octubre 21, 2004

El circo de Pedro y María

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La alcaldesa de Bélmez de la Moraleda, María Rodríguez, decidió en febrero que quería hacer "un museo" sobre "las caras de Bélmez", el misterio menos misterioso de Europa.

En mayo una "parapsicóloga" dijo que las caras de la casa original de María Gómez Cámara estaban desapareciendo.

La alcaldesa se apresuró a llamar a los medios para desmentir a la parapsicóloga. A la alcaldesa le gustan los parapsicólogos siempre que sean obsequiosos y útiles a las arcas del ayuntamiento.

En septiembre, otro "parapsicólogo" les enseña a Pedro Amorós Sogorb y su combo de ineptos a hacer "caras misteriosas" o "teleplastias" (lo científico del nombrecito es de marearse, en serio) en el cemento en la casa natal de María Gómez Cámara (otra casa, otras caras, mismo cuento).

Pedro Amorós Sogorb empieza un recorrido por los medios, se aparece donde lo dejan y, cuando ya ha calentado el ambiente, anuncia que ha "encontrado" otras "caras duras de Bélmez" en la casa natal de María Gómez Cámara.

En cosa de días, cuando mucho semana y media, el Ayuntamiento de Bélmez procede, por orden de su Excelentísima Señora Alcaldesa, a adquirir la casa nueva de las caras nuevas.

¡Cuántas coincidencias, señor, cuánto azar, cuánta casualidad, cuánta involuntaria concomitancia de acontecimientos fortuitos, cuánta contingencia adventicia!

Y cuánta desvergüenza...

Hay una carta para la Universidad de Alicante

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No basta escandalizarse porque la Universidad de Alicante haya decidido cederle su Paraninfo a Íker Jiménez para que éste se dedique, como siempre, a denostar a la ciencia y a los científicos con su limitado repertorio de adjetivos ("fascistas", "dogmáticos", "cerrados").

El enfado ante tal estupidez egregia y colosal sólo sirve si al menos de ello se entera la Universidad de Alicante, ¿no?

Por tanto, va nueva carta. Los lectores pueden copiarla y mandarla a su propio nombre, cambiarle algo, cambiarla toda o escribir la propia disparándosela a la Universidad de Alicante a sus direcciones comunicados@ua.es o informacio@ua.es o a ambas (que es lo que yo hice).

Como simple ciudadano, no espero que me den corriendo la explicación que pido. Pero si son cien, trescientos o mil los ciudadanos que la pidan, se verán obligados a darla.

Si el disgusto se agota leyendo blogs y cuchicheando escandalizados entre amiguitos, no sirve de nada.

Dice la cartita:

Estimados señores,

Leo con asombro que para la Universidad de Alicante, el programa "Milenio 3", del conocido comerciante de lo supuestamente paranormal Íker Jiménez es "un espacio de ciencia de vanguardia".

¿Cómo es posible que una institución de educación superior no solamente abra sus puertas a la superstición más grosera, al mercantilismo de la ignorancia, a la pseudociencia y el engaño y, encima, lo promueva diciendo que es "ciencia de vanguardia" cuando ni el conductor del programa, ni su segunda de a bordo ni ninguno de los habituales colaboradores y entrevistados ha demostrado jamás ningún conocimiento científico, ninguna seriedad científica, ningún interés por divulgar la ciencia y, por el contrario, repiten todos, cada vez que hay oportunidad, que lo que llaman "ciencia oficial" (es decir. el verdadero conocimiento científico y su método de conocimiento) es fascista, conspiradora, cerrada, ciega, dogmática, interesada y malévola?

Estas acusaciones delirantes no sólo se pueden oír semana a semana en las emisiones del programa en cuestión, sino en el propio sitio donde Íker Jiménez vende sus productos, www.ikerjimenez.com.

¿Qué mensaje está dando una institución como la Universidad de Alicante al albergar a quien odia tanto a la ciencia? ¿Qué se está diciendo a la sociedad al darle un reconocimiento a quien cree que puede hacer ciencia sin formación, sin método y sin más interés que el eminentemente mercantil?

Me parece que ningún intercambio de Cadena Ser con la UA, ningún trato comercial, ninguna conveniencia mediática justifica esta alarmante actitud, de modo que además de protestar por esta decisión, solicito de la manera más atenta una explicación a esta decisión y los fundamentos de la misma.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

octubre 20, 2004

Cómo investigar un caso de caras duras (regreso a Bélmez)

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Nos llega por varios lados la información de que un "investigador" parapsicológico ovnístico y demás (con su propio club y sus propios libros, ya sabemos cómo funcionan éstos), llamado Francisco Máñez, afirma alarmadísimo que las nuevas "teleplastias" que fueron "descubiertas" por el teleplasta Pedro Amorós y sus niños exploradores amaestrados en Bélmez, fueron no producto de las almas en pena, sino hechas a mano por el propio Máñez y el propio Amorós usando un sistema que el primero le enseñó al segundo el 25 de septiembre. El sistema es el que luego dijo Amorós a todos los medios que le hicieron caso (siempre con el apoyo de la alcaldesa de Bélmez, tan preocupada por no perder la fuente de ingresos turísticos de sus caras duras) que fue su forma de "experimentar" precisamente ese día para encontrar veintitantas caras duras en la casa natal de la fallecida originadora del cuento, María Gómez.

