mayo 23, 2013

La influencia de la Luna

Sí, es el siglo XXI, y sin embargo muchas personas tienen una visión mágica de las influencias que tienen sobre nosotros los cuerpos celestes que nos rodean. La astrología sigue siendo una superstición popular pese a un problema grave: no funciona. Es decir, no puede predecir nada ni puede describir la "personalidad" ni cualquier otro rasgo de nadie nacido bajo una u otra influencia astrológica.

La Luna durante un eclipse.
(Foto CC de Oliver Stein vía Wikimedia Commons)
El otro problema grave es que no tiene mecanismos de funcionamiento plausibles (y hoy que sabemos que sólo vemos el 4,9% del universo, es decir, la materia ordinaria, mientras que el universo está mayoritariamente compuesto por lo que se calcula es un 26,8% de materia oscura y un 68,3% de energía oscura que los científicos están tratando de identificar con todos sus recursos. Los astrólogos quieren hacerle creer a usted que las poquitas estrellas (unas 149) de las constelaciones del zodiaco determinan toda la vida de los humanos en la Tierra, descontando las más de

300.000.000.000.000.000.000.000

de estrellas que sabemos que hay, cuando menos (y podrían ser tres o cuatro veces más, y todas sumadas son, de nuevo, sólo el 4,9% del total de la masa y energía del universo). Esos trillones de estrellas no nos afectan, dicen los vendedores de magia astrológica.

Sí.

Claro.

Por supuesto.

Le creemos, oh sí, le creemos (como diría Carlos Monsiváis).

Si bien ya hemos hablado de la astrología aquí, la Luna sigue siendo motivo de sus propias supersticiones. Reproduzco y amplío bastante una respuesta que di hace poco en la plataforma Ask.fm sobre la influencia de la Luna. La pregunta era:
Hola Mauricio. Conozco gente que aseguran no creer en la astrología como tal ni en el zodiaco pero si en la influencia de la luna sobre nuestras vidas. Sus argumentos suelen ser que la luna influye en las mareas y que durante la luna llena ocurren más partos. ¿Qué opinas de esto?
Es una interesante forma de pensamiento mágico.

La luna afecta a los océanos, ciertamente, y de modo bastante impresionante como podemos ver si nos detenemos a disfrutar el ascenso o descenso de las mareas, así que lógicamente nos afecta a nosotros. Pues estamos hechos de agua, ¿no?

Pues no.

La Luna no afecta a los océanos por estar hechos de agua, sino porque tienen una gran masa. La gravedad es la medida de la interacción entre dos masas, y a gran distancia los objetos con menos masa, como los lagos pequeños o los estanques, no son preceptiblemente afectados por la masa de la Luna o del Sol (que también interviene en las mareas).

De hecho, las fuerzas de marea también afectan a los gases y a los sólidos, incluso pueden hacerlo de modo espectacular, como se calcula que ocurriría al aproximarse un objeto a un agujero negro: la diferencia de atracción gravitacional en sus distintos puntos lo estiraría en un proceso conocido como "espaguetificación".

Una persona de 80 kilos está formada por unos 48 litros de agua. ¿Si ponemos 48 litros de agua en una bañera (unos 7 cm de agua en una bañera de 125 cm de largo por 55 de ancho) veremos que tiene mareas? Pues no. El efecto de la atracción de la Luna sobre esa masa de agua es infinitesimalmente pequeño.

La atracción gravitacional de la Luna sobre una persona normal (con la Luna en el cenit) es de .00239 newtons. Menos de la cuarta parte de un gramo.

Pero esa misma persona está sujeta a la atracción gravitacional de la tierra, de la atmósfera, de los autobuses, de los edificios, de las demás personas a su alrededor, de los árboles y de todo, lo que anula esa minúscula atracción de la Luna. Si uno se pone de pie junto a la Torre Eiffel en París, ésta puede ejercer una atracción incluso mayor que la Luna. Pero las mujeres embarazadas no tienden a entrar en trabajo de parto al visitar la Torre Eiffel o edificios más masivos.

El argumento es falso porque sus premisas son erróneas. El único efecto de la Luna que provoca las mareas es el gravitacional.

Sin contar con que, claro, ¿cómo sería que esa minúscula atracción anulada y compensada por la atracción de todo cuanto nos rodea provocaría que las mujeres tendieran a entrar en trabajo de parto?

