mayo 11, 2012

Las terribles sustancias químicas

Usted seguramente lo ha leído en muchos lugares: las sustancias químicas, los compuestos químicos o, más coloquialmente (y calcando al inglés) "los químicos" son los causantes de todos los males.

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Las sustancias químicas contaminan, nos dicen, las sustancias químicas nos hacen enfermar, las sustancias químicas son peligrosas y deberían ser prohibidas, las sustancias químicas son artificiales y contrarias a todo lo natural, lo puro, lo holístico y lo sano para el cuerpo, el espíritu y la supervivencia humana. Las sustancias químicas son preocupación incesante de supuestos ecologistas, terapeutas "alternativos" y grupos preocupados por las conspiraciones con las cuales nos controlan "ellos".

De hecho "libre de químicos" o "libre de sustancias químicas" es una frase publicitaria de gran impacto que justifica que le cobren a usted más, a veces mucho más, por los productos que consume. Como otros reclamos publicitarios ("natural", "orgánico", "ecológico", "tradicional") forma parte de la enorme industria del consumo alternativo.

Y sin embargo, siento mucho ser yo quien se lo diga, es imposible huir de las sustancias químicas.

Porque, verá usted, todo el universo está hecho de sustancias químicas. Sustancias que vienen en dos formas básicas: los elementos químicos (que se ordenan según la tabla periódica) y los compuestos químicos, que son el resultado de la unión de dos o más elementos. Por ejemplo, el oxígeno es un elemento químico, al igual que el hidrógeno. Y cuando se combinan dan como resultado un compuesto químico cuyas moléculas están formadas por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. H2O. Agua.

Usted también. Usted está hecho de las terribles (dicen) sustancias químicas. Básicamente, todos los seres vivos están hechos de compuestos formados a partir de los elementos denotados por los símbolos químicos de la tabla periódica de los elementos CHONSP: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre y fósforo. (Chonsp es un bonito y eficaz truco mnemotécnico que se me quedó fijo en la mente desde biología de 5º de bachillerato, por cierto.) Por ejemplo, los azúcares se hacen con carbono, hidrógeno y oxígeno. El azúcar común y corriente llamada glucosa es un compuesto cuya fórmula es C6H12O6, lo que significa que sus moléculas están formadas por seis átomos de carbono, 12 de hidrógeno y 6 de oxígeno.

Y así todo.

La clorofila, los diamantes, los empastes dentales, el tofu, la pantalla de su teléfono o de su ordenador/computadora/computador, sus uñas, Marte, los helicópteros, las pastillas de menta, el papel, las monedas, las orquídeas, absolutamente toda la materia de nuestro universo está hecha de "sustancias químicas". Quien le venda algo "libre de sustancias químicas" le está vendiendo, en todo caso, espacio vacío.

Es decir, le está mintiendo.

La irresponsabilidad comercial y el miedo producto de la ignorancia han hecho que ciertos sectores de gente que ciertamente no son los cuchillos más afilados del cajón crean, digan y divulguen que las sustancias químicas como tales son malas, peligrosas o dañinas, generando así una fácil coartada de mercado para provocar temor, difundir la supuesta existencia de un problema y ofrecer al mismo tiempo la solución a ese problema.

En muchos casos, simplemente se añaden a "sustancias químicas" los adjetivos "artificiales" o "sintéticas", de modo que la propaganda las oponga a las sustancias "naturales".

Sin embargo, la frontera entre lo natural y lo artificial tampoco está claramente diferenciada.

Ciertamente, no todo lo "natural" es bueno: todas las bacterias y virus que nos enferman son "naturales", como lo son las sustancias venenosas que producen e inoculan plantas, hongos, insectos, reptiles y otros animales, incluidos un mamífero, el ornitorrinco, y un bonito pájaro, el pitohui encapuchado. Y, también ciertamente, no todo lo "artificial" o "sintético" es malo o dañino.

