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Los geólogos y astrónomos españoles están de plácemes por haber encontrado cuatro fragmentos de un meteorito que cruzó los cielos ibéricos el pasado 4 de enero y se estrelló en Palencia.
Aprovechando esta celebración científica, es oportuno señalar cuáles son las diferencias entre un fenómeno real y un fenómeno imaginario, en este caso, entre los meteoritos y los platillos voladores que alucinan algunos y con los que hacen su agosto otros.
El paso del meteorito por los cielos fue visto por miles o cientos de miles de personas de todo tipo.
Los platívolos o naves de supuestas civilizaciones extraterrestres sólo los ven unos pocos elegidos, mientras que todas las personas en las cercanías no se enteran de nada sino hasta que sus vecinos consiguen salir en la tele.
El paso del meteorito fue filmado, videograbado y fotografiado por docenas de personas, con gran nitidez y claridad.
Las espacionaves tripuladas por hombrecitos verdes (o por angelicales tipos rubios y buenotes) suelen ser filmadas, videograbadas o fotografiadas por una sola persona, que además no sabe afocar el aparato que maneja.
Las filmaciones, videograbaciones y fotografías del meteorito se han conservado sin problemas para ser estudiadas por los que saben.
Las filmaciones, videograbaciones y fotografías de esotéricas astronaves suelen extraviarse (en especial los negativos fotográficos), quemarse o arruinarse de alguna forma muy conveniente para que nadie que sabe pueda estudiarlas.
El meteorito, como toda cosa real, ha dejado restos efectivos y estudiables de su presencia en nuestro planeta.
Nadie jamás ha logrado obtener un trozo, por pequeño que fuera, de las cientos o miles de cosmonaves que aseguran que los han secuestrado, que se han estrellado en la Tierra o en las que han salido de paseo.
(Y si alguien acá me sale con los restos del tan traído "OVNI de Puebla", que algún mafufólogo llamó "El caso perfecto", deberemos informarles que tras 13 años de investigaciones se pudo determinar sin lugar a dudas que era la tercera etapa del cohete soviético que puso en órbita al satélite Cosmos 242.)
La diferencia es clarísima para todos excepto para algunas personas con interesantes trastornos de la personalidad que merecerían obtener una atención neuropsiquiátrica adecuada y para los que hacen negocio con el tema, claro.
febrero 04, 2004
La iglesia medieval del siglo XXI
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La Conferencia Episcopal Española parece haber decidido entrar en una competencia enérgica con la Conferencia Episcopal Mexicana por ver cuál es más medieval, más supersticiosa y más cavernaria.
Es de suponerse que tal reacción de las sotanas ibéricas proviene de su molestia al ver que sus propios talibanes, como Escrivá de Balaguer, han cedido terreno a los salvajes curas mexicanos, como el padre Marcial Maciel, cuyos "Legionarios de Cristo" (mejor conocidos como los "Millonarios de Cristo") han llegado a tener una influencia excesiva en el actual gobierno español, al grado que el confesor de Ana Botella, todavía primera dama y diputada en la legislatura de la comunidad de Madrid, pertenece a ese distinguido club.
Para demostrar que la iglesia católica puede, si se lo propone, superar las fanáticas barbaridades de cualquier otro fundamentalista religioso, la CEE ha emitido el "Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España", un documento de 250 páginas que, en resumen, culpa a la "revolución sexual" de los años 60 y 70 del siglo pasado de la violencia doméstica, los abusos sexuales, la pederastia, la homosexualidad y los hijos sin familias idílicas.
Lo más alarmante no es tanto lo que dice tal pastoral, sino lo que implica, es decir:
- Que en tiempos de Franco los hombres no golpeaban a sus mujeres.
- Que en tiempos de Franco no había abusos sexuales.
- Que en tiempos de Franco no había pederastas (ni siquiera entre los curas, tan conocidos por su afición a esta perversión).
- Que en tiempos de Franco no había homosexuales.
- Y que en tiempos de Franco las familias eran idílicas y modélicas, probablemente debido a que el divorcio estaba prohibido.
Lo que supuestamente se presenta como una pastoral dirigida al análisis de la familia (y uno supondría que de la familia católica, porque las que no lo son no deberían ser asunto de estos personajes) se revela como un documento político que se aferra a las más groseras supercherías para dar una imagen falsa no sólo de la actualidad, sino, sobre todo, del franquismo que añoran los curas, cuando ellos se encargaban de las delaciones de "rojos" que acababan en la cárcel o, idealmente, fusilados en campo abierto y arrojados en fosas comunes cavadas a la vera de los caminos.
Las 800 fosas que se calcula existen aún con restos de republicanos reales o supuestos contienen muchos miles de víctimas del sanguinario talante inquisitorial de los mensajeros del amor cristiano.
La fuerza que la iglesia católica alcanzó en el franquismo es, lógicamente, añorada hoy cuando la educación ha alejado a los jóvenes de las iglesias donde se dictan misas casi preconciliares (con las excepciones del caso, que curas progresistas también los hubo y también fueron perseguidos por las huestes de Franco y las jaurías de sus propios correligionarios).
El arribo al poder de una derecha zafia y ramplona como la que personifican José María Aznar y Vicente Fox es una invitación a que la iglesia se meta hasta el fondo de los asuntos públicos que deberían mantenerse en el laicismo.