Se puede jugar  con esta calculadora en línea usando distintas masas y distintas distancias para ver cómo se comporta realmente la atracción gravitacional. Es divertido e instructivo.

Y, por cierto, no hay más partos en luna llena. Ni más accidentes. Ni más suicidios. Ni más asesinatos. Son leyendas urbanas producto en parte de que la gente se percata cuando pasa algo de esto en luna llena, pero lo pasa por alto cuando no es luna llena. Como te acuerdas de la vez que pensabas en alguien y te llamó por teléfono, pero olvidas las miles y miles de veces que te llamó alguien en quien no estabas pensando.

mayo 09, 2013

"Perfectamente alineado"

Una de las frases más manidas del mundo del "misterio" es la que expresa un asombro desbordante ante el hecho de que una edificación determinada esté alineada con la posición del sol o alguna estrella o grupo estelar en un momento determinado del año.

De hecho, nunca está "alineada", sino que está  "perfectamente alineada".

Ejemplos:
Que podríamos decir de los egipcios y sus famosas pirámides alineadas perfectamente con las estrellas. Con la tecnología de hoy en día no se podría construir una igual (Arqueología prohibida)
... las caras están perfectamente alineadas con los cuatro puntos cardinales (El misterio de la construcción de las pirámides de Egipto)
(la pirámide Maya de Kukulcan) esta perfectamente alineada con los puntos cardinales. (La historia no convencional)
Stonehenge es un monumento formado por rocas, situados de manera circular y que estaba perfectamente alineado con el sol (Stonehenge da la bienvenida al verano)
... el gigantesco colibrí representado con las alas desplegadas y realizado con un única línea ininterrumpida, cuyo pico se une a una línea perpendicular perfectamente alineada... (El gran misterio de Nazca, Perú)
Y así hasta el infinito y más allá, que diría Buzz Lightyear.

Pero, ¿realmente es tan difícil alinear algo con la posición de las estrellas o del sol, como para que a uno le cuelgue una baba de metro veinte y declare que los antiguos hacían algo tan difícil que probablemente los ayudaron los extraterrestres o una civilización avanzadísima como la Atlántida, Lemuria o la aldea de los Pitufos?

En realidad nadie sabe cómo lo hacían, pero existe una tecnología conocida que bien pudieron utilizar para conseguirlo. Y sin extraterrestres ni atlantes.

Básicamente consiste en clavar dos palos en el suelo.

Digamos que después de algunos años de observar el cielo (cosa que conviene para conocer las estaciones y cuándo cazar, pescar, plantar, cosechar y tal), usted se da cuenta de que cada año en un día determinado, digamos el solsticio de verano, el sol parece salir exactamente por el mismo punto del horizonte. Espera pacientemente al día del solsticio y está listo con un amigo y dos palos. Cuando empieza a salir el sol, clava un palo en la tierra entre usted y el sol. Luego le indica a su amigo dónde clavar el segundo palo de modo que esté exactamente entre el primer palo y el sol... es decir, sí, sus dos palos estarán... "perfectamente alineados" con el sol.

Ya puede dejar en paz al sol. prolongando la línea que se puede tirar entre los dos palos (recuerde que la línea se define como la distancia más corta entre dos puntos, y se puede extender al infinito a partir de esos dos puntos), puede pintar una raya en el suelo que estará "perfectamente alineada" con el sol el día del solsticio de verano. Usando esa raya puede construir lo que quiera, un templo, una pirámide, un observatorio o un altar. Si se pone, puede construir Stonehenge, dejando paso entre las piedras donde está la raya.

Luego borra la raya y espera al solsticio de verano y el sol se verá entre las piedras, por ejemplo. Porque éstas estarán "perfectamente alineadas" con el sol.

Luego espera 4.300 años a otro solsticio de verano en el que llegue alguien que se crea "astroarqueólogo" o "investigador del misterio" o "periodista especializado en temas alternativos" o cualquier título pomposo que se haya conferido a sí mismo en la universidad de sus fantasías y que mire entre las piedras y vea el sol saliendo y diga: "Madre mía, esta edificación está perfectamente alineada con el sol y eso debe exigir una tecnología avanzadísima".

