setiembre 16, 2006

Ovnis, sombreros, nubes y desvergüenza

Esta semana, Cutre Milenio, digo, Cuarto Milenio, ofrece un originalísimo refrito sobre los "ovnis" en las pinturas renacentistas, a cargo de Javier Sierra (el hombre que escribe que Leonardo nunca pintó una cruz, quedando en evidencia que no ha visto los grandes cuadros del genio al que parasita) y, en el papel de Íker Jiménez, el propio Íker Jiménez (como solía anunciarse la radionovela Kalimán en México cuando la tierra aún no se enfriaba).

Ojo, éste no es el mismo refrito que usted se encuentra en la red apenas busca "renacimiento" y "ovnis" juntos, ni es el refrito del foro "oficial" de J.J. Benítez, ni tampoco se trata del refrito que en su momento han hecho todas las revistas soplapiteras de medio planeta durante los últimos 36 años, ni el anterior refrito de Javier Sierra, nonono, se trata de un refrito totalmente nuevo y original.

Pero claro, los "ejemplos" serán los mismos de siempre, y es altamente probable que se le escamotee a usted, el "amado público" cuartomilenero que le compra la ropita a Íker y a Carmen, las explicaciones que ya existen hace años de estos misterios de top manta que le enchufa Cuatro a los televidentes españoles semana a semana.

Es un ovni porque yo no sé qué es


Los ejemplos son, compruébelo usted:

1. La pintura "La crucifixión" de 1350, que está en el altar del monasterio de Visoki Decani, en Kosovo, antigua Yugoslavia.

2. El fragmento "La Tebaide" del cuadro "Escenas de la vida monástica" de Paolo Ucello, de alrededor de 1460.

3. La pintura de Carlo Crivelli "La anunciación de San Emidio", de 1486, que está en la London Gallery.

4. La pintura "Exaltación de la eucaristía" de Ventura Salimbeni, de 1600, que está en la iglesia San Lorenzo en San Pedro, Montalcino, Italia.

5. La pintura atribuida a Sebastiano Mainardi o a Jacopo del Sellaio "La virgen con niño y San Juan", del siglo XV, que está en el Palazzo Vecchio de Florencia.

6. La pintura "El milagro de la nieve", de Masolino da Panicale, de alrededor de 1428, que está ahora en el Museo y Galería Nacionales de Capodimonte, en Nápoles.

7. Dos ilustraciones del manuscrito Annales Laurissenses del siglo XIV, sobre un "ovni" que se vio en el 776 (o sea, sólo 400 años antes, por lo que la representación es como una foto, vaya) durante el sitio al castillo de Sigiburg, en Francia.

8. Un grabado del libro francés Le el Des Bonnes Moeurs, de 1338; que está en el Museo de Chantilly Condé, Francia.

9. Un grabado alemán de 1561.

10. Una ilustración en el libro Prodigiorum liber, del historiador Julio Obsequens.

11. Dos tapices del siglo XIV "La vida de María" y "La Magnífica", que están en la Notre Dame en Beaune, Borgoña.

12. El tapiz "El triunfo del verano", realizado en Brujas en 1538, hoy en el Museo Nacional de Bayerisches.

13. La pintura "El bautismo de Cristo" de Aert de Gelder, pintada en 1710.

Los más cutres, encuentran alguna otra pintura en las que se pueden imaginar ovnis echándole mucha imaginación y mucho morro, o se conforman con maravillarse de que haya pinturas que representen "nubes lenticulares" (como si tales nubes se hubieran inventado después del avión).

Esto es resultado de un proceso muy revelador de cómo piensan (por decirle algo) los ufólogos de hágalo usted mismo: hace años algunos de los más babosos de su tribu se lanzaron a presentar fotos de nubes lenticulares como si fueran naves extraterrestres, pero de inmediato los meteorólogos los sometieron a carcajadas, porque las nubes lenticulares no tienen nada de misterioso, lo cual en los últimos 30 años no les ha causado vergüenza alguna, sino que han acabado decidiendo que las nubes lenticulares tienen sin duda una relación con los ovnis, aunque no lo sean. Es como demostrarle a alguien que un perro no es un apio y que sin embargo la unica conclusión que pueda sacar su abatido cerebro es que toda foto de un apio oculta a un perro.

Esto lo dice con más claridad Javier Sierra refiriéndose a la pintura que anotamos con el número 6, "El milagro de la nieve":


sentando cátedra de "experto" (por supuesto) en su página Web con esta asombrosa y maravillosa frase "Los OVNIS parecen aquí nubes de los que se desprende nieve. Pero, ¿son sólo nubes?"

