astrólogos, brujos y otro tipo de farsantes que se caracteriza no por la calidad o cantidad de sus trabajitos para anormales, sino por optar por un estilo estrafalario, extravagante, excesivo, caricaturesco y, en resumen, esperpéntico.

En México es famoso (y cobra en la televisión, que de cobrar se trata) Walter Mercado, supuesto astrólogo puertorriqueño que ha optado por un look que se ubica entre una cruel caricatura de una drag-queen vista por un furibundo homófobo y un remake tardío de María Félix en sus momentos más lamentables.

Como profeta, Mercado es un fracaso (cosa que no debería sorprendernos), pero su imagen es inolvidable: el pelo en crepé (o cardado) y teñido de un rubio anaranjado tipo Yosemite Sam, anillos y collares de oro a tutiplén, largos mantos de brocado en colores delicados (rojo Ferrari, morado "atardecer en el Caribe", dorado tipo reloj imitación de Rolex) que gusta de lucir desde una especie de trono de película mala de los años 60 y una cantidad de maquillaje que igual puede haber inspirado a Michael Jackson que a Marilyn Manson.

Añade a esta imagen sobrecogedora un tono al hablar cansino y seudoprofundo, tan afectado que a veces parece que está cantando cantos gregorianos con sabor a trópico salado, plagado de referencias que nada tienen que ver una con otra y que salpica diciendo "amor" más o menos cada 14 o 16 palabras.

Mercado es ejemplo ideal del charlatán-esperpento, cuyo antecedente inmediato fue Esteban Mayo, mexicano que a sus dotes de astrólogo añadía las de modisto de novias y vendedor de pollos fritos. Pero Esteban Mayo era un modelo de sencillez y buen gusto al lado de los charlatanes-esperpento de hoy en día.

España tiene también interesantes ejemplos de charlatanes-esperpento. Está el "brujo" Rappel, un desvergonzado que ha tomado de Walter Mercado las túnicas, pero adaptándolas a su cuerpo más bien rollizo y añadiéndoles más lentejuelas que si bailara en el Folies Bergere, cabello igualmente teñido aunque escaso, gafas engastadas en pedrería y, claro, joyas por kilo. Rappel también es comentarista de "asuntos del corazón", que son lo que domina la televisión española. Es famoso igualmente por haber atentado contra el buen gusto exhibiéndose en las pantallas caseras con un diminuto tanga, escena que con frecuencia repite la televisión española sin siquiera disculparse.

Del lado femenino hay algo llamado la "bruja" Aramís Fuster, mujer entrada en años y en carnes caracterizada por largos postizos en el cabello anaranjado furibundo, maquillaje desbordante aplicado con cuchara de albañil, escotes francamente omitibles y, por supuesto, gordos anillos de oro y otras joyas ostentosas. Esta mujer se dedica también a falsificar escandalitos ("montajes", que les llaman) relacionados con su vida amorosa para engordar la chequera en la prensa rosa. Y, claro, también ha exhibido sus adiposidades en televisión previo pago para shock de los inocentes espectadores.

El primo pobre de estos charlatanes-esperpento es un sujeto de pequeña estatura (no sólo moral, también es chaparro) llamado Paco Porras, que entre sus ocurrencias tiene la de adivinar el futuro viendo verduras y frutas que corta en pedazos en presencia de los incautos. Durante mucho tiempo se paseó por las emisiones televisuales con un ramito de perejil en una oreja. Suele reaparecer de cuando en cuando con peinados y cortes de pelo extravagantes.

Estas imágenes, pensaría uno que es ingenuo, no pueden ser tomadas en serio por nadie. Se prestan a la burla, al pitorreo, al cachondeo, a la befa, la mofa, el choteo y el escarnio, pero nada más.

Y sin embargo, no es así. Por el contrario, tienen más clientes de los que pueden atender, por lo que todos ellos, sin excepción, se han tecnologizado. No sólo esquilman ingenuos en sus "consultorios", particulares, sino que venden patrañas mediante sitios Web de cobro y números telefónicos de alto costo atendidos por operadores igualmente desvergonzados (o profundamente necesitados), sin contar con que cobran cada vez que asoman sus galas en la televisión para decir memeces.

Lo esperpéntico de estos personajes parece ejercer un influjo hipnótico en sus "clientes". Es decir, tiene su algo de mercadotecnia (o marketing), su algo de show-business, su algo de reclamo publicitario, su algo de circo que invita a participar.

En la intimidad de sus "consultorios", como lo han revelado algunos programas de cámara oculta, no se diferencian en nada de todos los demás charlatanes: dicen vaguedades disfrazadas de profecías, ofrecen curaciones milagrosas que atentan contra la inteligencia, hacen trabajos contra el mal de ojo y realizan rituales inútiles por los que cobran sin excepción.

Pero, en la vida pública, el charlatán-esperpento destaca porque ha superado completamente el miedo al ridículo que una persona normal siente si se ocupa de decir estupideces sin cesar en público, de divulgar mentiras evidentes y de sacarle dinero a personas de buena voluntad con engañifas y amenazas místicas.

El charlatán-esperpento. al parecer, ha descubierto que la opulencia caricaturesca de su vestido lo hace parecer más "extraterreno" y, consecuentemente, más místico y con mejores posibilidades de estar en contacto con "energías" extrañas que hacen que valga la pena darle dinero, admiración y atención. Y quizá algo más.