abril 14, 2011

Procesión atea y tolerancia

La Comunidad Autónoma de Madrid, gobernada por Esperanza Aguirre, y el Municipio de Madrid, gobernado por Alberto Ruiz-Gallardón, han decidido prohibir la libre manifestación de las ideas de un grupo de personas la venidera Semana Santa. No se trata sólo de represión política, porque el tema sobre el que estas personas deseaban manifestar libremente su opinión e ideas era de índole religiosa. Es decir, la expresión de una visión religiosa no coincidente con la de la religión oficial es objeto de represión, intolerancia y odio.

Habría que aclarar que los nuevos reyes católicos, doña Esperanza y don Alberto, no están esta vez (sin que se establezca ningún precedente, claro) expulsando a judíos y musulmanes como hicieron sus ancestros igualmente celosos en la defensa de los privilegios del clero vaticano. Su prohibición se ha dirigido a unas personas que afirman que no creen en ninguna deidad o ente preternatural, dios o ídolo de otro tipo.

Los ateos querían hacer una procesión, una manifestación de sus ideas, como lo hacen quienes realizan procesiones. Seguramente afirmaban su rechazo a las creencias religiosas que en estas fechas desbordan todos los límites de la vida espiritual para imponerse en el calendario civil, pero difícilmente es creíble que fueran a impugnar a los creyentes en lo particular.

Esperanza Aguirre es firme garante de la libertad de expresión en la comunidad que gobierna, pero para que la libertad no se convierta en libertinaje, sólo se la garantiza a los más salvajes e irracionales militantes de la ultraderecha española, a la que cobija tanto en la emisora oficial TeleMadrid, algo así como el sueño húmedo de Goebbels, como en los medios concedidos a la propia iglesia católica (Popular Televisión), al grupo del destacado extremista Federico Jiménez Losantos (Libertad Digital), al diario extremista El Mundo (Veo7) y al grupo Intereconomía que encabeza Julio Ariza. Un hermoso ramillete de propaganda ultra, homofobia, ginofobia, odios reconcomiados a la transición por parte de franquistas con el hígado entre las muelas, desprecio total por los hechos, los datos y la realidad en aras de la imposición de una visión ideológica única autoritaria y manipuladora donde suelen pasearse Esperanza Aguirre y los miembros de su gobierno con una sonrisa de oreja a oreja.

Eso está bien.

Los ateos diciendo "somos ateos", en cambio, es inaceptable.

Las declaraciones de los implicados en este acto de represión religionista son rescatables.

Para el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, "el día y en el lugar en el que se pide se está haciendo para provocar a una parte muy importante, la mayoritaria, de la población". Es decir, los derechos de la mayoría se imponen sobre los de la minoría, como bien señalaba Adolfo Hitler.

La propia Esperanza Aguirre ha ejercitado la telepatía para establecer sin lugar a dudas que el acto en cuestión no sería "un acto lúdico o festivo, sino una ofensa", fundamentando así su prohibición.

Pero lo más revelador fue la declaración de Alberto Ruiz-Gallardón, su gobierno "no va a autorizar en ningún caso ninguna burla dirigida a la fe y las convicciones de los ciudadanos, ya sean católicos o de cualquier otra confesión", ya que Madrid "es una ciudad abierta, tolerante e integradora".

Los cófrades ultras de Esperanza Aguirre, tanto en los medios como en grupos del tipo Hazte Oír, no se han quedado atrás. De hecho, van por delante, no limitándose a los hechos, sino generando toda una fantasía de propaganda y pánico que presenta a los ateos como incendiarios de iglesias y sujetos dispuestos a cometer todos los atropellos imaginables. Propaganda que ciertamente no se ocupa en recoger lo que puedan decir, declarar u opinar los organizadores de la procesión atea, ni mucho menos en debatir sus ideas, sino en generar propaganda de odio y manipulación dirigida, no podía ser de otro modo, contra los ateos como personas individuales.

