abril 14, 2012

Morgan Freeman y la era del Ratoncito Pérez

Imagen promocional de la serie de
Morgan Freeman traducida como
"Secretos del universo".
Veía yo asombrado un capítulo de la serie "Secretos del universo" (Through the wormhole) con Morgan Freeman, en la que se afirmaba la existencia de un "sexto sentido". Esta serie documental supuestamente sobre ciencia, transmitida en el canal Discovery y producida por Revelations Entertainment, de la que el propio actor es cofundador y copropietario, abandonaba alegremente toda pretensión científica y daba total credibilidad a algunas afirmaciones cuando menos impactantes. Miembros del "Instituto de Ciencias Noéticas" diciendo que habían demostrado que se podía prever el futuro o afirmando que sus experimentos no dejaban duda de que los cerebros humanos se podían comunicar sin medios físicos detectables... Es decir, las mismas viejas historias de adivinación, telepatía y lectura del pensamiento que han cambiado de nombre al paso del tiempo... pero nada más.

Claro que sería fantástico que la existencia de alguno de esos fenómenos maravillosos se demostrara de modo claro y sólido. Al menos tan claro y sólido como se ha demostrado, por decir algo, la existencia del ornitorrinco, del electrón o de las lunas de Júpiter. Pero la verdad, por desgracia, es que ninguno de los señores que presentó en el programa dándoles calidad de serios científicos e investigadores, así como ninguno de los brujos, médiums, chamanes, adivinos y videntes conocidos hasta hoy, han aportado pruebas sólidas de la existencia de esos fenómenos, y sus trabajos, por ejemplo el muy traído y llevado Proyecto de la Conciencia Global de Roger D. Nelson, al que el programa da total credibilidad,  han sido criticados ya desde hace bastante tiempo (sin que por ello hayan mejorado sus procedimientos, sólo intensificado su publicidad) mediante análisis estadísticos sólidos incluso por creyentes en lo paranormal por tener errores metodológicos que los invalidan.

Lamentablemente, Morgan Freeman y su equipo evaden totalmente la responsabilidad de documentar las críticas a las maravillas que ofrecen. En el mejor estilo de Íker Jiménez o Eduardo Punset, mantiene al espectador al margen de los datos y hechos incómodos para así conseguir emocionarlo, asombrarlo y convencerlo... que parece mucho más importante que informarlo.

Quienes promueven el pensamiento crítico y racional, y en particular quienes se dedican profesionalmente a la ciencia, son con frecuencia acusados, sin bases, de tener prejuicios ante estos supuestos fenómenos. Si realmente se demostrara que existen estos fenómenos, o que existen las hadas, los pitufos o un ratoncito parlante que colecciona dientes y los paga con dinero, de apellido Pérez, sería un descubrimiento que cambiaría la historia radicalmente. Y, contrario a la caricatura interesada de las distintas corrientes anticientíficas (desde los misteriólogos hasta los esotéricos, desde las religiones tradicionales hasta el new age, desde el posmodernismo hasta las pseudomedicinas) los científicos estarían allí, con su curiosidad, sus aparatos, sus preguntas, sus conocimientos y su inquietud... y su vasta experiencia desentrañando lo desconocido, que es su trabajo.

De haber pruebas sólidas, claras, reproducibles y concretas como las que afirman tener los investigadores parapsicológicos hoy en día, por supuesto que habría escepticismo. Los científicos pedirían confirmación (lo que en ciencia se llama replicación), datos, verificaciones estadísticas... analizarían exhaustiva y rigurosísimamente (de eso se trata la ciencia, claro) las pruebas. Y si las pruebas sustentaran lo increíble, lo que harían los científicos, como han hecho siempre desde la revolución científica, es empezar a creer en lo increíble.