Así que, como en tantos otros asuntos que ciertos sectores pretenden simplificar al máximo (manteniendo de paso la desinformación del público en general), la situación es más compleja de lo que le dicen. Si toda la materia del universo está formada por sustancias químicas, lo que debemos buscar es cuáles sustancias son dañinas (y en qué cantidades, todo puede ser venenoso en exceso, incluso el agua), cómo se comportan y cómo podemos aprovechar las benéficas y evitar las malas.

El miedo no es la mejor forma de enfrentar problemas complejos. Y sin embargo es lo que suelen promover quienes venden salud, bienestar, naturaleza y ecología.

En varias ocasiones, esta credulidad producto del miedo ha sido ejemplificada con un embuste muy revelador.

Por ejemplo, una joven con aspecto de adepta a lo holístico y natural se aproxima a un grupo de personas y les pide que firmen una petición para que se prohíba una peligrosa sustancia química, el monóxido de dihidrógeno de la cual afirma, entre otros, los siguientes hechos (todos demostrables):
  • Es el principal componente de la lluvia ácida
  • Su inhalación le provoca la muerte a miles de personas cada año
  • Provoca la erosión de los parajes naturales
  • Acelera la corrosión de los metales
  • Se encuentra en nuestra comida pero no suele indicarse en la etiqueta
  • Se encuentra en todos los tumores extraídos a pacientes de cáncer
  • Se utiliza ampliamente en plantas de energía nuclear
  • Es utilizado en la agricultura no orgánica y no ecológica
  • Las empresas lo arrojan impunemente a ríos, lagos y mares
Por supuesto, la gente tiende a firmar, convencida de que se ha descubierto otra sustancia letal producida por los malvados científicos y cuyos horrores son ocultados por los gobiernos y las empresas.

Todo es cierto. El monóxido de dihidrógeno existe. Está formado por una molécula de oxígeno y dos de hidrógeno. H2O. Agua.

En 1997, un estudiante de secundaria de Idaho, Nathan Zohner, consiguió que de un total de cincuenta alumnos de noveno grado (unos 15 años) 43 firmaran a favor de la prohibición de producir, distribuir o utilizar el monóxido de dihidrógeno (sólo uno se dio cuenta de que la sustancia en cuestión era el agua).

Diez años después, una parlamentaria neozelandesa se tomó en serio una carta de una votante preguntando si había planes de prohibir el monóxido de dihidrógeno.

Actualmente, sigue existiendo en inglés un sitio que detalla todos los peligros, horrores y motivos de preocupación por nuestra salud que debería provocarnos el malvado monóxido de dihidrógeno. Incluido el resbalar en la ducha.

Y esto va más allá de una broma. Por ejemplo, varios sitios web y cadenas de correos electrónicos afirman que el sodio lauril sulfato (SLS), un agente detergente común de usos múltiples (incluye lavavajillas y pastas dentales), puede ocasionar cáncer. Y sustentan esta afirmación señalando que esta "potente" sustancia se utiliza también para limpiar suelos de talleres y fábricas. Lo cual es cierto. Y el monóxido de dihidrógeno también. (La American Cancer Society ha indicado repetidamente que no hay ninguna evidencia que sustente esta campaña de pánico.) Y como éste ha habido campañas de pánico respecto de muy diversas sustancias, como las dioxinas y, más recientemente, los parabenos. Y habrá más.

Así que hágase un favor y no se sume al pánico de "los químicos" o "las sustancias químicas". Pregúntese mejor cuáles sustancias son realmente dañinas, cuáles son las bases científicas que sustentan la idea de que son dañinas y cómo protegerse de ellas. Pero no le haga caso a cualquiera que, sin ninguna evidencia, sin ningún conocimiento y sin ninguna responsabilidad, aunque lo diga de buena fe, pretende asustarle con la plétora de sustancias químicas que hay en sus alimentos, cosméticos, productos de limpieza, ropa, etc.

Pregúntele si sabe que está respirando un montón de sustancias químicas (el aire, compuesto entre otras sustancias de nitrógeno, oxígeno, argón, bióxido de carbono, neón, helio, dióxido de azufre, vapor de agua y metano).

Pregúntele si prohibiría el monóxido de dihidrógeno.