Quizá es oportuno volver a señalar qué es la tolerancia, ahora utilizada falazmente precisamente para reprimir al distinto, conculcar sus derechos y privarle de la esencia misma de la ciudadanía.

Actualización: Yamato me hace notar que, si bien el escándalo lo armaron la presidenta Aguirre, el alcalde Gallardón, las huestes del PP y los ultracatólicos de Hazte Oír, quien tomó la decisión de prohibir la procesión atea fue precisamente la delegación del gobierno en Madrid, del gobierno del PSOE, pues, que por lo visto (pese a que en principio había aprobado la manifestación) ha optado en este caso por doblar las manos ante la furia ultra.

Tolerancia

La tolerancia es la garantía del derecho que tiene cualquier persona de creer en lo que se le dé la gana, e incluso de expresarlo abiertamente mientras no promueva el delito o la violencia. La tolerancia implica la no persecución, ataque, disminución de derechos o agresión a otra persona por sus creencias. La tolerancia significa que se debaten las ideas pero no se condena a las personas por ellas. Por extravagantes que sean tales ideas, religiosa o políticamente.

En un extremo, usted puede creer que las mujeres son inferiores, y decirlo sin importarle si tal afirmación puede ofender a alguien. Es su derecho. Lo que no es su derecho es, basándose en su creencia, darle un salario inferior a sus empleadas por el solo hecho de no ser hombres, y ciertamente no es su derecho esperar que nadie impugne, comente, critique, cuestione y hasta haga burla de su creencia. Tolerar sus creencias es afirmar su derecho a tenerlas en la cabeza y expresarlas verbalmente o por escrito. Pero nada más.

Nada más.

Usted puede creer cualquier tontería. Tiene derecho. Y tiene derecho a expresarla en libertad sin verse limitado porque alguien pudiera sentirse ofendido ante ella, e incluso puede burlarse o criticar a quienes tienen creencias distintas. Pero a cambio de ello, resulta que los demás, esos demás inevitables, tienen derecho a opinar abierta y libremente que su creencia es una tontería, tienen también derecho a analizar su creebcia con las armas de la razón o, incluso, hacer burla y mofa de sus creencias. Y usted tiene la obligación de tolerar a tales personas y su derecho a hacer lo mismo que usted hace, sin disminuir ni atacar sus derechos y libertades simplemente porque le parece desagradable lo que creen.

Cuando se le niega un derecho a un musulmán, judío, católico o ateo por el solo hecho de serlo es cuando se está siendo intolerante. Reconocerle en la legislación o en la práctica derechos distintos a mujeres y hombres, a homosexuales y heterosexuales, a blancos y negros, a musulmanes y judíos, a creyentes y no creyentes, a socialistas y a conservadores, es intolerancia. Opinar distinto no lo es.

Nadie debe ver coartada su libre expresión sólo porque la utilice para expresar ideas incómodas. Nadie debe ser privado de vivienda, educación, sanidad, servicios públicos o derechos electorales con base únicamente en sus opiniones. Esa tolerancia es el gran logro del pensamiento ilustrado (ese mismo pensamiento ilustrado que odian profundamente los grupos ultraderechistas representados por Esperanza Aguirre), y es uno de los momentos culminantes de la civilización.

El problema es que precisamente los intolerantes intentan cotidianamente utilizar de modo falaz el concepto de "tolerancia" como escudo contra el pensamiento libre. Confunden el derecho que tenemos todos de creer cualquier cosa en un extraño "derecho" que en su opinión tendría la creencia en sí de no ser impugnada, discutida, analizada, debatida o cuestionada. Irracionalmente (o insidiosamente) consideran que una idea, por el solo hecho de ser creída fervorosamente por alguien, debe quedar a salvo de toda forma de análisis crítico, sátira, desacuerdo o comentario desfavorable. De este modo, lo que pretenden es precisamente negar a otros el derecho de cuestionar las creencias, empleando la tolerancia como herramienta para promover la intolerancia.

