setiembre 18, 2004

Cámaras Kirlian: se llama electricidad

Las fotografías Kirlian son verdaderamente asombrosas. O al menos asombrosamente bonitas. Alrededor de los objetos "kirlianografiados" (vaya palabreja) se ve claramente energía, relampagueantes rayos con atractivos colores que rodean al objeto fotografiado... ¿cómo puede alguien dudar que lo que se está fotografiando es energía?

Foto Wikimedia Commons
Caramba, si hasta parece electricidad.

¿Será porque es electricidad?

¿Acaso el cuerpo humano "tiene electricidad"?

Pues no.

Es que, para tomar una fotografía Kirlian, se dispara sobre el sujeto y sobre la placa fotográfica una descarga eléctrica de elevadísimo voltaje y baja potencia (o amperaje).

Y los tarados se asombran de que la electricidad se vea en las fotos y que, para remate, parezca electricidad.

¿Qué esperaban? ¿Paisajes impresionistas?

Cuando le cuentan a usted la bonita fábula de las fotos Kirlian, las cámaras Kirlian, la kirliangrafía o cualquier nombrejo que se les ocurra para sonar más esotericones, generalmente los chupapitos omiten este pequeño detalle: la "cámara" es una placa conectada a un transformador llamado "bobina de Tesla", sobre la que se pone la película o papel fotográfico y encima un vidrio sobre el que se pone el objeto a kirlanografiar. Se dispara la corriente eléctrica y voilá, tenemos una foto del disparo eléctrico.

Y es que si cuentan que se aplican decenas de miles de voltios para tomar la foto asombrosa, el asombro disminuye. Vaya, el que se asuste de esto es porque nunca ha visto un relámpago. Los seres humanos astutos (y no sujetos a tratamiento siquiátrico intenso, internados en una celda acolchonadita y con una camisa de mangas largas, largas) saben que las descargas eléctricas se ven. Eso que ni qué.

En el caso de las fotografías Kirlian, lo que se ve en las fotos es el efecto llamado "de corona", que se define según la facultad de ingeniería de la Universidad Nacional de la Plata como "el conjunto de fenómenos ligados a la aparición de conductividad de un gas (aire) en la proximidad de un conductor sometido a alta tensión".

O sea, tenemos una placa fotográfica que registra luz visible (y parte de la luz no visible), tenemos un conductor (el objeto que se pone sobre la placa fotográfica) y tenemos alta tensión (mínimo 10 mil voltios, pero se ve más bonito y apantallatontos con unos 25 mil o 40 mil voltios). Alrededor del conductor sometido a alta tensión, el aire se vuelve conductivo y provoca la descarga que tanto desorientó a Semyon Kirlian en 1939.

Otro ejemplo bonito del efecto corona conseguido con una bobina de Tesla son las bolas de rayos que se venden como novedades y decoración. Es el mismo principio y los rayitos y colorines son obviamente similares. En ambos casos, el gas entre dos superficies se carga y se vuelve conductor dando lugar a un despliegue atractivo que no tiene ningún significado místico.

Lo dice con claridad Terence Hines en su libro Pseudoscience and paranormal:

Los seres vivos... están húmedos. Cuando la electricidad entra en un objeto viviente, produce un área de ionización de gas alrededor del objeto fotografiado, siempre que haya humedad presente en el objeto. Esta humedad se transfiere del sujeto a la superficie de la emulsión de la película fotográfica y causa una alteración en el patrón de carga eléctrica de la película. Si se toma una fotografía en el vacío, donde no hay gas ionizado presente, no aparece ninguna imagen Kirlian. Si la imagen Kirlian se debiera a algún campo energético viviente fundamental paranormal, no debería desaparecer en un sencillo vacío.

Esta triste realidad, que la "maravilla esotérico aural etérica-bioenergeticoplasmática psi" kirlianosa es la foto de una corona eléctrica, ya la admiten algunos de los tragabalas que durante años dijeron que el efecto corona y el "efecto Kirlian" eran dos cosas distintas (ahora dicen la mentira de que el efeto corona de todos modos revela el estado de la bioenergía bioplasmática o algo así, basados en que se les ocurrió. Aunque todavía quedan tarambanas que dicen barbaridades del tenor de que ambos efectos aparecen juntos, dependen uno del otro, pero son distintos (lo que nunca dicen es cómo diferenciar el efecto corona del hipotético "efecto Kirlian"; suponemos que se hace telepáticamente).

Ah, pero nos dicen que las fotos Kirlian son algo más asombroso. Si uno pone una hoja, le toma una foto, arranca la mitad de la hoja, pone la otra mitad en la placa de vidrio y toma otra foto, aparece misteriosamente la imagen fantasmal de la mitad cortada de la hoja (ulular de ultratumba y rechinido de puertas centenarias).