Y entonces se da cuenta de que el engreído sujeto que seguramente lleva un chaleco multibolsillos y escribe libros y sale en televisión diciendo cuanto se le ocurre no tiene cabeza suficiente ni para clavar dos palos en el suelo, y por lo tanto tal hazaña le parece de un nivel tecnológico tan elevado que ríase usted de Internet, el LHC y la Estación Espacial Internacional.


mayo 08, 2013

La "vidente" Browne dio por muerta a una chica ahora rescatada viva

El mundo de lo supuestamente paranormal ha sido responsable de un triste colofón a la historia de las tres jóvenes mujeres que el 4 de mayo fueron liberadas en Cleveland, Estados Unidos, después de una década o más de vivir secuestradas: Amanda Berry, Gina DeJesus y Michele Knight.

Anuncio del tour de Sylvia Browne por sus 50 años
embaucando a la gente.
En el recorrido por los recuerdos de la búsqueda de las mujeres cuando desaparecieron, se rescató el caso de la madre de Amanda Berry (la primera que consiguió huir y denunciar a sus captores y agresores).

Amanda había desaparecido en 2003 y tiempo después su madre, Louwanna Miller, fue al programa de televisión del presentador Montel Williams para promover la búsqueda de su hija. En el mismo programa estaba una mujer que durante años ha afirmado ser vidente y médium espiritual, Sylvia Browne.

Después de que Louwanna presentó las fotos de su hija e hizo la súplica para que el público ayudara en su búsqueda, habló con Sylvia Browne.

La transcripción de la conversación la tenemos gracias a Hemant Mehta:
Louwana Miller: ¿Puede decirme si la encontrarán alguna vez? ¿Está por ahí? 
Sylvia Browne: Ella... vamos, odio esto cuando están en el agua. Lo odio. No está viva, querida. Y te diré por qué, vamos de nuevo. Tu hija no era el tipo de persona que no te habría llamado. 
Pero Sylvia Browne no conocía qué tipo de persona era Amanda Berry, y como siempre ocurre con los "sensitivos", "psíquicos", "médiums", "videntes" y otros impostores sin corazón, no sabía nada del caso. Pero estaba haciendo su espectáculo, ganándose la vida fingiendo conocimientos de los que carece.

Según relata la cadena de televisión ABC, Louwanna Miller estalló en lágrimas ante la fraudulenta "revelación" de Sylvia Browne.

Louwanna creía firmemente en los "poderes" de Sylvia Browne y declaró a la prensa que creía "en un 98%" en lo que le había dicho la supuesta vidente. James Renner, en su libro sobre crímenes no resueltos en Cleveland, The Serial Killer's Apprentice: And 12 Other True Stories of Cleveland's Most Intriguing Unsolved Crimes, en el capítulo referido a los secuestros hoy resueltos, relata lo siguiente:
La madre de Mandy, Louwana Miller, murió el 2 de marzo de 2006. Los médicos dijeron que fue un fallo cardiaco. Su hija Beth dijo que murió con el corazón roto a causa de la desaparición de Mandy, y que se agravó por una reciente visita al programa Montel Williams donde una vidente le dijo que Mandy había sido asesinada. 
Sylvia Browne siguió y sigue afirmando que tiene capacidades sobrenaturales y sacándole dinero a personas ingenuas, desesperadas e inocentes como Louwana Miller.

La gente le reclama a Sylvia Browne en su perfil de Facebook

Y esta es la historia real que se repite una y otra vez, pese a que los videntes, para embaucar a su público, afirmen una y otra vez que pueden ayudar a la policía a resolver casos. Es mentira.

Un año antes, la misma Sylvia Browne había dicho también a los padres del adolescente desaparecido Shawn Hornbeck que su hijo había muerto. Incluso explicó dónde se encontraba el cuerpo según sus "visiones" que causaron aún más dolor a los desesperados padres. Hornbeck fue hallado vivo cuatro años después, también había sido secuestrado por un delincuente sexual.

Sylvia Browne sigue medrando en los medios estadounidenses, especialmente en programas influyentes y sensacionalistas como el de Larry King (el gran promotor del pánico a la telefonía móvil) y fue colaboradora fija de Montel Williams. Durante años ha dicho que aceptaría el reto del millón de dólares de la Fundación Educativa James Randi para demostrar sus poderes sobrenaturales, pero nunca ha hecho la prueba.

Probablemente no necesita el millón, cobrando 700 dólares por cada llamada telefónica de máximo 20 minutos para decirle mentiras a las personas que creen en ella.