Y recuerde que es preferible informarse a aterrorizarse.

mayo 03, 2012

#Sinciencia no hay nada humano

Mi aportación a la campaña #sinciencia lanzada por el blog colectivo de ciencia Amazings al que tengo el enorme gusto de pertenecer.


Nota: Como ya comentamos en la entrada Muere la ciencia, florece la pseudociencia, una de las formas empleadas por el aún nuevo gobierno de derecha español para reducir el déficit gubernamental ha sido el  cercenar de tajo la inversión en ciencia y tecnología, dejando en la estacada a cada vez más jóvenes científicos con el doctorado a medias, sin becas y sin institutos de investigación que se van convirtiendo en pueblos fantasmas.

¿Se debe recortar en ciencia? No. Ni en sanidad, ni educación. Son los pilares de una sociedad que aspira a mantenerse dentro de la modernidad, resolver problemas y superar una crisis esencialmente creada fuera de ella. Puede recortarse, sí, en las voluminosas e injustificadas aportaciones con las que se sostiene, por ejemplo, a la Iglesia Católica, miles y miles de millones de euros. Puede recortarse en defensa y compra de material bélico. Puede disminuirse el gasto suntuario de los gobernantes (gesto más bien simbólico en términos de cantidades, pero importante en cuanto a identificación con los ciudadanos). Pueden retirarse algunos subsidios fiscales incomprensibles. Pueden cobrarse deudas gigantescas que algunos grupos tienen con el fisco y la Seguridad Social. Es mucho lo que se puede hacer si uno quiere para reducir un déficit sin por ello sacrificar el futuro.

Pero no se quiere.

Se ha optado por derruir el edificio de la sanidad pública para implantar un sistema más cercano al estadounidense: si no tiene para pagar, haga favor de morir sin mucho escándalo, have a nice day, y se ha optado por trasladar la educación pública a las iglesias y sus empresas muy de este mundo, dos opciones estrechamente relacionadas con la ideología "liberal" del grupo gobernante.

Pero también se ha optado por liquidar la investigación científica propia, y eso parece más debido a que los señoritingos, condesas, duquesas y otros dueños de múltiples cuanto jugosos sueldos no tienen muy claro qué es eso, ni para qué sirve, ni con qué se come, ni cómo se vende. Y eso es lo más trágico de todo: el criterio utilitarista e inmediatista de comerciante de pescado que parece dominar a la derecha española está destruyendo grandes proyectos no sólo para este país, sino que son parte integral de todo el esfuerzo humano por el conocimiento.

abril 14, 2012

Morgan Freeman y la era del Ratoncito Pérez

Imagen promocional de la serie de
Morgan Freeman traducida como
"Secretos del universo".
Veía yo asombrado un capítulo de la serie "Secretos del universo" (Through the wormhole) con Morgan Freeman, en la que se afirmaba la existencia de un "sexto sentido". Esta serie documental supuestamente sobre ciencia, transmitida en el canal Discovery y producida por Revelations Entertainment, de la que el propio actor es cofundador y copropietario, abandonaba alegremente toda pretensión científica y daba total credibilidad a algunas afirmaciones cuando menos impactantes. Miembros del "Instituto de Ciencias Noéticas" diciendo que habían demostrado que se podía prever el futuro o afirmando que sus experimentos no dejaban duda de que los cerebros humanos se podían comunicar sin medios físicos detectables... Es decir, las mismas viejas historias de adivinación, telepatía y lectura del pensamiento que han cambiado de nombre al paso del tiempo... pero nada más.

Claro que sería fantástico que la existencia de alguno de esos fenómenos maravillosos se demostrara de modo claro y sólido. Al menos tan claro y sólido como se ha demostrado, por decir algo, la existencia del ornitorrinco, del electrón o de las lunas de Júpiter. Pero la verdad, por desgracia, es que ninguno de los señores que presentó en el programa dándoles calidad de serios científicos e investigadores, así como ninguno de los brujos, médiums, chamanes, adivinos y videntes conocidos hasta hoy, han aportado pruebas sólidas de la existencia de esos fenómenos, y sus trabajos, por ejemplo el muy traído y llevado Proyecto de la Conciencia Global de Roger D. Nelson, al que el programa da total credibilidad,  han sido criticados ya desde hace bastante tiempo (sin que por ello hayan mejorado sus procedimientos, sólo intensificado su publicidad) mediante análisis estadísticos sólidos incluso por creyentes en lo paranormal por tener errores metodológicos que los invalidan.