¿Qué cosas han sido increíbles en estos casi 500 años? Casi todo lo que hoy aprendemos en la escuela: que hay seres vivos invisibles que nos enferman (y nos curan, y fermentan el vino, la cerveza y la leche, y nos ayudan a digerir la comida y muchas cosas más), que la Tierra gira alrededor del Sol, que los seres vivos han evolucionado mediante un proceso de selección natural, que se puede mandar información a través de ondas invisibles (de radio, por ejemplo), que existieron los dinosaurios, que las estrellas que vemos son soles como el nuestro, que la materia y la energía son intercambiables (E=mC2)... prácticamente todo lo que es el conocimiento fue en el pasado ignorancia y por tanto increíble.

El cambio se debió a que los científicos son especialistas en cambiar de opinión según las pruebas. No se sorprenden por obtener nuevos conocimientos, como creen quienes tienen una idea más o menos caricaturesca de los científicos, al contrario, es la fuente de su felicidad, es su profesión y, en la mayoría de los casos, su pasión.

El caso del ornitorrinco

El ejemplar de ornitorrinco original de John Hunter
conservado en la Royal Society.
En 1798, el capitán John Hunter, segundo gobernador del estado australiano de Nueva Gales del Sur, envió a Gran Bretaña un especimen disecado de un extraño animal con pico de pato, piel y cola de castor, y patas palmeadas. Los científicos de la Royal Society pensaron primero que era un embuste. En palabras del científico George Shaw (que once años después publicaría la primera descripción científica del ornitorrinco dándole su nombre en inglés, platypus) era imposible no experimentar dudas respecto de su genuina naturaleza.

Esto ha sido con frecuencia presentado por los vendedores de misterios como prueba de la "cerrazón de la ciencia" o "de los científicos", cuando en realidad es exactamente como deben funcionar. ¿Nos parecería aplaudible que con pruebas insuficientes (un pellejo y un dibujo) creyeran cualquier cosa? Sería como aceptar que nos visitan los extraterrestres por una foto desenfocada y unos círculos en campos de trigo.

"Sirena" creada por taxidermistas orientales.
Y es que a fines del siglo XVIII (y desde tiempos de Marco Polo, al menos), existía una tradición de fabricación de falsos seres míticos a cargo de creativos taxidermistas orientales como hoy otros crean extraterrestres, fotos de fantasmas o vídeos de apariciones mágicas. El zoólogo escocés Robert Knox lo explicaba en 1823 diciendo "Es bien sabido que los especímenes de este extraordinario animal que se trajeron primero a Europa eran considerados por muchos como imposturas. Llegaban a Inglaterra en navíos que habían recorrido los mares de la India, una circunstancia por sí misms suficiente para levantar las sospechas del naturalista científico, conocedor de las monstruosas imposturas que los habilidosos chinos habían practicado con tanta frecuencia para los aventureros europeos. En resumen, el científico se sentía inclinado a clasificar esta extraña producción de la naturaleza junto con las sirenas orientales y otras obras de arte, pero estas conjeturas se vieron disipadas de inmediato al apelar a la anatomía" (negritas añadidas).

Es decir, ante las pruebas, los científicos siempre hacen lo mismo: discutir, debatir, cotejar y, si las pruebas son sólidas, por extrañas que parezcan, aceptarlas como hechos.

Simplemente evidencia

Pensemos en una habilidad de ésas que los investigadores parapsicológicos (que no son exactamente lo mismo que los cazafantasmas de ojos desorbitados y grabadores de psicofonías a los que se conoce como "himbestigadores" no sólo satíricamente, sino para diferenciarlos de los verdaderos investigadores, sean policiacos o científicos) consideran que ya han demostrado: la predicción del futuro.

No me refiero a la predicción en un sentido nostradamusesco, sino a algo extremadamente sencillo: predecir una sucesión de números aleatorios, como por ejemplo, los números en que cae un par de dados.

Esto es algo que los magos hacen sin despeinarse (con alguna excepción de magos con peinados creativos), pero sabemos que lo hacen con truco.

Digamos que un investigador parapsicológico encuentra a una persona que puede predecir el 90% de las veces los números en que caerá un par de dados. Al principio nadie le creería, se pensaría en un truco, se recordaría a Uri Geller y demás fraudes.