¿Alguien lo dudaba?

En broncas internas del mundo soplapitológico no nos vamos a meter nosotros, pero visite usted el blog "Bajo el volcán" y, sobre todo, el sitio soplapitológico de "Editorial Bitácora", donde Francisco Máñez cuenta su historia y acusa a su ex socio o ex amigo o ex cómplice o exloquesea Pedro Amorós Sogorb de fabricar las nuevas caras de Bélmez.

(NOTA importante agregada el 21 de octubre: las revelaciones de Máñez, que al parecer erea candidato a entrar a "el" SEIP, fueron respondidas por Amorós y, de pronto, Máñez descubrió su error, decidió que donde dije digo digo Diego, suavizó el artículo en Editorial Bitácora y el corporativismo paranormaloide, la complicidad y la desfachatez son finalmente los ganadores. ¿Alguien lo dudaba?)

Respecto a las caras duras de Bélmez, tanto I como II, creo que se ha escrito bastante y todos los datos están en distintos blogs, en revistas y demás, mientras que la nula credibilidad de Pedro Amorós ha quedado debidamente establecida en nuestros posts respecto de este impresentable que tuvo la increíble audacia de amenazarnos (para luego recular y meterse en su agujero).

(Vale, a petición de un par de lectores, enumero entradas de blogs sobre el desmadrote de Bélmez II: "Las (duras) caras de Bélmez", "Los gatos de Bélmez", "Los caras de Bélmez", "Con las manos en la masa", "Ciencia subdesarrollada" .)

Por ello lo único que puedo aportar es una idea de cómo hacer las cosas cuando se encuentra uno caras pintadas en el piso, es decir, todo lo que no han hecho los falsos "investigadores" que han promovido esta tontería durante 23 años.

Que las tales caras no sean creíbles como hechos "parapsicológicos" no está mucho a discusión. Basta verlas para saber que se está ante cosas pintadas por personas que dibujan mal y ante ilusiones provocadas por las irregularidades del hormigón (de hecho, estamos en safari fotográfico encontrando caras duras en los alrededores de mi hogar, pronto las podremos ver aquí, y juro que son cuando menos tan acojonantes como las caras duras de "el" SEIP, no se lo pierda).

Por supuesto, también, no es difícil percatarnos de que quienes promueven la explicación "paranormal" son a) ingenuos en grado superlativo, b) vivillos atendiendo a sus intereses ocultos (esto no sólo se refiere a dinero, también a un reconocimiento que necesitan los egos raquíticos de papanatas que se marean al subirse a un ladrillo) o c) casos de urgencia siquiátrica alarmante.

O todas las anteriores.

Pero supongamos que en lugar de ser una tropa de fanáticos ignorantes por decisión propia, los integrantes de "el" SEIP, la pandilla que lidera el probadísimo mentiroso Pedro Amorós Sogorb, fueran personas con alguna seriedad que realmente quisieran "investigar" este hecho sin atribuirle orígenes paranormales de entrada nadamás porque a Pedrusco se le ocurrió.

Las "investigaciones" mamertísimas del SEIP se resumen así: fotografía en película normal (no dicen ISO, si es de tungsteno o luz de día, pero por la foto que publican parece que ignorantemente tomaron con luz de día la cara iluminada con tungsteno), en película infrarroja y en vídeo; sometieron a la dueña de la casa, María, a una "prueba de polígrafo" que administró nosesabequién y que dispone de niideacuántaexperiencia, pero le dan credibilidad; poner una grabadora a grabar "psicofonías" (lo científico del asunto verdaderamente supera a Niels Bohr). A partir de estas acojonantes investigaciones, los seipititos se lanzan a "hipótesis", todas paranormales.

El segundo "experimento" fue igual de contrahecho: pusieron cemento en "lugares estratégicos" la casa y aparecieron caras en él. Es decir, demostraron que allí aparecen manchas en el cemento (¡asombroso!, ¿quién lo hubiera dicho?) sobre todo que el supuesto experimento no era para enterarse de nada, sino "para la reactivación del fenómeno", que para estas alturas suponían que era una manifestación "psíquica" de la dueña de la casa, María Gómez.

Evidentemente eso es una chapuza y un desfiguro sin validez alguna.

¡Carajo, no se puede encontrar una explicación racional si ni siquiera se la busca! Es como decir que yo no he encontrado nunca el tesoro de la isla de Cocos, cuando ni siquiera he estado cerca de tal isla para buscar el mítico tesoro.

Pero eso dicen los medios sonriéndole al espectador: "no se ha encontrado explicación racional". Y se quedan tan contentos.

Bueno, pero, entonces, ¿qué debería hacer alguien menos fantoche si le avisan que "aparecieron" unas caras pintadas?

Bien, el primer paso NO sería meter a la casa donde "aparecen" las caritas un grupo de aparatos inútiles y soplapiteros para tomarse una foto con ellos (a mí la cacerola colgada del trípode me rebasa por completo, sobre todo porque Pedro Amorós Sogorb, en sus farragosos rollos, nunca explica para qué es esa quincallería, de modo que es razonable concluir que es sólo para tomar la foto), sino acudir a un ingeniero experto en hormigón. Un ingeniero reconocido, con título y todo, bien establecido, con un currículum confiable. (No, "el" SEIP no consigna en ningún lado haber ido con un experto, ¿para qué? si ellos son "expertos" autotitulados, autoproclamados y autopromovidos, todo lo saben, todo lo dominan, todo lo explican y venden todo lo que pueden para mayor gloria de su cabecilla).