Lamentablemente, Morgan Freeman y su equipo evaden totalmente la responsabilidad de documentar las críticas a las maravillas que ofrecen. En el mejor estilo de Íker Jiménez o Eduardo Punset, mantiene al espectador al margen de los datos y hechos incómodos para así conseguir emocionarlo, asombrarlo y convencerlo... que parece mucho más importante que informarlo.

Quienes promueven el pensamiento crítico y racional, y en particular quienes se dedican profesionalmente a la ciencia, son con frecuencia acusados, sin bases, de tener prejuicios ante estos supuestos fenómenos. Si realmente se demostrara que existen estos fenómenos, o que existen las hadas, los pitufos o un ratoncito parlante que colecciona dientes y los paga con dinero, de apellido Pérez, sería un descubrimiento que cambiaría la historia radicalmente. Y, contrario a la caricatura interesada de las distintas corrientes anticientíficas (desde los misteriólogos hasta los esotéricos, desde las religiones tradicionales hasta el new age, desde el posmodernismo hasta las pseudomedicinas) los científicos estarían allí, con su curiosidad, sus aparatos, sus preguntas, sus conocimientos y su inquietud... y su vasta experiencia desentrañando lo desconocido, que es su trabajo.

De haber pruebas sólidas, claras, reproducibles y concretas como las que afirman tener los investigadores parapsicológicos hoy en día, por supuesto que habría escepticismo. Los científicos pedirían confirmación (lo que en ciencia se llama replicación), datos, verificaciones estadísticas... analizarían exhaustiva y rigurosísimamente (de eso se trata la ciencia, claro) las pruebas. Y si las pruebas sustentaran lo increíble, lo que harían los científicos, como han hecho siempre desde la revolución científica, es empezar a creer en lo increíble.

¿Qué cosas han sido increíbles en estos casi 500 años? Casi todo lo que hoy aprendemos en la escuela: que hay seres vivos invisibles que nos enferman (y nos curan, y fermentan el vino, la cerveza y la leche, y nos ayudan a digerir la comida y muchas cosas más), que la Tierra gira alrededor del Sol, que los seres vivos han evolucionado mediante un proceso de selección natural, que se puede mandar información a través de ondas invisibles (de radio, por ejemplo), que existieron los dinosaurios, que las estrellas que vemos son soles como el nuestro, que la materia y la energía son intercambiables (E=mC2)... prácticamente todo lo que es el conocimiento fue en el pasado ignorancia y por tanto increíble.

El cambio se debió a que los científicos son especialistas en cambiar de opinión según las pruebas. No se sorprenden por obtener nuevos conocimientos, como creen quienes tienen una idea más o menos caricaturesca de los científicos, al contrario, es la fuente de su felicidad, es su profesión y, en la mayoría de los casos, su pasión.

El caso del ornitorrinco

El ejemplar de ornitorrinco original de John Hunter
conservado en la Royal Society.
En 1798, el capitán John Hunter, segundo gobernador del estado australiano de Nueva Gales del Sur, envió a Gran Bretaña un especimen disecado de un extraño animal con pico de pato, piel y cola de castor, y patas palmeadas. Los científicos de la Royal Society pensaron primero que era un embuste. En palabras del científico George Shaw (que once años después publicaría la primera descripción científica del ornitorrinco dándole su nombre en inglés, platypus) era imposible no experimentar dudas respecto de su genuina naturaleza.

Esto ha sido con frecuencia presentado por los vendedores de misterios como prueba de la "cerrazón de la ciencia" o "de los científicos", cuando en realidad es exactamente como deben funcionar. ¿Nos parecería aplaudible que con pruebas insuficientes (un pellejo y un dibujo) creyeran cualquier cosa? Sería como aceptar que nos visitan los extraterrestres por una foto desenfocada y unos círculos en campos de trigo.