Pero supongamos que, a diferencia de Uri Geller y otros embusteros de su calibre, el parapsicólogo (el Doctor Cete, digamos) y su maravilloso sujeto, el señor Miraluego, desafían al mundo y aceptan desafíos para demostrar el fenómeno "donde quiera y cuando quieran" (como Luigi Galvani hacía demostraciones públicas de su increíble afirmación de que la electricidad hacía moverse a los músculos de un animal muerto). Van a la televisión (allí tragan todo, por favor, que tienen a Anne Germain de estrella) y retan a cualquiera a que descubra el truco, o a que imponga los controles que le parezcan convenientes, que traigan sus dados, que no permitan que Cete y Miraluego toquen los dados, que les impongan restricciones a montón... y sin embargo éste último siga acertando el 90% de las tiradas de dados.

De triunfar en estos desafíos, no faltarían científicos interesados en el caso, así fuera sólo para desenmascarar al Doctor Cete y a Miraluego. Y si pese a todas las precauciones, a todas las previsiones, a la supervisión de magos avezados, en condiciones estrictamente controladas (que son las únicas que sirven para hacer ciencia real), en varios laboratorios y con varios investigadores el señor Miraluego siguiera pudiendo predecir en un 90% los números de caída de un par de dados, habría una verdadera revolución mundial.

Para empezar, el Doctor Cete vería en su futuro un premio Nobel y otros muchos reconocimientos, una vida de lujos, aplausos y el más vertiginoso estrellato estilo cantante de rock. Y entraría de inmediato  en los libros de historia junto con Miraluego, quien sería exhaustivamente estudiado para tratar de determinar por qué él puede predecir el futuro y los demás no, se buscarían los neurotransmisores y centros en el sistema nervioso que podrían permitir su hazaña. Por supuesto, se harían algunos experimentos relevantísimos, como tirar al mismo tiempo dos juegos de dados, a ver si puede predecir los dos o si elige cuál de los dos puede predecir, entre muchas otras experiencias posibles. Se le sometería a estudios como se somete a los atletas privilegiados para conocer los secretos de su desempeño, pues, para potenciar sus logros pero también para que otras personas puedan aprovechar lo que se descubra... en este caso que pudieran predecir ya no algo tan trivial como la caída de un par de dados, sino el momento de erupción de volcanes o el acontecer de terremotos, salvando millones de vidas y reduciendo el sufrimiento humano como sólo lo han hecho la medicina y el pensamiento ilustrado.

El acontecimiento sería tal que alteraría la historia para siempre... Nada volvería a ser igual, las expectativas humanas se redefinirían, se podría conquistar el miedo. Vamos, que las colosales dimensiones de la visión del futuro (o de la telequinesis, la telepatía, la comunicación con los muertos, la existencia de inteligencias extraterrestres, las energías del chi o de los cristales y muchos otros iconos de lo paranormal, lo místico o lo misterioso) marcarían realmente un antes y un después.

Quienes afirman sonrientes que se ha "demostrado" que existe alguno de estos fenómenos simplemente no se ha detenido a pensar en las implicaciones de su afirmación, en lo que significaría que realmente existieran las maravillas que consideran que apenas dan para un show de televisión de baja estofa.

Y, por supuesto, quienes dicen haber demostrado algo así no suelen someterse al escrutinio de otros investigadores, escépticos o no. Y es que en ciencia el escéptico, el que no cree en los resultados, el que desafía, es el personaje más importante, porque ayuda a descubrir errores, fraudes y malas interpretaciones.

Y no lo hacen porque todas las disciplinas del "misterio" siguen sin demostrar que los fenómenos de los que hablan, que fingen estudiar, por los que cobran en consultas, conferencias, libros o programas de los medios de comunicación, existan siquiera. Ni J.B. Rhine (el más famoso), ni ningún miembro de la Society for Psychical Research durante los 130 años de existencia de la asociación (algunos de ellos científicos ciertamente serios), ni absolutamente nadie ha podido aportar pruebas de esos fenómenos. Algunos han afirmado haber obtenido resultados asombrosos (como el propio Rhine), pero nunca más nadie pudo obtener los mismos resultados. Un poco como el alquimista Albertus Magnus, si dijo haber producido la piedra filosofal para convertir el metal vil en oro... y luego en más de 750 años nadie ha podido reproducir sus resultados, quizá convenga ser escéptico ante su afirmación.