Usted dígalo:



La respuesta es: Sí, Javiercito, son sólo nubes, no seas tonto. La frase que nos suelta es como decir que en "La rendición de Breda" (1635) de Velázquez "los ovnis parecen lanzas"... ¿o no?



¿Soy el único que piensa que además de ignorancia hay un descaro enorme y ganas de pitorrearse del público? Quizá.

Soy un experto... pues porque yo lo digo


El problema es que los "expertos en ovnis" (es decir, los "expertos en cosas que no están identificadas", válgame el imperio bizantino) no saben nada de los conocimientos reales aplicables al caso que fingen estudiar (cuando en realidad lo ordeñan a troche y moche) en este caso, los intrínguilis del arte medieval y renacentista.

Así, ven algo "raro" y sacan conclusiones sin saber ni pío de pintura (ni les interesa) y, claro, sin estudiar lo que han descubierto los verdaderos expertos en arte. Para estas almas no tan cándidas, estudiar está reñido con la labor esencial de "himbestigar y escribir un libro" y, además, ya sabe usted, los expertos son personas malvadas que pertenecen a la conspiración de la ciencia oficial ortodoxa y "fascista" (como suele rebuznar sonoramente Bruno Cardeñosa cuando lo dejan) y sus estudios no tienen ninguna validez cuando se les coloca ante las geniales ocurrencias de los Sierra, los Jiménez, los Benítez y otros maestros del vivir del cuento.

Quienes creen que saber es algo distinto de fantasear y tiene cierta validez, acuden a quienes sí saben de arte renacentista para preguntar si de verdad esas cosas tremebundas son ovnis=platívolos=naves extraterrestres tripuladas=uyuyuy o no.

En este caso, mi asesor ha sido Diego Cuoghi, que ha escrito un artículo definitivo sobre este tema, y quien amablemente me permitió usar su trabajo, ilustraciones incluidas, para solaz y esparcimiento de los lectores de este blog. Diego es un arquitecto italiano especializado en historia, diseñador gráfico y especialista en arte en 3 dimensiones por ordenador. Para su artículo, claro, acudió a su vez a los conocedores del arte de la época.

(Además, por su propia iniciativa al conocer las turulatas teorías leonardianas de Javiercito Sierra, Diego me ha regalado munición abundante para poner a secar el lamentable libraco con el que el paranormalólogo se está llenando de plata en el vagón de cola de Dan Brown sin ninguna vergüenza, pero eso será en otra ocasión. Los genuinos admiradores de Leonardo podemos ser despiadados cuando alguien pretende pasarse de lanza con el genio florentino.)

En el principio estaban el sol, la luna, y un ignorantazo


Fue en 1964 cuando el estudiante de arte Alexander Paunovitch vio esta pintura de la crucifixión de Cristo en el muro del monasterio de Visoki Decani, el referenciado arriba con el número 1:



A sus ojos de estudiante (seguramente reprobado constantemente), los dos objetos que aparecen arriba a ambos lados le parecieron "naves espaciales con tripulantes", cosa perfectamente razonable considerando que en 1964 las pocas naves espaciales que habían lanzado soviéticos y estadounidenses eran de un solo piloto. Un acercamiento nos muestra cuánto se parecen esos objetos a las naves espaciales:



Aunque algún aguafiestas podría decir que la "tremenda nave espacial" de la derecha tiene una forma como de luna menguante, y la de la izquierda, por tanto, con ese colorcito rojo, recuerda algunas representaciones del sol.

Y el aguafiestas tendría razón.

Porque en la Edad Media, uno de los modelos más comunes para la representación gráfica de la crucifixión de Cristo se componía de la cruz al centro, frente a ella los dolientes y los romanos, a la izquierda el sol y a la derecha la luna, como lo cuenta un tal James Hall, que sí es experto de verdad, en su libro Diccionario de temas y símbolos artísticos, publicado por Grupo Anaya en 2005 (traduzco del inglés): "El sol y la luna, uno a cada lado de la cruz, son un elemento constante en las crucifixiones medievales. Sobrevivieron hasta principios del Renacimiento, pero se ven raras veces después del siglo XV. Su origen es muy antiguo. Era costumbre representar al sol y a la luna con imágenes de los dioses solares paganos de Persia y Grecia, una práctica que se continuó en los tiempos romanos en las monedas que retrataban a los emperadores".