Dicho experto debería informar al investigador cuáles son las características de permeabilidad o porosidad de los distintos tipos de hormigón. Claro, en los delirantes artículos escritos por Amorós y sus focas aplaudidoras siempre se da la impresión de que el hormigón es absolutamente impermeable, pero no es así. El hormigón es permeable, tiene poros, y por tanto no es imposible pintarle cosas y conseguir que el material de la pintura pase a las "capas inferiores" del hormigón, como anuncian todos asustados algunos haraganes en sus sitios Web. Es decir, el dato serviría para hacer las preguntas correctas que son el primer paso para obtener las respuestas correctas.

El mismo experto, claro, deberá ilustrar al investigador sobre las variaciones de color normales y conocidas del hormigón, y sus causas principales (entre ellas la humedad) para hacer más preguntas correctas.

Una vez habiéndose determinado (para sorpresa de más de uno) que el hormigón es poroso y su color no es permanente, habría que ir y analizar el tipo de hormigón en el que aparecen las caras. (No, en ninguna de las publicaciones de los falsos expertos que ordeñan este caso hay un análisis físicoquímico del hormigón en cuestión.)

Ya una vez teniendo allí al experto en hormigón, se podría tener un rapto de inspiración sublime y de inteligencia preclara y hacer alguna pregunta arrebatadora como: "Oiga, ingeniero, ¿y ésas cosas que se ven allí qué son?"

El ingeniero probablemente vería la primera cara famosa de este misterio sin misterios y diría: "Pues una cara pintada, ¿qué va a ser? Y mal pintada, a todo esto, la nariz es un desastre, las arrugas de la sonrisa son de locos y la cabeza es muy chata".

Entonces el "investigador" podría verdaderamente exprimirse el cerebro con intensidad para preguntar: "Y, ¿cómo las habrán pintado o cómo surgieron?"

Si el experto en hormigón es una persona seria, no va a responder que son "teleplastias del más pallá" ni "la manifestación psíquica de la dueña de la casa", pero tampoco "con un proceso de vinagre y aceite, porque han confundido este piso con una ensaladera" (a menos que estuviera 100% seguro, claro). Lo más que puede decir es que "parece" tal o cual cosa que él haya podido ver en años de analizar placas de hormigón, y que eso se puede ver haciendo una prueba.

Se enterará entonces el "investigador" (y se quedará con la bocota abierta) al descubrir que en el mundo de la ciencia y la tecnología hay cosas tan asombrosas como que el ingeniero Roberto Juan Torrent ya se inventó un equipo no destructivo para determinar la permeabilidad del hormigón que vendría de perlas para esto. Se podría usar, por ejemplo. Y también se podría ir al laboratorio.

Llegados a este punto, lo que no se hace es llegar a un laboratorio con unos trocitos de hormigón salidos de quién sabe dónde metidos en un sobre de azúcar de una cafetería cercana para que "lo analicen" así nomás (que es lo que hicieron una vez algunos investigatitos, y a lo que le han sacado una rentabilidad enorme inependientemente de lo nada confiable que fue la obtención de muestras). Las muestras no confiables dan resultados no confiables. Y si se exige seriedad, responsabilidad y tratamiento adecuado de las muestras a los más destacados científicos del planeta, no es mucho pedirle lo mismo a gente que ha mentido de un hilo desde que asomó las narices en los medios.

O sea, cuando se extrae algo para estudiarlo después en un laboratorio se hacen varias cosas: se identifican una zona en la que esté presente la alteración que nos interesa y otra zona en la que no esté presente dicha alteración (esta cosa rarísima se llama "control", palabra que no está en el diccionario de los investigañanes belmecianos). Se registra fotográficamente el sitio, se miden sus características físicas en lo posible (con aparatos de verdad), y se hace una toma de la primera muestra señalando de dónde se tomó y colocándola en un recipiente debidamente aislado y limpio, y se identifica de manera que no diga que es la zona alterada (esto es para hacer una prueba ciega, otro concepto alejadísimo del mundo de los falsos investigadores), digamos como "Y". Se hace lo mismo con la otra muestra y se le llama, digamos, "M". La idea es que el químico experto en hormigón (no, no vale cualquiera) al que vamos a acudir no sepa qué está buscando, para que su percepción, creencias, suposiciones o ideas no afecten el resultado del análisis.

Esto se repite tres o cuatro veces en distintos puntos del sitio y se mandan las muestras revueltas al laboratorio, preferiblemente enviándolas con alguien que no sepa cuáles son cuáles (esto se llama doble ciego, que no es lo mismo que taparse los ojos para no ver la realidad).

En ese momento, en lugar de llamar a todos los medios de comunicación (alcaldesa de por medio) para decir que uno es grande, maravilloso y superparanormal, se toma uno un café y espera los resultados.

Los resultados que se obtengan no deben tomarse como algo concluyente, sino como un buen indicio para seguir adelante con las investigaciones. Si hay algún indicio de sustancias en el hormigón común que sean distintas de las del lugar de la cara pintada, habrá que volver y hacer otro estudio de confirmación en otro laboratorio además de experimentos con las sustancias detectadas para determinar si realmente puede producir el "fenómeno".