Así, muchos grupos interesados en la defensa irracional de sus creencias exigen que los demás seres humanos aprobemos, aceptemos o al menos no critiquemos actos que van en contra de las libertades, la ley, los derechos humanos o la dignidad esencial simplemente por la coartada de que los ha inspirado una creencia religiosa (o política, para el caso), sea la lapidación de mujeres presuntamente adúlteras, la negación de la humanidad de los homosexuales y su persecución, la pederastia, la justificación del asesinato del enemigo, de la violación de sus mujeres y la destrucción de sus bienes; las señales de infamia como la letra escarlata, el triángulo rosa o la estrella de David amarilla, pese a que se trata precisamente de actos que privan a alguien injustamente de sus derechos, de su vida, de su humanidad, de su libertad y de su integridad.

(Actualización: A las 20:00 nos enteramos que el grupo ultracatólico "Hazte Oír" ha emprendido acciones contra los convocantes de la procesión/manifestación atea que no se va a realizar por genocidio. Sí, ha leído usted bien, genocidio.)

Tolerancia no es silencio, no es complicidad, no es sumisión y, ciertamente, no es pretexto para dejar de pensar ni para reprimir al disidente. Y "no sentirse ofendido" no es un derecho humano esencial, considerando los millones de cosas que los seres humanos pueden considerar --y consideran-- ofensivo, e incluso el hecho de que sean muchos los que se sienten ofendidos (ateos, católicos, hombres, mujeres, cualquier colectivo) no implica que el motivo de su ofensa deba ser prohibido o reprimido. Lazs autoridades están para garantizar los derechos de todos o dejan de ser legítimas.

Volvemos, como siempre, a la frase lapidaria de Rosa Luxemburgo, escrita en el contexto de la crítica al autoritarismo leninista en la naciente Unión Soviética, pero aplicable a muchos aspectos más de la vida en sociedad: "La libertad es siempre y exclusivamente la libertad de aquél que piensa diferente".

Esa libertad ha sido puesta en cuestión en Madrid.

Cosa que, por otra parte, no debería sorprender a nadie.

abril 05, 2011

Fukushima y la irracionalidad

Actualización 7 de abril 22:50 - Una entrada del blog Ahuramazda ofrece respuestas sólidas, basadas en hechos y corroborables a la lista de preguntas que planteamos al principio de la entrada. Infaltable. 
¿Qué tan peligrosa es la radiación? ¿Hay una sola radiación o hay varios tipos? ¿Y la radiación nuclear es de un solo tipo o hay varias? ¿La radiación afecta al exponerse a ella un instante (como una bala) o sus efectos dependen del tiempo de exposición? ¿En Fukushima ha muerto mucha gente por la radiación? ¿Las centrales nucleares provocan más enfermedades y muertes que otras opciones de generación de energía? ¿Es verdad que hubo mutaciones monstruosas a resultas del desastre de Chernobyl? ¿Fukushima es Chernobyl? ¿Qué riesgo real corren los japoneses cerca y lejos de los reactores averiados? ¿Qué riesgos corren quienes en el resto del mundo están cerca o lejos de los reactores nucleares que producen su electricidad? ¿Es posible un mundo sin radiación nuclear o ésta es parte de nuestro universo y estamos expuestos a ella siempre?

Estamos en un momento en el que incluso plantear estas preguntas puede provocar reacciones tan airadas por parte de ciertos sectores que afirman ser ecologistas como las que puede uno obtener de cualquier fanático del Bible Belt estadounidense o un talibán afgano ante cualquier cuestionamiento sobre la veracidad literal de sus sagradas escrituras.