Una muestra más del daño que pueden hacer las creencias que se promueven en todos los medios sin ninguna ética, sin ningún escrúpulo, sin ninguna intención de comprobar siquiera cuanto dicen "videntes" y "sensibles" como Anne Germain o Paloma Navarrete.

abril 24, 2013

Levitación, chakras y profesoras irracionales

Suelo responder preguntas de lo que sé (o de lo que puedo investigar rápidamente en Internet, especialmente cuando la información está en inglés y no la hay en español, cosa que tanto conviene a los vendedores de falsedades que medran en nuestro idioma) en la plataforma Ask.fm como antes lo hacía en Formspring.

Algunas de las preguntas y las respuestas quizá interesen a los lectores de este blog.

Me preguntan:
...hoy en una clase la maestra nos dijo que hay pruebas científicas que la levitación existe y que los monjes del lama la hacen.. ¿es cierto eso? también en esta misma clase nos dijo que el chacra es científico. y otra pregunta por que ''somos energía'' y no materia?‎
Respuesta:

El aparato usado tradicionalmente por gurús
estafadores de la India, hoy convertido
en "arte callejero" (Fotos de Two Worlds)
Pues no, que yo sepa no hay pruebas científicas. Y si las hubiera, ¿te imaginas el revuelo que habría en todo el mundo?

La levitación debería implicar una forma de energía distinta de las que conoce la física (electromagnética, gravitacional, nuclear fuerte y nuclear débil), lo cual pondría de cabeza al modelo estándar de la física y literalmente miles o cientos de miles de físicos se lanzarían a estudiarlo para ser los primeros que expliquen esa fuerza, porque cambiarían la visión del universo como Newton o Einstein y ganarían premios y un lugar firme en la historia. Sería un acontecimiento que estremecería al mundo como el hallazgo del bosón de Higgs pero multiplicado muchas veces.

Así que no.

Con los chakras pasaría lo mismo. Las neurociencias están explorando a fondo la anatomía y el funcionamiento de nuestro sistema nervioso... el hallazgo de siete estructuras especializadas que nadie había visto nunca y que tienen capacidades sobrenaturales por supuesto estaría en todas las revistas de neurociencias y, de nuevo, cientos de miles de neurocientíficos estarían trabajando por detallar cómo funcionan esas siete estructuras mágicas. Piensa que sólo sobre las interacciones de una pequeña glándula que controla nuestras emociones (la amígdala) hubo más de 1.700 artículos en 2012 y van más de 700 en 2013 (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/?term=amygdala), si los chakras existieran, los estarían estudiando. Y no.

Así que no.

Y no, no "somos energía". Somos materia. Si nos convirtiéramos en energía la explosión sería de consideración. Una persona de 80 kilos según la ecuación de equivalencia de Einstein (E=mc2) se convertiría en:
7,174,822,050,000,000,000 joules

Una locura si consideras que la bomba atómica de Hiroshima emitió una energía de "sólo"
63,000,000,000,000 joules

lo cual haría pensar que es una suerte que no seamos energía sino materia, y usemos muy poca energía calorífica y química para funcionar.

La gente que dice "somos energía" quiere decir que cree que tenemos un espíritu no material que puede sobrevivir a nuestra muerte, lo que alguien llama "el fantasma en la máquina". Pero como no han podido probarlo nunca, usan palabras de la ciencia para fingirse importantes.

Se llama pseudociencia y es la negación de la razón.

abril 09, 2013

Desinformación y pseudociencia en los medios

Día a día, el periodismo da un paso atrás en España.

El cortesano diario semioficial del régimen.
No me refiero sólo a la cortesanía partidista, a la destrucción del concepto esencial de la honestidad en el tratamiento de la información, que han venido convirtiendo a la casi totalidad de la prensa impresa y electrónica en una sucesión de tomas de posición social, política y económica que determinan la forma en que se trata una noticia. Cualquier noticia. Todas las noticias.

Los más jóvenes no lo sabrán, pero hubo una época en que la prensa española era capaz de informar de los hechos sin sesgos demasiado evidentes, sin ocultar cosas que dañaran a las posiciones políticas de la empresa o a sus alianzas o convicciones ideológicas.