"Sirena" creada por taxidermistas orientales.
Y es que a fines del siglo XVIII (y desde tiempos de Marco Polo, al menos), existía una tradición de fabricación de falsos seres míticos a cargo de creativos taxidermistas orientales como hoy otros crean extraterrestres, fotos de fantasmas o vídeos de apariciones mágicas. El zoólogo escocés Robert Knox lo explicaba en 1823 diciendo "Es bien sabido que los especímenes de este extraordinario animal que se trajeron primero a Europa eran considerados por muchos como imposturas. Llegaban a Inglaterra en navíos que habían recorrido los mares de la India, una circunstancia por sí misms suficiente para levantar las sospechas del naturalista científico, conocedor de las monstruosas imposturas que los habilidosos chinos habían practicado con tanta frecuencia para los aventureros europeos. En resumen, el científico se sentía inclinado a clasificar esta extraña producción de la naturaleza junto con las sirenas orientales y otras obras de arte, pero estas conjeturas se vieron disipadas de inmediato al apelar a la anatomía" (negritas añadidas).

Es decir, ante las pruebas, los científicos siempre hacen lo mismo: discutir, debatir, cotejar y, si las pruebas son sólidas, por extrañas que parezcan, aceptarlas como hechos.

Simplemente evidencia

Pensemos en una habilidad de ésas que los investigadores parapsicológicos (que no son exactamente lo mismo que los cazafantasmas de ojos desorbitados y grabadores de psicofonías a los que se conoce como "himbestigadores" no sólo satíricamente, sino para diferenciarlos de los verdaderos investigadores, sean policiacos o científicos) consideran que ya han demostrado: la predicción del futuro.

No me refiero a la predicción en un sentido nostradamusesco, sino a algo extremadamente sencillo: predecir una sucesión de números aleatorios, como por ejemplo, los números en que cae un par de dados.

Esto es algo que los magos hacen sin despeinarse (con alguna excepción de magos con peinados creativos), pero sabemos que lo hacen con truco.

Digamos que un investigador parapsicológico encuentra a una persona que puede predecir el 90% de las veces los números en que caerá un par de dados. Al principio nadie le creería, se pensaría en un truco, se recordaría a Uri Geller y demás fraudes.

Pero supongamos que, a diferencia de Uri Geller y otros embusteros de su calibre, el parapsicólogo (el Doctor Cete, digamos) y su maravilloso sujeto, el señor Miraluego, desafían al mundo y aceptan desafíos para demostrar el fenómeno "donde quiera y cuando quieran" (como Luigi Galvani hacía demostraciones públicas de su increíble afirmación de que la electricidad hacía moverse a los músculos de un animal muerto). Van a la televisión (allí tragan todo, por favor, que tienen a Anne Germain de estrella) y retan a cualquiera a que descubra el truco, o a que imponga los controles que le parezcan convenientes, que traigan sus dados, que no permitan que Cete y Miraluego toquen los dados, que les impongan restricciones a montón... y sin embargo éste último siga acertando el 90% de las tiradas de dados.

De triunfar en estos desafíos, no faltarían científicos interesados en el caso, así fuera sólo para desenmascarar al Doctor Cete y a Miraluego. Y si pese a todas las precauciones, a todas las previsiones, a la supervisión de magos avezados, en condiciones estrictamente controladas (que son las únicas que sirven para hacer ciencia real), en varios laboratorios y con varios investigadores el señor Miraluego siguiera pudiendo predecir en un 90% los números de caída de un par de dados, habría una verdadera revolución mundial.