Si el clero no tuviera poder, y poder real, sobre algunos gobernantes, sus palabras y opiniones no pasarían de ser una anécdota, una muestra de que entre los más salvajes integristas islámicos y los más salvajes integristas católicos no media mucho por cuanto a ideologías se refiere.
Es decir, nada sería más fácil que demostrar que, en tiempos de Franco, los hombres golpeaban brutalmente (pero éstas no podían quejarse y los curas, en confesión, les recomendaban resignación), que había abusos sexuales a tutiplén, pederastas abundantes, homosexuales reprimidos que sufrían por su condición para satisfacción de los curas y que las familias eran, por supuesto, unidades en las que los esquemas del poder autoritario se reflejaban claramente, donde el padre de familia tenía como modelo la brutalidad del dictador.
Pero si bien es fácil demostrar con datos y hechos que las afirmaciones de la CEE son absolutamente producto de su más enfermiza imaginación, lo difícil es echar para atrás lo que los gobiernos hacen para congraciarse con los sectores más montaraces del integrismo católico que lidera Juan Pablo II.
En España, por presiones de la iglesia católica, está prohibida la investigación con células madre.
En México, personajes del fascismo criollo quitan fondos a las organizaciones civiles para darle 3 millones de dólares a un grupo católico de salvajismo cruel, protagonista incluso de agresiones físicas, autodenominado "Comité Nacional Pro-Vida" y reconocido como quizá el más oscurantista de México.
En España, por presiones de la iglesia católica se ha reimplantado la enseñanza de la religión en las escuelas primarias y secundarias.
En México, la Conferencia Episcopal y el Cardenal Rivera Carrera se desviven difundiendo la mentira de que la píldora "del día después" es abortiva.
En España, en México y en todo el mundo, la iglesia católica busca desmontar del todo el Concilio Vaticano II y cerrar la entrada al poco aire fresco que dicho concilio permitió que entrara en una institución desprestigiada y rancia. La actitud beligerante e integrista del Papa Wojtyla ha sido recogida con entusiasmo por el sector menos civilizado de las sotanas que busca, nuevamente, controlar el poder político con la coartada celestial.
La Conferencia Episcopal Española parece haber decidido entrar en una competencia enérgica con la Conferencia Episcopal Mexicana por ver cuál es más medieval, más supersticiosa y más cavernaria.
Es de suponerse que tal reacción de las sotanas ibéricas proviene de su molestia al ver que sus propios talibanes, como Escrivá de Balaguer, han cedido terreno a los salvajes curas mexicanos, como el padre Marcial Maciel, cuyos "Legionarios de Cristo" (mejor conocidos como los "Millonarios de Cristo") han llegado a tener una influencia excesiva en el actual gobierno español, al grado que el confesor de Ana Botella, todavía primera dama y diputada en la legislatura de la comunidad de Madrid, pertenece a ese distinguido club.
Para demostrar que la iglesia católica puede, si se lo propone, superar las fanáticas barbaridades de cualquier otro fundamentalista religioso, la CEE ha emitido el "Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España", un documento de 250 páginas que, en resumen, culpa a la "revolución sexual" de los años 60 y 70 del siglo pasado de la violencia doméstica, los abusos sexuales, la pederastia, la homosexualidad y los hijos sin familias idílicas.
Lo más alarmante no es tanto lo que dice tal pastoral, sino lo que implica, es decir:
- Que en tiempos de Franco los hombres no golpeaban a sus mujeres.
- Que en tiempos de Franco no había abusos sexuales.
- Que en tiempos de Franco no había pederastas (ni siquiera entre los curas, tan conocidos por su afición a esta perversión).
- Que en tiempos de Franco no había homosexuales.
- Y que en tiempos de Franco las familias eran idílicas y modélicas, probablemente debido a que el divorcio estaba prohibido.
Lo que supuestamente se presenta como una pastoral dirigida al análisis de la familia (y uno supondría que de la familia católica, porque las que no lo son no deberían ser asunto de estos personajes) se revela como un documento político que se aferra a las más groseras supercherías para dar una imagen falsa no sólo de la actualidad, sino, sobre todo, del franquismo que añoran los curas, cuando ellos se encargaban de las delaciones de "rojos" que acababan en la cárcel o, idealmente, fusilados en campo abierto y arrojados en fosas comunes cavadas a la vera de los caminos.
Las 800 fosas que se calcula existen aún con restos de republicanos reales o supuestos contienen muchos miles de víctimas del sanguinario talante inquisitorial de los mensajeros del amor cristiano.
La fuerza que la iglesia católica alcanzó en el franquismo es, lógicamente, añorada hoy cuando la educación ha alejado a los jóvenes de las iglesias donde se dictan misas casi preconciliares (con las excepciones del caso, que curas progresistas también los hubo y también fueron perseguidos por las huestes de Franco y las jaurías de sus propios correligionarios).
El arribo al poder de una derecha zafia y ramplona como la que personifican José María Aznar y Vicente Fox es una invitación a que la iglesia se meta hasta el fondo de los asuntos públicos que deberían mantenerse en el laicismo.
Si el clero no tuviera poder, y poder real, sobre algunos gobernantes, sus palabras y opiniones no pasarían de ser una anécdota, una muestra de que entre los más salvajes integristas islámicos y los más salvajes integristas católicos no media mucho por cuanto a ideologías se refiere.