Lo que se haga después, vaya, depende de esos análisis. Si hay mayor o menor humedad en algunas de las muestras, si hay nitrato de plata, aceite, cloruro de plata, salsa inglesa, pintura Titanlux, sangre de jirafa o nada de nada. Es decir, donde terminaron los supuestos investigadores seipiteros es donde apenas estaría empezando a armar sus datos un investigador serio.

Dicho de otro modo. es indispensable descartar sólidamente una gran cantidad de hipótesis antes de siquiera plantearse la posibilidad de que cualquier cosa tenga un origen paranormal.

Y para hacerlo no es necesario ponerse un chaleco multibolsillos con las siglas de nuestro club de orates.

Pero los investigañanes que se han subido al barquito de este caso lamentable no se han ocupado de nada de eso. Simplemente han decretado, desde la altura subterránea de su ignorancia y su interés que esto "es paranormal" por la fuerza, y a ver cómo se les "demuestra" que no lo es.

Con esa misma tranquilidad, ahora llaman "teleplastias" a las caras que al parecer fabricaron en otra casa.

Total, es imposible contradecirlos.

Porque no hay acceso al sitio donde se producen los "fenómenos" con los que se autopromueven.

Supongamos que un investigador serio se quiere meter a las casas de las caras duras de la familia de María Gómez (la original creadora del cuento), Amorós y la alcaldesa María Rodríguez con riesgo de determinar que todo es un fraudazo. ¿Lo dejarían? Por favor, si la alcaldesa puso el grito en el cielo cuando otra "parapiscóloga" en busca de fama dijo que las caras originales estaban "desapareciendo" y se apresuró a llamar a los medios para declarar que las caras estaban sanas y que los turistas podían seguir viniendo, y se tomó la foto y el vídeo acuclillada junto a una cara dura... ¿qué tal le caería que se aparecieran un físico, un ingeniero y un químico, a más de un mago experto en engañifas, con objeto de investigar las caras duras en serio?

Es la misma alcaldesa que, en conciliábulo con los seipititos anunció el 7 de febrero de este año que quería hacer "un museo" sobre las caras duras de Bélmez. Se juega bastante en esto la alcaldesa, como por ejemplo quedar como una ingenua en el mejor de los casos.

Las posibilidades de que haya una investigación real que determine cómo se han hecho las caras (y al parecer el sistema ha cambiado con el tiempo, hablamos de 23 años de poder experimentar cositas con el hormigón) es nula, inexistente y hasta inimaginable, a menos que los medios presionaran al respecto.

Pero los medios parecen muy contentos con el desaseo y la falta de ética que han usado en este caso desde que nació. Por eso, muy probablemente, ni Antena 3 ni Telecinco ni RTVE ni Europa Press han respondido a las cartas enviadas sobre sus notas sobre Bélmez II para preguntarles por qué no daban la información completa y sólo privilegiaban los rebuznos de una sola persona cuya credibilidad está ligeramente por debajo de la de George Bush. No sólo las cartas enviadas por este servidor, sino otras muchas de las que me han enterado los lectores de este blog.

Es evidente que los que hoy maman de la ubre de las caras duras, investigángsters, alcaldesa y medios, no tienen ningún interés en que el asunto se aclare (por lo mismo nunca se mencionan las refutaciones que ya se han hecho demostrando cómo se hicieron al menos algunas caras duras).

Y entonces habrá que soportar a las cabecitas parlantes de la televisión croando que "los científicos no encuentran una explicación racional a las caras duras de Bélmez" cuando a quien citan como "científico" es a otro cara dura vestido de Panama Jack, que no sabe qué es una "investigación" y que ha mentido tanto que ya no se acuerda de cómo decir la verdad.

octubre 18, 2004

Fosfenismo: la patraña de las lucecitas

¿Recuerda aquellos tiempos en que el agua venía en grifo y el precio era de 30 pesetas o de 40 céntimos de euro o de dos pesos mexicanos? Pues llega un equipo de expertos en mercadotecnia o márketing, convierte ese metro cúbico en tres mil porciones de 333 centímetros cúbicos, los envasa y se los enchufa a usted al módico precio de 30 céntimos de euro, para un precio total de apenas 100 euros el metro cúbico (una ligera ganancia de 99 euros con 60 céntimos).
O bien, ¿ha comprado un kilo de papas o patatas? Sale como a cincuenta céntimos de euro. Pero si alguien rebana las papas o patatas, las fríe, las sala y las envasa, le deja caer un euro por cada bolsita de 160 gramos, más o menos siete euros el kilo de patatas.

Pues así funcionan muchas tomaduras de pelo del mundo "alternativo". Los "aromaterapeutas" le venden olores a precio de perfume francés anunciado por luminaria. Los "homeópatas" le venden pildoritas de alcohol y azúcar a precio de medicamento barato. Las "tiendas naturales" le venden cualquier cosa al doble de precio que el supermercado. Pero ningún mejor ejemplo que el "fosfenismo", que le vende la luz de una lamparita en un montón de billetes.