Sí, eso pasa... pero al parecer sólo si uno usa el mismo vidrio que la primera vez, lo que deja clarísimo que la mitad "fantasma" es un residuo que deja la hoja completa de la primera foto en el vidrio. Si uno va y cambia el vidrio (control científico que nunca se le ha ocurrido a un kirlianópata), ¡el fantasma desaparece! (A todo esto, los investigadores serios no han logrado nunca reproducir el fenómeno, por lo que también puede tratarse trata sencillamente de fraudes, que no son nada infrecuentes en el mundo misticoide.)

Pero las afirmaciones kirlianorates van más allá. Don Semyon Kirlian, por ejemplo, hizo fotos a hojas "sanas" y a hojas "enfermas" (no sabemos cómo las diferenciaba pero le creemos, oh sí, le creemos) y ¡el resultado era distinto! Concluyó, sin pensarlo mucho, que estaba fotografiando el cambio de una hoja del estado sano al estado enfermo, y por tanto a don Semyon, que era superimaginativo, se le ocurrió que eso podría estar fotografiando no la electricidad, sino "el campo energético de la hoja" (otra vez ulular de ultratumba aunque un poco menos convencido, y el chirriar de la puerta centenaria pero como si ya le hubiera caído una gota de 3 en 1).

Lástima que don Semyon y su señora esposa no dejaran notas sobre una cosita que se llama "control de variables" y que es esencial para tener resultados científicos confiables y repetibles.

El mentado "control de variables" es verdaderamente el coco (o el hombre del saco, si usted vive en España) de los esotéricos, de modo que viene al caso explicar qué carajos es.

Supongamos que usted quiere determinar si una sustancia, a la que llamaremos "preparado kirlianizado" hace que a las ratas se les caiga el pelo. Usemos dos grupos de ratas. A las del primer grupo se les dará diariamente a fuerzas una dosis potente del preparado kirlianizado (que seguramente sabe a rayos), pero además les daremos de comer poco, las mantendremos estresadas con la emisión incesante de la canción del verano y las azotaremos contra la pared un par de veces al día. A las del segundo grupo se les deja en santa paz. Supongamos que al primer grupo de ratas se le cae el pelo a mechones al cabo de dos meses. ¿Sería lógico salir corriendo sin ropa por la calle como Arquímedes gritando "Eureka, eureka, el preparado kirlianizado es el culpable de la caída del pelo en las ratas"?

Obviamente no.

Lo que usted ha tenido son muchas variables en acción, y cualquiera de ellas, o todas interactuando, o alguna combinación de ellas, pueden ser responsables del cambio observado (yo me decantaría porque la canción del verano sería la culpable más probable de la calvicie roedora, pero faltan datos).

Un experimento científico mínimamente aseado necesita que el experimentador controle todas las variables: temperatura, humedad, nivel de ruido ambiente, iluminación, alimentación de los sujetos (si se trata de seres vivos), etc., etc. Al hacer constantes las variables y sólo permitiendo que haya una única variable en el experimento, se puede suponer con alguna certeza que esa variable es muy probablemente la responsable de los cambios observados.

Eso es el control de variables.

Don Semyon y doña Valentina, por poner un caso, no anotaron si la hoja sana y la enferma tenían alguna otra diferencia, por ejemplo, que una tuviera mayor contenido de agua que la otra, que hubiera habido una variación de temperatura entre ambas fotos, si ambas tenían la misma cantidad de nutrientes o contaminantes conductores o aislantes de la electricidad, si ambas se colocaron contra la placa fotográfica con exactamente la misma presión, y si tal presión era uniforme, etc. No lo hicieron porque no sabían un carajo de método experimental, él era electricista y ella periodista.

Dicho de otro modo, las variaciones que observaron los señores Kirlian se podían deber a un montón de causas que ellos, que como científicos al parecer eran una pifia monumental (o porque querían tener razón), no anotaron. Ni lo tomaron en cuenta.

Con los años se ha observado que muchos elementos influyen en el aspecto de una fotografía Kirlian: la conductividad eléctrica del sujeto (persona, perro, hoja de árbol o moneda, porque las monedas de cobre parecen tener un aura sanísima), la presión que se aplica, la presencia o no de una conexión a tierra (o sea, su "kirlianografía", "efluviografía" o "aurorretratito" cambiará brutalmente si trae usted zapatos de piel mojados a si trae zapatos deportivos con suela de hule, goma o caucho), la temperatura, la presión barométrica y cualquier variación en el voltaje empleado. Un equipo de físicos y psicólogos de la Universidad de Drexel hizo un largo y minucioso estudio de varios años del "efecto Kirlian", concluyendo que de las 25 variables identificadas que influyen en las imágenes Kirlian, la más importante, la que más influye en el resultado, es la cantidad de humedad presente en el objeto.

Y por tanto los causantes de los colorcitos cambiantes y la longitud de los rayos de la corona no son "la enfermedad y la salud", "el karma bueno y el karma malvado", "el equilibrio bioenergético" ni ninguna ensoñación por el estilo (el ulular de ultratumba se convierte en un cántico de superchería cavernaria y la puerta se abre y se cierra sin rechinar, mostrando que en la habitación de junto no hay fantasmas, auras, energía chi, orgón ni zarandajas por el estilo).