Creer poderosamente en algo no equivale a demostrarlo. Pero podemos estar razonablemente seguros de que si algún día se demuestra efectivamente la existencia de alguno de estos fenómenos, nos enteraremos prácticamente de inmediato. Será el día en que en lugar de que nos cuenten que alguien vio un ratoncito parlante que cambia dientes por dinero, ponga ante los ojos de todo el mundo, con toda honestidad, al ratoncito en cuestión, y éste hable y muestre su colección milenaria de dientes y la cuenta bancaria de la que saca el dinero para pagarlos. Allí, se acabará la discusión y empezará la ciencia.

Sería la Era del Ratoncito Pérez.

marzo 17, 2012

Muere la ciencia y florece la pseudociencia

C.RonaldoRM-MILAN
Los 752 millones de euros que adeudan a Hacienda los
clubes de fútbol españoles bastarían para cubrir más de
la mitad del recorte que ha sufrido la ciencia en España.
(foto de Alejandro Ramos, licencia CC-BY-SA-2.0,
vía Wikimedia Commons)
¿Por qué el nuevo gobierno español del Partido "Popular" ha emprendido el mayor ataque contra la investigación científica de la historia del país?

El Centro de Investigaciones Príncipe Felipe, considerado en su momento como uno de los 150 mejores del mundo, fue la punta de lanza. A los despidos abiertos de investigadores científicos y empleados se sumó la subrepticia cancelación de becas a profesionales que estaban realizando sus trabajos de doctorado y postdoctorado. Especialistas en cuya formación España ya había invertido cientos de miles de euros y horas de esfuerzo se vieron de pronto en la calle, con un proyecto a dos años cortado a la mitad, sin posibilidad de reanudarlo, sino obligados en todo caso a volver a empezar su doctorado esperando que una nueva convulsión ultraliberal no los vuelva a dejar a la vera del camino.

Pero no es el único caso. En numerosos centros de investigación se ha echado por la puerta a investigadores y a los equipos humanos indispensables para que realicen sus investigaciones. Se ha agotado el dinero para materiales, equipos, reactivos y otros suministros indispensables para trabajos de vanguardia en todo tipo de disciplinas, desde la oncología y la neurociencia hasta la física de partículas y los nuevos materiales.

Desde 2009, los recortes han alcanzado el 31,5% del dinero que España invierte en ciencia, una reducción de 1.315 millones de euros para dejar la inversión, en 2012, en 2.860 millones. Que parecerían mucho si uno no sabe lo que significan estas cifras y lo que se pierde.

marzo 10, 2012

¿Realidad? No si tienes creencias... aún contradictorias


  • Bin Laden murió antes de que los EE.UU. dijeran que lo asesinaron
  • Bin Laden sigue vivo
  • Amy Winehouse fue víctima de un asesinato ritual de los Illuminati
  • Sabemos qué va a pasar exactamente el 21 de diciembre de 2012 (ya pasó en 1954)
  • No discuta con fanáticos, en serio

Poster of Alexander Crystal Seer
Imagen de D.P. vía
Wikimedia
Commons
Quien mantiene una creencia firme, a la que le ha comprometido su pasión, su vida, su emocionalidad, no la va a abandonar simplemente porque se demuestre que es falsa. Es más, no la va a abandonar ni siquiera cuando descubre que tiene otras creencias distintas que al mismo tiempo son contradictorias con las primeras creencias.

En varias ocasiones hemos hecho el experimento (en la televisión mexicana en 1996 y en este blog en 2005) de anotar las predicciones de todos los que se apuntan cada cambio de año a decirnos lo que va a pasar. En ambas ocasiones demostramos contundentemente que, fuera de las predicciones más vagas y obvias (morirá un actor de cine, habrá terremotos y cosas así que pasan todos los años), los autoproclamados profetas no aciertan una. En ninguna de esas ocasiones conseguimos que nadie decidiera dejar de creer en las predicciones de los más estrafalarios, curiosos y desvergonzados personajes del planeta.