La luz, la base del gran negocio del fosfenismo
de Lefebure
(foto GNU de Dickbauch vía Wikimedia Commons)
El "fosfenismo" es producto de la mente de un tal Francis Lefebure, una teoría que no se sabe si es resultado de algún experimento con sustancias sicotrópicas que salió terriblemente mal o simplemente de una desvergüenza del tamaño del Coliseo Romano.
La "teoría" (es decir, la invención) parte de que si uno mira una luz fuerte durante un tiempo prolongado, cuando se aparta de la fuente luminosa se queda viendo manchitas de colores durante un rato. Esas manchitas de colores se llaman fosfenos. Otra forma de provocárselos uno es tallándose los ojos cerrados. Las células de la retina (conos y bastones) reaccionan ante cualquier estímulo y éste se interpreta como luz aunque no lo sea. La presión sobre los ojos provoca estímulos que el cerebro toma como luz.

Bueno, pues luego de ver una luz fuerte, las células de la retina, sobreestimuladas (porque la evolución no las preparó para la tontería de ver fijamente una fuente de luz fuerte) siguen enviando señales que nuestro cerebro interpreta como luz. Y, de nuevo, tales sensaciones visuales se llaman "fosfenos".

Las sensaciones posteriores a la sobreestimulación son más comunes que las mentiras de los paranormalólogos. Si alguien nos suelta un bofetón de ésos que hacen historia, el dolor continúa un buen rato después del instante en que la mano chocó contra nuestra mejilla. Si escuchamos sin protección un motor de Fórmula Uno o un concierto de Deep Purple, sentiremos que los oídos nos silban durante un buen rato. Ningún misterio allí, es parte de los límites de nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso.
Pero el invento frenético de Francis Lefebure fue que esos fosfenos "convierten la energía luminosa en energía mental" cuando se realiza la asombrosa "mezcla fosfénica". En sus propias palabras: "La Mezcla Fosfénica consiste en mezclar un pensamiento con el fosfeno, es decir, en pensar durante la presencia del fosfeno". Se supone que así se piensa mejor.

¿Eh?

No, en serio, ¿cómo lo sabe?

Él dice que lo descubrió cuando era pequeño y así pasó de ser un estudiante malo a ser sensacional: "me convertí súbitamente en un buen alumno y de forma tan sorprendente que mis compañeros me llevaron a hombros por el patio", escribe desfachatadamente el sujeto, esperando que olvidemos que los compañeros no suelen llevar a hombros por el patio escolar al más listo del curso como no sea con objeto de arrojarlo a un charco de lodo, darle una paliza colectiva lejos de los ojos de los profes, quitarle los pantalones, emplumarlo o todas las anteriores.

Vamos, Francis, como dijo Heidegger, no seas payaso.

Con base en esa anécdota, que por supuesto no demuestra que ver tontamente una lucecita aumente la "energía mental", Lefebure inventó su negocio personal llamado, claro, el "fosfenismo" (marca registrada) de Francis Lefebure (marca registrada también).

Vale, pero más allá de la chacota, ¿el doctor Lefebure (porque era médico, lo cual no es garantía de nada, como lo demostró ampliamente Joseph Mengele) probó que al realizar la boba práctica de mirar una luz fuerte para provocar la aparición de fosfenos aumenta la inteligencia, la concentración, la iniciación, la telepatía y las demás locuras que afirma?

Pues no.

Y es que la demostración debería pasar por varias etapas que no le interesaban al doc: a) demostrar que existe una "energía mental" medible y caracterizable claramente, b) demostrar que los fosfenos son una "energía lumínica" distinta de la energía electroquímica con la que todas las células sensoriales se comunican con el sistema nervioso, c) demostrar que los conos y bastones de la retina realizan una labor de modulación de la frecuencia, amplitud o intensidad a esa "energía" para convertirla en "otra energía", d) demostrar que esa "energía" modificada se puede transmitir sin deformarse hasta el cerebro (en particular a la zona 13 donde se reciben e interpretan los impulsos visuales, ubicada en la parte más trasera del cráneo), e) que el cerebro efectivamente emplea esa energía en cosas buenas y sanas como estudiar mejor y ser más espiritual en lugar de usarla, digamos, para mejorar la fantasía o aumentar el deseo sexual.

Y tendría que demostrar que todo eso es cualitativamente distinto del silbido en los oídos después de hora y media de heavy metal sin anestesia o de la sensación de ardor que nos queda después del bofetón arriba mencionados.

(Eso o inventar el "silbidoenlaorejanismo" y vender discos de AC-DC a sesenta euros para crear el "silbidoenlaoreja" que también sirve para platicar con Buda... o quizá no debemos decir esto y darle más ideas a los borricos con iniciativa.)

Pero al doctor Lefebure le importaba un carajo partido por la mitad desentrañar esa cadena causal para demostrar su descabellada teoría. Y a sus herederos también. Lo que al doc y a sus legatarios realmente les estimula la entrepierna es vender cosas, como se ve en el sitio Web de los actuales dueños de este cuento.

Venderle a sus víctimas, por ejemplo, el "Equipo Mental Fitness" que incluye la fantástica "Phosphenic pocket lamp avec filtre de tamisation" (mezcla inmunda de inglés y francés que se traduce como "linterna de bolsillo fosfénica con filtro de tamización", lo que no significa nada) junto con su libro ABC de la mezcla fosfénica y, por supuesto, el "CD audio con ejercicios prácticos" (ahora a todos los embaucadores les da por sentirse Britney Spears), todo por la módica cantidad de 94 euros. Redondo negocio por una linterna que no cuesta más de 3 euros, un libraco que puede costar 5 y un CD de un par de euros a lo mucho.