Dioses paganos, caras en el sol y la luna (¡qué idea tan original!)... Pues debería ser muy común, entonces. Y lo es, pero nuestros expertos de cartoncillo no lo saben. Usted lo sabrá viendo algunas de las cientos y cientos de pinturas, iconos, murales, cuadros, miniaturas, grabados y demás que los "expertos en ovnis" no se han preocupado en ver:


¿Confiaría usted en los "expertos en ovnis" para que le expliquen cuadros medievales si no conocen la diferencia entre una pintura al óleo y una escultura en mármol?

El simbolismo pictórico y el sombrero


Cada época y cada cultura tienen sus códigos visuales para contar historias por medio de las artes plásticas. Los colores, la posición de los personajes, los tocados, ropa, aditamentos, escenografía, etc. pueden estar cargados de significado en su lugar y momento y no tenerlo para una persona de otra cultura y otro tiempo, como ocurre con las representaciones del sol y la luna arriba ejemplificadas. Así, la representación de un dios maya que se encuentra en numerosísimas estelas y códices mayas puede parecerle, a un atolodrado hotelero y estafador convicto como Von Däniken "el humo" del "despegue" de una "nave espacial" que es en realidad la representación del maíz habitual en esa cultura mesoamericana.

En la pintura religiosa medieval y renacentista, estos códigos eran sumamente claros. Y los artistas tenían poca libertad de elección: tenían a los inquisidores y demás fauna siempre ojo avizor sobre sus trabajos, sin contar con que los que pagaban las pinturas no eran amigos de las zarandajas y además de mala uva tenían una cantidad de poder tremebunda. Los pintores eran artesanos más o menos calificados a los que se pagaba para hacer lo que les mandaban. En palabras de Cuoghi, los pintores renacentistas no podían editorializar libremente, como un notario no puede introducir sus chistes o comentarios personales en el testamento que le dictamos. Es decir, pues, no eran artistas con la libertad y pasión renovadora (a veces más falsa que un dólar anaranjado con la cara de George Bush) que supuestamente distingue a los artistas de hoy en día.

Un ejemplo nos lo da la pintura referenciada arriba con el número 2, "Escenas de la vida monástica" de Paolo Ucello.



Bueno, esto es lo que muy probablemente le presentarán a usted, aunque en realidad es un fragmento de una pintura bastante más grande, un montaje de aspectos de la vida de los frailes en aquellos años de 1460-1465.



En el minifragmento en cuestión, suelen decir los "expertos" (jejé) en "ovnis" (jijí) en sus "estudios" (jojó), hay "un personaje" que adora a Cristo, acompañado de un perro, y hay un platillo volante rojo puñeta abajo a su izquierda, que incluso tiene la estela de su humo cósmico o alguna majadería de altos vuelos por el estilo. Y sí, pues, hay un objeto discoidal allí, que ni qué.

Pero el caso es que no se trata de "un personaje" así nomás, sino que el fragmento representa, nos dicen los que sí saben, a un tal San Jerónimo de Estridón. Y San Jerónimo era un cristiano griego del siglo IV-V que es reconocido como "doctor de la iglesia" por el Vaticano, es decir, que se le da rango de cardenal aunque por entonces no habían inventado ese negocio. Lo convencional en la pintura religiosa era pintarlo generalmente como un penitente arrodillado y siempre, siempre indicando su nivel cardenalicio (como a San Pedro se le pinta con las llaves del paraíso, pues), y el símbolo cardenalicio de aquéllos años era, no me lo va a creer usted, un bonito sombrero rojo de plato.

El acojonovni es un sombrero, pues, y la "estela" son los cordones con sus borlas, que, por cursis que nos parezcan, eran lo más de lo más en el renacimiento. Y aquí, para su solaz y esparcimiento, San Jerónimo de Estridón visto por Peter Paul Rubens, portando el modelito:


El santo está medio desnudo porque San Jerónimo se volvió eremita y así se le representa con frecuencia, y el "perro" en cuestión es un león, parte de su leyenda y de la iconografía aceptada, que está establecida por una biografía de 1348, que ordenaba a los pintores represntarlo "con un sombrero, del tipo usado por los cardenales, no puesto, sino ubicado a un lado, y el león domado".

Algunos ejemplos clarísimos de esta representación de San Jerónimo (todas las ilustraciones basadas en el trabajo de Diego Cuoghi):


Éste "ovni" es tan chapucero que hasta Javier Sierra se niega a colarlo como real. Pero siempre lo mete en su rollo de renacentismo de cursillo por correo, para sustentar las otras tonterías que dice haciendo creer a su público que tiene algo de rigor.