Es decir, nada sería más fácil que demostrar que, en tiempos de Franco, los hombres golpeaban brutalmente (pero éstas no podían quejarse y los curas, en confesión, les recomendaban resignación), que había abusos sexuales a tutiplén, pederastas abundantes, homosexuales reprimidos que sufrían por su condición para satisfacción de los curas y que las familias eran, por supuesto, unidades en las que los esquemas del poder autoritario se reflejaban claramente, donde el padre de familia tenía como modelo la brutalidad del dictador.
Pero si bien es fácil demostrar con datos y hechos que las afirmaciones de la CEE son absolutamente producto de su más enfermiza imaginación, lo difícil es echar para atrás lo que los gobiernos hacen para congraciarse con los sectores más montaraces del integrismo católico que lidera Juan Pablo II.
En España, por presiones de la iglesia católica, está prohibida la investigación con células madre.
En México, personajes del fascismo criollo quitan fondos a las organizaciones civiles para darle 3 millones de dólares a un grupo católico de salvajismo cruel, protagonista incluso de agresiones físicas, autodenominado "Comité Nacional Pro-Vida" y reconocido como quizá el más oscurantista de México.
En España, por presiones de la iglesia católica se ha reimplantado la enseñanza de la religión en las escuelas primarias y secundarias.
En México, la Conferencia Episcopal y el Cardenal Rivera Carrera se desviven difundiendo la mentira de que la píldora "del día después" es abortiva.
En España, en México y en todo el mundo, la iglesia católica busca desmontar del todo el Concilio Vaticano II y cerrar la entrada al poco aire fresco que dicho concilio permitió que entrara en una institución desprestigiada y rancia. La actitud beligerante e integrista del Papa Wojtyla ha sido recogida con entusiasmo por el sector menos civilizado de las sotanas que busca, nuevamente, controlar el poder político con la coartada celestial.
febrero 01, 2004
Mejor show contra los charlatanes
Quienes critican a los charlatanes pueden convertirse en pesados capaces de soltar rollos larguísimos acerca de temas como por qué las constelaciones no pueden, en modo alguno, determinar si alguien va a enamorar a una mujer rubia de cabello largo o si es el mejor momento para que otra persona cambie de empleo, en los términos de la física y la astronomía.
Igualmente, algunos pueden analizar con toda serenidad y seriedad por qué todas y cada una de las disciplinas adivinatorias carece de bases, desde la lectura de la mano hasta la de la borra del café, por no mencionar el tarot o la visión del aura.
Todo eso está muy bien, pero el público de una emisión de TV o radio generalmente no se ocupa de entender tales rollos, por exactos y comprobables que sean, porque los escépticos aburridillos no tienen el glamour, la capacidad de show, la emoción mediática de los charlatanazos más connotados.
De hecho, para desmontar las estupideces que venden los videntes de este mundo no hace falta tomarse en serio sus supuestas disciplinas y desmontarlas con ayuda de la ciencia. Y no hace falta porque ellos tampoco se las toman en serio.
¿Cómo se demuestra que ni ellos mismos creen en sus "poderes"?
Todavía no he conocido un profeta que no vaya con un asesor de bolsa para que le ayude a invertir sus malhabidas ganancias.
Todavía no he conocido a un vidente al que no pueda sorprender, demostrando así que su conocimiento del futuro es totalmente inexistente.
Todavía no he conocido a un síquico o místico que no pregunte "¿Quién es?" cuando llaman a la puerta. Uno pensaría que lo menos que se le puede pedir a un vidente es que sepa quién carajos llama a la puerta.
Tales hechos deberían bastar para desenmascarar a estos tipos. No es tan necesario atacarlos en sus ofensas groseras a los principios de la ciencia como hacer evidente que, con que uno se fije un poco, atentan de manera verdaderamente atroz contra el sentido común más elemental.
Los estudios científicos son importantes, pero los charlatanes ni los leen (ni los entenderían) ni mantienen su debate en el mundo de la precisión científica.
Lo suyo son los medios, mismos que usan para publicitarse y atraer nuevas presas a su red. Por ello, hace falta un escepticismo capaz de hacer espectáculo.
Los charlatanes más experimentados tienen bastante dominado el arte de debatir con un escéptico nerd (o empollón, que dirían en España).
Lo que no tienen modo de manejar es a gente mediática capaz de detectar y exhibir su ridículo más obvio, sus contradicciones más patentes, sus mentiras más destacadas, su desvergüenza más descarnada.
La única vez que un adivinador estuvo a punto de lanzarse a golpearme fue durante un programa realizado a principios de algún año, en el que un selecto rosario de cínicos iba a presentar ante el asombro del público mexicano las joyas de sus predicciones para ese año.
Quien esto escribe, junto con sus colegas, llevó al programa de televisión no refutaciones sesudas sobre los fallos metodológicos detrás de las papasadas que previsiblemente iban a difundir estos simuladores, sino la lista de sus predicciones del año pasado.
Conforme cada uno de ellos se dirigía al público para soltar sus predicciones, nosotros mostrábamos las más gloriosas tonterías que había dicho un año atrás y exhibíamos cómo la realidad lo había contradicho de manera contundente e irrefutable.
Un simulador que obtenía sus supuestas predicciones hipnotizando a su esposa, amante o algo así, perdió los estribos, se puso de pie mirándome con odio sincero y dio un paso antes de que su poco avispado cerebro registrara que estaba a punto de cometer una agresión en televisión a nivel nacional.
Es decir, el ridículo funcionaba mucho mejor que el intento de acudir a la historia de la astrología o a la explicación sobre la hipnosis. Después de todo, estos vivales suelen despreciar públicamente la ciencia (aunque luego, para vender sus mercancías, no duden en asegurar que los avala tal o cual estudio científico).