Pero claro que el negocio no se detiene allí. El "Equipo fosfenotraining" le da 1 bombilla de 75 watios, 1 bombilla "bleue spéciale", tipo: "Luz natural", 1 mando a distancia para la lámpara y 1 venda ocular con ¡elástico! todo por meramente 200 euros.

Pero si quiere realmente trascender su estado y lograr la iniciación, necesita además la "Maleta Especiale Alternofonía" para practicar otro sensacional descubrimiento de Lefebure, que escuchar un ruido alternadamente en una oreja y luego en la otra es igualito que el arrullo a un bebé y sirve para "Preparación de exámenes, mejoría de la memoria. Enriquecimiento del tema de meditación. Permite practicar todos los ejercicios de pensamiento rítmico con una eficacia máxima, gracias al aporte de una energía suplementaria a la masa cerebral que facilita las conexiones neurológicas". Con tal masa de beneficios, pagar por un aparatito, audífonos, libro y CD (¡claro!) sólo 840 euros es una bicoca, realmente.

Ahora, que si le da por ser verdaderamente un iniciado, necesita el "Giroscopio o la máquina de subir Kundalini", que es un mugriento giroscopio con algunos accesorios que no cuestan juntos ni cinco euros, el infaltable CD "de entreno a la meditación giroscópica" y un libro de ejercicios, todo en su cajita feliz por sólo 940 euros.

Por supuesto que ningún producto sustituye a otro, de modo que para ser un fosfenizado completo debe usted azotar con 2,074 euros, que es más o menos el precio de la iniciación mística (la continuación mística ya requiere más billetes y, claro, trasladarse a París a la escuelucha correspondiente).

Ni me voy a meter con los otros muchísimos delirios de Francis Lefebure, que van desde la curación por imposición de manos hasta en "neumofeno" o técnicas de respiración refriteando las supersticiones orientales, por no mencionar sus escritos iniciales zoroástricos, sus delirios sobre despertar el kundalini, el fosfenismo como explicación de todas las religiones, de la videncia y de las manifestaciones sobrenaturales, la "magia cristiana" y todos los demás delirios que ponen en duda la cordura del médico en cuestión. Simplemente me sentí obligado a hacer esta entrada porque una vez se me ocurrió mencionar en una entrada al tal "fosfenismo" y la cantidad de personas que han llegado a este blog buscando "fosfenismo" es abrumadora.

Así que ya sabe, si quiere pagar cara el agua, las patatas, la luz, los olores, el azúcar, los ruiditos y el aire que respira, puede elegir entre un mercadotécnico sin ética y un charlatán sin vergüenza.

Que para el caso son lo mismo.

octubre 14, 2004

Los investigañanes

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Ante la crítica a la inmensa cantidad de burradas que escriben en sus libros, que sueltan por los medios electrónicos o que administran a los incautos que pagan por asistir a sus conferencias, numerosos personajes del mundo de lo para anormal se defienden diciendo que ellos "sí investigan" mientras que sus críticos no.

Juan José Benítez y su vástago, que heredará el imperio de fábulas desfachatadas de Juanjo, suelen acudir a esto: Juanjo viaja mucho, "investiga", su próximo viaje le va a costar doscientos mil dólares, como si eso probara que no miente.

Lo que no dicen es que a) a Juanjo le encanta viajar y más si le pagan el viaje, b) las "investigaciones" son una tomadura de pelo que se agotan en filmar cobrando y en pasarla bien con sus amiguetes ovnílogos echando unas copichuelas y c) por cada doscientos mil dólares que se "gasta" en investigaciones, Juanitojosesito se levanta como mínimo un milloncete de dólares. Y lo de "gasta" va entre comillas porque este sucedáneo de Rambo no pone ni un céntimo, sino que son las editoriales las que financian los paseos en los que Juanjo departe con sus amigotes, come en los mejores restaurantes, bebe caldos de crianza intachable, suelta alguna conferencilla, se presenta en alguna televisora y luego desata la imaginación para contar otro cuento con el que tintinea alegre la registradora de la editorial y consecuentemente engorda lo suyo la alcancía, hucha o cochinito del propio JJ.

En México, otro reciente simulador, secuaz de Jaime Maussán, es Danielito Muñoz, supuesto "investigador ovni" al que, según me informan, se le ponen los pelos de punta cuando le mencionan mi nombre o el de Héctor Chavarría, al grado que estuvo a punto de propinarle un bofetón a un chavalillo harto despistado que no sólo pagó por escuchar los sonoros rebuznos de Danielín, sino que al final fue a preguntarle cosas y a decir que me conoce (de hecho, el chamaquillo exageró diciendo que es "mi amigo", cosa que tampoco se justifica), lo cual sacó totalmente de sus casillas a distinguido raquítico mental, quien sacó nuevamente la estupidez de que "él sí investiga".

Estos neurolitos que se anuncian como "investigadores", suelen organizar sociedades, asociaciones, puticlubes o bandas cuestionables en las que suele figurar la palabra "investigación" de manera ostentosa.