Era la transición y otros periodistas en otros lugares del mundo donde se luchaba por la libre expresión ante las presiones autoritarias de gobiernos que igual ofrecían sobornos que tiros por la espalda,  aplaudíamos ante el rigor informativo de una España que respiraba libre por primera vez en cuatro décadas. Cambio 16, Diario 16, Interviú, El País, El Mundo y otros medios sustituían a "la prensa del Movimiento" e iban aportando conceptos a la teoría periodística, a la idea de honestidad, seriedad y a la convicción de que el periodismo no es posible sin una ética que es pilar fundamental del contrato de confianza que se celebra entre el lector y el periodista. Honestidad como principio más viable que la "objetividad". Resumidamente: el periodista se puede enojar, puede mostrar su lado subjetivo porque la objetividad es una meta inalcanzable, puede  estar a favor de un partido, una ideología, una filosofía o un equipo de fútbol... pero su compromiso con el lector es no mentir, no sesgar, no ocultar información ni alterar los hechos tal como los conoce. Que si conoce datos que afectan negativamente a su candidato, a su partido, a sus ideas, a su grupo musical o equipo de fútbol favoritos, los va a divulgar, no los ocultará.

No busque lo mismo en las mismas publicaciones 35 años después. Hoy los datos que incluya la noticia serán distintos según nos la cuente uno u otro. Los adjetivos abundan, el sesgo es tal que el lector busca diarios que estén "de acuerdo con él", que compartan su sesgo, no a quienes mejor le informen. Hasta la nota periodística básica, que debe ser aséptica, limitándose a informar qué pasó, quién estuvo involucrado, dónde ocurrió, cuándo ocurrió, por qué ocurrió y cómo ocurrió (lo que en inglés se conoce como las "6W"), se ha convertido en espacio de opinión editorial donde el dato sirve para sustentar una línea de pensamiento. Para informarse, es triste, hay que leer The Guardian, The Telegraph o The New York Times.

Sólo hay una excepción a este triste hecho, y es una excepción más triste aún: todos los medios, de izquierda (real o presunta) o de derecha (presuntamente moderada o abiertamente fascista), monárquicos o democráticos o autoritaristas, del Madrid o del Barça, todos, abren sus puertas de modo absolutamente acrítico, ingenuo, crédulo, irracional y sensacionalista a las más patéticas formas de charlatanería, pseudomedicina, conspiranoia y tontería con etiqueta de precio, siempre que suene guay, ecomágica, natural, orgánica, tradicional y debidamente neófoba, antitecnológica, misántropa, esotérica y anticientífica.
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En octubre de 2012, en la charla que me invitaron a dar en el Escéptics al pub en Barcelona, comentaba yo que el mundo del ocultismo ha cambiado bastante. Y no para bien. Hoy en día, una charlatana como Anne Germain no puede aspirar a primeras planas estruendosas con tres fotos como la que el ABC le regaló a Uri Geller el 9 de septiembre de 1975, una promoción fundamental para que el avispado israelí metiera la mano en el tarro de las galletas ibérico como lo hizo en todo el mundo. Tampoco se daría tanto bombo a las historias de extraterrestres de Ummo que mandan cartas mecanografiadas a ciertos personajes no muy fiables, a las mal dibujadas Caras de Bélmez® como manifestaciones de lo preternatural o a la idea de que realmente hay un piloto estadounidense que viajó en el tiempo en un proyecto de enormes alcances del que nadie más ha hablado nunca, ninguno de cuyos participantes ha soltado la lengua... salvo un buen piloto, que elige como su confidente a un periodista español de segunda fila, pero no para difundir conocimientos, sino para enriquecer y envanecer al periodista.

Muchos de los temas de los años 60 y 70, pues, están superados en gran medida. No han desaparecido, pero se han sumido en la marginalidad, la cutredad, el descrédito y el gueto paranoide, con poco relevo generacional y abandonando el papel protagónico que tuvieron en las primeras planas de los diarios. Esto se demuestra simplemente viendo o escuchando los programas de Íker Jiménez, la radio misteriológica de medianoche, o leyendo las rengueantes revistas misteriológicas españolas, que reciclan hasta la más sartriana náusea los temas que hicieron famosa a la antología de despropósitos teosofistas El retorno de los brujos de Pauwels y Bergiere y que inspiró el título de este blog, como seguramente habrán observado los lectores más agudos. Gran parte de ese ingenuo imaginario sesentero queda hoy entre lo minoritario y lo ridículo.