Uno de los secretos de James Randi que lo han hecho quizá el más famoso desenmascarador de charlatanes es que él es, primero que nada, un exitoso mago de escenario. No sólo comprende a los charlatanes y la mecánica de su engaño, sino que comprende y maneja también los resortes que mueven al público.
Vamos, pues: la mayoría de las propuestas de estos personajes atentan contra la más elemental inteligencia, son estúpidas y bastan, por sí mismas, para exhibirlos en todo su esplendor.
Pero... ¿para qué exhibirlos?
No para convencerlos de que dejen de ser parásitos que se aprovechan de la ingenuidad de sus congéneres, que eso sería como pedirle a Al Capone que dejara de vender whisky.
No para convencer a sus seguidores, ya que éstos son fanáticos tan inamovibles como cualquier fundamentalista religioso.
No para obtener un triunfo intelectual ante estos ejemplares, cosa que tiene tanta gloria como ganarle una partida de Trivial Pursuit a un orangután.
Esto es lo que muchas veces olvidan los escépticos y críticos que se presentan en los medios para debatir con brujitos y brujitas surtidos: qué objetivo se persigue al confrontarlos y exhibir sus vergüenzas.
La crítica a las groseras propuestas de lo paranormal se hace, se debe hacer, por un motivo fundamental: sembrar la semilla de la duda entre el público que aún no se le ha entregado totalmente a la superstición.
Para hacerlo en los medios, es necesario hacerlo con un sentido del espectáculo que se equipare al menos dignamente con los shows que tiene montados esta tribu, hacerlo en el terreno mediático y usar las armas mejores para conseguir ese objetivo. Lo demás es ejercicio académico que no tiene lugar en los medios.
La semilla de la duda es el mejor antídoto contra el charlatán. Una persona que sabe hacer preguntas incómodas como "¿Y usted cómo lo sabe?" o "¿Puede demostrarlo?" tiene muchísimas menos posibilidades de encontrarse un día ante el consultorio de un estafador de éstos, aceptando sin ninguna visión del absurdo el que la "mente sensible e iluminada" que está al otro lado de la puerta, preparada para separar al incauto de su dinero, le pregunte "¿Quién es?"
Igualmente, algunos pueden analizar con toda serenidad y seriedad por qué todas y cada una de las disciplinas adivinatorias carece de bases, desde la lectura de la mano hasta la de la borra del café, por no mencionar el tarot o la visión del aura.
Todo eso está muy bien, pero el público de una emisión de TV o radio generalmente no se ocupa de entender tales rollos, por exactos y comprobables que sean, porque los escépticos aburridillos no tienen el glamour, la capacidad de show, la emoción mediática de los charlatanazos más connotados.
De hecho, para desmontar las estupideces que venden los videntes de este mundo no hace falta tomarse en serio sus supuestas disciplinas y desmontarlas con ayuda de la ciencia. Y no hace falta porque ellos tampoco se las toman en serio.
¿Cómo se demuestra que ni ellos mismos creen en sus "poderes"?
Todavía no he conocido un profeta que no vaya con un asesor de bolsa para que le ayude a invertir sus malhabidas ganancias.
Todavía no he conocido a un vidente al que no pueda sorprender, demostrando así que su conocimiento del futuro es totalmente inexistente.
Todavía no he conocido a un síquico o místico que no pregunte "¿Quién es?" cuando llaman a la puerta. Uno pensaría que lo menos que se le puede pedir a un vidente es que sepa quién carajos llama a la puerta.
Tales hechos deberían bastar para desenmascarar a estos tipos. No es tan necesario atacarlos en sus ofensas groseras a los principios de la ciencia como hacer evidente que, con que uno se fije un poco, atentan de manera verdaderamente atroz contra el sentido común más elemental.
Los estudios científicos son importantes, pero los charlatanes ni los leen (ni los entenderían) ni mantienen su debate en el mundo de la precisión científica.
Lo suyo son los medios, mismos que usan para publicitarse y atraer nuevas presas a su red. Por ello, hace falta un escepticismo capaz de hacer espectáculo.
Los charlatanes más experimentados tienen bastante dominado el arte de debatir con un escéptico nerd (o empollón, que dirían en España).
Lo que no tienen modo de manejar es a gente mediática capaz de detectar y exhibir su ridículo más obvio, sus contradicciones más patentes, sus mentiras más destacadas, su desvergüenza más descarnada.
La única vez que un adivinador estuvo a punto de lanzarse a golpearme fue durante un programa realizado a principios de algún año, en el que un selecto rosario de cínicos iba a presentar ante el asombro del público mexicano las joyas de sus predicciones para ese año.
Quien esto escribe, junto con sus colegas, llevó al programa de televisión no refutaciones sesudas sobre los fallos metodológicos detrás de las papasadas que previsiblemente iban a difundir estos simuladores, sino la lista de sus predicciones del año pasado.
Conforme cada uno de ellos se dirigía al público para soltar sus predicciones, nosotros mostrábamos las más gloriosas tonterías que había dicho un año atrás y exhibíamos cómo la realidad lo había contradicho de manera contundente e irrefutable.
Un simulador que obtenía sus supuestas predicciones hipnotizando a su esposa, amante o algo así, perdió los estribos, se puso de pie mirándome con odio sincero y dio un paso antes de que su poco avispado cerebro registrara que estaba a punto de cometer una agresión en televisión a nivel nacional.