No pretendo dar las respuestas a estas preguntas en esta entrada, sólo decir que las hay y que, de acuerdo a lo que sabemos, al conocimiento científico disponible, no son las que los medios le han contado. Lo que hallo alarmante, como con toda otra forma de pensamiento mágico, irracional y pseudocientífico, es que la mayoría de las personas más sinceramente preocupadas, alarmadas, inquietas y temerosas por el accidente de la central nuclear Daiichi en Fukushima no conocen tales respuestas. No las han buscado y, para remate, los medios de comunicación han optado por no informarle de ello a la gente.

El periodismo a caballo entre Íker Jiménez y Laura Bozzo se ha apoderado incluso de medios razonablemente serios.

En algunos casos, esto se ha debido simplemente a que casi nadie en las redacciones de hoy tiene información científica fiable, basada en fuentes sólidas (es decir, en estudios científicos debidamente publicados en revistas arbitradas por pares y, de preferencia, replicados y analizados ampliamente por otros científicos), y publican prácticamente lo que sea sin darle importancia a su veracidad factual.

En otros casos, ha habido una decisión consciente (doy testimonio personal) de impedir que llegue información al público, estableciendo una censura efectiva de modo que sólo se exponga al público a visiones sesgadas e interesadas como las de los distintos profesionales de lo antinuclear, que en España (y en muchos otros lugares) han tomado los medios relatando impunemente una larga cadena de mentiras, como que desde el 12 de marzo está rota la vasija de contención del reactor nº 2 de Daiichi Fukushima, que el combustible de los reactores es uranio puro y está en contacto con el aire, que una millonésima de gramo de plutonio causa cáncer inevitablemente, que los reactores nucleares de generación eléctrica son "bombas atómicas lentas" y otras barbaridades demostrablemente falsas, pero que acuden a los disparadores emocionales del público desinformado.

La reacción contra todo intento por difundir datos que se aparten de esta versión oficial, de este consenso manufacturado (frase de Chomsky lamentablemente aplicable en este caso), de este dogma, debería llamarnos a la preocupación a todos. Porque el mensaje detrás de muchos de estos dogmas es que precisamente lo que debe rechazarse es el pensamiento crítico y cuestionador, el conocimiento científico, los avances de la ciencia y la tecnología, la investigación misma de nuestro universo se está viendo bajo asedio.

Es el mundo del "no preguntes", del "no pienses", del "hay cosas que no debemos saber"... un mundo oscurantista, mágico, lleno de temores a lo desconocido (que es desconocido por un ocultamiento interesado), donde un grupo de mesías se pone al frente de las multitudes para indicarles el camino, caudillos del misterio, profetas verdes, simuladores de la medicina, poíticos profesionales con la máscara del "activista sincero", de los señores de la propaganda.

Nada distinto del siglo XII, pues. Pensamiento único, agresiones sin medida, límite ni decencia a quienes se atreven a dar datos molestos; manipulación de las masas en aras de un dogma establecido sin acudir a la razón, falacias continuadas (acusación de que quienes difunden información son servidores de algún poder económico, es decir, presumir su mala fe sin demostrarla; distorsionar y caricaturizar los datos para no dar argumentos -falacia de hombre de paja-, burla y escarnio -falacia ad hominem-, entre otras), en fin, todo el arsenal que las iglesias y los creyentes fanatizados han empleado siempre contra quienes traen datos que no concuerdan con su cosmología.

Las unanimidades ideológicas siempre son preocupantes, alarmantes, señal de que el cuestionamiento libre está siendo reprimido. Es decir, las unanimidades ideológicas son falsas, y son el síntoma claro de que quienes gozan de cierto poder han impuesto verdades preestablecidas e impiden la expresión de otros puntos de vista. Y cuando la ideología se apodera de la ciencia, tenemos casos como el de Lysenko en el estalinismo, el de Ulises Sosa y sus pirámides curativas declaradas oficialmente "ciencia" en Cuba, el de la "ciencia racial" del nazismo, los "museos creacionistas" y otras deformaciones monstruosas de la tarea básica de la ciencia: estudiar el universo, tratar de comprenderlo y reunir sus datos sin importar si tales datos nos gustan o no, si están de acuerdo con nuestras opiniones o no.