Así tenemos:
  • "el" "Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas", cuyo capo es el probado mentiroso (y lo que falta) Pedro Amorós Sogorb
  • la "Organización Mundial (y ¿por qué no Universal?, digo) de Investigación Paranormal" del atrabiliario y violento Carlos Trejo (en realidad cinco empleaditos de este caradura en un barrio de la Ciudad de México, cuyas hazañas reseña puntualmente Tumbaburros, página que incluso ha creado la lista de correos Carlos Trejo y el fraude jocoso "un foro destinado a denunciar los fraudes de Carlos Trejo por medio de los testimonios de quienes participamos")
  • la "Corporación de Investigación de Fenómenos Aéreos", feudo de un ovnílatra argentino, Alex Ossandón Núñez, quien es también "sanador" y lo que se ofrezca, además de único miembro conocido de esta pandilla
  • el "Grupo Zetta de Investigación Paranormal" (y de apaleo del idioma), que capitanea Carlos E. Pacheco S. (también socio único conocido de tal manada)
  • el "Colegio Nacional de Investigación Paranormal y Ovni", Conaipo, de México
  • la "Agrupación de Investigaciones Ovnilógicas de Chile" barco pirata capitaneado por Rodrigo Fuenzalida H. y sin tripulación conocida
  • la "Asociación Cordobesa de Investigación Parapsicológica", que cuenta el cuento de que es una organización de carácter "cultural y científico" y miente diciendo que eestá formada por "investigadores", cuando la mayoría de sus miembros confesos son igualmente activistas de la troupé de payasos del circo llamado RHOI
  • el "Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos", donde el jefe de la banda es Ramón Navia-Osorio, especialista en chupacabronología (estudio de la fantasía del "chupacabras")
  • etc...

La palabrita, pues, les encanta.

La pregunta es si saben lo que es "investigar".

Una pista para los despistados: darle vueltas a un círculo en un campo de trigo con dos varitas de zahorí, grabar por millonésima vez los ruidos de la misma frecuencia de radio tratando de escuchar vocecitas, hacer entrevistas a personas que quieren ser famosas, tomarse fotos ante las pirámides de Egipto, tomarle fotos malas a una casa embrujada, escribir rollos chupapitescos refriteando lo que ya escribieron otros, inventar nombres rimbombantes (como "teleplastia") para lo que su limitada dotación neuronal no alcanza a colegir o inventarse teorías sacadas de la manga o de alguna dosis generosa de un potente psicodisléptico no es investigar.

La investigación es una disciplina humana demasiado respetable como para permitir que la aborden violenta y bufonescamente personas de una probada incapacidad, de una ignorancia monumental y de un interés cuando menos sospechoso por hacerse de seguidores y vender productos variaditos.

La investigación es una forma organizada y sistemática de encontrar respuestas a las preguntas. Generalmente sigue el método científico de cuatro pasos: Caracterización (observación y descripción de un fenómeno físico y objetivamente medido), Hipótesis (propuesta de una posible explicación de lo caracterizado), Predicción (deducción lógica derivada de la hipótesis) y Experimento (prueba de todas las anteriores).

La investigación parte del honrado "no sé" para buscar el conocimiento, no parte de un "yo sé" para luego tratar de sustentar interesada y convenencieramente el prejuicio, escondiendo bajo la alfombra los datos que no nos vienen a modo.

Nada de esto lo hacen los supuestos investigadores síquico-paranormalológico-parapsicológico-ovnilógico-rascasobaqueros.

La investigación no es un hecho aislado, sino que es parte de un esfuerzo común a toda la humanidad, mediante el cual los conocimientos certeros que tenemos sobre el universo que nos rodea se van afinando, mejorando, perfeccionando y ampliando, formando un entramado de explicaciones útiles que asombraría al boberío paranormaloide si pudieran entenderlo. Todo sustenta a todo, es una estructura intelectual magnífica y en constante evolución.

La física, la química, la biología, la fisiología celular, la genética, la paleontología, la cosmología, las neurociencias, la geología y otras disciplinas no son entes independientes que flotan en un marasmo de misterio, sino que todas se engarzan maravillosamente, se sustentan mutuamente, se unen como piezas de un modelo para armar de la realidad que va dándonos una imagen cada vez mejor de todo, y donde las aparentes incongruencias o disonancias generan más y mejor investigación, y siempre esta investigación ha dado como resultado un fortalecimiento de nuestra estructura del conocimiento certero o científico.

Ante el maravilloso espectáculo del cerebro humano comprendiendo su mundo e incluso a sí mismo, las poco numerosas pero altamente escandalosas hordas de saraguatos paranormalológicos lo único que aportan es una burda pieza de rompecabezas inventada por ellos, que no describe pero mucho menos explica parte alguna de la realidad, y tratarla de encajar a huevo en la estructura del conocimiento. Cuando ven que a) su malhechota pieza no cabe en ningún lado, b) la gente pensante los toma a chacota y c) su engendrillo no funciona en lo más mínimo, avergonzándose ante otras piezas del rompecabezas que funcionan divinamente (los enlaces químicos, las leyes de la termodinámica, los antibióticos, la neurotransmisión, la herencia genética), reaccionan de tres formas que los ponen en su justa dimensión:

Primero Se encabronan y declaran a cualquier ingenuo que los quiera oír que ese maravilloso edificio producto de miles de años de ciencia y conocimiento certero no sirve para nada. Mientras miran al mundo detrás de sus gafas (graduadas correctamente gracias al conocimiento de la refracción de la luz y de la anatomofisiología del ojo humano), yendo en sus cochecitos (que funcionan gracias a las leyes físicoquímicas que abominan) a estaciones de radio y televisión (maravillas de la electrónica de la que estos aprovechados lo ignoran todo), vestidos con fibras artificiales, vacunados, probablemente conectados a Internet, dicen que la ciencia es inútil, vana y mentirosa.