Es decir, el ridículo funcionaba mucho mejor que el intento de acudir a la historia de la astrología o a la explicación sobre la hipnosis. Después de todo, estos vivales suelen despreciar públicamente la ciencia (aunque luego, para vender sus mercancías, no duden en asegurar que los avala tal o cual estudio científico).
Uno de los secretos de James Randi que lo han hecho quizá el más famoso desenmascarador de charlatanes es que él es, primero que nada, un exitoso mago de escenario. No sólo comprende a los charlatanes y la mecánica de su engaño, sino que comprende y maneja también los resortes que mueven al público.
Vamos, pues: la mayoría de las propuestas de estos personajes atentan contra la más elemental inteligencia, son estúpidas y bastan, por sí mismas, para exhibirlos en todo su esplendor.
Pero... ¿para qué exhibirlos?
No para convencerlos de que dejen de ser parásitos que se aprovechan de la ingenuidad de sus congéneres, que eso sería como pedirle a Al Capone que dejara de vender whisky.
No para convencer a sus seguidores, ya que éstos son fanáticos tan inamovibles como cualquier fundamentalista religioso.
No para obtener un triunfo intelectual ante estos ejemplares, cosa que tiene tanta gloria como ganarle una partida de Trivial Pursuit a un orangután.
Esto es lo que muchas veces olvidan los escépticos y críticos que se presentan en los medios para debatir con brujitos y brujitas surtidos: qué objetivo se persigue al confrontarlos y exhibir sus vergüenzas.
La crítica a las groseras propuestas de lo paranormal se hace, se debe hacer, por un motivo fundamental: sembrar la semilla de la duda entre el público que aún no se le ha entregado totalmente a la superstición.
Para hacerlo en los medios, es necesario hacerlo con un sentido del espectáculo que se equipare al menos dignamente con los shows que tiene montados esta tribu, hacerlo en el terreno mediático y usar las armas mejores para conseguir ese objetivo. Lo demás es ejercicio académico que no tiene lugar en los medios.
La semilla de la duda es el mejor antídoto contra el charlatán. Una persona que sabe hacer preguntas incómodas como "¿Y usted cómo lo sabe?" o "¿Puede demostrarlo?" tiene muchísimas menos posibilidades de encontrarse un día ante el consultorio de un estafador de éstos, aceptando sin ninguna visión del absurdo el que la "mente sensible e iluminada" que está al otro lado de la puerta, preparada para separar al incauto de su dinero, le pregunte "¿Quién es?"
Psicofonías y psicopatologías
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(Republiicado luego de borrarlo por error)
Cada jueves, en el popularísimo programa "Crónicas marcianas" de Telecinco (el canal 5 de la TV española), toma la tribuna un tal Javier Sierra, director de la revista "Más allá" dedicada a la difusión de todo tipo de charlatanerías, sin más límite que su comerciabilidad.
Javier Sierra viene acompañado siempre de uno o más farsantes, algunos pintorescos, otros francamente ofensivos y, los más, sujetos aburridísimos que refritean más o menos bien aleccionados las mismas supercherías que se difundían hace un cuarto de siglo en revistas como "Duda", "Contactos extraterrestres" y "Supermente" en México o "Mundo desconocido" y "Stendek" en España.
Evidentemente, los clientes potenciales de esta repetición de temas no están al tanto de los ridículos que pasaron quienes, en el pasado, hicieron las mismas afirmaciones y ocuparon los reflectores de la opinión pública mientras se llenaban los bolsillos. Total, era cosa de aguantar un poco y, renovado generacionalmente el público, resurgieron los charlatanes televisuales con las mismas historias.
Uno de los ejemplos recientes más clamorosos a los que pudimos asistir asombrados fue la presentación de un tipo que asegura que hace "psicofonías".
Esto de las "psicofonías", que suena científico e importante, consiste en lo siguiente: usted graba algunas barbaridades en una cinta magnetofónica (casete o carrete, da igual), repitiendo lugares comunes místicos (digamos, creyéndose por un momento una especie de sabio oriental, sean como sean los sabios orientales), fingiéndose espíritu (abuelo o bisabuelo de alguien) o recreando alguna escena más o menos histórica (para esto puede ayudarse grabando balazos y gritos en el Canal de Historia, que todo el tiempo transmite documentales de la Segunda Guerra Mundial).
Una vez que dispone de la grabación, se provee de una cara dura, la más dura que pueda encontrar, y se presenta a las oficinas de Javier Sierra diciendo que fue a un lugar misteriosón (cementerio, casa embrujada, hogar de místico, campo de batalla), encendió la grabadora y se quedó allí, mirando a una pared, durante dos o tres horas (o días) durante los cuales, por supuesto, usted no escuchó nada ni mucho menos dijo ni pío. Y, sin embargo, asegura con vehemencia, en la cinta aparecieron mágicamente grabados esos sonidos que vienen del pasado, del más allá, de Ganimedes o del sótano de un chef de sushi de Kyoto.