Por desgracia, en este sentido, los medios de comunicación han traicionado su obligación de ser garantes del derecho de la gente a saber, y por tanto cada uno de nosotros se ve en la obligación de buscar la información fuera de los cauces demostrablemente manipulados.

Pregunte, infórmese, pida fuentes científicas fiables, dude de todo y busque información entre quienes saben y no tienen compromisos ideológicos por ocultar o alterar los hechos. En el caso de Fukushima, multitud de ingenieros nucleares, físicos, divulgadores e incluso militantes serios del ecologismo como George Monbiot ofrecen datos y cuestionamientos más allá del dogma. Probablemente se sorprenda, probablemente tenga que cambiar algunas de sus preconcepciones, pero con toda seguridad, con absoluta y total seguridad, será más libre. Pésele a quien le pese.

marzo 01, 2011

Get your shots on! (Adelante con tus vacunas)

Mi hija Natalia me envía este vídeo de ZDoggMD, que además de comediante y músico es médico especialista en atención hospitalaria, acompañado del "Dr. Harry", pediatra, con un mensaje musical sobre la aterradora campaña antivacunas promovida desde la ignorancia. Esta campaña está empezando a causar víctimas por la reaparición de enfermedades que se habían mantenido a raya gracias a la inmunidad de manada, promovida por las campañas de vacunación. Poliomielitis, sarampión, tosferina, paperas, varicela, rubéola, están resurgiendo porque un grupo de personas con un absoluto desconocimiento del tema han decidido que las vacunas son perjudiciales (y si la vacunación erradicó a la viruela, ese atroz mal que aterró a la humanidad durante toda su historia, no se dan por enterados, o si desaparecieron los casos de poliomielitis en el mundo desarrollado, pero sigue incapacitando niños en el Tercer Mundo por las campañas de vacunación deficientes, tampoco).

Y, como dice la canción, lo peor es que el gran promotor de esta mentira, Andrew Wakefield, cometió un enorme y deliberado fraude con un estudio falso que vinculaba las vacunas con el autismo sólo por ganar dinero, en un acto de falta de ética estremecedor.

"Get your shots on!" (¡Adelante con tus vacunas!). Abajo, la traducción de la canción.



Realmente quiero vacunar
Lo deseo tanto…
Protegerte contra gérmenes que aún no has tenido.
No quiero que te den paperas, ni tampoco meningitis,
Tosferina, hepatitis o la gripe.

Pero a todos lados donde miro
Internet está difundiendo mentiras
(¡Las vacunas causan autismo!)
Tantos padres asustados por cuentos de hadas y odio
Tengo que educar
Para poder vacunar.

Muchos padres asustados por el mito,
Se están meando en los pantalones
“No se necesitan inyecciones” se mofan los idiotas,
¡Ahora sus hijos tienen tos convulsiva!

Este payaso Wakefield dijo que las inyecciones te hacían autista
¡Pero al bobo le pagaban los abogados para alterar la estadística!
Y ahora la comprensión del público no es nada realista
¡Estas mentiras en Internet me hacen perder los estribos!

Como el aluminio en las vacunas, la gente dice, “¡Oh, no!”
Pero recibes más en tu dieta cuando comes pastelitos.
Los bobos creen que la vacuna contra la gripe les da gripe.
Pero la vacuna detiene la gripe, ¡lo que tienes es un resfriado, tonto!

Afirman que las vacunas y no la enfermedad te enferman…
Como dijo Gary Coleman, “¿De qué hablas, Willis?”

Pero a todos lados donde miro
(¿Qué ves, qué ves?)
Algún supuesto “experto” difundiendo mentiras
¡No sabes a quién creerle!
Un programa de entrevistas diferente cada noche
¿Por qué lo emiten? ¡Que no jueguen contigo!
¡Pues sería genial que todos nos vacunáramos.!
¡Todos deberíamos vacunarnos!