Hay un fenómeno que la psicología experimental conoce como "disonancia cognitiva", la incomodidad que sentimos cuando tenemos al mismo tiempo dos pensamientos, creencias o "cogniciones" diferentes. Una persona que defiende la pena de muerte y al mismo tiempo es un devoto cristiano que considera que "no matarás" es el quinto mandamiento de dios, palabra de la propia divinidad creadora, puede sentir incomodidad o tensión cuando se le hace ver esa contradicción, y trata de resolverla ya sea buscando más creencias de un lado que inclinen la balanza, reduciendo la importandia de la creeencia que genera el conflicto o cambiar y adaptar la creencia en conflicto para que se ajuste a las demás. Por ejemplo, esa persona puede recordar que en la Biblia ese mismo dios ordena diversas masacreas y él mismo ahoga a toda la humanidad en un diluvio, y puede decidir que "no matarás" se matiza con "no matarás inocentes, sólo pecadores, herejes y malvados". Así, resulta que matar a quien uno considera malvado ya no viola el mandamiento de la ley divina.

Pero muchas veces las personas pueden mantener creencias contradictorias sin siquiera saberlo. Así, los que creen en las "medicinas alternativas", en general y colectivamente, no se dan cuenta de que creen en teorías de la enfermedad incompatibles y en sistemas de curación que se contradicen de tal modo que si uno es real los demás no pueden serlo.

febrero 12, 2012

Participa en "Chifladuras 2012"


(Aclaración: No pretendo burlarme de las víctimas de los hampones y golfos que medran con el cuento del 2012. Por el contrario, me solidarizo con ellos y espero que al ver a estos esoterigángsters desenmascarados sean más cautelosos con su dinero, su admiración y su visión del mundo, por su bien, el de su familia y el de su sociedad. Y, además, si el mundo se acaba el 21 de diciembre de 2012, prometo pedirle perdón a todos estos peralocas y malavidas.)

Joseph Anthony (José) Argüelles
místico de jornada completa
(imagen de Wikimedia Commons)
Desde que Joseph Anthony Argüelles (a la izquierda, con camuflaje de flores) se inventó el cuento de que el fin de la cuenta larga del calendario maya era una "profecía del fin del mundo" (cosa que los mayas nunca dijeron), el ghetto de lo "misterioso" se entregó a una especie de frenesí delirante.

Un frenesí que está creciendo en los estrechos pero tumultuosos espacios de la chifladura, ese mundo de marginales farsantescos de lo esotérico, la conspiranoia, el misticismo de saldo y el negocio que se basa en asustar al vecino para vaciarle las alforjas y además que aplauda.

Y nosotros vamos a reunir, con ayuda de nuestros audaces lectores e intrépidas lectoras, los sonoros rebuznos de estos "maestros del misticismo" con taxímetro, no sólo para nuestra sana diversión y esparcimiento, sino para dejar claro quién de estos cuentacuentos dijo alguna verdad, así fuera por accidente o de modo totalmente involuntario, y cuántos se estuvieron regodeando en la ignorancia, el miedo y la buena voluntad ajenas, desde lectores de manos de liga escolar hasta periodistas archimillonarios.

Para empezar, desde aquí desafío, reto, provoco e incito a los que dicen que el mundo se va a acabar el 21 de diciembre o por ahí, a que demuestren que realmente creen en tal profecía firmando un documento legal (yo pago los gastos, por supuesto) en el que le cedan todos sus bienes irrevocablemente con fecha del 31 de diciembre de 2012 a la Fundación Europea de la Ciencia o algún organismo de lucha contra el hambre.

Por supuesto, si el mundo se acaba el 21 de diciembre, yo me comprometo a pedirles perdón en nuestra próxima reencarnación, cantando loas a su pericia durante cuatro horas al día.

Obviamente, nadie lo aceptará.