Javier Sierra le cree de inmediato (o al menos lo finge de manera convincente, vaya usted a saber) y publica en su revista la fantástica historia aderezándola con preguntas que hagan aún más misteriosa y maravillosa su cinta y relacionándola con otros tremendos misterios que pueden no tener nada que ver pero que llenan páginas y hacen volar la imaginación del lector. Si tiene suerte, le publica un CD con su asombrosa grabación. Luego, lo pasea por emisoras de radio donde usted repite su historia, adornándola de cuando en cuando con detalles que recuerda de repente y, finalmente, lo lleva a "Crónicas marcianas", donde, en todo caso, el director Javier Sardá hará burla de sus tonterías y las tratará de confrontar con la más elemental razón, pero sin llegar a profundizar en los abismos del absurdo que usted realmente propone (Sardá es, después de todo, un comunicador muy profesional que maneja magníficamente a los charlatanes de la prensa rosa, pero no tiene gran experiencia lidiando con charlatanes místicos y desenmascarando sus pamplinas).
Y, además, en todos los casos usted recibe los respectivos cheques, nada despreciables.
¿Por qué se podría dudar de usted? Después de todo, está diciendo que asistió a una maravilla sin que lo viera nadie, sin control alguno, con una cinta que nadie comprobó que era virgen, y que obtuvo secretamente resultados que desafían a la inteligencia y que sólo usted sabe interpretar correctamente.
Pocas cosas más confiables puede haber en este mundo, ¿no?
Además, usted lleva barba y se peina con secador de aire, sin contar con que se presenta impecablemente vestido de traje. ¿Alguien sería capaz de dudar de la honestidad, honorabilidad y seriedad de una persona así? ¿Qué importa si nadie lo vio cuando cocinaba su milagrito? ¿Qué tiene que ver el que desafíe todas las leyes de la física? ¿Por qué habría alguien de preguntarse cómo se enteró usted de que allí, precisamente, se escucha la voz de Alejandro Magno tomando preso a Darío o la música de la banda de la cantina de Star Wars? ¿Qué insultante se tendría que ser para preguntarle a usted cómo es que el mecanismo electromagnético de una grabadora se convierte en una especie de médium que no cobra?
En realidad, para creer que hay una "verdadera psicofonía" sería necesario diseñar la experiencia de una forma controlada desde el punto de vista experimental, con participación de técnicos, científicos y magos de escenario que tuvieran total supervisión de cintas, grabadoras y psicofonistas durante todo el tiempo que durara la experiencia.
Aquí vale la pena hacer un alto y preguntar por qué rayos habríamos de meter a un mago de escenario en este enjuague. La respuesta es muy sencilla: los científicos no están muy acostumbrados a que alguien trate de engañarlos. Dicho sin ánimo de ofender, suelen ser gente bienintencionada y bastante ingenua. Un mago, por otro lado, es un profesional del engaño, de la simulación y de la distracción para aparentar milagros, y por tanto es un especialista indispensable cuando se trata de desenmascarar charlatanes.
La idea de un experimento controlado, obviamente, es que ni un farsante muy bien entrenado pueda introducir un engaño, truco o falsedad en el proceso, aunque tuviera un ingenio y una versatilidad que, por lo demás, no suelen ser parte del bagaje intelectual de estos personajes.
Por supuesto, quienes se ocupan de este lucrativo negocio se niegan sistemáticamente a someterse a controles de cualquier tipo. Para ello han inventado un argumento en apariencia impenetrable: la presencia de incrédulos, escépticos, científicos o personas que les parezcan non gratas provoca misteriosas "malas vibraciones" que impiden que se manifiesten las fuerzas sobrenaturales.
En otras palabras: si el milagro no ocurre, la culpa es de los que se atreven a dudar, no del honrado y trabajador charlatán.
En los años ochenta asistí a la actuación de un célebre vidente que afirmaba, al principio de su show, que si alguna de las maravillas que anunciaba no se materializaba se debería a las malas vibraciones de los escépticos descreídos malvados. Durante los siguientes cientoytantos minutos me concentré en echarle toda la mala vibra del mundo, pero sus trucos siguieron funcionando exactamente igual que siempre (trucos, por cierto, que cualquiera puede aprender en un club de magos o escuela de magia de escenario).
Siempre me he preguntado si las maravillas habrían funcionado igual de bien si el psíquico en cuestión hubiera sabido que yo estaba allí en calidad de escéptico y que, posteriormente, revelaría algunos de sus trucos en los medios de difusión.
Pero lo que verdaderamente hace de las psicofonías la mejor puerta de entrada a las maravillas de vivir sin dar golpe es que requieren de una inversión mínima y cero habilidades (como no sea que susurrar ante un micrófono se considere una habilidad). Simplemente necesita una grabadora, una cinta, una desvergüenza monumental y, claro, a Javier Sierra.
(Republiicado luego de borrarlo por error)
Cada jueves, en el popularísimo programa "Crónicas marcianas" de Telecinco (el canal 5 de la TV española), toma la tribuna un tal Javier Sierra, director de la revista "Más allá" dedicada a la difusión de todo tipo de charlatanerías, sin más límite que su comerciabilidad.
Javier Sierra viene acompañado siempre de uno o más farsantes, algunos pintorescos, otros francamente ofensivos y, los más, sujetos aburridísimos que refritean más o menos bien aleccionados las mismas supercherías que se difundían hace un cuarto de siglo en revistas como "Duda", "Contactos extraterrestres" y "Supermente" en México o "Mundo desconocido" y "Stendek" en España.
Evidentemente, los clientes potenciales de esta repetición de temas no están al tanto de los ridículos que pasaron quienes, en el pasado, hicieron las mismas afirmaciones y ocuparon los reflectores de la opinión pública mientras se llenaban los bolsillos. Total, era cosa de aguantar un poco y, renovado generacionalmente el público, resurgieron los charlatanes televisuales con las mismas historias.