Segundo Aseguran que los hombres y mujeres que hacen avanzar el conocimiento día tras día, investigando de verdad, son en realidad malvados y crueles conspiradores oscuros porque no los dejan entrar a su club. El soplapitos paranormalólogo considera que su sola existencia, su inquietud (muy legítima a veces, pero siempre mal encaminada), su asombrosa empanada mental, su desorganización conceptual, su falta de sistema, su imbatible ego y, por sobre todo, su egregia ignorancia que confunden con "conocimiento alternativo", le merece Premios Nobel, lugares en las academias de ciencias y el respeto que no se sabe ganar como la gente normal.

Y tercero Sufren la peligrosa alucinación de que son como los científicos a los que perseguía la iglesia (complejo de Galileo). Pero Galileo se enfrentaba con datos reales a las creencias salvajes de la iglesia. Los científicos o precientíficos de la época apoyaban a Galileo, mientras que los archiensotanados de la creencia irracional se rehusaban a ver por el telescopio (pregunta rápida: ¿cuántos ovnilocos cree usted que hayan puesto el ojo en el ocular de un telescopio?). Los soplapitos son una creencia fanática, enemigos, como los ensotanados del renacimeinto, de la ciencia, y como buenos inquisidores quieren ejecutar en el patíbulo a la ciencia, quemar en leña verde a los científicos (Galileo incluido, ya que su teoría hizo pedazos las alucinaciones astrológicas) y matar cualquier asomo de pensamiento crítico en la mente de sus seguidores, con el único objeto de sentirse justificados en sus delirios y considerarse menos estrafalarios, y gritan a los cuatro vientos que son "investigadores", cuando no hacen sino repetir como robots industriales el programita que algún vivillo les enseñó (la millonésima prueba con cartas Zener que no demuestra nada, la enésima foto Kirlian que sigue fotografiando la descarga eléctrica que se usa para tomarla, la duomilésima grabación de ruido en el que juran que se ocultan las voces del "más pallá", la chorrocentésima "regresión hipnótica" que no demuestra nada más que la fantasía conjunta del hipnotizador y su víctima, etc., etc.).

Un ejemplo de lo mal que se lleva el abordaje pirata de los monederos ajemos con la investigación nos lo da el origen de todos estos grupos, la Society for Psychical Research (SPR, Sociedad para la investigación psíquica), fundada en Inglaterra en 1882 con objeto de realizar una investigación científica sobre el espiritismo. Seis áreas les interesaban a los científicos serios que fundaron tal institución conjuntamente con algunos espiritistas y fingidores: la telepatía, el "mesmerismo" (hoy hipnosis), los médiums, las apariciones, los fenómenos físicos asociados con las sesiones espiritistas y, finalmente, la historia de todos estos fenómenos.

El interés era ciertamente legítimo en aquél entonces. Pero pronto vinieron los problemas. Como en la SPR había gente inteligente, inquisitiva y pensante, para 1887 muchos espiritistas abandonaron el grupo, y más cuando vieron que los tales científicos no se quedaban calladitos cuando veían mentiras y engañifas, sino que las admitían con la frescura y honestidad que enseña el método científico. Precisamente el momento más alto de la SPR fue cuando desenmascararon las numerosísimas patrañas de "Madam" Helena (o Elena) Petrovna Blavatsky, que es como la madre espiritual de todo embustero paranormaloide actual.

Los tales científicos siguieron adelante, usando la observación, la inteligencia, el pensamiento crítico y buenos protocolos de investigación para enfrentar a los potentes videntes de su era. Pronto vinieron los desenmascaramientos de espiritistas falsarios a cargo de Houdini, al que la SPR de entonces no hizo menos. Conforme se veía que todo tenía el aspecto de un grosero y regordete embuste, la gente inteligente se fue saliendo de la SPR, sobre todo cuando se hizo evidente que no podían siquiera demostrar la existencia de sus objetos de estudio, cuantimenos (como dicen en mi pueblo) iban a poder describir, analizar y explicar los tales objetos de estudio. La gente seria acabó abandonando la SPR y actualmente es un cascarón inútil.

Los verdaderos investigadores investigan. La crítica a los delirios, muchas veces peligrosos, de los paranormalólogos y los enigmatistas queda principalmente en manos de los divulgadores de la ciencia. Cierto, ocasionalmente algún científico se distrae de sus ocupaciones, exasperado, para poner en su lugar al pendejerío paranormalista, pero son los menos. Y qué bueno. Es obviamente preferible que los bioquímicos se ocupen de encontrar nuevos medicamentos a que pierdan el tiempo con la magnetoterapia (salvo el tiempo justo para demostrar que no cura ni un callo), o que los arqueólogos sigan develando los misterios de nuestro pasado en vez de ocuparse de discutir con un racista ignorante como Von Däniken, o que los astrónomos sigan explicándonos el universo en lugar de tratar de meter en la cabecita de los ovnílatras y los astrólogos los conceptos más elementales del tamaño del Universo, la velocidad de la luz y otros asuntos más allá de su comprensión.

Cuando estos mareados usan la palabra "investigador" para autoaplicársela, no se están describiendo, pues, sino mostrando alegremente su intrusismo, simulación, suplantación y desfachatez.