Porque, la verdad, más allá de la explicación de qué son las imágenes Kirlian y de entender cómo se producen (tarea a la que nunca se dedicaron los charlatanes en más de medio siglo), pasar de dichas imágenes a decir que lo que muestran es "el aura" de varias tradiciones religiosas es francamente un salto cuántico injustificable... para la gente pensante, no para el que cobra por "ver auras", claro.

Es decir, por un lado tenemos un fenómeno (las imágenes que se provocan cuando se usa un aparato Kirlian) y por otro tenemos a una parvada de lunáticos que con calzador y por la fuerza han querido identificar cualquier cosa que se esté fotografiando con las más diversas supersticiones primitivas a las que se adscriben (y por las que cobran). Y, es evidente, nunca explican en qué se basan para identificar la electricidad de las fotos Kirlian con el aura y esas cosas.

Por supuesto que los colorines que se le atribuyen al aura (colorines que sólo pueden ver, o eso dicen, algunos tipos que se nos presentan como sobrehumanos cuando son simples timadorcillos) no se relacionan para nada con los colorines que se ven en las imágenes Kirlian. Nadie ha sistematizado un verdadero significado a los colores e intensidad de las "efluviografías" Kirlian, aparte de los expertos de Drexel, claro, los odiados científicos.

Y todo sin contar con que no sólo no se ha demostrado que el "aura" exista, sino que es muy fácil demostrar que los charlatanes que dicen ver el aura mienten como publicistas de detergente (el sencillo experimento para desenmascararlos lo publicamos en esta entrada dedicada al "Castillo de las mentes prodigiosas", soberana burrada televisual ya casi olvidada).

Con la charlatanografía Kirlian se cumple una de las leyes fundamentales de la paranormalología, y que llamamos "Ley de la capilaridad de la imbecilidad" (si jugáramos en su equipo la llamaríamos "primera ley universal de Mauricio" o alguna mamada solipsista similar) o "Ley de universalización de la estupidez" y que dice así: "Toda afirmación de una pseudociencia será rápidamente puesta al servicio de todas las pseudociencias y esoteriqueces".

Según la ley de la capilaridad de la imbecilidad, todos los paranormalólogos tocan todos los temas: fantasmas, ovnis, fotos kirlian, círculos de cosechas, telepatía, telequinesis, dermoóptica, hipnosis, curanderismos varios, supuestas civilizaciones desaparecidas (o sea, la Atlántida y Lemuria), astroarqueología, religiones orientalistas, astrología, zahorismo y una ristra adicional de cuentos para dormir a los niños y zumbarle a sus cuentas bancarias mientras roncan.

En el mundo real, el conocimiento es tan vasto que la gente tiene que especializarse. Ningún gran paleontólogo es también un cosmólogo de primer orden. Ningún neurocirujano magistral es también un investigador geológico. Pero en el mundo de la paranormalología, todo el que empezó por una cosa se ha multiplicado en "experto en parasicología", lo cual quiere decir que le hace a todo sin preocuparse, al fin que el "conocimiento" real en estos temas es harto limitado y da tiempo para ser psicófono, ovnílogo, fantasmólogo, hipnoterapeuta, astrólogo, zahorí y criptozóologo, por mencionar sólo lo que se nos ocurre a estas altas horas de la madrugada.

Y, por supuesto, los hipnólogos, los curanderos, los ufólogos u ovnílogos y todo tipo de orates han echado mano de la fotografía Kirlian para aumentar su negocito.

El otro hecho, clarísimo para cualquiera que no tenga los ojos tapiados con ejemplares de la revista Más allá (de la cordura) y las orejas obturadas con emisiones de Milenio 3, es que entre 1939 y hoy por la mañana, la ciencia ha descubierto y creado numerosísimas formas de diagnóstico verdaderamente impresionantes (eso son misterios, vaya) que salvan vidas y mejoran la calidad de la existencia de miles y miles de seres humanos, desde los análisis de sangre hasta el mapeo del ADN humano, desde la tomografía axial computarizada hasta la resonancia magnética, desde el ultrasonido hasta la gastroscopía.

Y en estos largos 65 años en los cuales multitud de desocupados han tomado una y otra vez las mismas imágenes kirlian (a eso le llaman "investigar", demostrando cuán poca comprensión del término tienen), todavía no se ha podido demostrar que tal práctica sirva para detectar con ningún grado de certeza ninguna afección conocida.

Pero, claro, a cambio de algún resultado levemente útil, lo que sí pueden hacer es venderle una cámara Kirlian en 400 euros (para que "investigue"), por no decir que hay numerosos chamanes de sexta clase dispuestos a tomarle a usted una foto Kirlian de las manos para "diagnosticarle" algunos inquietantes "desequilibrios energéticos" y "curárselos" con alguna poción que, misteriosamente, sólo ellos tienen.

Las fotografías Kirlian son verdaderamente asombrosas, pero lo son más las tonterías y mentiras que se cuentan sobre ellas.