Uno de los ejemplos recientes más clamorosos a los que pudimos asistir asombrados fue la presentación de un tipo que asegura que hace "psicofonías".
Esto de las "psicofonías", que suena científico e importante, consiste en lo siguiente: usted graba algunas barbaridades en una cinta magnetofónica (casete o carrete, da igual), repitiendo lugares comunes místicos (digamos, creyéndose por un momento una especie de sabio oriental, sean como sean los sabios orientales), fingiéndose espíritu (abuelo o bisabuelo de alguien) o recreando alguna escena más o menos histórica (para esto puede ayudarse grabando balazos y gritos en el Canal de Historia, que todo el tiempo transmite documentales de la Segunda Guerra Mundial).
Una vez que dispone de la grabación, se provee de una cara dura, la más dura que pueda encontrar, y se presenta a las oficinas de Javier Sierra diciendo que fue a un lugar misteriosón (cementerio, casa embrujada, hogar de místico, campo de batalla), encendió la grabadora y se quedó allí, mirando a una pared, durante dos o tres horas (o días) durante los cuales, por supuesto, usted no escuchó nada ni mucho menos dijo ni pío. Y, sin embargo, asegura con vehemencia, en la cinta aparecieron mágicamente grabados esos sonidos que vienen del pasado, del más allá, de Ganimedes o del sótano de un chef de sushi de Kyoto.
Javier Sierra le cree de inmediato (o al menos lo finge de manera convincente, vaya usted a saber) y publica en su revista la fantástica historia aderezándola con preguntas que hagan aún más misteriosa y maravillosa su cinta y relacionándola con otros tremendos misterios que pueden no tener nada que ver pero que llenan páginas y hacen volar la imaginación del lector. Si tiene suerte, le publica un CD con su asombrosa grabación. Luego, lo pasea por emisoras de radio donde usted repite su historia, adornándola de cuando en cuando con detalles que recuerda de repente y, finalmente, lo lleva a "Crónicas marcianas", donde, en todo caso, el director Javier Sardá hará burla de sus tonterías y las tratará de confrontar con la más elemental razón, pero sin llegar a profundizar en los abismos del absurdo que usted realmente propone (Sardá es, después de todo, un comunicador muy profesional que maneja magníficamente a los charlatanes de la prensa rosa, pero no tiene gran experiencia lidiando con charlatanes místicos y desenmascarando sus pamplinas).
Y, además, en todos los casos usted recibe los respectivos cheques, nada despreciables.
¿Por qué se podría dudar de usted? Después de todo, está diciendo que asistió a una maravilla sin que lo viera nadie, sin control alguno, con una cinta que nadie comprobó que era virgen, y que obtuvo secretamente resultados que desafían a la inteligencia y que sólo usted sabe interpretar correctamente.
Pocas cosas más confiables puede haber en este mundo, ¿no?
Además, usted lleva barba y se peina con secador de aire, sin contar con que se presenta impecablemente vestido de traje. ¿Alguien sería capaz de dudar de la honestidad, honorabilidad y seriedad de una persona así? ¿Qué importa si nadie lo vio cuando cocinaba su milagrito? ¿Qué tiene que ver el que desafíe todas las leyes de la física? ¿Por qué habría alguien de preguntarse cómo se enteró usted de que allí, precisamente, se escucha la voz de Alejandro Magno tomando preso a Darío o la música de la banda de la cantina de Star Wars? ¿Qué insultante se tendría que ser para preguntarle a usted cómo es que el mecanismo electromagnético de una grabadora se convierte en una especie de médium que no cobra?
En realidad, para creer que hay una "verdadera psicofonía" sería necesario diseñar la experiencia de una forma controlada desde el punto de vista experimental, con participación de técnicos, científicos y magos de escenario que tuvieran total supervisión de cintas, grabadoras y psicofonistas durante todo el tiempo que durara la experiencia.
Aquí vale la pena hacer un alto y preguntar por qué rayos habríamos de meter a un mago de escenario en este enjuague. La respuesta es muy sencilla: los científicos no están muy acostumbrados a que alguien trate de engañarlos. Dicho sin ánimo de ofender, suelen ser gente bienintencionada y bastante ingenua. Un mago, por otro lado, es un profesional del engaño, de la simulación y de la distracción para aparentar milagros, y por tanto es un especialista indispensable cuando se trata de desenmascarar charlatanes.
La idea de un experimento controlado, obviamente, es que ni un farsante muy bien entrenado pueda introducir un engaño, truco o falsedad en el proceso, aunque tuviera un ingenio y una versatilidad que, por lo demás, no suelen ser parte del bagaje intelectual de estos personajes.
Por supuesto, quienes se ocupan de este lucrativo negocio se niegan sistemáticamente a someterse a controles de cualquier tipo. Para ello han inventado un argumento en apariencia impenetrable: la presencia de incrédulos, escépticos, científicos o personas que les parezcan non gratas provoca misteriosas "malas vibraciones" que impiden que se manifiesten las fuerzas sobrenaturales.
En otras palabras: si el milagro no ocurre, la culpa es de los que se atreven a dudar, no del honrado y trabajador charlatán.