El truco es no verlo de cerca


Un antiguo favorito de los expertos en cosas que no se sabe qué son (es que es de locos, piénselo usted un momento...) es la pintura "La anunciación" de Carlo Crivell, que en nuestra lista aparece con el número 3 y que así de lejos tiene este aspecto (con su "ovni" en un bonito círculo rojo):


Si usted es muy observador (o al menos más que los investigaduros de mollera que van sobre sus sufridos euros) verá que del "ovni" en cuestión sale un rayo de luz que atraviesa la pared, cruza a una sospechosa paloma e incide en la cabeza de una dama que, dado el título de la pintura, podemos suponer que es la virgen María.

Ahora, la reacción de cualquier ufólogo que se respete es llamar "ovni" cualquier cosa que tenga un aspecto más o menos discoidal. Eso, a ojos de los que cobran en la televisión, es muchíiiiiiisimo más importante que otras cosas, ya no digo estudiar pesados libros de historia del arte religioso, pero cuando menos ir a donde está la pintura para mirarla... o ya muy, pero muy jodidos, conseguirse una reproducción a más alta resolución, a ver si hay algún detallito que pudiera darnos una pista para identificar al tremendo ovni.

Un acercamiento así:



Donde se empieza a colegir que el ovni está integramente confeccionado con nubes y los dos círculos concéntricos dorados están formados por coquetos angelitos con sus halos y sus alitas (o dirán que son los etés tripulantes de la nave nodriza, con sus escafandras y sus cohetes, que es mucho más lógico, claro).

Estos angelitos, a cualquier persona normal le harían preguntarse si hay otras pinturas renacentistas que tengan las mismas asombrosas características o ésta es excepcional. Y si la pregunta se le hace a la gente correcta, la respuesta que se obtiene es clara y contundente: hay cientos y cientos de pinturas renacentistas se encuentran vórtices de nubes rodeados de angelitos que representan simbólicamente una puerta al reino de los cielos. Y, en la leyenda cristiana, la anunciación o aviso a María de que será la madre del redentor procede precisamente de los cielos, del propio demiurgo.

Simbolismo, pues. Los que le venden a usted espejitos y misterios de puesto callejero no creen que los artistas tengan esa cosa llamada "imaginación", o que acudan a "símbolos, metáforas, parábolas, representaciones icónicas", sino que aferran a su convicción de que cualquier cosa que una persona haya escrito o pintado es indubitablemente una representación precisa y confiable de la realidad.

Pero no. Así, el buen Diego Cuoghi nos pasea por la siguiente colección de anunciaciones y otras pinturas con vórtices de nubes rodeados de angelitos que no son ovnis, naves extraterrestres ni nada que le cuente a usted el dueto de cantamañanas en cuestión:



De izquierda a derecha y de arriba a abajo, trabajos de Luca Signorelli, Gustave Doré (que se dejó ir con todo), Coreggio, un autor no identificado (lo siento), Lorenzo Lotto y otro autor no identificado cuyos angelitos azules son alucinantes en serio.

(De nuevo, para ver tooooodas las fotos, más grandes y con explicaciones más detalladas, visite el sitio web de arte y ovnis de Diego Cuoghi. Hay versiones, hasta donde sé, en italiano, inglés, portugés y francés.)

Mira papá, un satélite de 1959


No voy a recorrer en detalle cuadro por cuadro de los mencionados porque acabaría haciendo picadillo el trabajo de Diego, y no se trata de eso, pero resulta absolutamente indispensable pasar rápidamente por la "Exaltación de la eucaristía" de Ventura Salimbeni, que visto con ganas de armar alharaca puede darle gas a más de un orate.



En este cuadro, los más afectos al consumo de psicodislépticos pueden ver una especie de retrato del "Sputnik I", el primer satélite que puso en órbita la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957. Según estos personajes, se trata de una esfera brillante (con su reflejote amarillo) con dos antenas de las que se agarran el padre y el hijo celestiales, y hasta con la lente de una "cámara espacial" en el cuadrante inferior izquierdo.

¡Guau, qué heavy, qué grueso, qué duro, qué convincente!