Porque los milongueros del desastre que viene se dieron cuenta muy pronto de que si el 21 de diciembre de 2012 se acababa el mundo, la profecía es en sí un poco boba, porque no sirve para nada, es decir, que fuera de alborotar el gallinero, las perspectivas para hacer crecer el negocio y el prestigio de los soplapitos después del 21/12/2012 eran flaca. Y si el mundo no se acababa, tampoco tendrían mucho qué vender, aunque ya en el pasado otros profetas se han dedicado a predecir erróneamente el fin del mundo sin perder negocio, como Michael Dronin, que con el embuste del "Código de la Biblia" anunció el fin del mundo ya dos veces, o el inefable Harold Camping, que falló dos veces en 2011 (21 de mayo y 21 de octubre). Vamos, que tendrían que inventarse otra historia nueva de gnomos y hadas.

Entonces pasaron al "lo que va a pasar es tremendo y yo me encargo de presentar la factura". ¿Por qué? Bueno, porque ese negocio ha funcionado como una seda con el cuento anterior: la "era de Acuario", que se empezó a anunciar allá por 1966 y que ha dado 46 sólidos años de negocios. La "era de Acuario" era, finalmente, la "nueva era", toda una religión y colección abigarrada de chifladuras que ha ganado más dinero que Nokia y ha embaucado a millones.

febrero 05, 2012

¿A cuántos sobrevivientes de cáncer conoce?

Kylie Minogue
(Fotografía de Georges Biard,
via Wikimedia Commons)
Hoy ha sido el Día mundial contra el cáncer declarado por la Organización Mundial de la Salud, y a tenor del mismo viene al caso la pregunta que da título a esta entrada: ¿a cuántos sobrevivientes de cáncer conoce usted, lectora, lector?

Hoy en día conocemos a cada vez más. Entre los famosos tenemos, en España, a gente como la presentadora María Teresa Campos y sus dos hijas (una de ellas también presentadora, Teresa Lourdes o "Terelu"), la cantante Luz Casal, la también cantante Encarna Salazar, del dueto "Azúcar moreno" o la modelo dominicana Sandra Ibarra (dos cánceres). En Estados Unidos están desde el campeón ciclista Lance Armstrong hasta las actrices Suzanne Sommers o Fran Drescher (The Nanny) y el patinador Scott Hamilton, en lo internacional las cantantes Sheryl Crow, Olivia Newton John, Kylie Minogue y Melissa Etheridge, Robert de Niro, Nelson Mandela... en el rock Rod Stewart, Peter Criss (Kiss), Charlie Watts (baterista de Rolling Stones) y muchos más.

Pero lo importante es la gente cerca de nosotros. Prácticamente todos nosotros tenemos cerca a alguna persona que sufrió un cáncer y se ha recuperado. Yo conozco a varias: una fotógrafa, una empleada de El Corte Inglés, una educadora social... ¿a cuántos conoce usted?

Robert de Niro en el Festival
de Cannes de 2011
(Fotografía de Georges Biard,
via Wikimedia Commons)
La realidad es que las tasas de supervivencia en casos de cáncer han aumentado de una forma asombrosa y esperanzadora en los últimos años. Un estudio de Cancer Research UK, institución británica dedicada a la investigación sobre el cáncer, señalaba que la esperanza de sobrevivir 10 años a un cáncer se había duplicado prácticamente. Del total de personas diagnosticadas, en 1971 sólo sobrevivían 10 años el 23,7%, mientras que en 2010 la supervivencia a 10 años era del 45,2%. Cierto, hay mucho qué hacer aún, pero como ya hemos comentado aquí, el cáncer se puede curar. Muchas formas de cáncer que hace 40 años eran una condena a muerte (como el testicular o el linfoma de Hodgkin) hoy son curables si se descubren a tiempo.

Aunque los medios de comunicación no lo anuncien, prácticamente todos los días hay avances, no demasiado espectaculares, en la lucha contra el cáncer: mejores técnicas de diagnóstico, mejores técnicas quirúrgicas, mejores sustancias para quimioterapia con más efectividad y menos efectos secundarios indeseables, nuevos enfoques de terapia inmune, terapia de hormonas, etc. Miles y miles de mujeres y hombres dedican su tiempo y capacidades a mejorar las perspectivas de calidad y duración de la vida para quienes padecen cancer.