En los años ochenta asistí a la actuación de un célebre vidente que afirmaba, al principio de su show, que si alguna de las maravillas que anunciaba no se materializaba se debería a las malas vibraciones de los escépticos descreídos malvados. Durante los siguientes cientoytantos minutos me concentré en echarle toda la mala vibra del mundo, pero sus trucos siguieron funcionando exactamente igual que siempre (trucos, por cierto, que cualquiera puede aprender en un club de magos o escuela de magia de escenario).
Siempre me he preguntado si las maravillas habrían funcionado igual de bien si el psíquico en cuestión hubiera sabido que yo estaba allí en calidad de escéptico y que, posteriormente, revelaría algunos de sus trucos en los medios de difusión.
Pero lo que verdaderamente hace de las psicofonías la mejor puerta de entrada a las maravillas de vivir sin dar golpe es que requieren de una inversión mínima y cero habilidades (como no sea que susurrar ante un micrófono se considere una habilidad). Simplemente necesita una grabadora, una cinta, una desvergüenza monumental y, claro, a Javier Sierra.
La edad media en los Estados Unidos
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El fundamentalismo religioso continúa su avance indetenible, erosionando las libertades, negando la ciencia y proclamando como única verdad aceptable la de su libro sagrado.
¿Dónde? En los Estados Unidos.
Según información del New York Times y de La Jornada, el embate religioso ha acelerado su lucha contra la ciencia, sobre todo en el campo de batalla más delicado: el del aula escolar.
Un nuevo proyecto educativo en el estado de Georgia pretende que se omita por completo cualquier mención a la palabra "evolución" y niega que se pueda hablar de una "larga" historia de la Tierra, ya que según los fundamentalistas nuestro planeta tiene apenas unos miles de años desde su creación, y no ha habido evolución alguna entre los seres vivos.
La superintendente escolar de Georgia, Kathy Cox, promueve la idea de que se enseñen las distintas teorías sobre el origen de la vida, lo que en resumen significa que las supersticiones bíblicas recibirían en el salón de clases el mismo tratamiento que los estudios de la geología, la biología, la paleontología y la paleoantropología.
¿Por qué? Porque Kathy Cox está aliada con los padres de familia cristianos que consideran herético que se les enseñe a sus hijos algo que contradiga a la Biblia.
Tal idea distorsionada de la educación ya se ha impuesto en otros lugares de los Estados Unidos, como el condado de Cobb al norte de Atlanta, donde ya se enseña a los alumnos "creacionismo" junto con la ciencia. Y otros, como el estado de Alabama, obligan a los editores de libros de texto a señalar que la evolución es una teoría "controvertida".
Mientras tanto, el Servicio de Parques de los Estados Unidos ha dejado de explicar que el Cañón del Colorado fue resultado de la fuerza de la erosión del río Colorado durante 6 millones de años y ha publicado un folleto que afirma que cañón surgió hace 6 mil años y se formó en unos cuantos días a consecuencia del diluvio del que habla la Biblia en el Génesis
Es evidente que los jóvenes científicos estadounidenses del futuro estarán asombrosamente mal preparados, lo cual es grave.
Más grave aún es pensar en los líderes políticos, financieros y de opinión que en el futuro tendrán poder de decision en todo el mundo: talibanes ignorantes, cavernarios, fanatizados y, ellos sí, con armas de destrucción masiva en cantidad suficiente para acabar con el planeta.
El fundamentalismo religioso continúa su avance indetenible, erosionando las libertades, negando la ciencia y proclamando como única verdad aceptable la de su libro sagrado.
¿Dónde? En los Estados Unidos.
Según información del New York Times y de La Jornada, el embate religioso ha acelerado su lucha contra la ciencia, sobre todo en el campo de batalla más delicado: el del aula escolar.
Un nuevo proyecto educativo en el estado de Georgia pretende que se omita por completo cualquier mención a la palabra "evolución" y niega que se pueda hablar de una "larga" historia de la Tierra, ya que según los fundamentalistas nuestro planeta tiene apenas unos miles de años desde su creación, y no ha habido evolución alguna entre los seres vivos.
La superintendente escolar de Georgia, Kathy Cox, promueve la idea de que se enseñen las distintas teorías sobre el origen de la vida, lo que en resumen significa que las supersticiones bíblicas recibirían en el salón de clases el mismo tratamiento que los estudios de la geología, la biología, la paleontología y la paleoantropología.
¿Por qué? Porque Kathy Cox está aliada con los padres de familia cristianos que consideran herético que se les enseñe a sus hijos algo que contradiga a la Biblia.
Tal idea distorsionada de la educación ya se ha impuesto en otros lugares de los Estados Unidos, como el condado de Cobb al norte de Atlanta, donde ya se enseña a los alumnos "creacionismo" junto con la ciencia. Y otros, como el estado de Alabama, obligan a los editores de libros de texto a señalar que la evolución es una teoría "controvertida".
Mientras tanto, el Servicio de Parques de los Estados Unidos ha dejado de explicar que el Cañón del Colorado fue resultado de la fuerza de la erosión del río Colorado durante 6 millones de años y ha publicado un folleto que afirma que cañón surgió hace 6 mil años y se formó en unos cuantos días a consecuencia del diluvio del que habla la Biblia en el Génesis
Es evidente que los jóvenes científicos estadounidenses del futuro estarán asombrosamente mal preparados, lo cual es grave.
Más grave aún es pensar en los líderes políticos, financieros y de opinión que en el futuro tendrán poder de decision en todo el mundo: talibanes ignorantes, cavernarios, fanatizados y, ellos sí, con armas de destrucción masiva en cantidad suficiente para acabar con el planeta.
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