La inocencia de los 60 tampoco duró, aunque se sostuvo más en algunos espacios que en otros. The dream is over, el sueño ha terminado, dijo John Lennon en su canción God de octubre de 1970. La frase se utilizó como símbolo de la separación de Los Beatles y del fin del sueño del hippismo irreflexivo (final marcado por los asesinatos de la comuna de Charles Manson en 1969). Pero también es el fin de la inocencia respecto del ocultismo, el esoterismo y todo ese mundo que quienes se dedican a él llaman "del misterio".  En los años siguientes se fue derrumbando el edificio de la nueva superstición alimentada por las viejas. El Sai Baba no era un hombre santo y noble, era un tramposo que engañaba a la gente haciendo prestidigitación (mala) y además era un presunto pederasta. El aparentemente simpático y dulce caradura Rajneesh-Osho acabó haciendo bioterrorismo. El Maharishi Mahesh Yogui timó millones asegurando a los ingenuos que les enseñaría a levitar. Otras comunas hippies se revelaron como sectas aterradoras donde la manipulación mental y sexual llegaba a niveles escalofriantes como en Los Hijos de Dios y llegaban al suicidio masivo como en Jonestown. Lo mismo que harían años después otros creyentes en que los ovnis eran naves extraterrestres.

Hasta los medios se dieron cuenta de algunas de estas cosas.

Pero la superstición de ayer ha sido sustituida por formas de superstición aún más tóxicas y peligrosas. Claramente orientadas al rechazo de todo conocimiento científico, proponen ideas mágicas (la realidad la creas tú), defienden toda práctica antigua (por salvaje y ausente de pruebas que sea), rechazan la medicina, ofrecen milagros de salud, promueven el miedo a conspiraciones siniestras y omnipotentes y venden peligros escalofriantes para promover el rechazo a todas las nuevas tecnologías.

Hoy no veremos a Geller en la portada de ABC, pero podemos ver en "La Contra" del diario La Vanguardia a todo tipo de timadores new age: cabalistas, psicólogos transpersonales, antivacunas, conspiranoicos del "nuevo orden mundial", antitransgénicos, psicoanalistas lacanianos, "maestros" de vedanta, quiroprácticos, neoprimitivistas y demás fauna que habita un espacio de respetabilidad inexplicable. Prácticamente no hay área de la charlatanería, la pseudomedicina y la antimedicina que no haya sido consagrada por este espacio periodístico.

Todo el nuevo pensamiento ocultista, las supersticiones guay, o algunas al menos, en función de su factor guay y su corrección política, su identificación (generalmente espuria) con la rebeldía social, su alternatividad, tienen la puerta abierta en todos los medios. Ni siquiera, aunque muchos lo quisiéramos, se salva eldiario.es, al que a veces se le cuela el yoga y tiene una sección de barra libre para Greenpeace donde esta organización puede decir lo que desee sin tener que ajustarse a la realidad, a la deontología periodística y ni siquiera a los hechos científicos demostrados. Y por supuesto sin derecho a réplica por parte de las personas, instituciones, gobiernos, empresas y grupos que caen en la mira de la multinacional en cuestión. Ya no digamos de sus críticos. Lo mismo ocurre en otro medio políticamente progresista, Periodismo humano y su espacio reservado para el monólogo de Greenpeace.

En televisión la situación no mejora. Prácticamente todos los informativos en todos los canales tienen espacios dedicados a la tontería, aunque en ese sentido La Sexta, que originalmente se vendía como una alternativa inteligente y progresista frente a la televisión habitual en España, ha sido la gran decepción, mostrándose con frecuencia más proclive al ocultismo y la neofobia que su competencia.

Electrosensibilidad (y su concomitante negocio), antivacunas, pánicos de salud varios, pseudomedicinas, quimifobia, antitecnología y recetas milagrosas de todo tipo campan a sus anchas por todos los medios de comunicación.

Y en medio de ese marasmo de falsedades, están los intentos de informar sobre los avances, desarrollos y actividades de la ciencia, casi todos condenados al fracaso porque, como ya hemos comentado, el reportero que hoy tiene que cubrir la información de los resultados del experimento AMS del CERN sobre la evidencia de la materia oscura mañana tiene que informar sobre economía, el conflicto de los vecinos del barrio de Barriete contra los del de Barriote o los motivos de la bajada de la prima de riesgo. La especialización está ausente en los medios noticiosos salvo excepciones de las cuales destaco dos espacios que lo merecen: la agencia SINC que además de periodistas especializados tiene contactos en todo el mundo de la ciencia y la tecnología para mejorar su cobertura según el tema (los periodistas tenemos que preguntarle a los científicos de todo, no nos podemos inventar cosas o producirlas a partir de nuestra apreciación o sensibilidad personales, como lo hacen los críticos de arte) y Materia, web sobre noticias científicas de calidad y presencia comparables. No anoto aquí las páginas, blogs, artículos y espacios de divulgación no estrictamente noticiosos que generalmente son más fiables que los medios de comunicación habituales y gran parte de cuyos autores (en España) son además colaboradores del blog Naukas, que quizás podría ser modelo para un sitio similar que reúna a los divulgadores de cada país latinoamericano o, incluso, un blogo colectivo hispanoparlante amplio. Soñar no cuesta nada más que el alquiler de la cama.