Para empezar, el Doctor Cete vería en su futuro un premio Nobel y otros muchos reconocimientos, una vida de lujos, aplausos y el más vertiginoso estrellato estilo cantante de rock. Y entraría de inmediato  en los libros de historia junto con Miraluego, quien sería exhaustivamente estudiado para tratar de determinar por qué él puede predecir el futuro y los demás no, se buscarían los neurotransmisores y centros en el sistema nervioso que podrían permitir su hazaña. Por supuesto, se harían algunos experimentos relevantísimos, como tirar al mismo tiempo dos juegos de dados, a ver si puede predecir los dos o si elige cuál de los dos puede predecir, entre muchas otras experiencias posibles. Se le sometería a estudios como se somete a los atletas privilegiados para conocer los secretos de su desempeño, pues, para potenciar sus logros pero también para que otras personas puedan aprovechar lo que se descubra... en este caso que pudieran predecir ya no algo tan trivial como la caída de un par de dados, sino el momento de erupción de volcanes o el acontecer de terremotos, salvando millones de vidas y reduciendo el sufrimiento humano como sólo lo han hecho la medicina y el pensamiento ilustrado.

El acontecimiento sería tal que alteraría la historia para siempre... Nada volvería a ser igual, las expectativas humanas se redefinirían, se podría conquistar el miedo. Vamos, que las colosales dimensiones de la visión del futuro (o de la telequinesis, la telepatía, la comunicación con los muertos, la existencia de inteligencias extraterrestres, las energías del chi o de los cristales y muchos otros iconos de lo paranormal, lo místico o lo misterioso) marcarían realmente un antes y un después.

Quienes afirman sonrientes que se ha "demostrado" que existe alguno de estos fenómenos simplemente no se ha detenido a pensar en las implicaciones de su afirmación, en lo que significaría que realmente existieran las maravillas que consideran que apenas dan para un show de televisión de baja estofa.

Y, por supuesto, quienes dicen haber demostrado algo así no suelen someterse al escrutinio de otros investigadores, escépticos o no. Y es que en ciencia el escéptico, el que no cree en los resultados, el que desafía, es el personaje más importante, porque ayuda a descubrir errores, fraudes y malas interpretaciones.

Y no lo hacen porque todas las disciplinas del "misterio" siguen sin demostrar que los fenómenos de los que hablan, que fingen estudiar, por los que cobran en consultas, conferencias, libros o programas de los medios de comunicación, existan siquiera. Ni J.B. Rhine (el más famoso), ni ningún miembro de la Society for Psychical Research durante los 130 años de existencia de la asociación (algunos de ellos científicos ciertamente serios), ni absolutamente nadie ha podido aportar pruebas de esos fenómenos. Algunos han afirmado haber obtenido resultados asombrosos (como el propio Rhine), pero nunca más nadie pudo obtener los mismos resultados. Un poco como el alquimista Albertus Magnus, si dijo haber producido la piedra filosofal para convertir el metal vil en oro... y luego en más de 750 años nadie ha podido reproducir sus resultados, quizá convenga ser escéptico ante su afirmación.

Creer poderosamente en algo no equivale a demostrarlo. Pero podemos estar razonablemente seguros de que si algún día se demuestra efectivamente la existencia de alguno de estos fenómenos, nos enteraremos prácticamente de inmediato. Será el día en que en lugar de que nos cuenten que alguien vio un ratoncito parlante que cambia dientes por dinero, ponga ante los ojos de todo el mundo, con toda honestidad, al ratoncito en cuestión, y éste hable y muestre su colección milenaria de dientes y la cuenta bancaria de la que saca el dinero para pagarlos. Allí, se acabará la discusión y empezará la ciencia.

Sería la Era del Ratoncito Pérez.

marzo 17, 2012

Muere la ciencia y florece la pseudociencia

C.RonaldoRM-MILAN
Los 752 millones de euros que adeudan a Hacienda los
clubes de fútbol españoles bastarían para cubrir más de
la mitad del recorte que ha sufrido la ciencia en España.
(foto de Alejandro Ramos, licencia CC-BY-SA-2.0,
vía Wikimedia Commons)
¿Por qué el nuevo gobierno español del Partido "Popular" ha emprendido el mayor ataque contra la investigación científica de la historia del país?