¡Inmunidad de manada!
¡Adelante con tus vacunas!

Los pacientes me preguntan qué haría por mis familiares
Sabiendo mucha medicina les enseñaría las vacunas
¡Salvan más vidas que prácticamente cualquier cosa!
No dejo que mi hija suba a un auto sin su asiento,
¿Por qué voy a dejarla que sufra tosferina, sarampión o paperas?

Éstos no son los disparos que mataron a Tupac*
¡Frenaron la polio para que los niños pudieran caminar!
Evitaron la sordera, el retraso mental…
Cambiaron el mundo…
Claro que sí
¡Se las voy a dar a mi hijita!

No vacunes a Chuck Norris, sería estúpido
¿Chuck necesita vacunas? No, ¡las vacunas lo necesitan a él!
Para meterte algo de sentido común a golpes
Hacer lo que hay que hacer
Para que nuestros hijos sigan en el parque de juegos
No metidos en un pulmón de acero…

Realmente quiero vacunar
Lo deseo tanto, Dr. Harry
Protegerte contra gérmenes que aún no has tenido.
No quiero que te dé viruela, no quiero que te den paperas,
Ni el rotavirus, las aguas, la polio, la rubeóla o la gripe H
¡Son enfermedades prevenibles, hombre!

Pero a todos lados donde miro
(¿Qué ves, qué ves?)
Algún actor de segunda difundiendo mentiras
¿Jenny? ¡Es de cuarta, vamos!

Atiende a la razón, escucha antes de que sea demasiado tarde…
(No llores, hombre.)
Podemos mantener seguros a nuestros hijos
(No, no, de verdad, no llores.)
¡Si tan sólo los vacunamos!
(¡Eso NO es gangsta!)
¡Simplemente debemos vacunar!
(¿Tengo que conseguirte un pañuelo?
Sécate los ojos, diles lo que quieres…)

Realmente quiero vacunar
Lo deseo tanto.

                   ZDoggMD

(*Nota: "Shot" en inglés es igual "inyección" que "disparo". El rapero Tupac murió de un disparo, no de una vacuna.)

febrero 28, 2011

Receta homeopática

Haga clic en la imagen para verla a tamaño mayor.
Infografía de Rafael Córdoba Barradas, de Sobrenatural.net y la Revista Razonando. Gracias por el permiso para reproducirla en el blog.

febrero 19, 2011

La cura del cáncer

Células de leucemia linfoblástica
aguda.

Imagen de Wikimedia Commons
Existe, contra todo lo que nos dicen los medios de comunicación y la sabiduría popular, una forma fiable de curar el cáncer.

Se llama "medicina".

O, para diferenciarla de otras prácticas supersticiosas, mágicas, precientíficas y voluntaristas que han secuestrado la palabra "medicina" usándola para denotar todo tipo de prácticas inútiles, la "medicina basada en evidencias", o MBE.

Ciertamente, los vendedores de pócimas mágicas y bálsamos de Fierabrás aseguran, afirman, prometen, declaran y aseveran que pueden curar el cáncer. ¿Cómo? Lo ofrecen todo, desde supuestas terapias extravagantes y descabelladas hasta espárragos, meditación, rezos a personajes del más allá, píldoras sometidas a rituales homeopáticos o incluso el consumo de potabilizadores industriales de altísimo grado de toxicidad, como ya comentamos aquí.

Y estos vendedores de bálsamo de Fierabrás siempre están dispuestos a decir que ellos han curado a muchas personas con cáncer. El problema es que no se ocupan de demostrarlo. Es decir, ninguna de esas personas está dispuesta a presentarse con sus estudios médicos, sus diagnósticos, sus biopsias y su cuerpo libre de tumores para certificar que efectivamente fue curada y que no se sometió a tratamientos médicos, sino que toda la responsabilidad es atribuible al ceremonial de una u otra supuesta terapia.