Lo que predomina es el periodismo que no duda de nada de lo que diga ningún entrevistado esotérico o misteriológico, que no pone en cuestión a ninguna persona que diga que es "maestro", "experto", "doctor" o "especialista" sin importar cuán descabelladas puedan ser sus propuestas (algo que nunca se haría en política o en deportes).  Un periodismo expeditivo que se mide no por cuántas verdades o falsedades se llevan al público, por la calidad de los datos y la honestidad en su manejo, sino por el número de minutos de emisión o de centímetros cuadrados ocupados en la publicación, lo que "resuelve" en términos de espacio. Y se mide por su nivel de sensacionalismo, ¿retiene la atención del público para que se quede hasta la publi? ¿No contradice nada que diga un anuncio que nos deja buenas ganancias? Es el periodismo (o pseudoperiodismo como el que hace en "Salvados" el comediante Jordi Évole) que parte de una conclusión preestablecida y luego hace la lista de entrevistados y la selección de datos con objeto de sustentar dicha conclusión, sin plantearse siquiera la posibilidad de cuestionarla o desafiarla; el periodismo de blancos fáciles que parte de lo que su público desea para dárselo a toda costa: si la gente dice que las farmacéuticas son empresas voraces que hacen medicamentos que no curan y carecen de toda ética, pues eso vamos a decir.

Los conspiranoicos siempre asumen la maldad de quienes atacan, y creen que los grandes acontecimientos deben tener grandes causas dependientes de la voluntad humana. Con esos dos prejuicios erróneos, encuentran complots aterradores en absolutamente todo.

Pero en realidad no es razonable atribuirle a la maldad lo que se puede explicar mediante simple estupidez humana. Y, por supuesto, no todos los grandes acontecimientos tienen grandes causas.

Sería muy tentador suponer que en los medios hay una especie de conspiración anticiencia y favorecedores de la charlatanería, quizá que están pagados para decir tonterías por los laboratorios homeopáticos y los videntes con su enorme negocio, las empresas de ventas de productos milagro y los pseudomédicos que cobran auténticas millonadas. O que toda esa desprolijidad informativa es producto de una maquinación maquiavélicamente engranada para mantener al público desinformado en cuanto a ciencia y receptivo en cuanto a todo género de tonterías de la que no haya ninguna prueba y que pueda llenarle los bolsillos a cualquier timador de poca o mucha monta o a cualquier simpático que venda libros.

Pero es poco probable que esto sea así.

Lo que hay, muy probablemente, es ignorancia y cierta desidia por parte de todos los implicados en los medios, desde los redactores o reporteros hasta sus jefes y llegando a los dueños de los medios de comunicación. Ignorancia y desprecio por la ciencia (muchas veces al grito de "es que soy de letras", coartada imbécil en grado sumo para explicar por qué uno no sabe que la Tierra gira alrededor del Sol y no es plana), tendencias sensacionalistas propias de quienes no se ajustan a una ética informativa honesta y basada en hechos, deseos de obtener público y conservarlo y, lo sospechamos sin poderlo afirmar, disposición a recibir dineros de algunos anunciantes a cambio de piezas que se presentan falsamente como periodismo cuando realmente son publicidad.

El resultado, sea cual sea el origen del fenómeno, es una verdadera calamidad ignorada por el público de los medios.

Quienes reaccionan ante los errores de los medios (que van de un dato mal cotejado a una afirmación colosalmente falsa e interesada) son, seguimos siendo, una minoría que se hace escuchar en blogs, en Twitter y en alguna charla que podemos dar. Es por desgracia muy poco ante la omnipresencia de la charlatanería en los medios que ocupan gran parte de nuestras vidas.

A veces desesperantemente poco.