El Centro de Investigaciones Príncipe Felipe, considerado en su momento como uno de los 150 mejores del mundo, fue la punta de lanza. A los despidos abiertos de investigadores científicos y empleados se sumó la subrepticia cancelación de becas a profesionales que estaban realizando sus trabajos de doctorado y postdoctorado. Especialistas en cuya formación España ya había invertido cientos de miles de euros y horas de esfuerzo se vieron de pronto en la calle, con un proyecto a dos años cortado a la mitad, sin posibilidad de reanudarlo, sino obligados en todo caso a volver a empezar su doctorado esperando que una nueva convulsión ultraliberal no los vuelva a dejar a la vera del camino.

Pero no es el único caso. En numerosos centros de investigación se ha echado por la puerta a investigadores y a los equipos humanos indispensables para que realicen sus investigaciones. Se ha agotado el dinero para materiales, equipos, reactivos y otros suministros indispensables para trabajos de vanguardia en todo tipo de disciplinas, desde la oncología y la neurociencia hasta la física de partículas y los nuevos materiales.

Desde 2009, los recortes han alcanzado el 31,5% del dinero que España invierte en ciencia, una reducción de 1.315 millones de euros para dejar la inversión, en 2012, en 2.860 millones. Que parecerían mucho si uno no sabe lo que significan estas cifras y lo que se pierde.

marzo 10, 2012

¿Realidad? No si tienes creencias... aún contradictorias


  • Bin Laden murió antes de que los EE.UU. dijeran que lo asesinaron
  • Bin Laden sigue vivo
  • Amy Winehouse fue víctima de un asesinato ritual de los Illuminati
  • Sabemos qué va a pasar exactamente el 21 de diciembre de 2012 (ya pasó en 1954)
  • No discuta con fanáticos, en serio

Poster of Alexander Crystal Seer
Imagen de D.P. vía
Wikimedia
Commons
Quien mantiene una creencia firme, a la que le ha comprometido su pasión, su vida, su emocionalidad, no la va a abandonar simplemente porque se demuestre que es falsa. Es más, no la va a abandonar ni siquiera cuando descubre que tiene otras creencias distintas que al mismo tiempo son contradictorias con las primeras creencias.

En varias ocasiones hemos hecho el experimento (en la televisión mexicana en 1996 y en este blog en 2005) de anotar las predicciones de todos los que se apuntan cada cambio de año a decirnos lo que va a pasar. En ambas ocasiones demostramos contundentemente que, fuera de las predicciones más vagas y obvias (morirá un actor de cine, habrá terremotos y cosas así que pasan todos los años), los autoproclamados profetas no aciertan una. En ninguna de esas ocasiones conseguimos que nadie decidiera dejar de creer en las predicciones de los más estrafalarios, curiosos y desvergonzados personajes del planeta.

Hay un fenómeno que la psicología experimental conoce como "disonancia cognitiva", la incomodidad que sentimos cuando tenemos al mismo tiempo dos pensamientos, creencias o "cogniciones" diferentes. Una persona que defiende la pena de muerte y al mismo tiempo es un devoto cristiano que considera que "no matarás" es el quinto mandamiento de dios, palabra de la propia divinidad creadora, puede sentir incomodidad o tensión cuando se le hace ver esa contradicción, y trata de resolverla ya sea buscando más creencias de un lado que inclinen la balanza, reduciendo la importandia de la creeencia que genera el conflicto o cambiar y adaptar la creencia en conflicto para que se ajuste a las demás. Por ejemplo, esa persona puede recordar que en la Biblia ese mismo dios ordena diversas masacreas y él mismo ahoga a toda la humanidad en un diluvio, y puede decidir que "no matarás" se matiza con "no matarás inocentes, sólo pecadores, herejes y malvados". Así, resulta que matar a quien uno considera malvado ya no viola el mandamiento de la ley divina.

Pero muchas veces las personas pueden mantener creencias contradictorias sin siquiera saberlo. Así, los que creen en las "medicinas alternativas", en general y colectivamente, no se dan cuenta de que creen en teorías de la enfermedad incompatibles y en sistemas de curación que se contradicen de tal modo que si uno es real los demás no pueden serlo.