No hay casos certificablemente demostrados de curación de cáncer por ninguno de los métodos que promueven revistas cuestionables y negociantes ya no de la salud, sino del miedo.

Estamos curando el cáncer (de verdad) es una entrada de lectura imprescindible del blog Tall&Cute, cuyo autor obtuvo su doctorado en el Departamento de Bioquímica-Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco y actualmente trabajo en la División de Embriología Molecular del German Cancer Research Center (DKFZ). En él explica cómo, en los últimos años, de manera demostrable, la investigación científica ha ido conquistando triunfos y ampliando la cantidad y calidad de vida de los pacientes de cáncer. Léalo, es revelador.

Por cada personaje famoso que ha dejado la vida en manos de charlatanes que les esquilmaron vilmente mientras fingían curarles el cáncer, como Steve McQueen, Andy Kauffman, tenemos cada vez más personas que sabemos que vencieron un cáncer con el conocimiento de la investigación científica real, como Michael Douglas, Luz Casal, Lance Armstrong, Robert De Niro o Kylie Minogue.

Y, claro, los niños. El cáncer es una enfermedad de la edad avanzada, y si hoy hay más cáncer es también, al menos en parte, porque vivimos más que nunca. Pero siempre hay casos en gente joven, y son los más dolorosos.

Mire esta gráfica, del grupo alemán "Superar el cáncer con investigación". Nos dice cómo ha mejorado la supervivencia de los niños y adolescentes diagnosticados con cáncer y tratados con medicina basada en evidencias.
(Haga clic en la gráfica para verla a tamaño grande. Original aquí)
La medicina, la de verdad, basada en evidencias, cura el cáncer. O más bien, cura las distintas formas de cáncer que las pseudomedicinas consideran una sola enfermedad, porque no hay acupunturista, homeópata o meditador que diferencie (ni en diagnóstico ni en tratamiento) las distintas enfermedades que aparecen en esta gráfica, sarcoma (cáncer del tejido conjuntivo) y sus distintas formas, linfoma (cáncer en el sistema linfático, que también tiene muchas formas), leucemia (cáncer de sangre) y otros muchos cánceres con causas, inicios, desarrollos, daños y terapias distintas.

La lógica nos dice, ante un gráfico así que no puede mostrarnos ninguna medicina basada en fantasías, que lo que debemos hacer no es invertir en ayurveda, homeopatía, acupuntura, reiki o brujos glorificados que gustan de jugar a ser médicos sin estudiar, sino que nuestra sociedad obtendrá sin duda más beneficios fortaleciendo la investigación biomédica seria.

Mire la línea inferior, la azul clara. Las historias de niños leucémicos eran esenciales en el sensacionalismo de los años 50 y 60, en las historias lacrimógenas del Reader's Digest y en las películas para sábado en la tarde. Un diagnóstico de leucemia era una sentencia de muerte en menos de cinco años, con el consecuente sufrimiento de la familia ante algo tan antinatural (eso sí) como unos padres enterrando a sus hijos. Y no había "medicina alternativa", "emergente", "complementaria", "natural" ni "tradicional" que pudiera impedirlo

Mire la línea azul. Entre 1960 y la actualidad, gracias a la investigación, el 60% de los niños diagnosticados con leucemia sobreviven muchos años, y muchos se curan.

Piense en la diferencia: de 10 a 4 ataúdes blancos por cada 10 niños diagnosticados. Sí, 4 niños de cada diez sigue siendo demasiado, duele, indigna. ¿Qué hacer?

Invertir en investigación para entender, conocer y tratar la leucemia puede empujar esa línea azul hasta cerca del 100%, donde está hoy el linfoma de Hodgkin.

Curamos el cáncer en muchos casos con investigación científica de verdad. Con más investigación, curaremos más. Que se sepa.