Para empezar, cualquiera puede ver que la pintura y el "Sputnik I" son idénticos:


Bueno, idénticos salvo porque el Sputnik tiene cuatro antenas tangenciales, es plateado y no tiene "cámaras espaciales", mientras que la pintura en cuestión muestra al "globo de la creación", el mundo en versión libre, con el sol arriba a la derecha donde es de día y la luna abajo a la izquierda (no una cámara espacial, la luna), y las dos personas de la deidad cristiana sostienen sobre su creación dos cetros. Si uno se acerca lo suficiente, verá que el cetro que lleva el hijo, Cristo, a la izquierda de la pintura (a la derecha del padre) tiene en el extremo superior una pequeña cruz roja representando su sacrificio, misma que tampoco tenía el Sputnik. Por cierto, las "líneas raras" que se ven en el globo son una "T" invertida que solía usarse para representar al mundo, tal como lo sostenían en la mano los emperadores que se retrataban sintiéndose inmortales.

"Pero, por favor", dirá el creyente fiel, leal y contumaz, "¿por qué no hay cientos de pinturas similares?"

Pues las hay, aunque no las conozcan los héroes del silencio neuronal. A menos que usted crea que en éstas dos el padre y el hijo no traen cetros, sino que le arrancaron las antenas al Sputnik:



Y que en éstas pasa algo similar.



¿Será eso o es que los expertísimos no tienen idea de lo que dicen?

La última y nos vamos


Los elementos que para los ufólogos son cuando menos "indicios" de que "en el pasado" hubo "ovnis" (es decir, naves extraterrestres en forma de platos soperos) son, todos, representaciones comunes en el arte religioso: nubes en forma de sombreros cardenalicios, la luna y el sol representados al modo pagano o, las representaciones de las "nubes luminosas" de varios evangelios apócrifos (como la de la pintura de la virgen con el número 5), y la "anunciación de los pastores" que relata Lucas evangelista en el capítulo 2, versículos 8:11, donde la gloria de dios "los envolvía con su luz". Si a eso uno añade que es práctica común en el medievo y el renacimiento represantar a los ángeles como medio humanos-medio nube, o de plano como nubes:



... el misterio desaparece. Igual que desaparece al ver el "Tapiz de Bayeaux" cuando se hace un pequeño cálculo y se determina que la luz asombrosa, misteriosa y acojonatarugos que se ilustra en él debe haber sido la aparición del cometa Halley.

En resumen: saber lo que uno está viendo hace fácil identificarlo, y sólo la ignorancia genera "ovnis" donde no hay nada raro, nada misterioso, nada para vender y nada para quitarle a usted el tiempo y convencerlo de la grandeza de estos tarambanas.

Por supuesto, ser ignorante no es nada "malo". Todos lo somos en alguna medida y respecto de muchas cosas, y todos lo aceptamos (bueno, menos el bobo de guardia del ocultismo español, Bruno Cardeñosa). Nadie lo sabe todo ni lo pretende, por mucho que los especialistas en desplumar congéneres ataquen a los descreídos como este brusco servidor acusándolos de que "creen que tienen la verdad agarrada de las gónadas" o alguna burrada similar. En realidad, antes que creer que uno tiene la verdad, lo que comete a ojos de estos personajes es el enorme pecado de dudar que ellos la tengan, o que siquiera sepan de qué rayos están hablando.

Pero hay dos cosas inaceptables.

La primera es que siendo un ignorantazo de tomo y lomo sin ningunas ganas de aprender nada que no sea cómo esquilmar al prójimo, usted tenga la infinita desvergüenza, caradura y arrogancia de presentarse como "experto" en algo, como "investigador" merecedor de respeto. Es el caso de gente como Íker Jiménez, Javier Sierra y la corte de impúdicos mentirosos que se dedica a hacerles el caldo gordo (incluido el programador de páginas Web Guillermo León, al que Carmen Porter vende como "experto informático" y "experto en análisis de fotografías" pese a que el tipo tuvo el cinismo de dar por "auténticas" las fotos de las niñas fantasmas de Ávila con las que su patrón estuvo embaucando a la gente durante año y medio, y no olvidemos que ninguno de los dos ofreció disculpas a sus víctimas).

La segunda es que es una total desfachatez y una falta de escrúpulos monumental abusar de la ignorancia de otros respecto de cierto tema para engatusarlos, venderles libros absolutamente imbéciles, asegurarles que existen misterios que sólo están en su mente, promover la idea de conspiraciones atroces y secretas (mientras a la luz del día ocurren verdaderas atrocidades en el mundo real que demandan nuestra atención y pasión), conducirlos a que odien la ciencia, la medicina y el pensamiento racional... todo, como el título de la película, por un puñado de dólares.

En todo caso, si se trata de poner dinero, que sea para pagarle un cursillo de historia del arte a los dos insignes "expertos".